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En azul lo comentado por Abi, en negro los comentarios de
JFS
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25/02/07
Hola colega
de debate,
Acabo de insertar en los comentarios del artículo en cuestión
mi parecer sobre tus declaraciones.
Como ves las aborrezco totalmente.
Creo que pueden ser fruto de un momento de pasión exacerbada
y; aunque clavadas ya en tu pensamiento, por desgracia, no debes
manifestarlas a la luz pública porque son del todo repugnantes.
A pesar de que no comulgamos con casi nada, apoyaría firmemente,
si mi apoyo tuviera algún efecto, tu vuelta a los ruedos.
Un saludo,
clubdelosvalientes
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25/02/07
Amigo
Abi, creo que vas a tener que cambiar el nombre de tu club y el
apodo que te colocas detrás...
Primero,
porque yo ya expliqué aquí (pues en D21 no me dejan),
con copia para ti, el sentido de mis palabras. Y en absoluto vas
por donde me acusas “valientemente” en la bitácora,
acusándome de vileza y de soberbia, y compartiendo el insulto
de la pobre Reme contra mi persona.
Segundo,
porque me has respondido públicamente a sabiendas de que
no puedo responderte.
Tercero,
porque hablas de “apoyarme firmemente” (llamando “toro”
de paso a Poc, cuando no es más que un lindo e inofensivo
gatito :-) siendo que lo único que haces es manchar mi
nombre en público.
Así
que, y te lo digo con dolor pero con firmeza, más que lo
de Valiente(s) creo que te cuadra una palabra que empieza por
‘C’ (y no es precisamente ‘Cordura’) :-)
Siempre a tu disposición, recibe un cordial saludo,
JF-Cordura
P.S.:
Ah, y no te equivoques, Abi: mis palabras de aquel comentario
son fruto de la reflexión objetiva, no de la pasión.
(Por supuesto las mantengo. Incluso pienso cosas peores, pero
veo que no son aptas para oídos tan delicados como los
de las almas victimistas, ésas que “valientemente”
claman contra terroristas que están cumpliendo sus penas
o las han cumplido ya, mientras dejan que se vayan de rositas
los terroristas imperiales). Hoy mismo Bárbara Dürhkop,
que perdió a su marido a manos de ETA, ha vuelto a denunciar
la estrategia ruin de la AVT, mostrándose harta de que
politice a las víctimas.
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27/02/07
Amigo Cordura,
Has perdido totalmente los papeles.
Vuelve a la racionalidad. Haz acopio de calma y sosiego y no cometas
más torpezas con el apresuramiento. Reflexiona, de vez en
cuando es bueno que a uno le den un tirón de orejas, cuando
se ha pasado varios pueblos como tú lo has hecho.
Te digo que, en esta ocasión que se cita, te has comportado
como un gilipollas. Por supuesto que no lo hago extensivo a todo
tu comportamiento.
No lo empeores clamando que el terrorista ya ha cumplido su pena.
Qué pena. No saques la cara por él. No merece nada,
ni la vida que está consumiendo.
Sigo apoyando tu derecho a réplica; pero mantén la
calma y respira antes.
Un saludo,
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27/02/07
Para
mí, apreciado Abi, ese terrorista tiene la misma dignidad
que tú y que yo: toda. Pero te costará entenderlo
mientras no comprendas primero, por ejemplo, que los inmigrantes
no tienen menos dignidad que tú por el hecho de ser inmigrantes.
Esto último es elemental. Lo otro ya es para nota...
Por
lo demás, agradezco tus consejos pues, como de costumbre,
te presumo alguna buena voluntad de fondo. Eso sí, me merecerían
más credibilidad si procedieran de alguien que condena
por igual TODA violencia. Eso es lo que Cordura hizo siempre y,
Dios mediante, seguirá haciendo.
Cuídate,
amigo (y no te las des de valiente :-). Hasta la vista.
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01/03/07
Hola,
¿Cómo puedes decir que un asesino a sangre fría,
un terrorista cruel tiene la misma dignidad que otra persona? Alguien
digno es aquél que merece el reconocimiento por su quehacer
conforme a la moral. Todos nacemos con la misma carga de dignidad;
pero nuestra propia ejecutoria nos hace más o menos dignos
o indignos.
Ya
te dije que te costaría entenderlo.
Los
terroristas nos vienen muy bien para poder rasgarnos las vestiduras
y decir: “¡Ojjjj... qué maaaaaalos son!”
Lo que traducido significa, por comparación: “En
cambio, qué bueeeeno soy yo.”
Ya
dice Pablo: “Está escrito: No hay justo, ni aun uno.
No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.Todos se desviaron,
a una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno,
no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta. Con su
lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de
sus labios. Su boca está llena de maldición y de
amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto
y desventura hay en sus caminos. Y no conocieron camino de paz.
No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3: 10-18).
Supongo
que ves que no está hablando (sólo) de De Juana
y los etarras. Habla de todos.
Pero
usualmente preferirnos relajar nuestras conciencias explayándonos
en la maldad ajena (D21 se pasa la vida haciendo eso). Es lo que
se llama transferir mis culpas a los demás. A lo sumo nos
decimos: “Vale, yo soy malo, pero como Fulano o como Mengana...
¡ni remotamente! ¡Y no digamos como el perverso-asesino-megaterrorista
De Juana Chaos!”
Buscamos
redimirnos invocando modelos de maldad. La propuesta de Cristo
es la contraria: es él, Modelo de Bondad (única
y suprema) el único capaz de redimirnos. Frente a nuestra
mediocridad moral (tan rastrera que busca aliviar las culpas señalando
a otro “más malo”), él nos propone la
excelencia de mirar al Único Bueno (Mateo 19: 17).
El
mismo que murió por todos nosotros, siendo pecadores. También
por Iñaki de Juana Chaos. De ahí que éste
tenga exactamente la misma dignidad que tú y que yo (aunque
ni él mismo sepa apreciarla).
Pido
a Dios que un día llegues a entenderlo.
Los inmigrantes
no tienen nada que ver con esto. Pueden ser y la mayoría
lo serán los más honrados y buena gente del mundo,
tal vez mejor que tú o yo; pero eso no quita para que esté
firmemente en contra de la inmigración ilegal. No quiero
que venga de esa manera nadie; porque me siento amenazado y no seguro.
Claro: lo
importante es que Abi “EL VALIENTE” no se sienta “amenazado
y no seguro”. Que ellos se pudran en la miseria es lo de
menos (¡qué COBARDES, mira que emigrar para ganarse
la vida, y a menudo jugándosela por el camino!)
¡¡¡Abran paso al rey Abi “EL
VALIENTE”!!! :-)))
Yo no condeno
TODA la violencia porque no pongo en el mismo cesto a los que atacan
que a los que usan la violencia como remedio para defenderse. Así
de claro lo digo y lo manifiesto donde haga falta.
Idéntico
argumento el tuyo al que usan los terroristas. Sí, los
etarras incluidos. Ellos también aseguran que su violencia
es defensiva.
Como
los terroristas Pus, B-Liar y el del bigote (quienes, a diferencia
de Iñaki, no han pagado por sus crímenes). Ellos
también hablan de guerras “defensivas” y aun
“preventivas”. Y “previenen” y se “defienden”
matando a decenas y decenas de miles de iraquíes inocentes.
¡Que no se quejen éstos, que son crímenes
“defensivos”!
Practica
la valentía, reconforta y te sentirás bien.... ¡
es tan difícil !
Un saludo
¡¡¡Valiente
valiente estás tú hecho!!! :-)))
Siempre
a tu disposición (o hasta que tu cuerpo aguante :-)
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02/03/07
Je,
je...
Abi, te zafas de las críticas que se te hacen recurriendo
a la retórica, y de paso vas dejando muchos temas en el
camino.
Pero
sigo entre tus líneas:
No te inventes
excusas para ajustar la polémica a tus intereses.
¿Puedo
saber qué excusas me he inventado? Quizá si me lo
dices podremos confirmar o refutar si lo hago para “ajustar
la polémica a mis intereses”.
Deja de observar
el mundo como si todos fuéramos seres que debamos pedir perdón
y que, el peso nuestras continuas culpas, pecados y defectos, que
los tenemos, nos impidan calificar lo que consideramos maldad intrínseca.
Dame
razones, no instrucciones, valiente amigo.
Y,
por favor, trata de comprender que quizá tenemos un concepto
distinto de lo que es “maldad intrínseca”;
en cuyo caso tendríamos que pasar a ese plano de discusión,
más metafísico (de lo contrario es como si tratáramos
de comunicarnos cada uno con un idioma diferente).
Si tú
quieres autoinculparte y fustigarte allá tú, yo sí
que, con todo el bagaje de defectos y pecados que lleve encima,
me encuentro con la suficiente fuerza moral para levantar mi voz,
y mi brazo si fuera preciso, contra los asesinos de las personas,
de la democracia, de los principios, de la ética, de los
valores.
Descuida,
valeroso Abi, ¡jamás se me ocurriría inculpar
a alguien como tú! Pero si eres un dechado de virtudes,
hombre... Soy de la opinión de que todo manual de conducta
en un reformatorio debería poner como Modelo a Seguir al
Gran Abi el Valiente.
No me vengas
con monsergas sobre la equivalencia de dignidad, ni lo víctimas
que nos gusta hacernos, porque eso es un debate en falso y miserable
y ahí ya no entro a ningún trapo.
Perdona,
amigo, es que cuando te di esas monsergas aún no había
llegado a la conclusión que luego (hace escasos segundos,
en realidad) se apoderó de mí: Abi el Valiente está
por encima del bien y del mal.
No lo intentes
más, jamás lo entenderé, ni entenderé
a un Jesucristo que ame lo mismo a De Juana Chaos que a cualquier
otra persona vulgar y de buena fe. Si él se merece también
el reino de los cielos yo paso, no quiero ir a ese reino porque
no me encontraría seguro.
¿Dónde he dicho yo que De Juana
se merezca el reino de Dios? De hecho, NADIE lo merece (es gratis;
ver Romanos 3: 21-29). Sólo hace falta desearlo de verdad,
que es lo que motiva la genuina conversión. Y ese requisito
es común para De Juana, para mí e incluso para Abi
el Valiente (pues su bondad no basta; sólo Cristo salva).
Cuídate y sé feliz,
JF-Cordura
(siempre a tu buena disposición, mi querido Rey de la Bravura).
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03/03/07
Bueeeeno,
Abi. Esto ya es otra cosa. Al menos aquí te has esforzado
un poco más y te dignas a argumentar (aunque sigas dejando
cuestiones en el tintero, pero no insistiré en que las
abordes).
Voy
con mi réplica, entre tus párrafos:
Tu trato
de "rey de la bravura" ¿es peyorativo? . Si es
así es una más de tus falsas argucias para desprestigiar
el argumento central y frivolizar con una de las características
y virtudes que debe adornar al hombre, no a la bestia.
No
había intención peyorativa, sólo jocosa.
Pero siempre desde el respeto que me mereces. Jamás me
burlo de una persona (seas tú, la Rajoyita, el genocida
Pus, mi amigo “Bambi” o De Juana Chaos); a lo sumo
(raramente, en realidad) ironizo acerca de sus pretensiones, y
eso es lo que hice en este caso (entendí que no me dejabas
otra salida, dado tu “altísimo” nivel argumental;
gracias a Dios, ahora corregido).
Parto
de amar a todo el mundo, sin excepción (seas tú,
la Rajoyita, el genocida Pus... en fin, lo dicho). Pero eso, a
menudo, implica tratar de hacerles pensar (lo mismo a ti que a
los neonazis con los que me carteo, o a la periodista de ‘Gara’
con quien no hace mucho traté, una y otra vez, de debatir).
La valentía
adorna al hombre y la bravura es más propia de bestias.
No
te falta razón (pero el DRAE, segunda acepción,
también usa el término para los humanos; por no
hablar de los argentinos :-).
La valentía
debe ir en la dirección de la buena moral, de la bondad,
del comportamiento justo y de la generosidad y sí es cierto
y me mantengo que un valiente así adornado está por
encima de todo mal y su encarnación.
Yo me califico valiente presuntuosamente, es cierto, no el rey;
pero sí que, en estos momentos que vivimos, si tan sólo
se afrontaran con valentía un 10 % de los problemas ya nos
podríamos considerar como tales.
La mera bondad no basta para ser salvado, amigo, ni la mera generosidad,
ni la mera justicia basta por sí sola, es necesario acrisolar
todas esas virtudes para afrontar con decisión y coraje las
dificultades y vicisitudes de cada día y hacer de ese modo
más rica y llevadera la convivencia, que es de lo que se
trata.
Es
cierto que para la salvación, tal como yo la entiendo,
requiere todas las virtudes. Requiere la perfección. Ante
todo, requiere AMOR.
Pero
es obvio que todo eso está fuera del alcance de nuestra
naturaleza caída.
Por
eso sólo Cristo, él único Justo (ver Mateo
19: 17) y Perfecto (Mateo 5: 48) puede dárnoslo. De ahí
que sea gratis.
Si logras
hacer un poco más llevadera la convivencia entre los tuyos
es cuando empiezas a ser valiente; y eso requiere esfuerzos, a veces
descomunales, que no está dispuesta mucha gente a afrontar.
La mayoría se amansa, prefiere ceder, se queda de piedra
con tal de no actuar y ver si con ello se confunde con el paisaje
y no le pilla la bestia brava.
Simpatizo
mucho con tu afán de mejorar la convivencia entre los “tuyos”.
Yo agregaría que tratemos de hacer lo mismo entre los “ajenos”.
A lo mejor también son “nuestros”.
En
un mundo globalizado, ya no valen las excusas. Lo que hacemos
aquí puede tener influencia y reflejo en cualquier otro
lugar del mundo. La Bolsa, Internet, los medios de comunicación
y de transporte... todo funciona ya en términos de milisegundos.
Los
“míos” también son los iraquíes
y los afganos. Incluso los iraníes.
¡Hasta
puede que los inmigrantes que llegan a nuestro país! Podemos
hacer tanto bien, amigo Abi...
De Juana Chaos
encarna esa bestia brava, que utiliza el coraje y su fuerza justo
en el sentido contrario, por lo que no es un valiente propiamente
dicho. Y ese empuje amedrenta a los cobardes: El gobierno y los
que toleran y promueven el inmovilismo, el apaciguamiento y la no
confrontación, a pesar de que podrían contar con la
fuerza moral y la dignidad de un Estado detrás.
Yo no estoy por encima del bien ni de mal. Es una argucia más
de tu discurso:
Quien
utiliza una doble vara de medir, automáticamente se erige
él mismo, al modo protagórico, en vara de medir
(pues se pone implícitamente por encima de la ley moral
para decidir en qué casos aplicar ésta y en cuáles
no). Ése es tu pecado, Abi. Pero no creo que sea ni irremisible
ni irremediable.
Nadie puede
tirar la piedra porque nadie está libre de pecado. Es la
entronización de la inacción, del consentimiento,
de la huida ante el que quiere avasallarnos.
Somos tan pecadores como el que más, ergo no culpabilicemos.
No comulgo con eso.
Yo
no te condeno (ya que citas ese pasaje condenatorio de Juan 8).
Si así fuera, no perdería ni un segundo contigo
tras comunicarte el “veredicto”.
Los
dos, ya desde que compartíamos foros en D21, venimos hablando
en un lenguaje moral, ése es el tema. Y lo que discuto
es tu legitimidad para acusarme o darme lecciones éticas
a mí, a De Juana Chaos o a Zapatero mientras no utilices
el mismo rasero con tus “afines”. Y contigo mismo.
Lejos
de mí desearte la perdición. Es tu conciencia la
que te culpabiliza (ojo: a mí también me pasa; cuando
me pasa). Buena señal: aún la oyes (pero no la llames
“Cordura”; tiene un nombre aún más admirable).
Ya te he
dicho que todos tenemos lo que tenemos; pero debo encontrar, en
esa búsqueda continua de la valentía, el coraje necesario
para sobreponerme a mis temores, a mis miedos y a las adversidades
que te pone la vida en el camino.
Y en ese camino
de la vida se encuentran muchos bravos, mucho mal, ante lo que tienes
que combatir.
Abi,
sólo serás valiente cuando estés dispuesto
a enfrentarte, y hacerlo de verdad, con los que son más
fuertes que tú (por supuesto, al hablar de “enfrentarte”
no te sugiero la lucha armada ni tontunas similares; me refiero
a la disposición ilimitada a denunciar sus desmanes).
Hoy
ETA es una birria. Está acabada, aunque colee. Otegi lleva
semanas rebajando el programa máximo. Hablar mal de ETA
(o de Iñaki De Juana) desde aquí o desde D21 no
requiere ningún valor.
¿Hablar
mal de Zapatero...? Lleváis años linchándole
y ya veis que no os pasa nada. El PSOE está tan desprovisto
de autoridad moral que ni querellas se atreve a poner, no ya contra
quienes lo insultan a todas horas, sino contra quienes lo difaman
y calumnian.
Ahora
bien, osa llevar la contraria por sistema a Poc y Pinar en D21,
y entonces entenderás lo que es la valentía (es
sólo un ejemplo). Denuncia sin descanso al antinorteamericano
gobierno de Puslandia, condenando su Guantánamo, su Patriot
Act, su legalización de la tortura... Atrévete,
de modo infatigable, a llamar las cosas por su nombre y verás
a dónde te lleva ser consecuente con ello (te anticipo
que no será agradable). Desenmascara la farsa romanista
de la Kope y el Vaticano.
Mientras
no seas capaz de esto, cambia el nombre de tu club: llámalo
“Club de los Fuentes” (o afíliate al PP, o
mira a ver si te admiten en el Club Bilderberg, o hazte cura...).
Y
cuando empieces a ser capaz, tampoco lo llames “Club de
los Valientes” (cosa mitad pretenciosa, mitad infantil).
“Club de los Humildes” siempre quedará mejor.
Aunque te informo de que ya está inventado.
No te quedes
parado ante el mal, amigo, y actúa en la dirección
en que actuaría un valiente. Seguro que sabes cuál
es........la más dificultosa; pero la que más te va
a recompensar en tu interior. Si así lo haces estarás
por encima del resto de cobardes e incluso de la bestia brava. No
lo dudes
En la valentía está la redención,
En
la de Cristo, no en la mía. “Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece” (Filipenses 4: 13).
En
cuanto a lo demás... “vanidad de vanidades, todo
es vanidad” (Eclesiastés 1: 2).
Un saludo
Abi, uno que
aspira a ser cada día más valiente, luego a redimirse.
Bueno,
“aspiras”... ya vamos mejorando en humildad :-)
¡¡¡Siempre adelante, camarada!!! (En la buena
dirección, claro).JF-Cordura
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04/03/07
No
me extraña que me entiendas tan mal: aparte de lo inhábil
que es uno escribiendo, tus categorías de fondo son tan
discordantes de las mías...
Pero
trataré de seguir pisando ese terreno común que
voy descubriendo, sobre todo desde que vuelves a argumentar:
Yo soy un
pesimista, considero que las cosas tienden a ir hacia lo malo; pero
que pueden corregirse aplicando la medicina de la valentía.
Tú eres un derrotista. Consideras que nada podrá solucionar
la especie humana porque carece de fortaleza y constancia para mantenerse
en el AMOR.
Yo pretendo la redención en este mundo por el empuje valiente
del bien que domine a la maldad y la aparte para que no pueda hacer
más daño y tú la salvación por el Amor
a todos, incluso a las bestias humanas, olvidando, en tu delirante
utopía, que eso es imposible de conseguir.
