Y tú ¡Sé valiente ! Busca la felicidad en la generosidad y en el amor

Del choque de dos concepciones diferentes y la turbulencia de palabras e ideas que salen desprendidas.

Esta es la breve historia de unos intercambios de opiniones. Todo empezó con un comentario , inapropiado para algunos, a un artículo de Manuel Molares en Debate21.com

Los que debaten son Juan Fernando Sánchez, de laexcepcion.com y Abilio Maestro de partidodelosvalientes.com

En azul lo comentado por Abi, en negro los comentarios de JFS

25/02/07

Hola colega de debate,
Acabo de insertar en los comentarios del artículo en cuestión mi parecer sobre tus declaraciones.
Como ves las aborrezco totalmente.
Creo que pueden ser fruto de un momento de pasión exacerbada y; aunque clavadas ya en tu pensamiento, por desgracia, no debes manifestarlas a la luz pública porque son del todo repugnantes.
A pesar de que no comulgamos con casi nada, apoyaría firmemente, si mi apoyo tuviera algún efecto, tu vuelta a los ruedos.
Un saludo,
clubdelosvalientes


25/02/07

Amigo Abi, creo que vas a tener que cambiar el nombre de tu club y el apodo que te colocas detrás...

Primero, porque yo ya expliqué aquí (pues en D21 no me dejan), con copia para ti, el sentido de mis palabras. Y en absoluto vas por donde me acusas “valientemente” en la bitácora, acusándome de vileza y de soberbia, y compartiendo el insulto de la pobre Reme contra mi persona.

Segundo, porque me has respondido públicamente a sabiendas de que no puedo responderte.

Tercero, porque hablas de “apoyarme firmemente” (llamando “toro” de paso a Poc, cuando no es más que un lindo e inofensivo gatito :-) siendo que lo único que haces es manchar mi nombre en público.

Así que, y te lo digo con dolor pero con firmeza, más que lo de Valiente(s) creo que te cuadra una palabra que empieza por ‘C’ (y no es precisamente ‘Cordura’) :-)
Siempre a tu disposición, recibe un cordial saludo,

JF-Cordura

P.S.: Ah, y no te equivoques, Abi: mis palabras de aquel comentario son fruto de la reflexión objetiva, no de la pasión. (Por supuesto las mantengo. Incluso pienso cosas peores, pero veo que no son aptas para oídos tan delicados como los de las almas victimistas, ésas que “valientemente” claman contra terroristas que están cumpliendo sus penas o las han cumplido ya, mientras dejan que se vayan de rositas los terroristas imperiales). Hoy mismo Bárbara Dürhkop, que perdió a su marido a manos de ETA, ha vuelto a denunciar la estrategia ruin de la AVT, mostrándose harta de que politice a las víctimas.

 

27/02/07

Amigo Cordura,
Has perdido totalmente los papeles.
Vuelve a la racionalidad. Haz acopio de calma y sosiego y no cometas más torpezas con el apresuramiento. Reflexiona, de vez en cuando es bueno que a uno le den un tirón de orejas, cuando se ha pasado varios pueblos como tú lo has hecho.
Te digo que, en esta ocasión que se cita, te has comportado como un gilipollas. Por supuesto que no lo hago extensivo a todo tu comportamiento.
No lo empeores clamando que el terrorista ya ha cumplido su pena. Qué pena. No saques la cara por él. No merece nada, ni la vida que está consumiendo.

Sigo apoyando tu derecho a réplica; pero mantén la calma y respira antes.

Un saludo,


27/02/07

Para mí, apreciado Abi, ese terrorista tiene la misma dignidad que tú y que yo: toda. Pero te costará entenderlo mientras no comprendas primero, por ejemplo, que los inmigrantes no tienen menos dignidad que tú por el hecho de ser inmigrantes. Esto último es elemental. Lo otro ya es para nota...

Por lo demás, agradezco tus consejos pues, como de costumbre, te presumo alguna buena voluntad de fondo. Eso sí, me merecerían más credibilidad si procedieran de alguien que condena por igual TODA violencia. Eso es lo que Cordura hizo siempre y, Dios mediante, seguirá haciendo.

Cuídate, amigo (y no te las des de valiente :-). Hasta la vista.

 

01/03/07

Hola,
¿Cómo puedes decir que un asesino a sangre fría, un terrorista cruel tiene la misma dignidad que otra persona? Alguien digno es aquél que merece el reconocimiento por su quehacer conforme a la moral. Todos nacemos con la misma carga de dignidad; pero nuestra propia ejecutoria nos hace más o menos dignos o indignos.

Ya te dije que te costaría entenderlo.

Los terroristas nos vienen muy bien para poder rasgarnos las vestiduras y decir: “¡Ojjjj... qué maaaaaalos son!” Lo que traducido significa, por comparación: “En cambio, qué bueeeeno soy yo.”

Ya dice Pablo: “Está escrito: No hay justo, ni aun uno. No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta. Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios. Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto y desventura hay en sus caminos. Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3: 10-18).

Supongo que ves que no está hablando (sólo) de De Juana y los etarras. Habla de todos.

Pero usualmente preferirnos relajar nuestras conciencias explayándonos en la maldad ajena (D21 se pasa la vida haciendo eso). Es lo que se llama transferir mis culpas a los demás. A lo sumo nos decimos: “Vale, yo soy malo, pero como Fulano o como Mengana... ¡ni remotamente! ¡Y no digamos como el perverso-asesino-megaterrorista De Juana Chaos!”

Buscamos redimirnos invocando modelos de maldad. La propuesta de Cristo es la contraria: es él, Modelo de Bondad (única y suprema) el único capaz de redimirnos. Frente a nuestra mediocridad moral (tan rastrera que busca aliviar las culpas señalando a otro “más malo”), él nos propone la excelencia de mirar al Único Bueno (Mateo 19: 17).

El mismo que murió por todos nosotros, siendo pecadores. También por Iñaki de Juana Chaos. De ahí que éste tenga exactamente la misma dignidad que tú y que yo (aunque ni él mismo sepa apreciarla).

Pido a Dios que un día llegues a entenderlo.

Los inmigrantes no tienen nada que ver con esto. Pueden ser y la mayoría lo serán los más honrados y buena gente del mundo, tal vez mejor que tú o yo; pero eso no quita para que esté firmemente en contra de la inmigración ilegal. No quiero que venga de esa manera nadie; porque me siento amenazado y no seguro.

Claro: lo importante es que Abi “EL VALIENTE” no se sienta “amenazado y no seguro”. Que ellos se pudran en la miseria es lo de menos (¡qué COBARDES, mira que emigrar para ganarse la vida, y a menudo jugándosela por el camino!)

¡¡¡Abran paso al rey Abi “EL VALIENTE”!!! :-)))

Yo no condeno TODA la violencia porque no pongo en el mismo cesto a los que atacan que a los que usan la violencia como remedio para defenderse. Así de claro lo digo y lo manifiesto donde haga falta.

Idéntico argumento el tuyo al que usan los terroristas. Sí, los etarras incluidos. Ellos también aseguran que su violencia es defensiva.

Como los terroristas Pus, B-Liar y el del bigote (quienes, a diferencia de Iñaki, no han pagado por sus crímenes). Ellos también hablan de guerras “defensivas” y aun “preventivas”. Y “previenen” y se “defienden” matando a decenas y decenas de miles de iraquíes inocentes. ¡Que no se quejen éstos, que son crímenes “defensivos”!