Hummm...
Primero me llamas “derrotista” y casi a renglón
seguido me achacas defender una “delirante utopía”
que es “imposible de conseguir”. ¡Ponte de acuerdo,
coleguis! :-)
Pero
además es que yo no iba por ahí. Por supuesto, realista
que es uno (y bíblico, hasta donde puede), no creo NADA
en las posibilidades de que el hombre arregle el mundo. No porque
no pudiera, cuando menos, mejorarlo. Sino porque sé que
ni quiere ni querrá. Eso no me inducirá a dejar
de exigírselo. Pero a la vez no me desencantará
si no me hace caso.
Es,
en buena medida, lo que clamaba cierto cantor evangélico:
“¿Cómo es posible que sea imposible?”
El
ser humano es esclavo del pecado. Y aún peor: a lo que
se ve, la mayoría no anhela liberarse. La radical depravación
humana nos incapacita para esa quimérica valentía
de la que tanto te gusta hablar. Bueno, no tanto aquélla
como la falta de fe trascendente. Seríamos valientes si
fuéramos capaces de ser “cobardes”; de reconocer
nuestra extrema insuficiencia y afrontar nuestra impotencia; de
echarnos, acto seguido, en los brazos del Valiente.
Yo
puedo amar sólo si me entrego al Amor (ver 1 Juan 4: 16).
Yo
puedo ser santo sólo si me abrazo al Santo.
Yo
puedo ser valiente sólo si me pongo en manos del Valiente:
de aquél que, siendo Dios, fue capaz de hacerse hombre
para conocerme desde dentro, comprenderme desde dentro, vivirme
desde dentro y morir por mí la muerte que, gracias a él,
yo ya no tengo por qué sufrir. ¡Eso sí que
es VALOR!
Me reprochas
mucho que yo sólo tenga miras para los "míos",
mi país, mi ciudad, mi gente, mi familia, yo mismo; no veas
en ello una dicotomía, o yo o ellos; sino una manera de empezar
por lo breve, por lo asequible, por lo controlable, para, una vez
resuelto de alguna manera satisfactoria, poder abarcar más
campo con garantías y base. Es decir, debo tratar de estar
bien yo para empezar a preocuparme de mi vecino y así progresivamente.
Desconfío mucho de quienes se proponen esas metas globales
humanitarias, sin que hayan resuelto los problemas, ni siquiera
mirado los problemas de sus cercanos. Viste más la preocupación
por resolver problemas mayores e inabarcables que los más
sencillos y abordables. Quizá lo que tenemos más cerca
es más incómodo de tratar, por eso hay que irse por
los cerros del África.
Puedo
suscribir casi cada palabra de este pasaje tuyo (salvo las que
revelan haberme malinterpretado), con los matices que luego haré.
¿Por
qué te crees que Jesús decía: “Ama
a tu prójimo” (Marcos 12: 31)? Sabía, como
tú, que es más fácil amar a un ente lejano
y “abstracto” que a una persona que puedo ver y tocar
todos los días.
En
ese sentido, vas por buen camino.
Ahora
bien, no te engañes. Detente y recapacita. ¿Es acaso
incompatible, en este mundo global, amar a mi mujer y protestar
contra la agresión a los iraquíes? Afligirme con
el llanto de mi amigo, desvelarme con los desvelos de mi vecino,
¿no emana del mismo tipo de amor y de compasión
que la sincera preocupación por lo que pasa en Somalia
o en Haití?
Aún
más: quien siente a su conciencia llamarle para lo uno,
¿dejará de sentirla llamándole para lo otro?
Dejemos,
pues, las excusas y actuemos. En un terreno y en el otro.
Cada párrafo
en que me replicas que me erijo en juez, poniéndome implícitamente
por encima de la moral del malvado, más me enerva, no en
el sentido de debilitar; sino en el de ponerme nervioso.
Eso
es grande si indica que tu conciencia despierta ante esas réplicas.
Es
triste y mediocre, incluso cobarde, si lo que indica es que tu
orgullo prevalece.
Ya
lo decía Napoleón: la batalla que exige más
valor es la que uno tiene que librar contra sí mismo.
No prediques
la inacción. La bondad, la virtud, la justicia, la paz, la
convivencia cívica, exigen la pro-acción para conseguirlas,
no nos viene dado, como la vida; sino que hay que conseguirlo y
ganárselo con lucha, no necesariamente violenta. Incluso
para ser bueno hay que esforzarse.
¡¿Dónde
he predicado yo la inacción, alma bendita?!
Hala,
por semejante chorrada quedas castigado a releer tres veces, y
soy clemente, el fragmento de mi anterior correo que empezaba
con “Abi, sólo serás valiente...” :-)
Estarías
ganado para la causa justo en el momento en que cedieras en el punto
de admitir que, en este mundo, al menos, existe algo por encima
de algo, que existen personas más capacitadas que otras,
que existen personas más bondadosas que otras, que existen
corazones más generosos que otros, que existen conciencias
elevadas infinitamente superiores a otras rastreras y miserables.
Bobadas
superficiales (no digo que tú seas ni bobo ni superficial).
Chorradas humanistas.
El
refranero, que suele ser sabio (a la vez que harto cínico),
dice: “Al ladrón le hace la ocasión”.
Yo, más que le hace, diría que le “delata”.
Abi
no ha delinquido, que sepamos, porque no ha tenido ocasión.
Lo mismo que Cordura (que sepamos :-)
Todos somos
humanos; pero no tenemos la misma catadura. Un asesino, un delincuente,
sea o no de guante blanco, son personas que han infligido dolor
en sus víctimas y se han colocado en un plano moral inferior.
Deben ser las instituciones de las que nos hemos dotado las que
hagan valer la vuelta al equilibrio, imposible si existen víctimas
mortales o de daños irreversibles, reparando en lo posible
el daño causado y apartando de la convivencia al causante.
Por tanto siempre habrá algo por encima de algo.
¿De
Juana ha infligido más dolor que Abi? Puede. Tal vez porque
está más loco, o porque es más inteligente,
o porque, nacido en Euskadi, conoció a ETA, o porque tuvo
problemas en su infancia que Abi no tuvo... ¡No porque fuera
intrínseca o innatamente peor!
Además,
Abi ha demostrado que puede ser muuuy maaaalo. Y más cobarde
que De Juana, quien al menos se la jugaba cada vez que salía
a cometer sus sangrientas fechorías (éstas le han
costado, no se olvide, más de veinte años de cárcel).
Abi ha dejado escritas en D21 cosas muy feas sobre los inmigrantes.
Y lo escrito, escrito queda. Abi ha callado demasiadas veces sobre
los crímenes del Imperio (tema también recurrente
en D21), así como ante las arbitrariedades de Poc.
Yo
no pondría al “valiente” Abi (al que, por lo
demás, aprecio) de ministro del Interior. Ni siquiera de
comisario costero.
¡Claro
que tiene que haber “algo por encima de algo”, y que
se llama “Estado”! Pero es algo convencional, fruto
del contrato social (más o menos tácito), no intrínseco
ni natural. Las instituciones públicas están para
representarnos. Hemos de confiar en ellas para que así
sea. Y hemos de temerlas si obramos mal (ver Romanos 13). Sin
mitificarlas, claro, pues están conducidas por humanos
tan mortales y pecadores como Abi y como yo.
Sólo
Dios está por encima en un sentido absoluto.
No te equivoques
con mis afinidades. Mi doctrina, como la de todos, es conseguir
el bien común, la prosperidad de la nación y el bienestar
para sus ciudadanos y los que se puedan acoger desde fuera; pero
discrepo rotundamente de la forma de conseguirlo de los demás,
porque no he visto valentía en ellos y sin valentía
no se tiene el suficiente coraje para afrontar los retos.
Je,
je... tus afinidades llevo meses conociéndolas.
Además,
en las líneas siguientes no haces sino reafirmarlas :-)))
Al PSOE y
a ZP toda la leña que se le pueda dar es poca; porque van
rotundamente contra uno de los fundamentos de los valientes, que
es la unidad de la nación española y la defensa de
su idioma, sin la cual todo progreso será imposible de conseguir.
Porque se han enfangado en multitud de asuntos, que no detallaré,
que no sirven para engrandecer ni dignificar a las instituciones;
sino más bien para dividir, colisionar, empobrecer y dotar
de ineficacia y mala imagen a todo un país.
Que
Abi sea incapaz de respetar que otros no piensen como él,
no implica que Abi sea valiente, sino más bien que es inseguro,
frágil de convicciones, quizá cobarde...
Que
Abi sea incapaz de admitir que otros, incluido el presidente del
gobierno, tengan otro concepto de “España”,
no denota valor, sino profunda mediocridad moral.
Que
Abi pretenda imponer a los demás que “la unidad de
la nación española” es un valor superior a
otros, conditio sine qua non del progreso (¿aunque sea
una unidad impuesta? ¿Aunque nadie se pregunte “unidad,
¿para qué?”?), no hace de Abi un sujeto audaz,
sino un pensador que piensa poco, y que lo hace de manera pobre,
perezosa y superficial.
(Pero,
¿de dónde se habrá sacado el bueno de Abi
que “la unidad de la nación española”
es uno de los fundamentos de los valientes? ¿Viose alguna
vez un pensar más mezquino y aldeano?).
No te equivoques,
ni quieras liarme: La unidad de España no significa estar
uncidos a un yugo; sino que debe existir un único fundamento
y un corpus democrático y legal que garantice la igualdad
de oportunidades entre sus ciudadanos, bajo el cual cada ciudadano
desarrolla sus proyectos vitales en libertad. Esto es vital.
Al PP, con
el que coincido en su defensa de España y su no negociación
con terroristas, le llegará su ración en cuanto llegue
al poder; porque desconfío también de que pueda ser
valiente; incluso ante los nacionalistas. Estoy convencido de que
también nos defraudará.
1998-99:
Tregua etarra gestionada por Aznar. ETA: “MLNV” según
el susodicho. El proceso: de “paz” según el
susodicho. Con la banda criminal: “seremos generosos”
según el susodicho.
Cientos
de etarras exiliados retornan, de presos acercados al País
Vasco (incluido cierto Iñaki que acaso le suene a Abi)
o excarcelados. Da igual que sigan la ‘kale borroka’
y la extorsión.
Y
ahora, ese mismo Aznar, su sucesor, sus seguidores (incluido Abi)
y sus jefes-corifeos mediáticos, todos contra Zapatero
por hacer infinitamente menos de lo que ellos hicieron.
¡¡¡Y
aún se creen valientes!!!
Abi:
ni soy del PSOE ni lo seré jamás. Nadie, dentro
de mis modestas posibilidades, denunció más al corrupto
y criminal felipismo que yo. Pero mientras la verdad sea la verdad,
en lo que sea menester defenderé al PSOE actual contra
las salvajes alimañas fascistas que hoy, de manera tan
injusta como impúdica, lo tratan de despedazar sólo
para recuperar el poder.
(Ahora
bien: no creas que haré de ello el centro de mi vida. Recuerda
que soy escéptico respecto a las posibilidades humanas...
Lucharé pero más por tocar conciencias que por esperar
auténticos cambios sociales. Sólo Jesús arreglará
tanto estropicio).
Hoy por hoy
existen más afinidades, del mismo modo que con el fondo editorial
de D21; desde el momento en que existen frentes concretos que defender,
luego, ya se verá.
De momento los valientes sólo tenemos visión española
y creemos que es necesario fortalecer desde dentro un país
para poder liderar con garantías y credibilidad los asuntos
del exterior. No me interesa el gobierno de los americanos ni sus
historias; pero creo que no te pondría de ministro de esos
asuntos exteriores.
Qué
amarga decepción... :-)
En
cuanto a tu desinterés sobre el gobierno puslandés,
permíteme que me suene a cobardía moral. Resulta
que nuestro estado no es soberano (creerlo sí que es delirante),
que para actuar en el exterior, y aun en el interior, tiene que
hacerlo mirando al eje Washington-Vaticano, ¡y nuestro “valiente”
Abi dice que “no le interesa el gobierno de los americanos
ni sus historias”!
Usaré,
por una vez, la única expresión brillante que ha
salido jamás de la boca de mi amigo Zapatero: ¡Patriotas
de hojalata! ¿Para eso queréis la “unidad
de la nación española”? ¿Para entregarle
España, bien “unidita”, al gobierno cuyas “historias”
no os interesan?
(Oye,
tío, tú no serás el hermano gemelo de Aznar,
¿verdad? :-)
Ya me voy,
no sé si he aclarado o matizado algo. En lo que sí
que me has gustado y creo que coincidimos es en que debemos ser
humildes ante los demás; aunque si la humildad se vuelve
falsa es muy peligrosa; pero nunca ante nosotros mismos porque debemos
espolearnos, exigirnos y nunca renunciar a metas pretenciosas.
Contando
con ese punto de humildad que he visto en ti he escrito lo que
ahora he escrito.
La
humildad es la base del genuino sentido del humor, aquél
que le permite a uno reírse de sí mismo.
Si lo miras
con detenimiento, club de los valientes, te parecerá bonito.
Irradia tonos de todos los colores, limpios, cristalinos. Es infantil;
por supuesto; es casi de otro mundo. Aquí es difícil
encontrar alguien que quiera entrar; porque su interior está
lleno de algo que dignifica y eleva al ser humano.
Lo infantil es sano y necesario, sobre todo para
los adultos. El problema es cuando se convierte en sinónimo
de ‘pueril’.
Algo que da
miedo: La valentía.
Un saludo
Feliz
Navidad, hermano.
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07/03/07
Claro que
tenemos categorías discordantes, hemos llegado a un punto
en que cada uno ya ha mostrado sus cartas y son totalmente divergentes.
Los puntos de unión que pueden surgir se desvanecen al siguiente
comentario.
Serán
lo divergentes que queramos que sean. No creo que la discordancia
tenga que implicar divergencia.
Tú
haces hincapié y niegas legitimidad moral para juzgar y justificas
cosas que, para mí, son injustificables y cuyo veredicto
lo tengo muy claro, no dudo, soy categórico, algo que es
imposible que puedas digerir porque te envuelves de la viscosidad
de lo inconcreto, de lo abstracto, de lo gaseoso. Hay que materializarse
más.
No me importa
en absoluto que me digas que ya me he puesto arriba de la columna
para determinar los buenos y los malos. Hay ocasiones, casi todas,
en que hay que tomar partido y yo lo hago sin escurrir el bulto,
sin embozarme, sin parapetarme en consignas ya escritas como tú
haces.
¡Alto
ahí! A estas alturas del partido ya deberías saber
que yo soy de los que toman ídem, así que sobra
ese discurso.
Lo
que critico en ti es tu doble vara de medir (te lo he dicho ya
un porrón de veces).
Yo me preocupo
por lo tangible, por aquello en lo que puedo mínimamente
influir para lo que creo buena dirección; pero que; según
tú; puede ser también fatal, ya que es una apreciación
personal, o sea un modo de ver y juzgar las cosas que siempre resultará
erróneo.
O sea, que
siempre estaremos en una encrucijada y aquél camino, conducta
o actitud que adoptemos, al influenciar necesariamente en los demás,
ya nos deslegitima, nos hace culpables y presuntuosos, pues para
ti y las escrituras de las que tomas alimento, no somos más
ni mejor que el otro, por malo que sea.
Es decir, que tu mundo es para vivirlo desde la virtualidad, sin
tocar la realidad porque se descompondrá.
Mal
me entiendes, Abi. Lo que pido es rigor intelectual y, sobre todo,
moral. Mirarse la propia viga antes de escudriñar la paja
ajena. O la viga de los “míos” antes que la
paja de los “otros”.
La
prueba de que vivo en la realidad, aunque sea desde la trascendencia,
es que pienso ir a la manifestación del 17 de marzo (se
trata de un ejemplo; muchos otros tienes ya, en realidad).
[Y
la paradoja es que para mí vivir en la trascendencia no
implica ponerme por encima del bien y del mal; en cambio tú,
que vives en la inmanencia, no te recatas mucho de situarte ahí.
En realidad, ambos son resultados lógicos: la inmanencia
siempre lleva a la incoherencia moral, pues impide el distanciamiento
que es requisito de la objetividad; en la inmanencia el hombre
siempre acaba siendo “medida de todas las cosas”.]
Pretendes
vivir en un mundo para el que existen respuestas y éstas
están ya escritas en las escrituras, No existen respuestas
escritas, las respuestas a la realidad se van conformando según
pasa ésta.
Si
lo que quieres decir es que las Escrituras no hablan del 11-M
o de la guerra de Irak, estamos de acuerdo.
Ahora,
si pretendes afirmar que en las Escrituras no se nos muestran
principios éticos para afrontar hechos como ésos,
yerras.
Por
lo demás, que tu moral no se base en las Escrituras no
significa que sea menos apriorística que la mía.
Es un oprobio
a la sociedad la conducta de este gobierno para con el problema
terrorista; pero está ahí para desdicha de los agredidos,
que somos todos los demás, incluidos los que no tienen conciencia
de ello o lo perdonarían, como tú.
Esa es la
realidad actual para la que hay que fabricar respuestas actuales
que traten de reformar sus derroteros. Los valientes estamos en
esa realidad, llamémosla hiperrealidad para distinguirla
y anclarla más al suelo y lucharemos con las palabras para
despertar las conciencias de quien tiene el poder de determinarla
en este momento, que es el gobierno y tratar de determinar su posterior
derrotero, que se ajuste a lo que pensamos se aproxima a la virtud,
a la justicia, a la dignidad y al respeto.
Si en esta
respuesta a la tozuda realidad nos encontramos con otros coincidentes,
AVT, PP, etc... bienvenidos sean, el esfuerzo quizá obtenga
resultado. Que según otros, como tú, la virtud está
en el comportamiento humillante y cedente con los postulados terroristas,
quizá con espurios fines electoralistas y de pactos para
mantenerse en el poder, allá cada cual con su conciencia.
Que otros, Aznar, lo hicieron también, pues una lástima,
porque negociar o dialogar con el mal jamás obtendrá
resultados buenos, porque el mal es insaciable, porque jamás
se conforma con un alma.
En
este párrafo queda en evidencia tu doble vara de medir.
Veámoslo:
Si,
según tú, el gobierno de Zapatero hace cesiones
a ETA, “es un oprobio”.
Si
“otros, Aznar, lo hicieron también, pues una lástima”.
(Aunque lo hicieran, por cierto, multiplicado por cien).
Y
en virtud de ello, consideras “coincidente” al PP
y le das la “bienvenida” a tu lado.
Bonita
manera de autoengañarte...
Así
que, cordura, ya vemos de qué pie cojeamos todos, tú
del tuyo, yo del mío; pero he observado una cosa, con gran
delectación todo hay que decirlo, y es que te has picado
sobremanera al arrogarme valentía yo y mis postulados, por
lo que veo que no tomas tan a broma el asunto y, además,
ya entran en tu diccionario palabras como "cobardía"
tan ligadas a la valentía.
Te has ofendido
claramente porque he reservado conceptos como la unidad de España
y la no negociación con terroristas a los valientes, excluyendo
a los demás.
Si
no fuera porque en esa “delectación” entreveo
un regodeo más bien sádico, me alegraría
de habértela producido. Con todo, me temo más bien
que te la has producido tú mismo, pues en ningún
momento me he sentido ofendido por tus palabras (espero que esto
sí te proporcione genuino deleite; nunca debiéramos
alegrarnos más de ofender, o de causar ofensas, que de
no ofender o de no causarlas).
Sobre
la “unidad de la nación española”, simplemente
me pareció una falta de elemental rigor por tu parte afirmar
de ella que es “uno de los fundamentos de los valientes”.
Pues la creencia en la necesidad de esa unidad (muy respetable,
y compartida por mí, por cierto) pertenece al campo ideológico,
mientras la valentía tiene que ver, en todo caso, con lo
psicológico y/o con lo moral. Dicho de otro modo, que uno
sea valiente o no, en modo alguno tiene por qué depender,
en un sentido fundamental, de creer en esa unidad o no creer.
Habrá unitaristas valientes (y cobardes), igual que habrá
antiunitaristas valientes (y cobardes).
Pretender
que la ideología de uno sea “lo valiente”,
lejos de implicar valentía lo que refleja es simplismo,
sectarismo y aun despotismo. Todo lo cual, no obstante, estás
a tiempo de corregirlo.
Debo confesar
que fue un artilugio mío el no indicar, como quise hacer
en principio lo de "valientes" entre comillas, para incluir
sólo a los de mi club virtual. Ni siquiera tú, (amante
de la humildad , de la paz y del amor, cuestiones que te honran;
pero que llevas demasiado lejos y demasiado presentes en tu discurso
para poder ser plasmadas con eficacia), has sido capaz, subconscientemente,
de sustraerte al encanto de considerarte valiente por un momento
siquiera.
Conclusiones
derivadas de premisas erróneas, luego erróneas también
ellas.
Has arremetido
contra la idea de que la valentía pueda ser poseída
por quien no piensa como tú, de la misma forma que los socialistas
se indignan cuando ven a la derecha apropiarse de los himnos y símbolos
nacionales.
No.
He arremetido contra la idea de que pueda ser monopolizada por
quien no piensa como yo (lo que se implica de decir que la defensa
de esa unidad es “uno de los fundamentos de los valientes”).
Error
tanto más grueso el tuyo por cuanto yo soy defensor de
esa unidad; es decir, en esto sí que pensamos igual.
Pero
defenderla no implica (¡Dios me libre!) pretender imponerla.
Reconoce que
he sido brillante, reconoce que, por más que pretendas maltratar
y desprestigiar, como propia de inmaduros y pueriles, la idea de
asumir la valentía como forma e idea política, ésta
surgirá muy presente y con fuerza.
Si
te hace ilusión, hasta te puedo nombrar Caballero de la
Mesa Redonda. Pero, en cuanto a tu brillantez, como habrás
podido ver ya, en este caso no hubo tal.
Debes empezar
a darte cuenta de que existe esa nueva vía, separada de los
conceptos de izquierdas y derechas, que los supera y que es capaz
de acoger en su seno la bondad, la paz, la justicia, la armonía
y la fortaleza frente al mal.
Leo y releo tu párrafo, como castigo, en el que me indicas
qué hacer para ser valiente.
Tú
mismo te has mostrado valiente en ocasiones e incluso te he apoyado
alguna vez; cuando razonabas dentro de la lógica del debate;
pero es que la última vez te pasaste, como ya te dije, por
entrar agrediendo directamente los sentimientos de las personas
afectadas por el terrorismo, que somos muchas más que las
víctimas.
Estabas en
tu perfecto derecho a plantear la comparación de la política
de Aznar con la de ZP, tirando de hemeroteca y de datos objetivos;
aunque en alguna ocasión se te pilló haciendo trampa
y no ampliando el contexto en que se produjo el hecho, con lo cual
quedaba a medias.
No
hubo tal trampa. En cierta ocasión cometí un posible
error, en la medida en que imputé intenciones a Aznar.
Yo mismo admití esa posibilidad, y me mostré dispuesto
a retirar ese argumento (a pesar de que me parecía creíble
y aun hoy me lo parece, pero en fin...). De todos modos, no creas
que me considero libre de pecar. Antes bien, por desgracia, lo
hago todos los días.
Lo
que sí es cierto es que entonces, al hilo de esas comparaciones
entre Aznar y Zapatero, tú tuviste ocasiones varias para
demostrar valentía. Sobre todo, cada vez que Hispalis recurría
a “argumentos” torticeros, o directamente a los insultos
y descalificaciones, con tal de no asumir las abrumadores evidencias
que yo os estaba mostrando (por cierto, el grueso de ellas extraído
de LD, el panfleto losantiano).
De hecho eras
un componente enriquecedor del debate y azuzador. Creo sinceramente
que deberías volver, arrepintiéndote y retractándote
de lo dicho, en ese aspecto concreto en que ya sacaste de sus casillas
al editor.
Ojjjjj...
casi me persuades con tantos halagos :-)))
Por
el bien de todos, no me retractaré. Pero aún más
que por eso, porque sigo pensando lo mismo.
Y
por cierto, ya va siendo hora de que me digas por qué te
parece erróneo lo que dije (pero centrándote en
mis palabras, no en vuestra interpretación de las mismas).
Por lo demás,
una vez que estoy conociendo la libertad de pensamiento que me da
mi nuevo ideario valiente, me siento muy bien; incluso aunque me
tilden de pueril o insensato.
Quien quiera seguirme, que me siga.
Me recuerdas a un extraño amigo internáutico autointitulado
“Alejandro el Magno”, divertido sujeto lleno de ínfulas
mesiánicas (yo le llamaba “mi pequeño Álex”).
Un saludo,
(¿A qué viene lo de Feliz Navidad?)
Me
gusta desearles a mis interlocutores que Cristo nazca en sus corazones.
Suelo usar esa fórmula durante todo el año, a excepción
del período comprendido entre mediados de diciembre y la
primera semana de enero.
Paz y bien. JF-Cordura
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10/03/07
Ya debes saber
que me solidaricé con las varias descalificaciones que te
cayeron no porque dijeras que la AVT pretende utilizar el victimismo
político para derribar al gobierno, eso es lícito
pensarlo porque objetivamente es así. Todas las manifestaciones
que promueven van en contra de la deriva del gobierno en su asunto
concreto; por lo tanto, nada mejor para sus aspiraciones que concienciar
a la ciudadanía para derribarlo en unas elecciones. Eso es
así objetiva y subjetivamente, lo mires por donde lo mires.
Me
alegra que lo veas así. Pero, ¿a ti te parece ético
usar el “victimismo político”, como bien lo
llamas, para derribar al gobierno? O sea, usar su condición
de víctimas para sacar tajada política y derribar
a un gobierno legítimo. Haciéndolo, además,
desde una plataforma ilegítima, pues nadie le ha elegido
para tal misión política (¿te imaginas algo
así con una asociación de víctimas del Ulster,
por ej.?). Sólo es admisible para quien el fin justifique
los medios.
Y
no hablemos ya de quienes se sirven de las víctimas para
lograr esos mismos fines...
Ahora bien,
tu pasada mayúscula fue calificarles de Asociación
de Vengadores Tremendistas. No debiste hacerlo porque es una expresión
hiriente, provocativa, falsa en todo punto y hecha con una vil intención
ofensiva.
O
sea, que te eriges en juez de mis intenciones... (una vez más,
el típico endiosamiento de “Abi el Valiente”
:-)
No te retractarás;
te equivocas. No estás en tu derecho de calificar como vengadores
a quien pacíficamente renunció a la venganza y cree
en la justicia y en la dignidad de unas instituciones, ni puedes
llamarles tremendistas porque pretendan manifestar su rabia, dolor
e impotencia, a través de cauces democráticos, como
son las movilizaciones.
Os
lo expliqué ya, pero con gusto (aunque un poco de pereza
también) lo repito. Son Vengadores porque no aceptan la
ley instituida, sino que quieren imponer la suya. Eso es querer
tomarse la justicia por su mano (una forma de [pre]linchamiento).
Eso es desear la venganza. Y tanto la desean que se conducen de
un modo cada vez más violento (verbalmente, sobre todo...
de momento).
Es
lo que están haciendo, por ejemplo, con De Juana Chaos.
Aunque saben de sobra que ya pagó por sus 25 asesinatos,
no paran de decir que cómo se quiere dejar en libertad
al autor de los tales... (Mientras, pero admito que éste
es otro asunto, mantienen como presidente honorífico al
corresponsable de cientos de miles de muertos...).
Y
no contentos con pretender vengarse así de De Juana, la
emprenden aún más que contra él con quienes
le conceden la prisión atenuada estrictamente dentro de
la ley.
Dices
que creen en la “justicia”. Pero es obvio que sólo
creen en su justicia, y que además tratan de imponerla,
sin aceptar que quepan otras interpretaciones que las suyas (por
ej., las de los que aplican la ley). De ahí las continuas
descalificaciones del exaltado Alcaraz, erigido en líder
político, contra todos los que no piensan como él
(al más puro estilo, por ej., del Capo de la Kope, radio
con la que por cierto el victimista se lleva de maravilla).
Dices,
además, que creen “en la dignidad de unas instituciones”.
No sé a cuáles te refieres, pero parece obvio que
no respetan la dignidad del TS, por ejemplo, contra el que convocaron
(aunque luego fingieron que no había sido así) la
anterior manifestación. Por no hablar de su graaaaaan “respeto”
hacia la institución del gobierno de la nación,
al que continuamente pretenden deslegitimar pese a que tiene una
legitimidad con la que ellos no pueden ni soñar. O hacia
la judicatura (recuérdense también las descalificaciones
contra Garzón, Pedraz...).
En
cuanto a la acusación de tremendismo, te remito a lo que
ya os dije en mi saludo, recién expulsado: «...admito
que también es una apreciación personal (ciertamente,
tampoco exclusiva mía), pero creo que a poco que lo penséis
no carece de base. Recordad, por ejemplo, cuando tras la reducción
a tres años de la pena de De Juana, Alcaraz reaccionó
diciendo que era “una provocación a las víctimas”.
Y rápidamente convocó la manifestación de
hoy (la de los “dos millones”... sólo que aún
no han acabado de contarlos :-). Pero fijaos si sería tremendista,
que luego él mismo tuvo que aclarar (hasta al PP le habían
inquietado esas palabras) que respetaba la sentencia del Supremo
(pero entonces, ¿quién era el que “provocaba
a las víctimas”?).»
[Ahí,
como puedes ver, ponía sólo algún ejemplo
del tremendismo de Alcaraz (tan español, tan guerracivilista
y tan digno de competir, por cierto, con el Pascual Duarte de
Cela). Pero cabrían muchos más, como su continua
afirmación, desde antes de la tregua, sobre la “rendición”
del gobierno ante ETA. Sin olvidar los insultos contra Zapatero
que llegaron incluso a poner en la web de la AVT. Por lo demás,
¿qué tiene que ver con insultar acusar a alguien
de tremendismo, o sea, de excesiva crudeza en su descripción
de la realidad?]
Si yo hubiera
caído en ese error propio de "un repente" no me
dolerían prendas en pedir perdón. Tú te reafirmas,
tú sabrás, una pena.
Amigo,
aun cuando tengo la convicción de no haber errado en modo
alguno (salvo, quizá, en el uso de las mayúsculas,
expresivas de mi indignación pero fácilmente malinterpretables...),
habría pedido perdón de no ser porque hacerlo:
1.-Implicaría
aceptar el chantaje de Poc (“o pides perdón o te
‘baneo’”), siendo que él todos los días
dice cosas mucho más duras que lo que yo dije (de hecho,
auténticas barbaridades) y se queda tan ancho. El bueno
de Poquito no se da cuenta de que nadie es más que nadie,
pero sólo manteniéndome firme le doy la oportunidad
de que lo comprenda.
2.-Requeriría
que todos los que dicen barbaridades reales (o sea, cosas realmente
falsas a la vez que tremendas) pidiesen, con mucha mayor razón,
perdón. Hablo de los constantes insultos de Poc, Pinar,
MGA y Berkelio hacia los “socialistas” en general,
así como a las sistemáticas burlas personales a
las que someten a personajes como Zapatero, Blanco, Garrido, Garzón...
y un largo etcétera. O de las insinuaciones (a veces, declaraciones)
golpistas de Poc y MGA. O de las afirmaciones racistas de MGA
y Berkelio. O de la xenofobia demostrada a menudo por los propios
Poc, MGA... y un tal “Clubdelosvalientes”. O de las
proclamas belicistas, una vez más, del ‘amic’
Poc (sin duda, el más pródigo en barbaries... y
casualmente el que expulsó a Cordura, mira tú :-)
3.-
Aún más, exigiría que quienes han insultado
reiteradamente a Cordura sin ton ni son (como MGA y, en menor
medida, Pinar e Hispalis), pidieran también perdón
por ello. [Dejaría pasar, eso sí, el ‘mobbing’
al que me sometió Poc, en varias fases de mi estancia en
la bitácora.]
4.-
Supondría renunciar a mi plena libertad de expresión,
e intervenir en lo sucesivo con una espada de Damocels aún
mayor... (¡lo que me faltaba, estando ya, como he estado,
en un medio en el que era minoría, y en el que me han breado
por todos los lados!).
Ya veo que
me acusas de las dos varas de medir que aplico, la una tiesa y dura
contra ZP, la otra más blanda y lábil contra Aznar
y su política. Tal vez ambos han acariciado la idea de acabar
con ETA y salir glorificados política y humanamente. Tal
vez ambos han pecado de vanidad y, llegó el otro y llegará
éste, a hacer cosas que el corazón no entenderá.
La razón
objetiva puede dictar decisiones de "real politik"; pero
aquí no jugamos con números, presupuestos ni medidas
más o menos sociales, aquí se ventilan asuntos del
corazón, de los sentimiento y de la dignidad humana que debe
transferirse a las instituciones. De otra forma pasa lo que está
pasando.
Quizás
una computadora, al meterla los datos objetivos del problema de
ETA, nos sacara conclusiones de que es necesario un diálogo,
al estilo de las películas de ficción de los años
60; pero no es tiempo ya de análisis fríos, porque
ya no podemos, ni queremos, tragarnos la conciencia.
El
último que quiere que nadie se trague su conciencia soy
yo. Toda mi (modesta) misión consiste en apelar a las conciencias.
Justo porque considero intolerable la doble vara de medir de la
Derechosa (que es la tuya) en todo este proceso.
Zapatero
ha atenuado prisión... ella excarceló a cientos.
Zapatero habla de “proceso de paz”... ella hizo lo
propio. Zapatero llamó a Otegi “amigo de la paz”...
ella llamó a ETA “Movimiento de Liberación...”
Zapatero quiere buscar el diálogo a pesar de los pesares...
ella hizo lo propio multiplicado por cien (hablando de “generosidad”
y acercando presos estando secuestrado Ortega Lara; manteniendo
su apuesta por la tregua y la “flexibilización penitenciaria”
con ‘kale borroka’ e “impuesto revolucionario”
más duros que los actuales...).
Por
supuesto, hoy es más que nunca el tiempo de “análisis
fríos”. Lo contrario se llama fascismo, y es lo que
está practicando la Derechosa: revolver el río (de
las emociones humanas) para luego pescar en él. No puede
haber algo más vil y rastrero. Pero hace falta ser valientes
para denunciarlo hasta el fin.
Rendirse,
jamás, ceder, jamás, negociar, jamás, si no
es la entrega a la justicia y de sus arsenales.
Totalmente
de acuerdo (si hablamos, como lo haces, de “rendirse”
y de “negociar”), pero eso exijámoselo a TODOS.
Gracias
a Dios, se abren buenas perspectivas. Otegi y ‘Gara’
vienen hablando de pasar a métodos estrictamente pacíficos,
y de renunciar a cobrar “precio político” alguno
al estado español.
Cosa
que la Derechosa, por otra parte, hará lo posible por arruinar...
Si no me equivoco,
para ti es mucho más perfecto el fenómeno trascendente.
Te distancias de la realidad y la observas. Otros, dices que nos
situamos en la inmanencia, nos volcamos en nosotros mismos y vemos
las cosas desde el prisma de nuestro propio ser, cargado y viciado
como está de cientos de prejuicios, sentimientos y subjetividades,
por lo que la observación, sus consecuencias y sus conclusiones
se deforman ineluctablemente.
Algo
así... pero me refiero sobre todo a que habéis tomado
partido a priori. He ahí el motivo de vuestros prejuicios.
En razón de ello, le perdonáis todo a vuestro “bando”
y le negáis el pan y la sal al otro “bando”.
Así militarizáis la realidad, cerrando todo camino
al diálogo (gracias a Dios, tú no eres un ejemplo
paradigmático de esto), y ya sólo queda la confrontación.
Mi
posición es otra. Mi único partido es el del evangelio.
Desde ese prisma contemplo el mundo. En el pasado, apoyé
a Aznar contra el asqueroso felipismo engolfado de poder y de
corrupción. Cuando el propio Aznar se hizo criminal y se
engolfó de lo mismo (hacia el año 2002, pues hasta
entonces tendí a apoyarlo), no me quedó más
remedio, en conciencia, que denunciar sus crímenes y engolfamiento.
Empecé, entonces, a apoyar el nuevo mal menor, llamado
Zapatero... pero sin extender jamás a nadie un cheque en
blanco (ni abogar nunca por el linchamiento de nadie).
Pues
los valores del evangelio son la paz, la justicia y la verdad
(ver Mateo 5, Juan 14: 6; etc.).
Nos encontramos
entonces ante dos visiones sobre las que podrán discutir
y discurrir los filósofos y psicoanalistas. Yo quizá
me quede de momento con la sentencia de San Agustín: Noli
foras ire, in te ipsum redi. In interiori homini habitat veritas.
Quizás
no está bien escrito. Viene a decir: No te vayas fuera, vuélvete
a ti mismo. En el interior del hombre habita la verdad.
¿No es un canto a la inmanencia?
Hombre,
es que eso es sacar un texto agustiniano de contexto. Del inmediato
y del mediato. Él, por desgracia, tenía mucha influencia
neoplatónica, todavía presente en frases como ésa.
Sin embargo, en su caminar cristiano (aunque fuera un cristianismo
imperfecto), matizó frases como ésa diciendo: «Pero
si encuentras que tu naturaleza es mudable trasciéndete
también a ti mismo.» O sea, acude a Dios, el único
Trascendente.
En
cualquier caso, fíjate que si te quedas en la primera frase
vuelves al protagorismo, haciendo del hombre (de cada hombre...
de ti mismo) la medida de todas las cosas.
O
sea, endiosando al bueno de “Abi el Valiente” :-)
Feliz
Navidad, hermano.
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12/03/07
La máxima
aspiración moral de las víctimas es que se haga justicia
y no se otorguen concesiones políticas a los verdugos.
La máxima aspiración política es contribuir,
con su empeño en poner de relieve la indignidad y cobardía
de un gobierno que negocia con sus verdugos concesiones políticas
a cambio de paz vigilada, a que no vuelva a salir ese gobierno.
Lo veo razonable
y justo. No encuentro victimismo por ningún lado. Si no son
las víctimas las que lo ponen de manifiesto y defienden sus
ideas, ¿Quién se lo va a hacer?
Una
vez más, ponte de acuerdo. En el correo anterior empezabas
diciendo que sí veías tal victimismo, e incluso
que “es objetivo pensarlo”, etcétera. ¿Será
que cuando te pillan por un lado, te vas por el otro pero procurando
que no se note? Si es así, mal negocio haces, porque yo
suelo ser paciente y releo... Y poco valor demostrarías
jugando al disimulo, Don Valiente :-) [Pero conste que hablo en
condicional.]