Practica la valentía, reconforta y te sentirás bien.... ¡ es tan difícil !
Un saludo

¡¡¡Valiente valiente estás tú hecho!!! :-)))

Siempre a tu disposición (o hasta que tu cuerpo aguante :-)


02/03/07

Je, je... Abi, te zafas de las críticas que se te hacen recurriendo a la retórica, y de paso vas dejando muchos temas en el camino.

Pero sigo entre tus líneas:

No te inventes excusas para ajustar la polémica a tus intereses.

¿Puedo saber qué excusas me he inventado? Quizá si me lo dices podremos confirmar o refutar si lo hago para “ajustar la polémica a mis intereses”.

Deja de observar el mundo como si todos fuéramos seres que debamos pedir perdón y que, el peso nuestras continuas culpas, pecados y defectos, que los tenemos, nos impidan calificar lo que consideramos maldad intrínseca.

Dame razones, no instrucciones, valiente amigo.

Y, por favor, trata de comprender que quizá tenemos un concepto distinto de lo que es “maldad intrínseca”; en cuyo caso tendríamos que pasar a ese plano de discusión, más metafísico (de lo contrario es como si tratáramos de comunicarnos cada uno con un idioma diferente).

Si tú quieres autoinculparte y fustigarte allá tú, yo sí que, con todo el bagaje de defectos y pecados que lleve encima, me encuentro con la suficiente fuerza moral para levantar mi voz, y mi brazo si fuera preciso, contra los asesinos de las personas, de la democracia, de los principios, de la ética, de los valores.

Descuida, valeroso Abi, ¡jamás se me ocurriría inculpar a alguien como tú! Pero si eres un dechado de virtudes, hombre... Soy de la opinión de que todo manual de conducta en un reformatorio debería poner como Modelo a Seguir al Gran Abi el Valiente.

No me vengas con monsergas sobre la equivalencia de dignidad, ni lo víctimas que nos gusta hacernos, porque eso es un debate en falso y miserable y ahí ya no entro a ningún trapo.

Perdona, amigo, es que cuando te di esas monsergas aún no había llegado a la conclusión que luego (hace escasos segundos, en realidad) se apoderó de mí: Abi el Valiente está por encima del bien y del mal.

No lo intentes más, jamás lo entenderé, ni entenderé a un Jesucristo que ame lo mismo a De Juana Chaos que a cualquier otra persona vulgar y de buena fe. Si él se merece también el reino de los cielos yo paso, no quiero ir a ese reino porque no me encontraría seguro.

¿Dónde he dicho yo que De Juana se merezca el reino de Dios? De hecho, NADIE lo merece (es gratis; ver Romanos 3: 21-29). Sólo hace falta desearlo de verdad, que es lo que motiva la genuina conversión. Y ese requisito es común para De Juana, para mí e incluso para Abi el Valiente (pues su bondad no basta; sólo Cristo salva).

Cuídate y sé feliz,

JF-Cordura (siempre a tu buena disposición, mi querido Rey de la Bravura).


03/03/07

Bueeeeno, Abi. Esto ya es otra cosa. Al menos aquí te has esforzado un poco más y te dignas a argumentar (aunque sigas dejando cuestiones en el tintero, pero no insistiré en que las abordes).

Voy con mi réplica, entre tus párrafos:

Tu trato de "rey de la bravura" ¿es peyorativo? . Si es así es una más de tus falsas argucias para desprestigiar el argumento central y frivolizar con una de las características y virtudes que debe adornar al hombre, no a la bestia.

No había intención peyorativa, sólo jocosa. Pero siempre desde el respeto que me mereces. Jamás me burlo de una persona (seas tú, la Rajoyita, el genocida Pus, mi amigo “Bambi” o De Juana Chaos); a lo sumo (raramente, en realidad) ironizo acerca de sus pretensiones, y eso es lo que hice en este caso (entendí que no me dejabas otra salida, dado tu “altísimo” nivel argumental; gracias a Dios, ahora corregido).

Parto de amar a todo el mundo, sin excepción (seas tú, la Rajoyita, el genocida Pus... en fin, lo dicho). Pero eso, a menudo, implica tratar de hacerles pensar (lo mismo a ti que a los neonazis con los que me carteo, o a la periodista de ‘Gara’ con quien no hace mucho traté, una y otra vez, de debatir).

La valentía adorna al hombre y la bravura es más propia de bestias.

No te falta razón (pero el DRAE, segunda acepción, también usa el término para los humanos; por no hablar de los argentinos :-).

La valentía debe ir en la dirección de la buena moral, de la bondad, del comportamiento justo y de la generosidad y sí es cierto y me mantengo que un valiente así adornado está por encima de todo mal y su encarnación.
Yo me califico valiente presuntuosamente, es cierto, no el rey; pero sí que, en estos momentos que vivimos, si tan sólo se afrontaran con valentía un 10 % de los problemas ya nos podríamos considerar como tales.
La mera bondad no basta para ser salvado, amigo, ni la mera generosidad, ni la mera justicia basta por sí sola, es necesario acrisolar todas esas virtudes para afrontar con decisión y coraje las dificultades y vicisitudes de cada día y hacer de ese modo más rica y llevadera la convivencia, que es de lo que se trata.

Es cierto que para la salvación, tal como yo la entiendo, requiere todas las virtudes. Requiere la perfección. Ante todo, requiere AMOR.

Pero es obvio que todo eso está fuera del alcance de nuestra naturaleza caída.

Por eso sólo Cristo, él único Justo (ver Mateo 19: 17) y Perfecto (Mateo 5: 48) puede dárnoslo. De ahí que sea gratis.

Si logras hacer un poco más llevadera la convivencia entre los tuyos es cuando empiezas a ser valiente; y eso requiere esfuerzos, a veces descomunales, que no está dispuesta mucha gente a afrontar. La mayoría se amansa, prefiere ceder, se queda de piedra con tal de no actuar y ver si con ello se confunde con el paisaje y no le pilla la bestia brava.

Simpatizo mucho con tu afán de mejorar la convivencia entre los “tuyos”. Yo agregaría que tratemos de hacer lo mismo entre los “ajenos”. A lo mejor también son “nuestros”.

En un mundo globalizado, ya no valen las excusas. Lo que hacemos aquí puede tener influencia y reflejo en cualquier otro lugar del mundo. La Bolsa, Internet, los medios de comunicación y de transporte... todo funciona ya en términos de milisegundos.

Los “míos” también son los iraquíes y los afganos. Incluso los iraníes.

¡Hasta puede que los inmigrantes que llegan a nuestro país! Podemos hacer tanto bien, amigo Abi...

De Juana Chaos encarna esa bestia brava, que utiliza el coraje y su fuerza justo en el sentido contrario, por lo que no es un valiente propiamente dicho. Y ese empuje amedrenta a los cobardes: El gobierno y los que toleran y promueven el inmovilismo, el apaciguamiento y la no confrontación, a pesar de que podrían contar con la fuerza moral y la dignidad de un Estado detrás.
Yo no estoy por encima del bien ni de mal. Es una argucia más de tu discurso:

Quien utiliza una doble vara de medir, automáticamente se erige él mismo, al modo protagórico, en vara de medir (pues se pone implícitamente por encima de la ley moral para decidir en qué casos aplicar ésta y en cuáles no). Ése es tu pecado, Abi. Pero no creo que sea ni irremisible ni irremediable.