El
victimismo de la AVT radica en que las víctimas no han
estado en absoluto desamparadas en España, sino todo lo
contrario. ETA lleva décadas perseguida. La AVT recibe
hoy más financiación pública que nunca. Por
eso, resulta sospechosísima tanta algarada (y tanto silencio
durante el aznarismo, que hacía cien concesiones donde
Zapatero hace una). Tanto hacerse los mártires.
Parece
que a la AVT no le basta con todo el amparo que vienen recibiendo.
Se ve que quiere algo más que amparo. Lo quiere todo. Quiere
el poder. Ya ha conseguido que, para muchos (para mí no,
desde luego) sea tabú criticar a sus dirigentes, como si
el hecho de haber sido víctima del terrorismo le hiciera
a uno infalible o inmune a las críticas (yo me pido lo
mismo por haber sido víctima de varios atracos... ¿por
qué no?). Como si le hiciera bueno (si así fuera,
entonces Castro, Hitler, Somoza, Pinochet... y una larga ristra
de dictadores y asesinos que sufrieron atentados serían
auténticos buenazos).
Lo
que pasa es que esta gente, la que en realidad domina la AVT,
tiene buenos contactos. No ya en el PP, sino en la Curia y en
Washington (bueno, también en Miami...). Dominan a la perfección
el arte del victimismo. Véase cómo lo hace a diario
la ICR española, Kope mediante, al quejarse de que el gobierno
“persigue a los católicos” (la realidad es
que con Zapatero la ICR ha visto reforzados sus privilegios).
Como Puslandia con el 11-S. Como los sionistas explotando el Holocausto.
Creo
que todavía no se ha escrito un tratado serio acerca del
factor victimista. Un factor de poder. Útil, sobre todo,
en manos de los poderosos
[Es
curioso, valiente Abi, como la mayor Víctima de la historia
no usó ese poder. La única víctima inocente
y perfecta. La Víctima impecable. La Víctima real.
Cuando sus espurios jueces la acusaban y condenaban con falsía,
callaba. Sólo hablaba para buscar redimir al acusador.
Buena cuenta de ello tenemos en los Evangelios (véase,
p. ej., Lucas 23: 9; Juan 18: 28-36). ¡Qué víctima
más poco victimista! ¡Qué poco defendía
sus DERECHOS!]
Han estado
demasiados años condenadas al ostracismo y la vergüenza.
Ciertamente
lo estuvieron, en su día, sobre todo los familiares de
policías y militares asesinados. Pero ya desde los últimos
años del felipismo eso cambió.
Las
víctimas llevan mimadas muchos años. Y ETA siempre
ha sido perseguida. Por supuesto, incluso ahora (de inmediato
se puso en marcha, p. ej., la búsqueda de los responsables
del golpe a la T4, con prontas capturas).
Está
bien que se manifiesten y muestren su coraje y valentía,
que digan que no se dejan amilanar. Repito que son unos medios totalmente
lícitos, muy loables y de sentido común los que utilizan.
No veo venganza por ningún lado. Lo hacen desde una plataforma
que les aúne y no tienen otro ideario; no son partido político
ni se van a presentar a ningunas elecciones.
¿Qué debieran hacer? ¿Quedarse en casa para
mayor comodidad del gobierno?
Qué
más les gustaría que aplicaran la ley.
¿No
ves claro que el gobierno está en un proceso de favorecimiento
de todo lo que tenga que ver con ETA? ¿Por qué no
deja en prisión a De Juana, al menos los tres años
a los que ha sido condenado por el TS y se deja de hacer esas piruetas
miserables, buscándole vueltas a las leyes? De sobra sabemos
que las leyes las aplican los jueces unas veces con dureza otras
con benevolencia. ¿Por qué utilizar la benevolencia,
la blandura, el humanitarismo, con un asesino en serie, psicópata
de duro corazón y alma oscura, donde no cabe arrepentimiento?
Es simple:
porque es un útil más de la negociación que
debe cuidarse. Es impensable que se utilice tanta delicadeza con
otro preso común.
Naturalmente,
pues con un preso común corriente no está en juego
lo mismo (por eso el símil resulta de lo más chorra).
Claro
que hay política de gestos. Como la hubo con Aznar (y callasteis).
Y como la hubo con Major y B-Liar en el Reino Unido (y no pusisteis
el grito en el cielo). Porque sólo así se puede
acabar con estas cosas. Se trata de problemas enquistados, con
un fuerte componente étnico detrás. No es lo mismo,
ya lo he dicho otras veces, ETA que los GRAPO.
Como
ya te dije, Otegi y compañía vienen hablando en
otro tono, más distendido. Hay que tomarles la palabra.
¿Te imaginas si en tiempos de Aznar el líder de
Batasuna hubiera dicho: “El estado no tiene que pagar precio
político”, y hubiera añadido que renunciaban
a su programa máximo, al menos por la vía violenta?
¡El hoy criminal del bigote habría dado saltos de
alegría! (y ante las cámaras de TV, presumo).
Pero
ahora toca ser cínico e hipócrita, porque de lo
que se trata es de desalojar del gobierno a Zapatero. Hay que
tener valor para reconocer eso, Abi. Como el que tú tienes,
¿no es cierto?
Si el señor
Alcaraz se propasó en alguna declaración, fruto del
nerviosismo y la indignación, luego aclaró y no pasa
más. Las sentencias del TS se respetan y acatan, no como
algún presidente del parlamento vasco, o como los que se
reúnen con Batasuna, desobedeciéndolas claramente.
Otra cuestión es no mostrar conformidad con ellas. Lógicamente
no están de acuerdo con la rebaja de condena.
Aaaabi...
El vengador victimista Alcaraz se ha propasado muchas veces, y
lo sabes. Lo del TS fue lo de menos, con ser grave.
Este
Alcaraz, además, se ha metido a político no pocas
veces, hablando contra la “autodeterminación”,
por ejemplo. ¿Quién le dio vela para eso? Y sobre
esa base, ha montado una grosera estructura victimista para derribar
a Zapatero y llevar a Rajoy a la Moncloa.
Yo juzgo tus
intenciones y tus palabras, por supuesto. Así puedes ver
qué impresión dejan en quien las oye o lee.Tú
sabrás si estoy o no acertado.Si no estoy acertado, tienes
un punto de referencia para comprobar cómo lo interpreta
uno desde fuera y matizar o explicar. Como veo que te reafirmas
en ellas yo también.
Allá
tú. Yo me limito a los hechos, que es lo justo (ver Mateo
7).
Te doy la
razón en que no resulta grato lidiar en una plaza con prácticamente
todo el aforo en contra y abucheándote. Creo que no era en
todos los temas así. De hecho había temas en los que
el debate discurría entre serenos desacuerdos. Pero es que
el tema del terrorismo y las graves y peligrosas reformas estatutarias
son muy candentes, queman mucho y entran, como ya he dicho, en terrenos
sentimentales, muy difíciles de manejar y muy inflamables.
Tienes una visión de las cosas que suscitan fuertes discrepancias
en D21.
Es lo que
te ha pasado. Tú tienes razones que explican tu testarudez,
alguna comprensible, lo que no quiere decir que te dé la
razón en el fondo del asunto.
Tú
llegaste “tarde”... Cuando lo hiciste, Cordura llevaba
meses siendo machacado. Incluso te perdiste su “peor”
parte. Por no hablar de la previa (la de Libertario, el pre-Cordura),
que también fue convenientemente expulsado.
A veces ceder
no es renunciar a tus principios, me lo han dicho hace poco, "Ceder
es triunfar" y no he estado de acuerdo con ello, en fin.
¡Así
lo vieras de claro en relación con el gobierno y ETA! :-)
No te acepto
que me ubiques en la Derechosa que tú llamas. No soy tan
centrista y mis ideas son más revolucionarias, innovadoras
y valientes.
Descuida,
yo no tengo por nada centrista a la Derechosa, de ahí el
nombre que le doy. A ti te ubico en ella porque te veo, con todos
los respetos, en la ultraderecha del sistema (compartes lo básico
del sector duro del PP, y además sueles poner énfasis
xenófobos sin cortarte un pelo... en algo tan mediocre
como eso sí resultas ser valiente :-).
Sus planteamientos
difieren mucho en muchísimas cosas, sobre todo por la escasa
valentía que detecto en ellos. En este tema que tratamos
y en la necesidad de unidad de España coincidimos. Si la
derecha tiene doble vara de medir, al menos eso indica que puede
tocarte la parte blanda, la izquierda tiene una única: Yo
soy la legítima, el otro debe ser barrido y exterminado.
Tu discurso de que Aznar favoreció mucho más a ETA
es la nueva milonga que predica el Psoe, con penoso resultado. Sólo
sirve de carnaza al sectario. Es de chiste.
Dime
por qué. Descalificar es muy fácil, pero también
muy pobre. Y poco valiente.
Yo no doy
un cheque en blanco al PP, ni de coña. Ya te he dicho que
llegará el momento en que haya que darle leña. Pero,
la verdad, con la que está cayendo y con la manifestación
de hoy de Madrid, el PP se ha hecho acreedor de una inmensa responsabilidad.
Si lograra
ganar las próximas elecciones no tendría perdón
si su modo de actuación, en temas fundamentales, no se ajusta
como un guante a los sentimientos de los que ahora vociferamos contra
el gobierno y sus meteduras de pata.
Demasiada
presión como para no fallar. Un partido aún cargado
de complejos y debilidades.
Claro,
deberían ser más ultras (como tú :-)
Allá
vosotros, queridos “vociferantes”, si apoyáis
al Partido Puslandés, el de las guerras y los tratados
vaticanos, el auténtico Partido Antiespañol porque
le niega toda soberanía real a nuestro país. Respetaré
vuestro criterio, faltará más. Pero el tiempo os
mostrará los resultados (lo que pasa es que entonces todos
seremos las víctimas, no sólo vosotros; incluso
vosotros, seguramente, menos que nadie... Yo temo sobre todo por
los que no tengan fe en Dios cuando llegue esa hora... ¡ay,
pobres progres, cuánto vais a sufrir a manos de los “valientes”
del Nuevo Fascio!).
Al igual que
tú, que buscas el dictado de tu conciencia, sin vender tus
afectos a nadie que no los merezca, a la luz de quien te ilumina,
yo tampoco creo en la fe ciega hacia nada humano, (no me cases con
nadie) porque el hombre es de naturaleza imperfecta y puede y es
capaz de las mayores vilezas, algo que va en contra de la grandeza
de corazón y coraje del espíritu y la voluntad que
adorna a un valiente.
Tampoco creo ni tengo fe en lo divino porque no encuentro en qué
medida actúa sobre el comportamiento humano. Por eso sólo
me atengo a lo que puede accionar el resorte que empuje al hombre
a hacer el bien: la valentía.
Ni Dios, ni
ninguna otra divinidad, tienen poder sobre la maldad y sus esporádicos
o continuos seguidores.
La
valentía, en el mejor de los casos, sólo es un arma,
una herramienta y una actitud para conseguir ciertos fines. Puede
ponerse al servicio de los mejores y de los peores propósitos.
Hitler,
por ejemplo, era un valiente. Y el Che. Hasta De Juana puede que
lo sea. Pero son ejemplos de asesinos, con ideologías totalitarias.
Observando
el mundo es la única conclusión a la que llego: Si
existiera Dios, no tiene alcance sobre la maldad. No puede actuar
contra la libre decisión del individuo. Sólo tiene
en el hombre el resorte de la conciencia; pero ya se ha dado cuenta
que, el hombre, máquina perfecta en ocasiones; pero poco
evolucionada espiritualmente, puede encerrar la conciencia y dejar
sin efecto ese resorte, que es lo único que le une al alma.
De ahí
que existan desalmados, y orgullosos de serlo. Verbigracia, el ya
mentado.
Ciertamente,
Dios respeta la libre decisión de cada cual. Pero no porque
no pueda actuar sobre la maldad. Simplemente espera... (ver, por
ej., Romanos 12: 19).
No
te precipites al negar su existencia sobre la base de que impera
la maldad. Esa tesis (“ateísmo moral”, se llama),
con ser respetable, es a la vez pobre y superficial. Jesús
es la prueba viva de su falsedad, pues vino a sufrir esa maldad
y a triunfar sobre ella. “Yo he vencido al mundo”,
osó decir (Juan 16: 33).
Sólo
aspiro a que mi conciencia no enmudezca, que me lleve a actuar en
el sentido positivo, siguiendo por la senda de unos principios que
considero fundamentales.
Así
sea. Feliz
Navidad.
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16/03/07
Intercalando,
mi querido consanguíneo:
No me he precipitado
porque no lo he negado categóricamente. Si lees bien he dicho,
"si existiera Dios no tiene alcance sobre la maldad" No
quiero entrar en la discusión de su existencia o no. ¿Para
qué existir si no puedes actuar?
Nadie puede
permanecer impertérrito ante la observación de lo
que pasa en un mundo, supuestamente por él creado, y al que
vino encarnado a redimir con escaso éxito.
Bueno,
entonces digamos que lo que das por hecho es que no puede actuar
y que permanece impertérrito. Que para el caso...
Dios,
ya te lo dije, respeta la libertad humana. Pero a la vez pone
límite a la maldad (ver Job 1: 12; 2: 6; Apocalipsis 7:
1).
La condición
humana, capaz de las mayores grandezas y , en muchas más
ocasiones de las bajezas y villanías más miserables,
ha desarrollado ya tal fuerza interior que es indiferente la existencia
o no de un Dios exterior.
Cada uno quizá
llevamos dentro nuestro propio Dios, que nos impulsa al bien, en
coexistencia con el propio Diablo, que alimenta sin cesar nuestra
parte más negativa y malvada.
Dos entidades
que continuamente luchan por predominar y prevalecer; pero siempre
en el interior del alma o la conciencia de cada uno.
En
el terreno moral tus afirmaciones no se sostienen. La condición
humana, simplemente, no es “capaz de las mayores grandezas”
(sí de las “bajezas y villanías más
miserables”, que continuamente emanamos, siquiera en pensamiento,
De Juana Chaos, tú y yo).
El
ser humano es impotente para el bien, y a las pruebas (de la historia,
de nuestras vidas) me remito. Dentro de sí, el hombre sólo
tiene fuerza para el mal. Y si no la desarrolla toda es porque:
1.-Como
ya te he dicho, Dios pone límite a nuestra maldad.
2.-Nos tenemos miedo unos a otros.
3.-A menudo nos interesa refrenarnos.
La
bondad humana no existe. Funcionamos sobre la base del interés
y el miedo. Los benéficos destellos que a veces emitimos
no son más que reflejos del Espíritu Santo que “llueve
sobre justos e injustos” (Mateo 5: 45). No podemos hacer
el bien porque nuestra naturaleza es depravada (la de De Juana,
la tuya y la mía). “El árbol malo no puede
dar buenos frutos” (Mateo 7: 17-18).
“La
carne....no se sujeta a la Ley de Dios ni tampoco puede”
(Romanos 8: 7).
¿Demasiada
cita bíblica? No, porque no es para adoctrinar. Son “pies
de foto” a la historia de la humanidad, que todos conocemos.
Yo llamo valentía
a la prevalencia del Dios que nos empuja a la virtud, a la grandeza
de ánimo y a la generosidad para con el prójimo.
No es valentía;
sino coraje del mal lo que hace que nos rindamos ante el empuje
de nuestro diablo interior.
También
los malvados tienen fuerza, coraje y bravura; mucho más en
ocasiones; pero no lo confundamos con la límpida y bienintencionada
valentía.
“...prevalencia...
que nos empuja a la virtud...”
“...los
malvados tienen fuerza, coraje...”
Sigues
encerrado en el esquema “nosotros-ellos”. Naturalmente,
“nosotros, los buenos” y “ellos, los malos”
(creo que has visto demasiadas películas de Hollywood :-)
No discuto
más sobre las formas de ver la realidad de lo que está
pasando ahora entre víctimas, gobierno y terroristas. Lo
hemos dejado claro. No sé por qué te molesta que se
persiguiera tanto antes a los terroristas y se pretenda ensalzar
ahora a las víctimas.
No
he dicho que me moleste lo primero. Sí afirmo que me molesta
lo segundo. Las víctimas no merecen ensalzamiento alguno
(¿quién lo merece, en realidad, salvo la única
Víctima Real?). Merecen que se castigue a los culpables,
y el estado lleva décadas haciéndolo. Merecen que
se las atienda psicológicamente, y se hace. Merecen, pero
sin abusar, que se las indemnice, y el estado, incluido el que
viene gestionando este gobierno, lo hace generosamente.
Lo
que es intolerable es que las víctimas dicten las políticas
del estado, incluida la política antiterrorista.
¿Acaso
la víctima de un atraco debe decidir qué pena ha
de imponérsele al atracador? ¡No!, eso es cosa del
poder legislativo y de los jueces. De otro modo, lo que prima
es la venganza, no la justicia (el ser humano tiende, ya lo hemos
visto, al superficial y subjetivísimo “nosotros-ellos”).
Pero,
en el ámbito terrorista, parece que en España nos
estamos acostumbrando a que sean las víctimas las que decidan
la pena de los terroristas. Me niego a aceptarlo.
Tienen todo
el derecho a pedir al gobierno dignidad y justicia y, si éste
no se lo da, pretender que caiga en las próximas elecciones.
No deberían
meterse a más historias políticas, para eso está
la oposición, ni utilizar ningún resorte moral o victimista
para cualquier otra pretensión. Si así lo hicieran
ellos solos se deslegitimarían, luego no creo que entren
a más.
Lo
hacen todos los días, y creo que lo sabes.
Antes me entendiste
y me expliqué mal, quise decir que era lícito que
pensaras que utilizaban el victimismo; que no te descalificaba por
ello, por más que no lo comparta, y que era objetivo pensar
que quisieran que cayera este gobierno.
No te cansas
de vituperar a personajes que para ti, y para la progresía
actual, son auténticos tótem para la fijación:
Aznar, Bush, Alcaraz... Estás en tu derecho; pero no creo
que encuentres mucho predicamento fuera de las esferas de los radicalmente
sectarios.
Aaaabi,
que eso no es argumentar.
Claro
que no me canso de denunciar a esos dos criminales. Por una sencilla
razón: no han pagado por sus crímenes. Exijo justicia.
Peor,
infinitamente peor, es lo que hacen otros: no parar de denostar
a personas como De Juana Chaos, aunque éstas sí
hayan pagado por sus culpas (al menos en parte).
Son
“valientes” para ensañarse con el que ya está
siendo castigado.
En
cuanto al gran vengador tremendista y los suyos, denuncio su grosera
doble moral y su clamoroso victimismo mientras los sigan practicando.
[Por cierto, como ejemplo de su tremendismo fascista incluyo,
según puedes ver, una proclama y un pasquín que
han colocado en su web en el contexto de su campaña contra
De Juana... digo, contra el gobierno. Dicen calumniosamente, y
entre cuatro signos de admiración, que el terrorista “sale
a la calle”; he ahí el tremendismo. Además,
declaran que sólo los ayuntamientos que se pronuncien contra
la “excarcelación” (sic) estarán más
cerca de las víctimas que de los terroristas; he ahí
el fascismo (que se erige en juez blandiendo el “o con nosotros
o contra nosotros”).]
Aznar, por
ejemplo, tomó una decisión de apoyar la política
de guerra en Irak, quizá pensando en otras compensaciones.
No estuvo acertado; pero tampoco hubiera impedido la guerra de haberse
negado a apoyarla. No hay que darle más vueltas a eso.
Se apoyó,
mal hecho; pero no fue un apoyo decisivo ni concluyente, fue más
bien simbólico y testimonial, al igual que el de otras docenas
de países que lo apoyaron.
Déjate
de símbolos y de hipótesis condicionales (“...de
haberse negado a...”): el hecho es que el criminal del bigote
PROMOVIÓ, DECLARÓ Y ENTRÓ en esa guerra.
Como
fiel embajador de Pus, visitó países para que apoyasen
la carnicería prevista.
Mandó
a Ana la Sanguinaria a dar la nota en la ONU para elevar el tono
belicista.
MINTIÓ
al pueblo español y al mundo, PRESIONÓ a gobiernos
débiles... siempre obediente a los dictados de su amo (tú
a eso lo llamas, en tu web, conseguir “liderazgo en el mundo”).
Todo
eso no es “no estar acertado”, es ser un genocida
y un bellaco. Por su propio bien, debe pagar por ello, si es que
todavía hay justicia en el mundo.
Esto
hay que tener el valor de decirlo, Abi.
Me interesa
mucho más lo que se pretende hacer en este país.
A
mí no me interesa ni más ni menos. Tan persona es
un iraquí o un iraní, como un español. Sólo
desde posturas racistas podemos cuestionarlo.
Un cambio
de régimen basado en los apoyos de quien tiene como finalidad
la destrucción de la idea de España. Que un presidente
del gobierno de España encierre, en su misma ambición
de poder, la idea de acabar con ella, es algo insoportable para
un valiente español.
Un
valiente (español, chino o malgache) lo primero que ha
de hacer es enfrentar la realidad tal cual es, sin mixtificarla
para que encaje en sus esquemas mentales.
Un
valiente no se inventa cosas que jamás podrá demostrar,
como esa “finalidad” de destruir “la idea de
España” que atribuyes al presidente.
Y
si además de valiente es patriota genuino:
1.-Se
niega a que su país sea un lacayo del imperialismo.
2.-Se niega a que la unidad de su patria sea una uniformidad impuesta.
Porque
la patria no es un nombre, ni un territorio, ni siquiera una historia.
La patria son las personas vivas que la pueblan, y su dignidad.
Quizá
para un bravo antiespañol sea motivo de alborozo; pero ése
ya no le llamo yo valiente.
No
me lo jures, amigo (tú llamas “valiente” al
nacionalista españolista, de eso ya me había dado
cuenta :-)
Ya sé
que no ceso en mi arrogancia valiente; pero no puedo evitarlo, porque
quiero que empape cada uno de mis poros.
Eso
de “arrogancia valiente” es oxímoron irresoluble.
El radicalmente valiente, por definición, sólo puede
ser humilde (recuerda la máxima napoleónica: “la
batalla más importante es contra uno mismo”; ¡lástima
que el corso no fuera fiel a ella!).
No te preocupes,
como para ti la valentía no tiene recorrido más que
como una puntual actitud, es algo totalmente inofensivo.
Hombre, no me preocuparía si tú
compartieras mi criterio.
Paz y bien, hermano.JF
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20/03/07
El que nuestra
naturaleza sea débil y nuestra voluntad quebradiza, no quita
para que no pueda uno llegar a ser bondadoso y virtuoso.
No siempre,
como nadie puede ser siempre valiente hacia el bien; pero podemos
considerar que una sola acción buena (no interesada y costosa)
que incida en beneficio de los demás, es todo un triunfo
sobre la maldad, que debe valorarse.
Quizá
tú les llames pequeños triunfos dentro de la vorágine
de una derrota general; pero no por eso hay que desanimarse. Sigo
creyendo que en el hombre coexiste una parte bondadosa, e incluso
angelical, que pugna por salir a la luz y sale.
Leyendo
eso, tan humanista, me tienta ponerme metafísico: ¿Y
qué es el bien, qué la bondad? En tu planteamiento
humanista, serían los que el hombre decida... pero, ¿qué
hombre?, pues resulta evidente que no hay común acuerdo
al respecto, y de ahí arrancan gran parte de las luchas
ideológicas, políticas, sociales...
Sólo
un criterio objetivo puede ayudarnos, de ahí que nuestro
Creador nos diese la Palabra revelada. A la luz de ella vemos
nuestras deficiencias, y a poco humildes que seamos (que la propia
Palabra, Espíritu mediante, nos haga), se hace patente
nuestra impotencia. Ya te lo dije: “La carne....no se sujeta
a la Ley de Dios ni tampoco puede” (Romanos 8: 7).
No
olvidemos, amigo Abi, que no se trata de lograr ejecutar aislados
actos de bondad (aparente) sino de la redención. Se trata
de saber cuál es el camino hacia ella: redención
humana general, redención de De Juana, redención
de Abi, redención de Cordura. Para semejante empresa el
esfuerzo humano siempre será insuficiente; sólo
en Cristo podemos ser salvos, a través de la fe (Juan 3:
16). Y sólo esa aceptación nos regenera (Juan 3:
3-15).
La
vía alternativa lleva inexorablemente a la frustración
o al autoengaño. Ahí tienes la historia de la humanidad,
especie irredenta donde las haya. Lo mismo ocurre en el plano
individual. Pregúntaselo a Lutero, alma sincera, radical
y valiente. Llegó a ser el más intachable monje
de su convento, ejemplo para todos. Pero no encontraba la paz.
Por más que luchaba, y se mortificaba, y se perfeccionaba,
no hacía sino constatar su impotencia y su pecaminosidad.
“Me hallaba aprisionado por cuatro paredes: pecado-infierno-pecado-infierno.”
He
ahí la experiencia de cualquier persona fiel a su conciencia:
inexorablemente, una experiencia de fracaso mientras luche con
sus propias fuerzas. Porque, frente a la voz de conciencia que
me grita: “¡Debes!”, mi pobre naturaleza siempre
responderá: “¡No puedo!” La clave está
en hacer nuestro ese “No puedo” sin abjurar del “Debes”.
Pero este dilema sólo se resuelve apelando a un poder superior.
Como
hizo Lutero, que al fin encontró esas palabras “mágicas”
de Hebreos 10: 38 (“El justo por la fe vivirá”)
y sólo entonces empezó a descansar, gozando de la
salvación. Nos dice su biógrafo Atkinson que «se
sabía a sí mismo recogido de la cuneta de la vida
y llevado a su posada por Cristo, su Buen Samaritano, sin cuya
intervención habría perecido».
Tú
crees que, cuando se da, es forzada por las circunstancias: miedo,
interés, lógica inteligente, "freno divino",
yo creo que puede ser un acto reflejo sin otra motivación
que la inclinación por el bien en sí mismo.
Decía
Kant (devoto lector del NT) que en el hombre “lo único
bueno sin restricción” es la “buena voluntad”
(cf. Lucas 2: 14). Una buena voluntad, agrego yo, que no viene
de la propia naturaleza humana, sino de escuchar al caballo de
Troya infiltrado en ésta (o sea, a la voz de la conciencia).
Pero,
dejadas solas, la voz de la conciencia siempre queda enterrada
bajo el clamor de los instintos y las pasiones naturales. Esta
experiencia caracteriza incluso la vida del cristiano genuino:
“Así, dejado a mí mismo, con la mente sirvo
a la Ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado”
(Romanos 7: 25). El ser humano sin Cristo es igual de impotente
sea pagano o sea cristiano. De ahí la falacia del “humanismo
cristiano” (otro oxímoron).
A priori no
debes compararnos con De Juana, esencia del mal, porque; a pesar
de estar dotados con las mismas neuronas y ser químicamente
iguales, nos diferencia el alma, la conciencia, lo intangible y
la profunda repugnancia, en mi caso al menos, hacia el daño
gratuito a los demás.
De Juana
disfruta con el dolor ajeno porque, en su ensoñación,
cree que eso le servirá para liberarle de no sé qué
pesadas cargas que se ha autoimpuesto.
Yo no hago
eso. Según tú lo haría, espoleado por las circunstancias,
porque la semilla del mal la tenemos plantada todos y la naturaleza
humana es un campo fértil para dicha maldad.
La
diferencia entre De Juana, por un lado, y tú y yo por otro
(ya ves qué halago te concedo, por cierto :-) es que él,
por su propia peripecia vital (elecciones personales incluidas),
ha exteriorizado más que tú y yo la maldad que a
los tres nos define por igual. Como en su día Saulo de
Tarso, gran perseguidor y asesino de cristianos (cosa que, por
cierto, no impediría su conversión posterior y su
vocación apostólica).
De
Juana ha llegado a convencerse de que su patria (la vasca) exige
determinados esfuerzos y “sacrificios”. Lo mismo que
le pasa a Abi con la suya (española).
Tanto
para De Juana como para Abi el fin justifica los medios. Pues
me da la impresión de que ambos están dispuestos
a que con tal de que su patria se consolide, prospere y prevalezca,
bueno es que los ciudadanos de otras patrias (los maketos, los
inmigrantes...) puedan quedar por debajo (aunque sea bajo tierra,
o bajo el mar...). Incluso los ciudadanos de vuestras propias
patrias (no nacionalistas vasquistas, no nacionalistas españolistas...)
que discrepen de vosotros en las materias “sensibles”.
Quizá
la diferencia básica, al menos hasta ahora, entre De Juana
y Abi es que el primero ha demostrado ser más coherente
en la praxis con esa idea que, en el fondo, es común a
ambos.
Pero
no te vayas a pensar que Cordura es mejor. “No hago el bien
que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos
7: 15). Como Abi y como De Juana, Cordura nada bueno puede hacer
(doy fe) separado de Cristo (ver Juan 15: 5).
Por supuesto
que las víctimas no deben dictar las estrategias a llevar
ante los agresores, ni juzgarlos siquiera. Estaríamos en
un estado vengativo donde nadie podría arrancarnos el dolor
por la pérdida de la persona querida, si no es con la muerte
del agresor. Debe ser la comunidad, el Estado, quien, evitando el
ojo por ojo, haga justicia con la debida reparación.
Sensatísimas
palabras son éstas, mi querido consanguíneo. A fuego
deberían marcarse en las sienes de los dirigentes de la
Asociación de Vengadores Tremendistas.
Cuando uno
ve que no ha sido suficiente el castigo que se le ha impuesto al
agresor, cuando se ha hecho encaje de bolillos para favorecerle
y burlar su condena, (a 3000 años, en este caso), haya sido
quien haya sido el gobernante, es cuando uno desconfía de
la naturaleza de ese Estado y se le exige que rectifique y aplique
el peso de la ley. No se le dicta la política a seguir, sencillamente
se le pide que no utilice la ley, que no la reinterprete para hacer
enjuagues políticos de dudosa moralidad.
Todo
eso es cierto, amigo. Pero es cierto en abstracto.
Cuando
eso se afirma desde quienes hicieron lo mismo multiplicado por
cien, entonces se convierte en doble moral (al menos tú
incluyes la cláusula “haya sido quien haya sido el
gobernante”; lo que pasa es que aún te falta valor
para ser consecuente con ella).
Y
cuando se ignora que quienes exigen que se cumpla al pie de la
letra esa abstracción legal no son menos culpables que
los terroristas “oficiales” (unos, los psoeces, porque
tienen las manos manchadas de sangre “made in GAL”;
otros, porque las tienen embadurnadas de sangre iraquí),
entonces se hace imprescindible recordar otra sentencia del Maestro:
“Quien esté libre de pecado, que tire la primera
piedra” (Juan 8: 7). Y más cuando por medio de estas
componendas se puede aproximar la paz.
Pues,
en un sentido ético profundo, si en 1977 se admitió
conceder amnistía total, ¿por qué hoy no
se puede dar una amnistía que, a fin de cuentas, sería
muchísimo menos abarcante?
La
cuestión de fondo es, tanto entonces como ahora, la de
la legitimidad de los jueces. Y en casos tan enconados como éstos,
sólo habría un Juez (no hará falta que te
diga cuál) capaz de aplicar justicia “abstracta”
sin que nadie en su sano juicio pudiera reprochárselo.
Amados,
nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira
de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza.
Yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19).
Exacto.
Aquí también se encierra, en el fondo, lo que acabo
de decir.
No hay manera
de coincidir: Para mí, precisamente has dado en el clavo
al revés, la Patria sí es un nombre, sí es
un territorio y sí es una historia, con la que los ciudadanos
que viven en ella se puedan sentir identificados y orgullosos.
Lo
que yo te decía es que si la patria no es, ante todo, la
gente que vive en ella, entonces se convierte en una farsa (o
en una putria, si me permites el juego de palabras; pues implica
prostituir lo único sagrado, que es la dignidad humana).
La
Derechosa, como los tradicionalistas de siempre, acusa a la izquierda
y a los nacionalistas periféricos de “romper la patria”,
porque, dice, están dispuestos a fragmentar político-territorialmente
España. Pero como se da el caso de que su acusación
la realiza con odio y ensañamiento, la Derechosa contribuye
así decisivamente a enfrentar a unos compatriotas contra
otros de manera irreconciliable (sin negar que en ciertas zonas,
como Euskadi y Cataluña, los nacionalistas periféricos
hacen una obra similar).
Así
es como el nacionalismo españolista rompe mucho más
la patria de lo que lo hacen sus odiados enemigos. Especial responsabilidad
tiene hoy en todo esto la pseudocristiana y diabólica Kope
Borroka.
Pero
todo esto requiere valor para admitirlo (y para decirlo donde
haga falta).
No va contra
la dignidad de nadie, al contrario, la fortalece. Para un polaco
es un orgullo ser de su patria, como para un chino, un argentino
o un americano. Es algo bonito y sentimental a lo que se apela sólo
en ocasiones para reforzar ese sentimiento que nos protege. Por
eso nadie quiere ser apátrida. Es necesario tener ese deseo
de pertenencia a algo común más allá de tu
propio pueblo o ciudad. Cuando la patria se desdibuja, la desorientación
provocará el caos.
No
puedo negar que hay aspectos positivos en un genuino patriotismo.
El
problema es que todos sabemos a dónde lleva el énfasis
en la patria, cuya identidad al final siempre se acaba afirmando
a costa de las demás patrias (de compararse con ellas,
de distanciarse de ellas, de separarse de ellas, incluso, cuando
se es fuerte, de subyugarlas).
Un
énfasis nocivo en el plano externo, pero también
en el plano interno. Ya te lo he dicho: al final, los “patriotas”
usan la patria para dar con ella en la cabeza a sus compatriotas
que osan tener un concepto distinto de patria. Por eso fascismo
no es sino nacionalismo + tiempo.
Por eso España
se rebelará ante las intenciones de fraccionarla en pequeñas
comunidades. Todo intento será baldío porque un río
de 500 años de cauce no se varía por unos peleles
que pasen una temporada en el mando.
Sólo la unión traerá el liderazgo y el progreso.
Unión no significa uncimiento al yugo; sino todos a una cada
uno con sus posibilidades. Sólo la unión garantizará
la solidaridad y el reparto interterritorial. Lo demás son
experimentos artificiosos y, para experimentar, es mejor hacerlo
con gaseosa.
La disgregación
no es una postura valiente, ni siquiera dignifica, por más
que los promotores crean que consiguen mayor beneficio. Eso
se llama egoísmo e insolidaridad.
Ya
te dije que soy partidario de la unidad de España, siempre
que no implique ni uniformidad ni imposición.
Por
lo demás, en un mundo globalizado (a fuerza de explotación
económica de las multinacionales, como de cañoneras
imperiales) las patrias son cada vez más un residuo del
pasado.
Vuelvo
a recordarte, por cierto, que tan importante sería el patriotismo
de cara al interior como el patriotismo de cara al exterior (es
curioso cómo a la Derechosa española, lacaya del
imperialismo, suele olvidársele el segundo; suerte tiene
de que la mema “izquierdilla” raramente cae en la
cuenta de esa actitud tan poco patriótica).
Estoy conforme
con que el valiente debe ser humilde; pero eso no quita la contundencia
en sus ideas, el empuje ante las adversidades, la decisión
arriesgada en pos de un bien que también favorezca a los
demás.
OK,
camarada.
No seas tan
derrotista con el ser humano. Estoy seguro de que existen ángeles
en la tierra. Insuficientes para aligerar la ingente carga de maldad;
pero haberlos, ¡hailos!
¡Claro que haylos! Son todos aquellos humanos
que se dejan guiar por Dios para ayudar a los demás.
Te
dejo con las máximas, Abi. Paz y bien. JF-Cordura
[Ver,
a continuación de estas líneas, un decálogo
que hice sobre esta actitud tan “patriótica”.]
Las
máximas del “patriota”
© J. F. S. P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (23 de
septiembre de 2003)
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25/03/07
Hola,
amigo Abi:
Empezaré
diciendo que me agradan mucho las reflexiones que me ofreces esta
vez, y sobre todo el buen tono y el estilo argumentativo en que
las expones.
Prosigo
entre tus párrafos:
Hola,
Vamos en algunas
cosas muy paralelos, otras divergentes hasta no más; eso
está quedando claro; y a fuerza de darle vueltas al pensamiento
que te hace pregonar que De Juana, tú, yo, Aznar, etc…
somos iguales en nuestra pequeñez y maldad, me he fijado
en una cuestión filosófica de importancia capital
y que abre las puertas a un inmenso caudal argumental:
Mientras tú fijas el ser del hombre en su ser,
en su propia naturaleza humana y, por tanto, jamás será
bueno ni justo porque ni la bondad, ni quizá la valentía
(como coraje hacia el bien) ni la potestad de hacer justicia, están
a su alcance; porque eso sólo está al alcance de Dios(
y de la vida añado yo), yo fijo más mi posición
en que el hombre es su hacer y, por tanto, con
capacidad de actuar bien o mal en momentos determinados y de esa
actuación derivarse unas consecuencias, positivas o negativas;
para uno mismo o para los demás.
Para ti somos lo que somos y para mí somos lo que
hacemos.
Abandonemos
por un momento la abstracción de que no existe un bien o
mal absoluto y que todo es relativo para unos u otros; porque no
podríamos fijar ni un solo concepto y nos pasaríamos
la vida llevando el agua del mar con una concha a un hoyo de la
playa.
Es un intercambio
de conceptos donde la diferenciación es abismal. Uno, el
ser, nos lleva con frecuencia a la desesperación de no poder
superar este valle de lágrimas. Otro, el hacer, nos trae
la esperanza de que, por mal que estén las cosas, algo puede
moverse desde nuestro mundo interior a nuestro mundo exterior cercano
y luego lejano.
Es la mismísima
diferencia que hay entre tener un destino y poder forjarse uno propio.
La
materia es compleja, pero intentaré desbrozarla. Para hincarle
el diente y devorarla con la máxima brevedad sentemos una
base en la que no podremos, creo, sino estar de acuerdo: el ser
inevitablemente se transparenta en el hacer (ya dijo Jesús
que “de la abundancia del corazón habla la boca”,
en Mateo 12: 34; por cierto, que justo antes dijo otra cosa no
menos relevante para nuestros intereses: “¿Cómo
podéis hablar [hacer] lo bueno, siendo malos?”).