Nadie puede tirar la piedra porque nadie está libre de pecado. Es la entronización de la inacción, del consentimiento, de la huida ante el que quiere avasallarnos.
Somos tan pecadores como el que más, ergo no culpabilicemos. No comulgo con eso.

Yo no te condeno (ya que citas ese pasaje condenatorio de Juan 8). Si así fuera, no perdería ni un segundo contigo tras comunicarte el “veredicto”.

Los dos, ya desde que compartíamos foros en D21, venimos hablando en un lenguaje moral, ése es el tema. Y lo que discuto es tu legitimidad para acusarme o darme lecciones éticas a mí, a De Juana Chaos o a Zapatero mientras no utilices el mismo rasero con tus “afines”. Y contigo mismo.

Lejos de mí desearte la perdición. Es tu conciencia la que te culpabiliza (ojo: a mí también me pasa; cuando me pasa). Buena señal: aún la oyes (pero no la llames “Cordura”; tiene un nombre aún más admirable).

Ya te he dicho que todos tenemos lo que tenemos; pero debo encontrar, en esa búsqueda continua de la valentía, el coraje necesario para sobreponerme a mis temores, a mis miedos y a las adversidades que te pone la vida en el camino.

Y en ese camino de la vida se encuentran muchos bravos, mucho mal, ante lo que tienes que combatir.

Abi, sólo serás valiente cuando estés dispuesto a enfrentarte, y hacerlo de verdad, con los que son más fuertes que tú (por supuesto, al hablar de “enfrentarte” no te sugiero la lucha armada ni tontunas similares; me refiero a la disposición ilimitada a denunciar sus desmanes).

Hoy ETA es una birria. Está acabada, aunque colee. Otegi lleva semanas rebajando el programa máximo. Hablar mal de ETA (o de Iñaki De Juana) desde aquí o desde D21 no requiere ningún valor.

¿Hablar mal de Zapatero...? Lleváis años linchándole y ya veis que no os pasa nada. El PSOE está tan desprovisto de autoridad moral que ni querellas se atreve a poner, no ya contra quienes lo insultan a todas horas, sino contra quienes lo difaman y calumnian.

Ahora bien, osa llevar la contraria por sistema a Poc y Pinar en D21, y entonces entenderás lo que es la valentía (es sólo un ejemplo). Denuncia sin descanso al antinorteamericano gobierno de Puslandia, condenando su Guantánamo, su Patriot Act, su legalización de la tortura... Atrévete, de modo infatigable, a llamar las cosas por su nombre y verás a dónde te lleva ser consecuente con ello (te anticipo que no será agradable). Desenmascara la farsa romanista de la Kope y el Vaticano.

Mientras no seas capaz de esto, cambia el nombre de tu club: llámalo “Club de los Fuentes” (o afíliate al PP, o mira a ver si te admiten en el Club Bilderberg, o hazte cura...).

Y cuando empieces a ser capaz, tampoco lo llames “Club de los Valientes” (cosa mitad pretenciosa, mitad infantil). “Club de los Humildes” siempre quedará mejor. Aunque te informo de que ya está inventado.

No te quedes parado ante el mal, amigo, y actúa en la dirección en que actuaría un valiente. Seguro que sabes cuál es........la más dificultosa; pero la que más te va a recompensar en tu interior. Si así lo haces estarás por encima del resto de cobardes e incluso de la bestia brava. No lo dudes
En la valentía está la redención,

En la de Cristo, no en la mía. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).

En cuanto a lo demás... “vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1: 2).

Un saludo

Abi, uno que aspira a ser cada día más valiente, luego a redimirse.

Bueno, “aspiras”... ya vamos mejorando en humildad :-)
¡¡¡Siempre adelante, camarada!!! (En la buena dirección, claro).
JF-Cordura


04/03/07

No me extraña que me entiendas tan mal: aparte de lo inhábil que es uno escribiendo, tus categorías de fondo son tan discordantes de las mías...

Pero trataré de seguir pisando ese terreno común que voy descubriendo, sobre todo desde que vuelves a argumentar:

Yo soy un pesimista, considero que las cosas tienden a ir hacia lo malo; pero que pueden corregirse aplicando la medicina de la valentía.
Tú eres un derrotista. Consideras que nada podrá solucionar la especie humana porque carece de fortaleza y constancia para mantenerse en el AMOR.
Yo pretendo la redención en este mundo por el empuje valiente del bien que domine a la maldad y la aparte para que no pueda hacer más daño y tú la salvación por el Amor a todos, incluso a las bestias humanas, olvidando, en tu delirante utopía, que eso es imposible de conseguir.

Hummm... Primero me llamas “derrotista” y casi a renglón seguido me achacas defender una “delirante utopía” que es “imposible de conseguir”. ¡Ponte de acuerdo, coleguis! :-)

Pero además es que yo no iba por ahí. Por supuesto, realista que es uno (y bíblico, hasta donde puede), no creo NADA en las posibilidades de que el hombre arregle el mundo. No porque no pudiera, cuando menos, mejorarlo. Sino porque sé que ni quiere ni querrá. Eso no me inducirá a dejar de exigírselo. Pero a la vez no me desencantará si no me hace caso.

Es, en buena medida, lo que clamaba cierto cantor evangélico: “¿Cómo es posible que sea imposible?”

El ser humano es esclavo del pecado. Y aún peor: a lo que se ve, la mayoría no anhela liberarse. La radical depravación humana nos incapacita para esa quimérica valentía de la que tanto te gusta hablar. Bueno, no tanto aquélla como la falta de fe trascendente. Seríamos valientes si fuéramos capaces de ser “cobardes”; de reconocer nuestra extrema insuficiencia y afrontar nuestra impotencia; de echarnos, acto seguido, en los brazos del Valiente.

Yo puedo amar sólo si me entrego al Amor (ver 1 Juan 4: 16).

Yo puedo ser santo sólo si me abrazo al Santo.

Yo puedo ser valiente sólo si me pongo en manos del Valiente: de aquél que, siendo Dios, fue capaz de hacerse hombre para conocerme desde dentro, comprenderme desde dentro, vivirme desde dentro y morir por mí la muerte que, gracias a él, yo ya no tengo por qué sufrir. ¡Eso sí que es VALOR!

Me reprochas mucho que yo sólo tenga miras para los "míos", mi país, mi ciudad, mi gente, mi familia, yo mismo; no veas en ello una dicotomía, o yo o ellos; sino una manera de empezar por lo breve, por lo asequible, por lo controlable, para, una vez resuelto de alguna manera satisfactoria, poder abarcar más campo con garantías y base. Es decir, debo tratar de estar bien yo para empezar a preocuparme de mi vecino y así progresivamente.
Desconfío mucho de quienes se proponen esas metas globales humanitarias, sin que hayan resuelto los problemas, ni siquiera mirado los problemas de sus cercanos. Viste más la preocupación por resolver problemas mayores e inabarcables que los más sencillos y abordables. Quizá lo que tenemos más cerca es más incómodo de tratar, por eso hay que irse por los cerros del África.

Puedo suscribir casi cada palabra de este pasaje tuyo (salvo las que revelan haberme malinterpretado), con los matices que luego haré.

¿Por qué te crees que Jesús decía: “Ama a tu prójimo” (Marcos 12: 31)? Sabía, como tú, que es más fácil amar a un ente lejano y “abstracto” que a una persona que puedo ver y tocar todos los días.

En ese sentido, vas por buen camino.