Lo anterior es verdad, claro está, salvo que creamos que
el ser humano es puramente histórico. O sea, si negamos
que tiene naturaleza (o que tiene ser; pero en este caso, ya no
podemos llamarlo “ser humano”). Pero esto conduce
a un sinnúmero de absurdos que ya los grandes filósofos
(como el genial vasco Zubiri, pero sólo después
de muchos otros) se encargaron de desmontar.
No
olvides, Abi, que nuestras perspectivas eran no simplemente hacer
el bien más o menos ocasionalmente, sino la redención
(tanto individual como colectiva; y conste que por “redención”
no me refiero sólo al plano eterno-trascendente). No niego
que el ser humano pueda “hacer el bien” (otra cosa
es que lo pueda hacer con una motivación pura, y de ahí
las comillas). Y ya te puse ejemplos de cómo incluso los
más “puros” de entre los hombres naufragan
ante su impotencia moral, sintiéndose irredimibles por
sí mismos. Es más, los más “puros”,
en razón de eso, suelen ser los primeros en reconocer su
propia maldad (a diferencia, y he aquí una de las típicas
paradojas bíblicas, de los impuros fariseos: ver Lucas
18: 11).
Todo
esto no niega el derecho humano, incluso el deber, de forjarse
su propio destino (la responsabilidad, pasada y futura, por los
propios actos es un concepto eminentemente bíblico). Lo
que pasa es que ubica ese derecho y ese deber sobre el único
carril realista y seguro: el de la búsqueda del Reino de
Dios (ver Mateo 6: 33), búsqueda que es, por lo demás,
imposible sin la guía del Espíritu (ver Juan 16:
13). Una guía que, a su vez, implica antes o después
la regeneración o “nuevo nacimiento” que nos
hace realmente libres para hacer (Juan 3: 5). Sólo a partir
de ahí el ser y el bien hacer tienden a ser aliados en
lugar de rivales (la naturaleza regenerada ya no dice solamente:
“No puedo”, sino “No puedo pero quiero y deseo”
complacer al “¡Debes!” emitido por la conciencia).
El hombre
sólo actúa como hombre cuando su pensamiento y acción
trasciende hacia los demás hombres.
No es imaginable
un hombre solo porque sería semejante a un animal. No es
bueno que el hombre esté sólo, nos dicen en la Biblia
que exclamó el Creador y, a partir de ese momento en que
ya no estuvo sólo, el hombre pasó de ser un "ser",
en esencia puro y bondadoso, a ser un "ser" con capacidad
de actuar de forma no tan pura ni bondadosa.
No
fue exactamente así, o al menos según lo que das
a entender. La clave de la Caída no es que pasara de estar
solo (sin más humanos cerca) a estar acompañado
(por otro ser humano), sino que se separó de su Creador
para atender la invitación satánica.
Es
cierto, por lo demás, cuanto dices sobre que el hombre
sólo es plenamente hombre si se proyecta hacia los demás
hombres (de ahí que Adán se sintiera tan solo sin
un par a su lado, a pesar de la compañía divina).
Por eso para
ti el único hombre que podría llamarse hombre bueno
sería el primer ejemplar de la especie; mientras que yo aún
confío en la generosidad y grandeza de algunos seres humanos
actuales.
Como
tu anterior premisa era errónea, esta conclusión
(este “Por eso...”) no puede dejar de serlo también.
En
todo caso, el problema, como ya podrás comprender, es que
prescindes de la Caída (cosa que, si partes del relato
bíblico al menos como supuesto, no puedes permitirte hacer).
La
humanidad es genéticamente malvada por la Caída.
Ni siquiera de Adán se puede decir que fuera bueno, pues
no lo fue hasta el fin.
Sólo
Uno lo fue de principio a fin; por eso él mismo dice que
“sólo Uno es bueno” (ver Mateo 19: 17). Pues,
como “segundo Adán”, triunfó donde el
primero había fallado (ver Romanos 5: 12-21).
Concibiendo
al hombre en esencia como un ser; pero identificando su naturaleza
con su hacer, comprendemos de un mejor modo las actuaciones de cada
uno.
¿Qué
quiere decir eso? Me temo que aquí hay una seria debilidad
en tu exposición (y en tu tesis de fondo), pues no veo
cómo puedes poner a un lado la esencia y el ser, y al otro
la naturaleza humana (salvo que por “naturaleza” entiendas
historicidad pura, en cuyo caso caerás en los absurdos
a que antes aludía, aparte de usar los términos
en un sentido quizá poco riguroso).
Si todos y
cada uno somos, sin lugar a dudas, un amasijo interior de maldades,
odios, envidias, vanidades, soberbias, lujurias y demás pecados
capitales, el freno que cada uno somos capaces de poner a tan bravos
jinetes, para que no se desboquen hacia fuera, cobra vital importancia.
Ese freno
se llama conciencia, inteligencia y fuerza de voluntad. Si el escaso
espacio interior que nos queda para almacenar bondad, virtud, generosidad
y grandeza se hace valer, a través de la valentía,
para salir al exterior; entonces ya estaremos ante un ángel
en la tierra.
Ya
te lo he dicho y reiterado en correos previos, amigo: el problema
está en la radical impotencia natural del ser humano para
esa valentía moral.
Incluso
los fuertes de voluntad (o los típicos “fuertes”
humanamente hablando) son radicalmente impotentes para el bien.
Tus
tesis, de un humanismo extremo (muy similares al de la Nueva Era,
por lo demás), son puro voluntarismo mientras persista
esa impotencia que define a nuestra especie desde la Caída.
Por eso, desde
tú punto de vista, no existe más diferencia entre
el psicópata De Juana y yo o tú, que la simple exteriorización
de una maldad intrínseca que nos define y nos somete. Yo,
precisamente, le doy la importancia vital a esa exteriorización
de la maldad para diferenciar al bueno frente al malvado.
De
Juana es “peor” que tú y que yo en el plano
social, legal... i.e., meramente humano. Es externa y superficialmente
peor que tú y que yo. Pero en un plano metafísico,
absoluto, real (y divino), es exactamente igual de malo. La diferencia
es que sus circunstancias han sido diferentes de las nuestras.
Por
eso a mí no me cuesta amar a De Juana, ni empatizar con
él y verle como a un hermano y consanguíneo (cosa
esta que escandalizaba mucho a mis queridos fariseos de D21, ninguno
de los cuales era, tampoco, mejor que De Juana).
Y
no creas que pierdo el hilo, Abi... Ya te he dicho que el corazón
rebosa. El corazón de Abi... por ejemplo, cuando desprecia
al extranjero en beneficio del español. Eso no es más
que el primer eslabón de la cadena para que luego, antes
o después, llegue el “terrorista” y maltrate
físicamente al extranjero. Pero entonces Abi también
será responsable de ese maltrato. Por eso, la clave no
está tanto en la (plena) exteriorización de la maldad,
que de todos modos antes o después acaba llegando, como
en la maldad misma.
¿Qué
somos pues sin la valentía, el coraje, la fuerza de voluntad
y la inteligencia que doblegue y reprima a nuestra bestia interior?
Pues eso, unas bestias.
Nuestra
“bestia interior”, por naturaleza, domina todo nuestro
ser. Eso significa que, por naturaleza, nuestra “valentía”,
“coraje”, “fuerza de voluntad” e “inteligencia”
no son sino armas al servicio de esa bestia interior. Por eso
dijo el Maestro que “el árbol malo da malos frutos
[y]... no puede dar buenos frutos” (Mateo 7: 17-18).
Dicho
de otro modo, nuestra “bestia interior” es nuestra
motivación (antropológica) básica (la Biblia
la llama “pecado” o “ley de pecado”: ver
Romanos 7: 17-25). En realidad, no es algo que nosotros alberguemos
en nuestro interior, sino algo que nos alberga a nosotros en el
suyo. Mi ser no abarca mi motivación básica, sino
que es ésta la que abarca mi ser. Soy esclavo de ella por
naturaleza. Misión del Espíritu, por la fe, es liberarme
de esa esclavitud.
Ahí
tienes el argumento que sirve para identificar y diferenciar dos
seres humanos, aparentemente hechos de los mismos materiales. Sí
somos lo que somos; pero lo que importa es lo que hacemos.
¿Le importaría a un musulmán la santidad de
un guerrero templario si éste, por su justa causa, le atraviesa
su espada hasta morir? ¿Le importaría a cada una de
las víctimas de De Juana que éste fuera un ser con
toda la dignidad del mundo? ¿Quizá crees que le importe
a un enfermo de cáncer que un cirujano sea malvado con su
mujer mientras a él le extirpe con éxito su tumor
mortal?
¿
A quién le importa el ser; sino el hacer?
Este
pasaje tuyo es de una altura literaria nada desdeñable
(dicho sin ironía). Pero una vez más, los “buenos
actos”, aunque hagan la vida más llevadera, no sirven
para redimir al individuo ni a la humanidad (lo que, como recordarás,
era el problema que veníamos planteándonos). [Espero
que lo de la santidad del guerrero templario lo digas en broma.]
Preguntas
“¿A quién le importa el ser; sino el hacer?”
Ante todo, a Dios, que no es tan superficial como tú (o
como tú aparentas aquí). Y en la medida en que le
importe a Dios, me importa a mí. Los seres humanos tenemos
que relacionarnos y convivir unos con otros, no sólo efectuar
contactos esporádicos entre nosotros. Por eso, incluso
para la propia vida cotidiana, no basta con los actos visibles
que ya hemos constatado en una persona con la que aún tendremos
que compartir experiencias; tales actos pueden no ser suficientes
y, por tanto, no ser suficientemente representativos; necesitamos
conocer su carácter para saber a qué atenernos realmente
con ella.
Si
además nos preocupan las posibilidades de redención
del planeta, con mucha mayor razón será preciso
conocer la condición humana, no meramente los actos ya
constatados (en cualquier caso, respecto a la humanidad en su
conjunto en realidad ya ha habido suficientes actos constatados,
por la historia, como para dudar de cuál es su condición).
Somos deficientes
e imperfectos; pero no impotentes para hacer el bien si contamos
con la suficiente fuerza de voluntad y valentía. Es fácil
dejarnos arrastrar por los oscuros sentimientos y pasiones que alojamos
en nuestro interior; pero estamos dotados para librar esa batalla.
Unos encontrarán
sus armas en su propia conciencia, otros encontrarán sus
armas en la fe. Lo importante es vencer a la maldad.
Llevamos puesto el pecado original encima; pero hay veces en que
nos aligera su peso el bálsamo de una buena acción.
¿Qué adelantaba San Pablo sirviendo con la mente a
la ley de Dios cuando decía servir con la carne a la ley
del pecado?
Pablo,
ya con eso, adelantaba mucho porque tal circunstancia le servía
para reconocer la paradoja radical del ser humano (entre naturaleza
caída y conciencia purificada). No hacía, no efectuaba
actos externos, pero aprendía.
Y
lo que aprendía es que eso no era suficiente, sino que
además necesitaba entregarse a Jesús para gozar
de su poder (ver Romanos 7: 24-25; Filipenses 4: 13).
El
ser humano necesita: 1. Reconocer el conflicto, la guerra interior,
que por naturaleza atormenta su corazón. 2. Buscar ayuda
fuera de sí para pacificar su corazón.
(Quizá
te vendrá bien leer el texto “La gran paradoja humana”,
accesible en www.laexcepcion.com por medio del Índice General).
Nada; porque
el misterio no consiste en el ser; sino en el hacer. De qué
manera nos dejó demostrado que era más bien cobarde
si lo que escribió fue cierto:”no hago el bien que
quiero; sino el mal que no quiero”
En
realidad, esa declaración refleja una valentía excepcional
(y, por ello, de origen suprahumano). Implica haber dado el primer
paso de los dos que acabo de mencionar (el segundo lo da en Romanos
7: 24-25).
Antes
de su conversión, Pablo era un cobarde que se dedicaba,
en compañía de los fuertes fariseos, a perseguir
a los pacíficos cristianos (ver Hechos 7: 58 a 8: 3). Tras
aceptar a Jesús, la vida de Pablo refleja actos de continua
valentía, como narra el resto del libro de Hechos y se
deduce de sus propias referencias epistolares.
Yo no justifico
los medios, esa postura es una como una veleta que te obliga a dar
continuas vueltas al capricho del viento de la oportunidad; pero
sí que creo que en la idea de un bien general y común
que está por encima del bien individual.
Sí
creo que es necesario que un hombre se sacrifique por todo un pueblo
antes que al revés. Por eso hubiera preferido la muerte de
Sadam, y quienes sustentaban su régimen, antes que la guerra
a toda la nación iraquí, por ejemplo, o afgana, o
somalí, o Bosnia o como quiera que se llamen las distintas
naciones en conflictos.
En
esto último estamos de acuerdo. Pero yo hubiera preferido
aún más ninguna muerte, y con mayor razón
si quien la aplica es también un criminal (ver Juan 8:
7).
En
cualquier caso, si continúas razonando como esta vez, entonces
“no estás lejos del reino de Dios” (Marcos
12: 34).
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08/04/07
Hola,
Partiendo de una base común: “el ser se transparenta
en el hacer” una máxima preciosa, tú derivas
hacia la postura del ser humano que, si hace el bien no es siguiendo
su naturaleza: motivación pura, dices; sino por motivación
exógena: conveniencia, oportunidad, etc… y yo me mantengo
en que al hombre por sus actos le conoceréis.
También
yo. Pero teniendo en cuenta, como te dije, que hace falta un rango
suficiente de los mismos.
Aún
más: el requisito de los frutos (o los actos) es necesario
pero no suficiente. Hemos de volver a la Biblia pues es de ella
de donde sale la frase en cuestión. Si nos fijamos bien,
Jesús la emplea específicamente con los perversos
(para ser exactos, con los “falsos profetas”; ver
Mateo 7: 15). Es decir, el criterio “Por sus frutos los
conoceréis” a quien permite reconocer es a los falsos
profetas, no a los verdaderos. Es un elemento “de descarte”
más que otra cosa: los malos frutos eliminan automáticamente
como profetas (o maestros, o fieles a Dios...; ver Mat. 24: 11,
24) a quienes dicen serlo pero los cometen; en cambio, los frutos
buenos no acreditan, al menos por sí solos, a los verdaderos
profetas como tales.
Esto
es justamente en virtud de lo que te decía: es tal nuestra
inclinación al mal que fiarse de nuestros “buenos
frutos” (además, generalmente contemplados de manera
aislada) puede resultar harto engañoso. Para conocernos
de verdad hace falta algo más. Isaías 8: 20 provee
un requisito adicional: “¡A la Ley y al Testimonio!
Si no hablan conforme a esto es porque no les ha amanecido.”
He aquí el fundamento objetivo por excelencia (por raro
que parezca, el de la coherencia con un libro es un criterio aún
más objetivo que el de los frutos, aunque por supuesto
tampoco baste por sí solo).
[De
hecho, hablando de profetas-videntes en sentido estricto, ser
falso profeta no implica necesariamente que sus profecías
no se cumplan (ver Deuteronomio 13: 1-3). Si no se cumplen, siendo
incondicionales, automáticamente queda descartado como
profeta auténtico. Pero si se cumplen, eso no es garantía
de que lo sea.]
De
acuerdo, pues, con la Biblia, para identificar a una persona fiel
a Dios es preciso que ésta se caracterice por una radical
coherencia entre lo que dice y lo que hace, pero no más
que entre ambos aspectos y la Palabra de Dios.
Ahora
bien, ni siquiera teniendo en cuenta todo eso le es fácil
a un hombre juzgar a otro hombre y diagnosticar su fidelidad.
Lo que sí puede es descartar como verdadero hombre de Dios
a quien, declarándose tal, produce sistemáticamente
frutos contrarios al espíritu de Dios (es obvio, p. ej.,
que Bush es un falso cristiano, al margen de lo que él
crea de sí mismo; decir esto no implica condenarle, ¡Dios
me libre!, sino la conveniencia de “guardarnos” de
él, según nos previene Jesús en Mateo 7:
15). Pero en última instancia sólo Dios sabe quién
es un verdadero hijo suyo, y quién se está condenando.
Sólo él conoce por dentro el corazón humano
(ver Jeremías 17: 9-10).
A
ojos del Cosmos, el propio Jesús nos dice que la radical
coherencia mencionada se refleja en el amor (ver Mateo 25: 31ss.),
como tú muy bien concluías. Eso no quiere decir
que los frutos de amor sean la causa de nuestra salvación,
sino la evidencia de la misma (por serlo de nuestra conversión).
No en vano el amor es algo humanamente tan difícil que
no puede salir de nosotros. Para producirlo, hemos tenido que
nacer de nuevo, dejando entrar a Cristo en nuestro corazón
(“ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí”,
leemos en Gálatas 2: 20). Así pues, nuestros frutos
de amor son, a ojos del Cosmos, evidencia suficiente de que nos
hemos convertido a Jesús.
¿Cómo
podéis hablar lo bueno siendo malos? Cuando Jesús
dice eso es un reproche no a la naturaleza del hombre sino a la
generación de víboras que para él eran los
fariseos y sacerdotes del templo; es decir los buenos oficiales,
(por su falsedad e hipocresía también los definió
como sepulcros blanqueados).
Eso lo interpreto
yo como que el hombre es el único culpable de ser malo para
el hombre y podría no serlo si optara por emplear su libertad
y su fuerza de voluntad en reprimir sus instintivas tendencias.
Lo
interesante de Mateo 12: 34, el versículo que incluye la
frase que citas, es que ahí Jesús vuelve a insistir
que quien es malo sólo puede hacer el mal. Es cierto que
en ese caso lo aplica a los escribas y fariseos.
Pero
fíjate en este otro pasaje, incluido en el Sermón
del Monte (en el que Jesús habla a una inmensa multitud
que obviamente no se componía sólo de escribas y
fariseos; ver Mateo 4: 25 – 5: 1): “Pues si vosotros,
siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros
hijos...” (Mat. 7: 11). Ahí, claramente, está
llamando “malos” a todos los seres humanos (cosa conforme
con el Salmo 14, con Romanos 3: 10-18 y con muchos otros textos
bíblicos). [Es importante comprender que no hay contradicción
aquí: el hecho de dar “buenas dádivas”
a los hijos no hace buenos a sus padres; y leído ese versículo
con el 17 y el 18 (muy poco más abajo), no cabe sino deducir
que esa bondad humana sólo puede ser aparente o extrínseca.]
También
dijo: El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas
cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Veo claro
que subsisten en el interior del hombre las muy manidas parte buena
y parte mala y todos los indicios nos llevan a esa universal conclusión.
Si
hay una conclusión que no se puede extraer de ese pasaje
(Mat. 12: 35) es precisamente ésa. Pues ahí Jesús
no está hablando de dos partes del interior (o “corazón”)
humano, sino de dos tipos de “hombres”.
La
salvedad que es imprescindible hacer, claro está, es que,
en función de lo que llevamos visto, el “hombre bueno”
sólo puede ser el hombre convertido (no el hombre natural;
de ahí que, aunque se refiera preferentemente a los fariseos,
Jesús hable de “generación de víboras”
y “generación mala y adúltera” en 12:
34, 39; lo hace en alusión a lo que es habitual en el ser
humano por “generación”, o sea, por nacimiento;
otra cosa es la “regeneración” o nuevo nacimiento,
que encontramos en Juan 3). [En consonancia con esto están
también, volviendo al riquísimo capítulo
7 de Mateo, sus versículos 13 y 14, sobre la “puerta
estrecha” y la “ancha”; si muchos más
entran por la segunda es porque es más afín a la
naturaleza humana.]