Ahora bien, no te engañes. Detente y recapacita. ¿Es acaso incompatible, en este mundo global, amar a mi mujer y protestar contra la agresión a los iraquíes? Afligirme con el llanto de mi amigo, desvelarme con los desvelos de mi vecino, ¿no emana del mismo tipo de amor y de compasión que la sincera preocupación por lo que pasa en Somalia o en Haití?

Aún más: quien siente a su conciencia llamarle para lo uno, ¿dejará de sentirla llamándole para lo otro?

Dejemos, pues, las excusas y actuemos. En un terreno y en el otro.

Cada párrafo en que me replicas que me erijo en juez, poniéndome implícitamente por encima de la moral del malvado, más me enerva, no en el sentido de debilitar; sino en el de ponerme nervioso.

Eso es grande si indica que tu conciencia despierta ante esas réplicas.

Es triste y mediocre, incluso cobarde, si lo que indica es que tu orgullo prevalece.

Ya lo decía Napoleón: la batalla que exige más valor es la que uno tiene que librar contra sí mismo.


No prediques la inacción. La bondad, la virtud, la justicia, la paz, la convivencia cívica, exigen la pro-acción para conseguirlas, no nos viene dado, como la vida; sino que hay que conseguirlo y ganárselo con lucha, no necesariamente violenta. Incluso para ser bueno hay que esforzarse.

¡¿Dónde he predicado yo la inacción, alma bendita?!

Hala, por semejante chorrada quedas castigado a releer tres veces, y soy clemente, el fragmento de mi anterior correo que empezaba con “Abi, sólo serás valiente...” :-)

Estarías ganado para la causa justo en el momento en que cedieras en el punto de admitir que, en este mundo, al menos, existe algo por encima de algo, que existen personas más capacitadas que otras, que existen personas más bondadosas que otras, que existen corazones más generosos que otros, que existen conciencias elevadas infinitamente superiores a otras rastreras y miserables.

Bobadas superficiales (no digo que tú seas ni bobo ni superficial). Chorradas humanistas.

El refranero, que suele ser sabio (a la vez que harto cínico), dice: “Al ladrón le hace la ocasión”. Yo, más que le hace, diría que le “delata”.

Abi no ha delinquido, que sepamos, porque no ha tenido ocasión. Lo mismo que Cordura (que sepamos :-)

Todos somos humanos; pero no tenemos la misma catadura. Un asesino, un delincuente, sea o no de guante blanco, son personas que han infligido dolor en sus víctimas y se han colocado en un plano moral inferior. Deben ser las instituciones de las que nos hemos dotado las que hagan valer la vuelta al equilibrio, imposible si existen víctimas mortales o de daños irreversibles, reparando en lo posible el daño causado y apartando de la convivencia al causante. Por tanto siempre habrá algo por encima de algo.

¿De Juana ha infligido más dolor que Abi? Puede. Tal vez porque está más loco, o porque es más inteligente, o porque, nacido en Euskadi, conoció a ETA, o porque tuvo problemas en su infancia que Abi no tuvo... ¡No porque fuera intrínseca o innatamente peor!

Además, Abi ha demostrado que puede ser muuuy maaaalo. Y más cobarde que De Juana, quien al menos se la jugaba cada vez que salía a cometer sus sangrientas fechorías (éstas le han costado, no se olvide, más de veinte años de cárcel). Abi ha dejado escritas en D21 cosas muy feas sobre los inmigrantes. Y lo escrito, escrito queda. Abi ha callado demasiadas veces sobre los crímenes del Imperio (tema también recurrente en D21), así como ante las arbitrariedades de Poc.

Yo no pondría al “valiente” Abi (al que, por lo demás, aprecio) de ministro del Interior. Ni siquiera de comisario costero.

¡Claro que tiene que haber “algo por encima de algo”, y que se llama “Estado”! Pero es algo convencional, fruto del contrato social (más o menos tácito), no intrínseco ni natural. Las instituciones públicas están para representarnos. Hemos de confiar en ellas para que así sea. Y hemos de temerlas si obramos mal (ver Romanos 13). Sin mitificarlas, claro, pues están conducidas por humanos tan mortales y pecadores como Abi y como yo.

Sólo Dios está por encima en un sentido absoluto.

No te equivoques con mis afinidades. Mi doctrina, como la de todos, es conseguir el bien común, la prosperidad de la nación y el bienestar para sus ciudadanos y los que se puedan acoger desde fuera; pero discrepo rotundamente de la forma de conseguirlo de los demás, porque no he visto valentía en ellos y sin valentía no se tiene el suficiente coraje para afrontar los retos.

Je, je... tus afinidades llevo meses conociéndolas.

Además, en las líneas siguientes no haces sino reafirmarlas :-)))

Al PSOE y a ZP toda la leña que se le pueda dar es poca; porque van rotundamente contra uno de los fundamentos de los valientes, que es la unidad de la nación española y la defensa de su idioma, sin la cual todo progreso será imposible de conseguir. Porque se han enfangado en multitud de asuntos, que no detallaré, que no sirven para engrandecer ni dignificar a las instituciones; sino más bien para dividir, colisionar, empobrecer y dotar de ineficacia y mala imagen a todo un país.

Que Abi sea incapaz de respetar que otros no piensen como él, no implica que Abi sea valiente, sino más bien que es inseguro, frágil de convicciones, quizá cobarde...

Que Abi sea incapaz de admitir que otros, incluido el presidente del gobierno, tengan otro concepto de “España”, no denota valor, sino profunda mediocridad moral.

Que Abi pretenda imponer a los demás que “la unidad de la nación española” es un valor superior a otros, conditio sine qua non del progreso (¿aunque sea una unidad impuesta? ¿Aunque nadie se pregunte “unidad, ¿para qué?”?), no hace de Abi un sujeto audaz, sino un pensador que piensa poco, y que lo hace de manera pobre, perezosa y superficial.

(Pero, ¿de dónde se habrá sacado el bueno de Abi que “la unidad de la nación española” es uno de los fundamentos de los valientes? ¿Viose alguna vez un pensar más mezquino y aldeano?).

No te equivoques, ni quieras liarme: La unidad de España no significa estar uncidos a un yugo; sino que debe existir un único fundamento y un corpus democrático y legal que garantice la igualdad de oportunidades entre sus ciudadanos, bajo el cual cada ciudadano desarrolla sus proyectos vitales en libertad. Esto es vital.

Al PP, con el que coincido en su defensa de España y su no negociación con terroristas, le llegará su ración en cuanto llegue al poder; porque desconfío también de que pueda ser valiente; incluso ante los nacionalistas. Estoy convencido de que también nos defraudará.

1998-99: Tregua etarra gestionada por Aznar. ETA: “MLNV” según el susodicho. El proceso: de “paz” según el susodicho. Con la banda criminal: “seremos generosos” según el susodicho.

Cientos de etarras exiliados retornan, de presos acercados al País Vasco (incluido cierto Iñaki que acaso le suene a Abi) o excarcelados. Da igual que sigan la ‘kale borroka’ y la extorsión.

Y ahora, ese mismo Aznar, su sucesor, sus seguidores (incluido Abi) y sus jefes-corifeos mediáticos, todos contra Zapatero por hacer infinitamente menos de lo que ellos hicieron.

¡¡¡Y aún se creen valientes!!!