Si partes
de la premisa de que el hombre está únicamente hecho
de maldad, que según tú no es que yazca en él;
sino que es la maldad la que posee al hombre, incapaz de redimirse
por él solo, no es posible aceptar que es obra de Dios; sino
del Diablo; quien le inoculó la envidia y la ambición
que le hicieron a él bajar a los infiernos.
El
hombre fue hecho por Dios, pero quedó radicalmente degradado
por su pecado, inducido por Satanás. El hombre sólo
conserva del carácter divino la voz de la conciencia (implantada
como un ‘chip’ exógeno nada más pecar:
ver Génesis 3: 7-10). Pero ésta en realidad, aunque
ínsita en su corazón, no es propiamente parte de
su naturaleza, sino un “caballo de Troya” de Dios.
De ahí que nuestra inclinación típica sea
desatenderla.
El hombre
y sólo el hombre es el culpable de que se apodere de su acción
la parte malvada. La jurisprudencia; sin embargo, otorga un atenuante
y, a veces eximente, a las circunstancias externas e internas en
que se produce la mala acción.
¿Cómo
actuará la justicia divina cuando debamos presentar cuentas
de nuestros actos en la vida que nos fue regalada? ¿Con qué
criterio actuará para recoger a unos a la diestra de Dios
Padre y enviar a otros a las tinieblas, si todos hemos obrado en
uso de nuestra libertad y con condicionamientos e ideales que nos
empujaron de forma irremisible?
El malvado
dirá: Quise y deseé hacer el bien; pero la naturaleza
de que me dotaste me incitó más fuertemente al mal.
El bondadoso dirá: Me sacrifiqué y me esforcé
en sacar y dar todo lo bueno de mí a los demás; sin
esperar nada a cambio; incluso ahora.
La
clave de la salvación, por cuanto venimos diciendo, no
radica en la conducta humana (ver Isaías 64: 6: "Todos
nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como
trapos de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja,
y nuestras maldades, como el viento nos llevaron"). No es
cuestión de lo que hagan o digan el bondadoso y el malvado,
sino:
1 De lo que hizo Cristo en favor de todos (2 Corintios 5: 18-19).
2 Del asentimiento o rechazo que cada uno de nosotros demos a
eso que hizo en nuestro favor (ver Juan 3: 16).
¿Será
justo dar a ambos el mismo tratamiento y la misma recompensa? Quizás
esto nos lleve a decir que lo más justo es: El que la hace
que la pague y punto. La parábola del hijo pródigo,
con su final feliz, es profundamente frustrante y poco motivadora
para seguir una vida de esfuerzo.
De
nuevo: nuestro destino eterno nada tiene que ver con el mérito
humano. No dejes de leer la parábola de los obreros de
la viña (Mateo 20: 1-16), que responde justo a esta cuestión.
¿Qué
atenuante podemos blandir en el caso de De Juana y toda la caterva
de terroristas asesinos? ¿La patria?. Me dirás que
por qué no.
Si
De Juana no acepta la justicia de Cristo y se arrepiente, no hay
atenuante que valga. Ni para De Juana, ni para Abi, ni para mí.
De
hecho, la salvación no es cuestión de atenuantes,
sino de todo o nada. “El precio del pecado es muerte”
(Romanos 6: 23), de modo que o se acepta que Cristo, con su muerte,
pagó ese precio, o será con la nuestra que lo paguemos.
Ahora,
si lo que preguntas es si habría algún atenuante
para considerar el proceder de De Juana perverso, pero no mucho
más perverso que el de los demás hombres, entonces
hemos de admitir que puede haberlo. En la cabeza de ese pobre
hombre supongo que habrán tenido un papel factores como
el “patriotismo”, la sensación de “injusticias”
contra su pueblo, la “legítima defensa” y similares
abyecciones humanas.
O
sea, como en tantos otros. [Para mí, además, otro
atenuante puede ser que De Juana, a diferencia de por ejemplo
Aznar o Pus, lleva décadas jugándose la vida en
el intento; sería un atenuante en la medida en que denota
sinceridad. Incluso un posible atenuante del proceder de De Juana,
respecto al mío propio, es que quizá él se
ha “mojado” más que yo en asuntos sociales
y en la lucha contra (supuestas) “injusticias”.]
Lo mismo
hace Bush produciendo guerra en defensa de sus intereses y sus principios,
que quizá no sean tan idealistas como la pura lucha por una
patria idílica. ¿Merecen ambos estar encerrados?
Sin
duda. Y, puestos a comparar, el primero por muchísimo más
tiempo.
¿Justificamos
la crueldad en función del bien a conseguir o de quien la
ejerza? No debemos, ya que nos damos de bruces en el relativismo
moral que tanto desdeñamos.
Nada es verdad
ni mentira, todo es según el color del cristal con que se
mira.
No quiero
eso; porque sí que hay una verdad y una mentira, por muy
difícil que sea reconocerlas. Para ello es impepinable usar
una vara de medir, una referencia que nos dé certeza y esa
referencia puede ser el AMOR. "Ama e quod vis fas", creo
que vuelvo a San Agustín. Ama y haz lo que quieras, porque
ya entonces descubrió que el que ama es incapaz para el mal.
Excelente
análisis. En última instancia, ya lo hemos visto,
será el amor, o la ausencia de él, el criterio que
Dios emplee para darnos su veredicto ante el Cosmos.
Seguramente
aquí has llegado a asombrarte ya que yo mismo he argumentado
a favor de tus propias tesis: Tan malo es uno como otro y nadie
podrá levantarse a juzgar al prójimo. ¿Por
qué distinguir el que uno mate desde las cloacas y otro envíe
a la muerte a propios y extraños desde despachos enmoquetados?.
Para ti no
existe diferencia alguna; para mí puedo decir que no es lo
mismo atacar, mediante el uso de la violencia, el terror y la muerte,
el orden establecido, cuando existen cauces democráticos
para argumentar cualquier postura, que emplear la fuerza legítima
democrática de un estado para defender o mantener la seguridad
de sus ciudadanos; aun empleando para ello armas que provocan muerte
y destrucción.
Es decir que
no debe tratarse por igual la violencia gratuita que la violencia
de respuesta.
Dices
que para mí “no existe diferencia alguna”.
Básicamente no. Pero, si acaso, la hay a favor del terrorista
clandestino, pues se juega mucho más la vida que el otro.
Los fanáticos son terribles, es cierto, pero aún
son peores los cínicos.
Por
lo demás, para mí “atacar, mediante el uso
de la violencia, el terror y la muerte, el orden establecido”
es siempre reprobable, se haga desde la posición de un
político elegido en las urnas, o se haga desde la clandestinidad.
El daño es el mismo (en realidad, suele ser mucho mayor
en el primer caso), y la motivación de fondo tampoco suele
ser muy distinta (el poder).
Antes o después
llegamos sin remedio a abrevar en la maldad y caemos en tentación.
Es nuestra naturaleza. Tú radicalizas la postura imprimiendo
la inexorabilidad de esa caída; estamos condenados a caer
una y otra vez sin remedio; pues de la misma manera que no podemos
volar por nosotros mismos, somos radicalmente impotentes para imponernos
sobre nuestra naturaleza y llegar al bien.
Pero entonces,
¿Dónde está la redención? ¿Jamás
nos redimiremos si no nos volvemos seres puros y espirituales? ¿Dónde
está el camino? El camino es Él, dirás y ÉL
es todo AMOR. Sí, en el plano espiritual; pero en ese plano
hoy día no actúan ni la muchedumbre, ni sus líderes
siquiera.
A
estas alturas ya debe resultar claro que la redención está
fuera de nosotros. “Separados de mí nada podéis
hacer”, dijo Jesús (Juan 15: 5).
La
redención ni siquiera consiste en “volvernos seres
puros y espirituales”. Eso es la regeneración, comienzo
de la santificación cristiana. Pero nada de esto determina
ni consuma la redención. Ésta sólo es posible
aceptando el sacrificio de Cristo en nuestro favor, y manteniéndonos
en todo momento junto a él (ver Juan 15: 7). Ni aun habiendo
nacido de nuevo obtenemos o retenemos la salvación por
nosotros mismos; aun entonces, nuestros actos, por sí solos,
tienden a condenarnos, y sólo en Cristo hallamos regeneración
y redención (ver Romanos 7: 15-25).
Realmente
el hombre sería capaz de convertirse en un ser espiritual
si se alzara sobre sus pasiones, sustrayéndose a la concupiscencia
de los sentidos, liberándose, con sacrificio, de la esclavitud
de los instintos, y luchando con su voluntad porque prevalezca en
él la virtud y la generosidad frente a los bajos sentimientos
de está dotado.; es decir, utilizar su pensamiento, su fuerza
de voluntad, su valentía para abstraerse de la malicia y
convertirse en ángel.
¿Cuántos
hombres podríamos contar en la tierra que hayan llegado a
ser espíritus puros, es decir, ángeles? No confundir
con santos.(Por cierto, enseguida saltaste a la tramposa denominación
de santo guerrero; pues para ti es totalmente antagonista lo uno
de lo otro)
Yo sí
creo que, al menos en teoría, es posible que existan elementos
así en la tierra.
Pero, ¿Por qué no salen a la luz y sirven de guía
a quien permanezca ciego?
Ése
no es el camino (digan lo que digan los ‘yoguis’ y
demás místicos, quienes, por lo demás, propenden
a aislarse de sus congéneres).
Es duro oír
que, siquiera metafísicamente, estamos obligados a amar a
seres malvados porque siguen siendo de los nuestros.
Si
Dios está dispuesto a perdonarlos, ¿quiénes
somos nosotros para no hacerlo? ¿Acaso no nos perdona Dios
también a nosotros, siendo malos?
Al
hombre le cuesta admitir esto por una razón psicológica
muy simple: le pesa su propia culpa e instintivamente busca quitársela
de encima echándola a los demás. ¿Cómo
suele hacerlo? Subrayando las culpas ajenas. Ésa es la
base del simplismo bipolar, de la creación de chivos expiatorios,
del odio, de la guerra, de la perpetuación de la violencia...
(la bitácora D21 está llena de eso). Decimos: “A
fin de cuentas yo no soy tan malo. Los malos son ellos.”
Como
el otro es, supuestamente, “peor” que yo, me centro
en su maldad y así olvido (transijo con) la mía.
La maldad relevante es la suya, no la mía.
Es
bueno tener alguien, a ser posible cerca, con quien compararme.
Alguien “peor” que yo. Como el fariseo de la parábola,
que tenía cerca al publicano (lo que nos enseña
el Maestro es que, pese a las apariencias, el destino del “peor”
será mejor que el del otro: ver Lucas 18: 14).
Eso sólo
podría ser en la búsqueda de la pureza de nuestro
espíritu; pero ¿quién busca hoy la pureza del
espíritu? De momento nos podríamos llamar valientes
si consiguiéramos dar cobijo a la espiritualidad y, a través
de ese estado, llenar nuestros actos de AMOR; es decir, de suprema
entrega al prójimo y generosidad sin límites.
En
realidad no es (primariamente, al menos) una cuestión de
búsqueda de pureza espiritual. Es simple razón de
justicia y de eficacia.
De
justicia, porque todos somos igual de malos (son las circunstancias
las que nos hacen parecer mejores o peores).
De
eficacia, porque sólo el amor puede cambiar realmente a
las personas, incluidas las “peores”.
¿Es
que Dios ama también a Satanás, al Mal que surgió
del Bien y por eso siguen teniendo la misma naturaleza en signos
contrarios?
Dios
es amor (1 Juan 4: 8, 16), así que ni a Satanás
puede dejar de amarlo, aunque odie el mal (que no es sinónimo
de aquél).
Otra
cosa es que Satanás eligió su condenación.
Alguien como él ya no podría ser feliz en el Cielo.
Me temo que
el hombre no está capacitado para ser todo AMOR porque su
espíritu ha sido encarnado y, por tanto, sometido a sus instintos,
de los que pocos pueden desprenderse.
No
es que el “espíritu ha[ya] sido encarnado”.
Dios creó al hombre insuflando su aliento sobre una porción
de tierra, “y el hombre fue un ser viviente” (Génesis
2: 7). Para que haya vida, espíritu y carne son inseparables.
La carne, contra lo que suela creerse por influencia (neo)platónica,
no es ni mejor ni peor per se que el espíritu. Ambos forman
un todo indisociable.
El
problema es que, haciendo uso de su libertad, la mujer y el hombre
desoyeron la advertencia divina y “cayeron” (ver Gén.
2: 17; 3: 1-7). Todo en el ser humano quedó entonces contaminado,
“carne” y “espíritu”.
Siguiendo
tu razonamiento, nos han sido dadas armas muy poderosas: coraje,
valentía, fuerza de voluntad, inteligencia, que el ser humano
puede usar a su albedrío para liberarse de la esclavitud
de esa bestia interior que llevamos y que nos posee. Algunos consiguen
que esa bestia no actúe al exterior y otros no.
A los que
no lo consiguen les condenamos porque el efecto ha sido demoledor
para los demás, y debe ser así. Por eso es necesario
condenar a tipos como De Juana y apartarlos de la convivencia, porque
son incapaces de dejar de mostrar al exterior la bestia que llevan
dentro y eso lo acabamos pagando todos en forma de dolor.
En
realidad, sólo Cristo garantiza la victoria frente al pecado
y el delito (ver Filipenses 4: 13). Sólo en Cristo estamos
seguros.
Separados
de él, todos cometemos pecados y delitos (sí, delitos,
pues, ¿quién no ha cometido al menos un delito [una
infracción de las leyes humanas] en toda su vida?).
No más
dolor; aunque para ello debamos apartar y repudiar a un espíritu
que fue hecho como todos los demás.
Me viene a la mente aquél pasaje desgarrador en el que Don
Juan Tenorio quería disculparse de sus muchos crímenes
al verse juzgado en el más allá:
“Culpa mía no fue, delirio insano me enajenó
la mente acalorada,
necesitaban víctimas mis manos que inmolar a mi fe desesperada,
y , al verlas en mitad de mi camino, presa les hice allí
de mi locura.
No fui yo, ¡vive Dios!, fue su destino. Sabían mi destreza
y mi ventura.
¡Oh! arrebatado el corazón me siento por vértigo
infernal.
Mi alma, perdida, va cruzando el desierto de la vida, cual hoja
seca que arrebata el viento.”
No tenía disculpa, en realidad; pero le fue dada una oportunidad,
a través de su amada Inés:
“Yo, mi alma he dado por ti, y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación, misterio es que en comprensión
no cabe de criatura y sólo en vida más pura los justos
entenderán que el amor salvó a Don Juan al pie de
la sepultura.”
Es
lo que hablábamos: el peso de la culpa, la obsesión
por transferirla...
¿El AMOR nos salvará? Cuando
el ser humano, hombre o mujer, ama y se entrega: a su entorno, a
sus semejantes, a la naturaleza, al espíritu de las cosas,
es más incapaz de cometer mal, por lo que ¿podemos
deducir que la ausencia de AMOR verdadero nos devuelve a nuestra
perversa naturaleza y esa carencia es la que nos incita a actuar
causando daño?
AMOR, ........., ....Quién tiene un duro de amor?, para prestármelo,
decía una canción de Pablo Abraira
Los humanos andamos siempre tras el poder. Entendemos
éste como hacer lo que nos da la gana (y también,
aunque nos cueste confesarlo, como dominio sobre los demás).
Somos tan necios que ignoramos el poder real,
el único que puede cambiar la realidad. El que tú
repetidamente has mencionado.
Cordialmente,
JF.-Cordura
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21/04/07
Hola,
Volvemos sobre el bien y el mal.
¡Qué difícil es ser bueno y verdadero!
Para ti es imposible, ya que no basta con hacer el bien para ser
reconocido como un profeta verdadero. Debe existir una radical coherencia
entre dichos y hechos y estos con la palabra de Dios, aquí
tomado como el Bien Supremo
. Eso es inimaginable
en un hombre desposeído de la Gracia tras su “caída”
y que deambula por la vida luchando contra su propia esencia, cargada
de cuantos vicios y defectos podamos imaginar.
Pero ¿Sería equilibrado un hombre puro o sería
tan inestable como la nitroglicerina? De la misma manera creo que
es prácticamente imposible conseguir un malvado puro. Habría
que estar continuamente bombardeando electrones o protones para
evitar su relajación.
Hasta el malvado
esconde su parte de bondad para alguien en algún sitio. El
problema es para quien guarda la bondad, (quizá para su perro),
y a quien tortura con su maldad.
Ni
siquiera Pus, Stalin o Hitler se han manifestado como malvados
puros (si los pongo como ejemplo no es porque sean peores que
tú y yo, sino por ser tres sujetos que han hecho un especial
despliegue de maldad, proporcional a su poder). Ya hablamos del
interés y el miedo como válvulas de contención.
Aunque ambos pueden funcionar también, claro está,
como estímulos para el mal.
La
clave radica en el poder. Todos tenemos algún grado de
poder, pero no todos tenemos mucho poder.
Ahora
bien, tener mucho poder no requiere “estar en el poder”.
En una familia puede haber un desequilibrio tal que suponga un
completo dominio de uno(s) sobre otro(s). Al ser humano lo define
su voluntad de poder, que es otra manera de llamar a la maldad
cuando la naturaleza es eminentemente egocéntrica.
En
razón de todo esto, el malvado estable, entendido como
aquél que en cada momento hace su “santa” voluntad
(de poder), es perfectamente verosímil en contextos de
poder. Las tentaciones no necesitan forzar su naturaleza, y tienden
a resultar más poderosas que la intrusa voz de la conciencia.
Tanto
como inverosímil resulta el hombre establemente bueno.
Para el “bueno”, las tentaciones son harto peligrosas
porque se alían con su naturaleza caída. Por eso,
podemos hablar de un desequilibrio extremo en relación
con la persona que intenta seguir el camino del bien, y de ahí
el énfasis que se nos hace para que nos mantengamos vigilantes
(ver Mateo 24: 13, 42; 25: 13; 2 Timoteo 3: 12; 1 Pedro 5: 8).
Sólo unidos a la Fuente del Poder (del poder para el Bien)
nos es posible vencer las tentaciones. Lo dice el Maestro: “Separados
de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5).
Para
entender esto es preciso asumir primero la enorme fragilidad de
la condición humana. Es tan enorme que sólo renunciando
al yo puede uno, paradójicamente, sentirse seguro. “Con
Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que vive Cristo
en mí” (Gálatas 2: 20), señala Pablo.
Muchos
creen, en ámbitos paganos y pseudocristianos, que la victoria
moral es cuestión de autodominio. Pero eso es pedirle al
yo (débil y frágil, pero a la vez indomable) que
se domine a sí mismo. ¿Esperaríamos algo
así de un león o de un escorpión? Ojo, el
ejemplo es válido porque, aunque nosotros tengamos inteligencia
y razón, nuestra condición de pecado es profundamente
irracional, y es ella la que nos domina, la que nos posee, con
un poder para nosotros irresistible; poder que además,
al menos en principio, no queremos resistir; antes bien, nos gusta
dejarnos llevar por él.
Por
eso es absurdo confiar en el autodominio, típico de los
ascetas, como camino para la victoria moral. No se trata, pues,
de dominar el yo sino de renunciar a él. Sólo entonces
se inaugura la vida verdadera.
Lo
anterior no significa que el autodominio no tenga un papel importante
en nuestras vidas. Pero no como medio, sino como fruto de nuestra
salvación (ver Gálatas 5: 23).