Abi: ni soy del PSOE ni lo seré jamás. Nadie, dentro de mis modestas posibilidades, denunció más al corrupto y criminal felipismo que yo. Pero mientras la verdad sea la verdad, en lo que sea menester defenderé al PSOE actual contra las salvajes alimañas fascistas que hoy, de manera tan injusta como impúdica, lo tratan de despedazar sólo para recuperar el poder.

(Ahora bien: no creas que haré de ello el centro de mi vida. Recuerda que soy escéptico respecto a las posibilidades humanas... Lucharé pero más por tocar conciencias que por esperar auténticos cambios sociales. Sólo Jesús arreglará tanto estropicio).

Hoy por hoy existen más afinidades, del mismo modo que con el fondo editorial de D21; desde el momento en que existen frentes concretos que defender, luego, ya se verá.
De momento los valientes sólo tenemos visión española y creemos que es necesario fortalecer desde dentro un país para poder liderar con garantías y credibilidad los asuntos del exterior. No me interesa el gobierno de los americanos ni sus historias; pero creo que no te pondría de ministro de esos asuntos exteriores.

Qué amarga decepción... :-)

En cuanto a tu desinterés sobre el gobierno puslandés, permíteme que me suene a cobardía moral. Resulta que nuestro estado no es soberano (creerlo sí que es delirante), que para actuar en el exterior, y aun en el interior, tiene que hacerlo mirando al eje Washington-Vaticano, ¡y nuestro “valiente” Abi dice que “no le interesa el gobierno de los americanos ni sus historias”!

Usaré, por una vez, la única expresión brillante que ha salido jamás de la boca de mi amigo Zapatero: ¡Patriotas de hojalata! ¿Para eso queréis la “unidad de la nación española”? ¿Para entregarle España, bien “unidita”, al gobierno cuyas “historias” no os interesan?

(Oye, tío, tú no serás el hermano gemelo de Aznar, ¿verdad? :-)

Ya me voy, no sé si he aclarado o matizado algo. En lo que sí que me has gustado y creo que coincidimos es en que debemos ser humildes ante los demás; aunque si la humildad se vuelve falsa es muy peligrosa; pero nunca ante nosotros mismos porque debemos espolearnos, exigirnos y nunca renunciar a metas pretenciosas.

Contando con ese punto de humildad que he visto en ti he escrito lo que ahora he escrito.

La humildad es la base del genuino sentido del humor, aquél que le permite a uno reírse de sí mismo.

Si lo miras con detenimiento, club de los valientes, te parecerá bonito. Irradia tonos de todos los colores, limpios, cristalinos. Es infantil; por supuesto; es casi de otro mundo. Aquí es difícil encontrar alguien que quiera entrar; porque su interior está lleno de algo que dignifica y eleva al ser humano.

Lo infantil es sano y necesario, sobre todo para los adultos. El problema es cuando se convierte en sinónimo de ‘pueril’.

Algo que da miedo: La valentía.
Un saludo

Feliz Navidad, hermano.


07/03/07

Claro que tenemos categorías discordantes, hemos llegado a un punto en que cada uno ya ha mostrado sus cartas y son totalmente divergentes. Los puntos de unión que pueden surgir se desvanecen al siguiente comentario.

Serán lo divergentes que queramos que sean. No creo que la discordancia tenga que implicar divergencia.

Tú haces hincapié y niegas legitimidad moral para juzgar y justificas cosas que, para mí, son injustificables y cuyo veredicto lo tengo muy claro, no dudo, soy categórico, algo que es imposible que puedas digerir porque te envuelves de la viscosidad de lo inconcreto, de lo abstracto, de lo gaseoso. Hay que materializarse más.

No me importa en absoluto que me digas que ya me he puesto arriba de la columna para determinar los buenos y los malos. Hay ocasiones, casi todas, en que hay que tomar partido y yo lo hago sin escurrir el bulto, sin embozarme, sin parapetarme en consignas ya escritas como tú haces.

¡Alto ahí! A estas alturas del partido ya deberías saber que yo soy de los que toman ídem, así que sobra ese discurso.

Lo que critico en ti es tu doble vara de medir (te lo he dicho ya un porrón de veces).

Yo me preocupo por lo tangible, por aquello en lo que puedo mínimamente influir para lo que creo buena dirección; pero que; según tú; puede ser también fatal, ya que es una apreciación personal, o sea un modo de ver y juzgar las cosas que siempre resultará erróneo.

O sea, que siempre estaremos en una encrucijada y aquél camino, conducta o actitud que adoptemos, al influenciar necesariamente en los demás, ya nos deslegitima, nos hace culpables y presuntuosos, pues para ti y las escrituras de las que tomas alimento, no somos más ni mejor que el otro, por malo que sea.
Es decir, que tu mundo es para vivirlo desde la virtualidad, sin tocar la realidad porque se descompondrá.

Mal me entiendes, Abi. Lo que pido es rigor intelectual y, sobre todo, moral. Mirarse la propia viga antes de escudriñar la paja ajena. O la viga de los “míos” antes que la paja de los “otros”.

La prueba de que vivo en la realidad, aunque sea desde la trascendencia, es que pienso ir a la manifestación del 17 de marzo (se trata de un ejemplo; muchos otros tienes ya, en realidad).

[Y la paradoja es que para mí vivir en la trascendencia no implica ponerme por encima del bien y del mal; en cambio tú, que vives en la inmanencia, no te recatas mucho de situarte ahí. En realidad, ambos son resultados lógicos: la inmanencia siempre lleva a la incoherencia moral, pues impide el distanciamiento que es requisito de la objetividad; en la inmanencia el hombre siempre acaba siendo “medida de todas las cosas”.]

Pretendes vivir en un mundo para el que existen respuestas y éstas están ya escritas en las escrituras, No existen respuestas escritas, las respuestas a la realidad se van conformando según pasa ésta.

Si lo que quieres decir es que las Escrituras no hablan del 11-M o de la guerra de Irak, estamos de acuerdo.

Ahora, si pretendes afirmar que en las Escrituras no se nos muestran principios éticos para afrontar hechos como ésos, yerras.

Por lo demás, que tu moral no se base en las Escrituras no significa que sea menos apriorística que la mía.

Es un oprobio a la sociedad la conducta de este gobierno para con el problema terrorista; pero está ahí para desdicha de los agredidos, que somos todos los demás, incluidos los que no tienen conciencia de ello o lo perdonarían, como tú.

Esa es la realidad actual para la que hay que fabricar respuestas actuales que traten de reformar sus derroteros. Los valientes estamos en esa realidad, llamémosla hiperrealidad para distinguirla y anclarla más al suelo y lucharemos con las palabras para despertar las conciencias de quien tiene el poder de determinarla en este momento, que es el gobierno y tratar de determinar su posterior derrotero, que se ajuste a lo que pensamos se aproxima a la virtud, a la justicia, a la dignidad y al respeto.

Si en esta respuesta a la tozuda realidad nos encontramos con otros coincidentes, AVT, PP, etc... bienvenidos sean, el esfuerzo quizá obtenga resultado. Que según otros, como tú, la virtud está en el comportamiento humillante y cedente con los postulados terroristas, quizá con espurios fines electoralistas y de pactos para mantenerse en el poder, allá cada cual con su conciencia. Que otros, Aznar, lo hicieron también, pues una lástima, porque negociar o dialogar con el mal jamás obtendrá resultados buenos, porque el mal es insaciable, porque jamás se conforma con un alma.

En este párrafo queda en evidencia tu doble vara de medir. Veámoslo:

Si, según tú, el gobierno de Zapatero hace cesiones a ETA, “es un oprobio”.