Por ello no
creo que se deba poner el listón tan alto al hombre para
reconocer que puede llegar a ser bueno, a tener sentimientos puros
que prevalezcan y a actuar de forma generosa para con los demás.
No creo que sólo sea capaz de hacer mal el malvado, ni que
quien es malo sólo puede hacer el mal. Nadie es bueno siempre
y nadie es malo para siempre. Es necesario considerar que existe
algo de holgura y de interconexión, pues, siendo inflexibles,
no sería posible que nadie juzgara a nadie y eso nos llevaría
al colapso.
Creo
que ya distinguí aquí entre el bien social y el
bien moral. El primero es formal y externo. El segundo, profundo
e interno. El primero, si no hay más, es útil pero
precario y escasamente fiable. No nos garantiza amor genuino,
no puede ofrecernos seguridad, pues no es puro en sus motivaciones
(y “de la abundancia del corazón habla [antes o después]
la boca”, Lucas 6: 45). El segundo, como nace de la única
Fuente pura, está incontaminado y es incondicional: merece
plena confianza.
Y
no olvidemos cuál es nuestro objetivo aquí: saber
si hay posibilidades de redención para el hombre y la humanidad,
no meramente ocasiones de dar un buen testimonio.
Aquí
nos podemos encontrar con casos en que se ha hecho el mal a alguien
de forma involuntaria o por desconocimiento sin que eso suponga
llamarte malvado. Por tanto para que un hecho se considere como
mal imputable debe poseer intencionalidad, por acción u omisión,
en quien lo provoca.
Los terroristas
actúan de forma intencionada y consciente para hacer el mal.
Es su objetivo perverso. No tienen ningún perdón.
Nada ni nadie les puede disculpar. Ningún objetivo o planteamiento
puede servir de excusa para asesinar alevosamente y causar terror
a una sociedad pacífica y doliente.
Es
que uno es el plano socio-legal y otro el plano moral y metafísico.
La maldad no implica intencionalidad, basta con que haya una motivación
perversa. Pero estoy de acuerdo contigo en que la maldad imputable
sí que requiere esa intencionalidad. O, cuando menos, que
ésta supone una agravante (para imputar, al menos en un
sentido moral, basta la consciencia, capaz de optar o no por el
arrepentimiento). [Lo que pasa es que los humanos sólo
podemos valorar esa intencionalidad por signos externos, lo cual
a menudo es muy problemático. Sólo Dios puede imputarnos
maldad en un sentido absoluto.]
En
el caso de los terroristas, del tipo que sean (llámense
Aznar o De Juana), la intencionalidad supone una agravante; pero
no olvidemos que, en un sentido sociomoral, sus fines pueden constituir
una atenuante. Y enfatizo lo de “pueden” porque eso
dependerá de si realmente consideran puros esos fines (los
cuales, a su vez, suelen estar manchados por sus intenciones).
En todo caso, por regla general nunca pasarán de constituir
eso, una atenuante, pues de lo que sí son conscientes es
de la perversidad de los medios empleados. [La cosa se complica
más si recordamos esa verdad enunciada por el Mahatma:
“Los fines están inevitablemente conformados por
los medios.”]
La naturaleza
¿es buena o mala? Un hombre ignorante ¿puede decirse
que actúa bien o mal? Siguiendo el principio de que una vez
que hemos hecho mal y obtenido frutos hemos perdido toda fiabilidad,
no nos queda ya margen de acción.
El
hecho de la maldad o la bondad no tiene nada que ver con el conocimiento
acerca de ellas, o incluso con el conocimiento en general. Al
menos, si aceptamos que hay un criterio trascendente para definir
el bien y el mal. [Pero, ojo, de no aceptarlo, caemos inexorablemente
en la máxima de Dostoyevski: “Si Dios no existe,
todo está permitido.”]
Pero bien
es cierto que también existe el arrepentimiento, el propósito
de la enmienda, el perdón, el cumplimiento de la pena y castigo
impuesto, que nos redimen ante los demás y quizá lleguen
a blanquearnos si no caemos nuevamente, cuestión harto difícil.
Tal
blanqueamiento sólo será real (o sea, algo más
serio que el de los “sepulcros blanqueados”) si todo
eso se interioriza en nosotros. En particular, el arrepentimiento,
un don de Dios (ver Juan 16: 7-8; Romanos 2: 4).
De
lo contrario, no será muy diferente del que “blanquea”
dinero obtenido suciamente; el blanqueamiento genuino es incompatible
con la impunidad. La buena noticia es que Jesús cumplió
la pena (de cruz) por nosotros. Gracias a ello podemos llevar
vestidos blancos (ver Apocalipsis 3: 18; cf. Zacarías 3:
4), símbolo de la perfecta justicia de Cristo.
Un gobernante
que toma decisiones provoca efectos nocivos en unos y beneficiosos
para otros. ¿Cómo mediríamos la oportunidad,
la bondad o la maldad de tal decisión? El asunto parece claro,
si los efectos positivos son superiores, la decisión debe
prevalecer. ¿Es acertada la decisión de entrar en
guerra contra el terrorismo sabiendo que habrá efectos no
deseados; pero en la confianza de que ganaremos en vidas futuras
y en tranquilidad de la población?
Estamos frente
a un problema y no podemos perdernos en elucubraciones filosóficas.
Debemos atajar el problema siempre con la mira puesta en alcanzar
un bien superior al mal que podamos causar.
Desde el mismo momento en que debemos actuar ya cualquier decisión
que tomemos estará teñida de efectos no deseados.
Hay que romper huevos para hacer tortillas, como también
se dijo que es preferible que muera un hombre por todo un pueblo.
Ésa
es la manera de pensar de los terroristas (Kant la llamaba el
imperativo hipotético, frente al categórico, que
es el que él defendía), basada en algo tan simple
como que el fin justifica los medios.
Además
implica un endiosamiento, consistente en pretender conocer de
antemano los efectos. Aún más, en pretender conocer
el futuro. Es esta presunción la que permite, supuestamente,
cambiar un “mal mayor” hipotético por un “mal
menor” seguro. Y, de paso, justificar éste a través
de aquél.
Pero
cuando se usa la violencia, a lo sumo se pueden conocer los primeros
efectos, y ni siquiera éstos de modo exacto. Dada la naturaleza
humana y el principio acción-reacción, se desatarán
además unos efectos imprevisibles, pero previsiblemente
nefastos. Es lo que estamos viendo, por ejemplo, en Irak. (Pero,
¿acaso hacía falta lo de Irak para saberlo? Por
supuesto que no, y justo eso ilustra hasta qué punto ha
sido perversa la acción imperialista).
El terrorismo
es un hecho sobre el que la población está sumamente
preocupada y cualquier postura que tome un gobierno, negociación
o enfrentamiento, va a ocasionar dolor y frustración.
La labor de
un buen gobierno es sopesar aquella forma de actuar que genere menos
dolor y menos rechazo y, por lo que hemos visto estos últimos
tiempos, mantener una postura de negociación está
generando odio, dolor, frustración, ira, rechazo y nulos
frutos positivos.
Eso
que mencionas (“odio, dolor, frustración...”)
aparentemente hoy se está produciendo infinitamente más
que en la tregua de 1998-99. Ahora bien, el gobierno actual no
está “negociando” más de lo que lo hizo
en su día Aznar; no está otorgando más concesiones
a la banda, ni mucho menos. La razón, por tanto, no habrá
que buscarla en la “negociación”.
Para
mí es obvio que esos efectos tienen básicamente
otra causa: la campaña de crispación de la Derechosa
(en la cual sin duda participas) para desalojar a este gobierno
del poder.
De
nuevo, no es sino la voluntad de poder lo que anida dentro de
esa extrema maldad (capaz, p. ej., de convertir a Irene Villa
en rencorosa, cuando ella siempre se caracterizó por perdonar).
Todo este
proceso se ve contaminado por las sospechas de estrategias electoralistas.
No se pretende acabar con el terrorismo; ya que una forma negociada
y dialogada sólo da frutos mientras se cumplan las peticiones
de la otra parte; sino apoyarnos en una falsa calma para conseguir
pactos de poder.
Es
indudable que los dos partidos que protagonizan la crispación
(el principal agente de ésta y el otro) dan cada paso con
la vista puesta en réditos electorales. No lo es menos
que el gobierno está jugándose mucho, incluso electoralmente,
con las medidas (algunas de ellas, claramente impopulares) que
ha venido tomando. En cambio, el Partido Pepino se limita a hacer
populismo electorero barato, basado en estimular los más
rastreros instintos de la gente (incluido ese odio del que hablabas),
y sólo saldrá perjudicado en la medida en que la
población perciba que crispa “demasiado”.
Por
lo demás, yo creo que el gobierno sí pretende acabar
con el terrorismo (entre otras cosas, porque le conviene electoralmente
que así sea). Y de momento ya ha logrado que estos tres
años sean, con mucho, los que menos víctimas terroristas
han conocido (las estadísticas son rotundas acerca de ello,
al margen de que una sola vida humana tiene valor infinito).
En
cambio, no creo que al Partido Pepino le guste la idea de que
ETA pudiera desaparecer bajo el mandato de Zapatero. Por duro
que suene decirlo, no tengo la menor duda de que al PP y la AVT
les interesa mucho más que caiga Zapatero que el fin de
ETA. No creo que haga falta ser especialmente perspicaz para captar
esto.
Entretanto,
lo cierto es que España no se ha roto y que el pueblo vasco,
incluido el nacionalista, no tiene ninguna gana de que ETA mate.
Pero, volviendo
al hombre, su esencia y sus actos
¿Qué margen de error se le puede consentir para determinar
si es bueno o malo? Dada nuestra predisposición por la mancha
de origen que llevamos, sería un triunfo conseguir pasar
el día sin que hayamos ofendido a nadie.
Yo, en el caso de los valientes, ya llamaría valiente al
que se muestra como tal en un 20 % de las ocasiones.
Pero ¿Basta con no ofender para ser un hombre bueno, un hombre
de paz o es necesario la proacción en la buena dirección?
Ya que es imposible conseguir un ser puro podemos dar por bueno
a un hombre que actúa y proyecta al exterior su paz y su
amor de vez en cuando.
¡Qué
bajo pones el listón, amigo Abi! Pudiendo alcanzar la excelencia,
¿te conformas con la mediocridad? ¿Te parece propio
de valientes?
“Sed,
pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”
(Mateo 5: 48).
“Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).
Cuando
la perfección está a nuestro alcance, conformarse
con una micra menos es signo de cobardía y mediocridad.
Alguien
dijo que la mayor necesidad del mundo es la de personas que no
se vendan, y cuya conciencia sea tan fiel al deber como la brújula
al polo; que se mantengan de parte de la verdad y la justicia
aunque se desplomen los cielos. Sin una sola excepción.
Es
imposible pensar en un mundo en el que la mayoría elija la
puerta estrecha, porque el esfuerzo y el sacrificio es detestado
por la naturaleza humana y, como bien dices, la inclinación
típica es desatender hasta la voz de la conciencia, ese clavo
ardiente al que se agarra nuestra parte buena para evitar o paliar
nuestra destrucción interior.
Qué
tendencia tan poderosa es la maldad que, por más que machaque
y machaque el martillo de la conciencia, muchas veces, caminamos
abiertamente y con entusiasmo hacia nuestra perdición.
No nos conformamos con lo que somos ni con lo que tenemos, el ser
humano es un cúmulo de insatisfacciones, frustraciones y
ansiedades que le lleva a escoger caminos equivocados la mayor parte
de las veces.
Ansiamos
lo que no tenemos y comemos, muchas veces de forma insensata, del
fruto prohibido, ahogando cualquier voz interior o exterior y sin
sopesar las consecuencias. Luego llega el daño, el sufrimiento
propio y el dolor a otros; pero el escarmiento jamás es asimilado
en otros y pocas veces en nosotros mismos, que vez tras vez, tropezamos
en la misma piedra.
No
hay excusa:
“¡Miserable
de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por nuestro Señor
Jesucristo!” (Romanos 7: 24-25).
Dicen que
la vida va poniendo a cada uno en su sitio. Según las escrituras
eso se producirá tras la muerte, donde unos serán
llevados a la diestra de Dios Padre y otros caerán en el
infierno que produjeron en la tierra.
Las
Escrituras ponen multitud de ejemplos de personas que pagan sus
pecados en vida (Eva, Adán, el Faraón, Saúl,
David, Herodes, Judas... y un larguísimo etcétera).
De hecho, la responsabilidad por los propios actos es un principio
siempre latente, cuando no patente, en su mensaje (ver Gálatas
6: 7).
Es
cierto, con todo, que junto a la “ley natural” hay
(habrá) una Ley sobrenatural, y que sobre esta base seremos
juzgados (Santiago 2: 12). Por un lado, la propia vida tiene sus
reglas, que en buena medida se aplican a través del azar
de la convivencia y de las circunstancias. Por otro lado, Dios
tiene su Ley, en virtud de lo cual sabemos que no dejará
a nadie a manos del mero azar.
A
mí esto me consuela mucho, pues amo la justicia: sé
que tiranos del pasado y del presente (salvo que se arrepientan)
se habrán de enfrentar a la terrible justicia de Dios.
“Porque juicio sin misericordia se hará con el que
no hace misericordia” (Sant. 2: 13; pero, como recuerdo
que, pese a todo, ese Dios es amor, el apóstol significativamente
añade: “Porque la misericordia triunfa sobre el juicio”;
esto es algo que yo ya experimento, de ahí que te hablase
de consuelo).
No sé,
lo que estoy seguro es que la vida ya lleva en su interior la propia
venganza que es la muerte irremediable.
Es
parte de la “ley natural”: “El precio del pecado
es la muerte” (Romanos 6: 23).
Cuídate, JF-Cordura
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03/05/07
Hola,
Dices que pongo bajo el listón para alcanzar la excelencia,
la pureza o conseguir la valentía dirigida a su fin verdadero,
olvidándote de que ya desde el Génesis, Dios tan sólo
pidió hallar 10 hombres justos en toda una ciudad para evitar
su destrucción. ¡Cómo vería al hombre
y a su naturaleza! Ni los ángeles que fueron enviados a rastrear
la bondad pudieron encontrar un mínimo e incluso fueron atacados
por la turba.
¿No
comprendes que ese episodio (el de Sodoma y Gomorra) muestra,
más bien, lo alto que pone Dios el listón? De ahí
que tan poca gente lo alcance y que la inmensa mayoría
de los habitantes de esas ciudades fueran exterminados.
¿Alcanzó,
en cambio, Lot (o el propio Abrahán, su tío) ese
listón, o lo que es lo mismo, ese nivel de justicia exigido?
Sí, pero sólo por la fe (es decir, por ese medio
que permite que Dios nos impute su propia justicia perfecta; ver
Hebreos 11: 8).
Lo
que no podemos es rebajar la norma porque nadie o casi nadie la
alcance (tú decías: “Ya que es imposible conseguir
un ser puro podemos dar por bueno a un hombre que actúa
y proyecta al exterior su paz y su amor de vez en cuando”).
¡He ahí el principio de toda corrupción! Y
cada vez mayor.
Tú
hablas de alcanzar la perfección y no conformarse nunca con
mediocridades y yo hablo de lo que hay. Lo que hay es lo que hay.
¿Un 20% de valientes? ¿Un 20 % de justos? ¿Un
20 % de seres buenos? ¿Un 20 % de actos generosos y de AMOR?
¿Un 20% de verdades? Imposible en este mundo.
Te parecerá un listón muy bajo y, realmente, es una
auténtica vergüenza; pero visto a la luz de la hiperrealidad
es como alcanzar un sueño.
Los
dos hablamos de “lo que hay”. La diferencia es que
yo, además, hablo de lo que puede haber. “Sed perfectos
como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5: 48).
Si Jesús nos pide esto, es porque está dispuesto
a capacitarnos. De ahí que luego Pablo agregue: “Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).
Sed lo que
yo no soy. Amad lo que yo no he sido capaz de amar. Entregaros como
yo no me he entregado, será mi recomendación final
a mi descendencia, sabiendo ya de antemano que esta misma petición
rodará generaciones y generaciones sin que llegue a conseguirse
la perfección.
Tal
recomendación sería una insensatez. Nadie puede
pedir o esperar de los demás aquello que él no ha
dado.
En
cambio, tanto en tu mano como en la de tus descendientes sí
está aferrarte a Cristo, en quien tanto tú como
ellos sí pueden aspirar a la perfección (sin renunciar
a un ‘quark’ de ella).
Vuelvo a
mi ser pesimista en cuanto a la naturaleza humana, su elevada aspiración
y su caída, vez tras vez, en la vileza.
Porque, de la misma forma que una obra en construcción va
siendo perfilada por las manos del artista, yo me pregunto si el
ser humano es una obra acabada, con sus perfecciones e imperfecciones;
pero a gusto del autor, o es una obra en continuo cambio y evolución.
Si está acabada no hay más que hacer que mejorar la
perspectiva de cada uno frente a la vida y ajustar sus proyectos
vitales. Estamos hechos con estos mimbres y con estas herramientas
debemos funcionar en la vida.
¿Y si
no está acabada? ¿Hacia dónde va? ¿Quién
se encarga de modelarla, con qué criterios y qué objetivo
pretende alcanzarse? Quizá existan varias fuerzas que quieran
esculpir su impronta en la obra. ¿Quién prevalecerá
en la construcción del ser humano, hombre o mujer? ¿Cuándo
podríamos decir que estamos acabados?
Hasta
los propios partidarios de la teoría evolutiva (en la que
no creo) afirman que en el estadio actual del ser humano sólo
hay evolución cultural. La biológica se considera
cuando menos frenada. Por las particulares características
de nuestra especie (dotación intelectual y de autoconciencia),
nosotros mismos nos habríamos hecho cargo, dicen, de nuestro
futuro evolutivo, mostrando una adaptación al ambiente
que pone fin a la ciega selección natural.
En
cualquier caso, y más viendo adónde nos lleva esa
“evolución cultural” (hacia desastres y barbarie
cada vez mayores), dejémonos de excusas y de ampararnos
en una fe mucho más absurda (la del “salto evolutivo”)
que la que nos propone la Escritura (la del Dios que nos creó
y que, como tal, está dispuesto a recrearnos: ver Juan
3: 3-8; Efesios 2: 3-10; Apocalipsis 21: 1-5).
Mientras
discutimos sobre la esencia, sobre la presencia, sobre la realidad
o sobre la ficción, millones de actos protagonizados, dirigidos
y provocados por el hombre causan dolor, insatisfacción e
infelicidad. Es la ley estadística que no falla, la inexorable
ley de los grandes números que nos dice que la misericordia
no triunfa en la mayor parte de las ocasiones.
Y
así será mientras sigamos dando la espalda al Misericordioso...
hasta que él mismo venga para poner fin a tanta maldad
(“Yo hago nuevas todas las cosas”, dice Jesús
en Apoc. 21: 5).
A pesar de
todos los pesares, hoy y mañana y pasado procuraré
superar el listón de acciones buenas.
Cederé
y me comeré mi orgullo para no crispar a mi entorno. Quizás
algún día me valga y salga victorioso de mi sumisión.
¡Quién sabe!
Nobles
propósitos, pero a la postre vanos y frustrantes (recuerda
la experiencia de Lutero...) sin el poder superior:
“Separados
de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5).
En
su Nombre, JF
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Y así pusimos colofón a este
encadenamiento de temas.
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