Si “otros, Aznar, lo hicieron también, pues una lástima”. (Aunque lo hicieran, por cierto, multiplicado por cien).

Y en virtud de ello, consideras “coincidente” al PP y le das la “bienvenida” a tu lado.

Bonita manera de autoengañarte...

Así que, cordura, ya vemos de qué pie cojeamos todos, tú del tuyo, yo del mío; pero he observado una cosa, con gran delectación todo hay que decirlo, y es que te has picado sobremanera al arrogarme valentía yo y mis postulados, por lo que veo que no tomas tan a broma el asunto y, además, ya entran en tu diccionario palabras como "cobardía" tan ligadas a la valentía.

Te has ofendido claramente porque he reservado conceptos como la unidad de España y la no negociación con terroristas a los valientes, excluyendo a los demás.

Si no fuera porque en esa “delectación” entreveo un regodeo más bien sádico, me alegraría de habértela producido. Con todo, me temo más bien que te la has producido tú mismo, pues en ningún momento me he sentido ofendido por tus palabras (espero que esto sí te proporcione genuino deleite; nunca debiéramos alegrarnos más de ofender, o de causar ofensas, que de no ofender o de no causarlas).

Sobre la “unidad de la nación española”, simplemente me pareció una falta de elemental rigor por tu parte afirmar de ella que es “uno de los fundamentos de los valientes”. Pues la creencia en la necesidad de esa unidad (muy respetable, y compartida por mí, por cierto) pertenece al campo ideológico, mientras la valentía tiene que ver, en todo caso, con lo psicológico y/o con lo moral. Dicho de otro modo, que uno sea valiente o no, en modo alguno tiene por qué depender, en un sentido fundamental, de creer en esa unidad o no creer. Habrá unitaristas valientes (y cobardes), igual que habrá antiunitaristas valientes (y cobardes).

Pretender que la ideología de uno sea “lo valiente”, lejos de implicar valentía lo que refleja es simplismo, sectarismo y aun despotismo. Todo lo cual, no obstante, estás a tiempo de corregirlo.

Debo confesar que fue un artilugio mío el no indicar, como quise hacer en principio lo de "valientes" entre comillas, para incluir sólo a los de mi club virtual. Ni siquiera tú, (amante de la humildad , de la paz y del amor, cuestiones que te honran; pero que llevas demasiado lejos y demasiado presentes en tu discurso para poder ser plasmadas con eficacia), has sido capaz, subconscientemente, de sustraerte al encanto de considerarte valiente por un momento siquiera.

Conclusiones derivadas de premisas erróneas, luego erróneas también ellas.

Has arremetido contra la idea de que la valentía pueda ser poseída por quien no piensa como tú, de la misma forma que los socialistas se indignan cuando ven a la derecha apropiarse de los himnos y símbolos nacionales.

No. He arremetido contra la idea de que pueda ser monopolizada por quien no piensa como yo (lo que se implica de decir que la defensa de esa unidad es “uno de los fundamentos de los valientes”).

Error tanto más grueso el tuyo por cuanto yo soy defensor de esa unidad; es decir, en esto sí que pensamos igual.

Pero defenderla no implica (¡Dios me libre!) pretender imponerla.

Reconoce que he sido brillante, reconoce que, por más que pretendas maltratar y desprestigiar, como propia de inmaduros y pueriles, la idea de asumir la valentía como forma e idea política, ésta surgirá muy presente y con fuerza.

Si te hace ilusión, hasta te puedo nombrar Caballero de la Mesa Redonda. Pero, en cuanto a tu brillantez, como habrás podido ver ya, en este caso no hubo tal.

Debes empezar a darte cuenta de que existe esa nueva vía, separada de los conceptos de izquierdas y derechas, que los supera y que es capaz de acoger en su seno la bondad, la paz, la justicia, la armonía y la fortaleza frente al mal.
Leo y releo tu párrafo, como castigo, en el que me indicas qué hacer para ser valiente.

Tú mismo te has mostrado valiente en ocasiones e incluso te he apoyado alguna vez; cuando razonabas dentro de la lógica del debate; pero es que la última vez te pasaste, como ya te dije, por entrar agrediendo directamente los sentimientos de las personas afectadas por el terrorismo, que somos muchas más que las víctimas.

Estabas en tu perfecto derecho a plantear la comparación de la política de Aznar con la de ZP, tirando de hemeroteca y de datos objetivos; aunque en alguna ocasión se te pilló haciendo trampa y no ampliando el contexto en que se produjo el hecho, con lo cual quedaba a medias.

No hubo tal trampa. En cierta ocasión cometí un posible error, en la medida en que imputé intenciones a Aznar. Yo mismo admití esa posibilidad, y me mostré dispuesto a retirar ese argumento (a pesar de que me parecía creíble y aun hoy me lo parece, pero en fin...). De todos modos, no creas que me considero libre de pecar. Antes bien, por desgracia, lo hago todos los días.

Lo que sí es cierto es que entonces, al hilo de esas comparaciones entre Aznar y Zapatero, tú tuviste ocasiones varias para demostrar valentía. Sobre todo, cada vez que Hispalis recurría a “argumentos” torticeros, o directamente a los insultos y descalificaciones, con tal de no asumir las abrumadores evidencias que yo os estaba mostrando (por cierto, el grueso de ellas extraído de LD, el panfleto losantiano).

De hecho eras un componente enriquecedor del debate y azuzador. Creo sinceramente que deberías volver, arrepintiéndote y retractándote de lo dicho, en ese aspecto concreto en que ya sacaste de sus casillas al editor.

Ojjjjj... casi me persuades con tantos halagos :-)))

Por el bien de todos, no me retractaré. Pero aún más que por eso, porque sigo pensando lo mismo.

Y por cierto, ya va siendo hora de que me digas por qué te parece erróneo lo que dije (pero centrándote en mis palabras, no en vuestra interpretación de las mismas).

Por lo demás, una vez que estoy conociendo la libertad de pensamiento que me da mi nuevo ideario valiente, me siento muy bien; incluso aunque me tilden de pueril o insensato.
Quien quiera seguirme, que me siga
.

Me recuerdas a un extraño amigo internáutico autointitulado “Alejandro el Magno”, divertido sujeto lleno de ínfulas mesiánicas (yo le llamaba “mi pequeño Álex”).

Un saludo,
(¿A qué viene lo de Feliz Navidad?)

Me gusta desearles a mis interlocutores que Cristo nazca en sus corazones. Suelo usar esa fórmula durante todo el año, a excepción del período comprendido entre mediados de diciembre y la primera semana de enero.
Paz y bien.
JF-Cordura


10/03/07

Ya debes saber que me solidaricé con las varias descalificaciones que te cayeron no porque dijeras que la AVT pretende utilizar el victimismo político para derribar al gobierno, eso es lícito pensarlo porque objetivamente es así. Todas las manifestaciones que promueven van en contra de la deriva del gobierno en su asunto concreto; por lo tanto, nada mejor para sus aspiraciones que concienciar a la ciudadanía para derribarlo en unas elecciones. Eso es así objetiva y subjetivamente, lo mires por donde lo mires.

Me alegra que lo veas así. Pero, ¿a ti te parece ético usar el “victimismo político”, como bien lo llamas, para derribar al gobierno? O sea, usar su condición de víctimas para sacar tajada política y derribar a un gobierno legítimo. Haciéndolo, además, desde una plataforma ilegítima, pues nadie le ha elegido para tal misión política (¿te imaginas algo así con una asociación de víctimas del Ulster, por ej.?). Sólo es admisible para quien el fin justifique los medios.

Y no hablemos ya de quienes se sirven de las víctimas para lograr esos mismos fines...

Ahora bien, tu pasada mayúscula fue calificarles de Asociación de Vengadores Tremendistas. No debiste hacerlo porque es una expresión hiriente, provocativa, falsa en todo punto y hecha con una vil intención ofensiva.

O sea, que te eriges en juez de mis intenciones... (una vez más, el típico endiosamiento de “Abi el Valiente” :-)

No te retractarás; te equivocas. No estás en tu derecho de calificar como vengadores a quien pacíficamente renunció a la venganza y cree en la justicia y en la dignidad de unas instituciones, ni puedes llamarles tremendistas porque pretendan manifestar su rabia, dolor e impotencia, a través de cauces democráticos, como son las movilizaciones.

Os lo expliqué ya, pero con gusto (aunque un poco de pereza también) lo repito. Son Vengadores porque no aceptan la ley instituida, sino que quieren imponer la suya. Eso es querer tomarse la justicia por su mano (una forma de [pre]linchamiento). Eso es desear la venganza. Y tanto la desean que se conducen de un modo cada vez más violento (verbalmente, sobre todo... de momento).

Es lo que están haciendo, por ejemplo, con De Juana Chaos. Aunque saben de sobra que ya pagó por sus 25 asesinatos, no paran de decir que cómo se quiere dejar en libertad al autor de los tales... (Mientras, pero admito que éste es otro asunto, mantienen como presidente honorífico al corresponsable de cientos de miles de muertos...).

Y no contentos con pretender vengarse así de De Juana, la emprenden aún más que contra él con quienes le conceden la prisión atenuada estrictamente dentro de la ley.

Dices que creen en la “justicia”. Pero es obvio que sólo creen en su justicia, y que además tratan de imponerla, sin aceptar que quepan otras interpretaciones que las suyas (por ej., las de los que aplican la ley). De ahí las continuas descalificaciones del exaltado Alcaraz, erigido en líder político, contra todos los que no piensan como él (al más puro estilo, por ej., del Capo de la Kope, radio con la que por cierto el victimista se lleva de maravilla).

Dices, además, que creen “en la dignidad de unas instituciones”. No sé a cuáles te refieres, pero parece obvio que no respetan la dignidad del TS, por ejemplo, contra el que convocaron (aunque luego fingieron que no había sido así) la anterior manifestación. Por no hablar de su graaaaaan “respeto” hacia la institución del gobierno de la nación, al que continuamente pretenden deslegitimar pese a que tiene una legitimidad con la que ellos no pueden ni soñar. O hacia la judicatura (recuérdense también las descalificaciones contra Garzón, Pedraz...).

En cuanto a la acusación de tremendismo, te remito a lo que ya os dije en mi saludo, recién expulsado: «...admito que también es una apreciación personal (ciertamente, tampoco exclusiva mía), pero creo que a poco que lo penséis no carece de base. Recordad, por ejemplo, cuando tras la reducción a tres años de la pena de De Juana, Alcaraz reaccionó diciendo que era “una provocación a las víctimas”. Y rápidamente convocó la manifestación de hoy (la de los “dos millones”... sólo que aún no han acabado de contarlos :-). Pero fijaos si sería tremendista, que luego él mismo tuvo que aclarar (hasta al PP le habían inquietado esas palabras) que respetaba la sentencia del Supremo (pero entonces, ¿quién era el que “provocaba a las víctimas”?).»

[Ahí, como puedes ver, ponía sólo algún ejemplo del tremendismo de Alcaraz (tan español, tan guerracivilista y tan digno de competir, por cierto, con el Pascual Duarte de Cela). Pero cabrían muchos más, como su continua afirmación, desde antes de la tregua, sobre la “rendición” del gobierno ante ETA. Sin olvidar los insultos contra Zapatero que llegaron incluso a poner en la web de la AVT. Por lo demás, ¿qué tiene que ver con insultar acusar a alguien de tremendismo, o sea, de excesiva crudeza en su descripción de la realidad?]

Si yo hubiera caído en ese error propio de "un repente" no me dolerían prendas en pedir perdón. Tú te reafirmas, tú sabrás, una pena.

Amigo, aun cuando tengo la convicción de no haber errado en modo alguno (salvo, quizá, en el uso de las mayúsculas, expresivas de mi indignación pero fácilmente malinterpretables...), habría pedido perdón de no ser porque hacerlo:

1.-Implicaría aceptar el chantaje de Poc (“o pides perdón o te ‘baneo’”), siendo que él todos los días dice cosas mucho más duras que lo que yo dije (de hecho, auténticas barbaridades) y se queda tan ancho. El bueno de Poquito no se da cuenta de que nadie es más que nadie, pero sólo manteniéndome firme le doy la oportunidad de que lo comprenda.

2.-Requeriría que todos los que dicen barbaridades reales (o sea, cosas realmente falsas a la vez que tremendas) pidiesen, con mucha mayor razón, perdón. Hablo de los constantes insultos de Poc, Pinar, MGA y Berkelio hacia los “socialistas” en general, así como a las sistemáticas burlas personales a las que someten a personajes como Zapatero, Blanco, Garrido, Garzón... y un largo etcétera. O de las insinuaciones (a veces, declaraciones) golpistas de Poc y MGA. O de las afirmaciones racistas de MGA y Berkelio. O de la xenofobia demostrada a menudo por los propios Poc, MGA... y un tal “Clubdelosvalientes”. O de las proclamas belicistas, una vez más, del ‘amic’ Poc (sin duda, el más pródigo en barbaries... y casualmente el que expulsó a Cordura, mira tú :-)

3.- Aún más, exigiría que quienes han insultado reiteradamente a Cordura sin ton ni son (como MGA y, en menor medida, Pinar e Hispalis), pidieran también perdón por ello. [Dejaría pasar, eso sí, el ‘mobbing’ al que me sometió Poc, en varias fases de mi estancia en la bitácora.]

4.- Supondría renunciar a mi plena libertad de expresión, e intervenir en lo sucesivo con una espada de Damocels aún mayor... (¡lo que me faltaba, estando ya, como he estado, en un medio en el que era minoría, y en el que me han breado por todos los lados!).

Ya veo que me acusas de las dos varas de medir que aplico, la una tiesa y dura contra ZP, la otra más blanda y lábil contra Aznar y su política. Tal vez ambos han acariciado la idea de acabar con ETA y salir glorificados política y humanamente. Tal vez ambos han pecado de vanidad y, llegó el otro y llegará éste, a hacer cosas que el corazón no entenderá.

La razón objetiva puede dictar decisiones de "real politik"; pero aquí no jugamos con números, presupuestos ni medidas más o menos sociales, aquí se ventilan asuntos del corazón, de los sentimiento y de la dignidad humana que debe transferirse a las instituciones. De otra forma pasa lo que está pasando.

Quizás una computadora, al meterla los datos objetivos del problema de ETA, nos sacara conclusiones de que es necesario un diálogo, al estilo de las películas de ficción de los años 60; pero no es tiempo ya de análisis fríos, porque ya no podemos, ni queremos, tragarnos la conciencia.

El último que quiere que nadie se trague su conciencia soy yo. Toda mi (modesta) misión consiste en apelar a las conciencias. Justo porque considero intolerable la doble vara de medir de la Derechosa (que es la tuya) en todo este proceso.

Zapatero ha atenuado prisión... ella excarceló a cientos. Zapatero habla de “proceso de paz”... ella hizo lo propio. Zapatero llamó a Otegi “amigo de la paz”... ella llamó a ETA “Movimiento de Liberación...” Zapatero quiere buscar el diálogo a pesar de los pesares... ella hizo lo propio multiplicado por cien (hablando de “generosidad” y acercando presos estando secuestrado Ortega Lara; manteniendo su apuesta por la tregua y la “flexibilización penitenciaria” con ‘kale borroka’ e “impuesto revolucionario” más duros que los actuales...).

Por supuesto, hoy es más que nunca el tiempo de “análisis fríos”. Lo contrario se llama fascismo, y es lo que está practicando la Derechosa: revolver el río (de las emociones humanas) para luego pescar en él. No puede haber algo más vil y rastrero. Pero hace falta ser valientes para denunciarlo hasta el fin.

Rendirse, jamás, ceder, jamás, negociar, jamás, si no es la entrega a la justicia y de sus arsenales.

Totalmente de acuerdo (si hablamos, como lo haces, de “rendirse” y de “negociar”), pero eso exijámoselo a TODOS.

Gracias a Dios, se abren buenas perspectivas. Otegi y ‘Gara’ vienen hablando de pasar a métodos estrictamente pacíficos, y de renunciar a cobrar “precio político” alguno al estado español.

Cosa que la Derechosa, por otra parte, hará lo posible por arruinar...

Si no me equivoco, para ti es mucho más perfecto el fenómeno trascendente. Te distancias de la realidad y la observas. Otros, dices que nos situamos en la inmanencia, nos volcamos en nosotros mismos y vemos las cosas desde el prisma de nuestro propio ser, cargado y viciado como está de cientos de prejuicios, sentimientos y subjetividades, por lo que la observación, sus consecuencias y sus conclusiones se deforman ineluctablemente.

Algo así... pero me refiero sobre todo a que habéis tomado partido a priori. He ahí el motivo de vuestros prejuicios. En razón de ello, le perdonáis todo a vuestro “bando” y le negáis el pan y la sal al otro “bando”. Así militarizáis la realidad, cerrando todo camino al diálogo (gracias a Dios, tú no eres un ejemplo paradigmático de esto), y ya sólo queda la confrontación.

Mi posición es otra. Mi único partido es el del evangelio. Desde ese prisma contemplo el mundo. En el pasado, apoyé a Aznar contra el asqueroso felipismo engolfado de poder y de corrupción. Cuando el propio Aznar se hizo criminal y se engolfó de lo mismo (hacia el año 2002, pues hasta entonces tendí a apoyarlo), no me quedó más remedio, en conciencia, que denunciar sus crímenes y engolfamiento. Empecé, entonces, a apoyar el nuevo mal menor, llamado Zapatero... pero sin extender jamás a nadie un cheque en blanco (ni abogar nunca por el linchamiento de nadie).

Pues los valores del evangelio son la paz, la justicia y la verdad (ver Mateo 5, Juan 14: 6; etc.).

Nos encontramos entonces ante dos visiones sobre las que podrán discutir y discurrir los filósofos y psicoanalistas. Yo quizá me quede de momento con la sentencia de San Agustín: Noli foras ire, in te ipsum redi. In interiori homini habitat veritas.

Quizás no está bien escrito. Viene a decir: No te vayas fuera, vuélvete a ti mismo. En el interior del hombre habita la verdad.
¿No es un canto a la inmanencia?

Hombre, es que eso es sacar un texto agustiniano de contexto. Del inmediato y del mediato. Él, por desgracia, tenía mucha influencia neoplatónica, todavía presente en frases como ésa. Sin embargo, en su caminar cristiano (aunque fuera un cristianismo imperfecto), matizó frases como ésa diciendo: «Pero si encuentras que tu naturaleza es mudable trasciéndete también a ti mismo.» O sea, acude a Dios, el único Trascendente.

En cualquier caso, fíjate que si te quedas en la primera frase vuelves al protagorismo, haciendo del hombre (de cada hombre... de ti mismo) la medida de todas las cosas.

O sea, endiosando al bueno de “Abi el Valiente” :-)

Feliz Navidad, hermano.


12/03/07

La máxima aspiración moral de las víctimas es que se haga justicia y no se otorguen concesiones políticas a los verdugos.
La máxima aspiración política es contribuir, con su empeño en poner de relieve la indignidad y cobardía de un gobierno que negocia con sus verdugos concesiones políticas a cambio de paz vigilada, a que no vuelva a salir ese gobierno.

Lo veo razonable y justo. No encuentro victimismo por ningún lado. Si no son las víctimas las que lo ponen de manifiesto y defienden sus ideas, ¿Quién se lo va a hacer?

Una vez más, ponte de acuerdo. En el correo anterior empezabas diciendo que sí veías tal victimismo, e incluso que “es objetivo pensarlo”, etcétera. ¿Será que cuando te pillan por un lado, te vas por el otro pero procurando que no se note? Si es así, mal negocio haces, porque yo suelo ser paciente y releo... Y poco valor demostrarías jugando al disimulo, Don Valiente :-) [Pero conste que hablo en condicional.]

El victimismo de la AVT radica en que las víctimas no han estado en absoluto desamparadas en España, sino todo lo contrario. ETA lleva décadas perseguida. La AVT recibe hoy más financiación pública que nunca. Por eso, resulta sospechosísima tanta algarada (y tanto silencio durante el aznarismo, que hacía cien concesiones donde Zapatero hace una). Tanto hacerse los mártires.

Parece que a la AVT no le basta con todo el amparo que vienen recibiendo. Se ve que quiere algo más que amparo. Lo quiere todo. Quiere el poder. Ya ha conseguido que, para muchos (para mí no, desde luego) sea tabú criticar a sus dirigentes, como si el hecho de haber sido víctima del terrorismo le hiciera a uno infalible o inmune a las críticas (yo me pido lo mismo por haber sido víctima de varios atracos... ¿por qué no?). Como si le hiciera bueno (si así fuera, entonces Castro, Hitler, Somoza, Pinochet... y una larga ristra de dictadores y asesinos que sufrieron atentados serían auténticos buenazos).

Lo que pasa es que esta gente, la que en realidad domina la AVT, tiene buenos contactos. No ya en el PP, sino en la Curia y en Washington (bueno, también en Miami...). Dominan a la perfección el arte del victimismo. Véase cómo lo hace a diario la ICR española, Kope mediante, al quejarse de que el gobierno “persigue a los católicos” (la realidad es que con Zapatero la ICR ha visto reforzados sus privilegios). Como Puslandia con el 11-S. Como los sionistas explotando el Holocausto.

Creo que todavía no se ha escrito un tratado serio acerca del factor victimista. Un factor de poder. Útil, sobre todo, en manos de los poderosos

[Es curioso, valiente Abi, como la mayor Víctima de la historia no usó ese poder. La única víctima inocente y perfecta. La Víctima impecable. La Víctima real. Cuando sus espurios jueces la acusaban y condenaban con falsía, callaba. Sólo hablaba para buscar redimir al acusador. Buena cuenta de ello tenemos en los Evangelios (véase, p. ej., Lucas 23: 9; Juan 18: 28-36). ¡Qué víctima más poco victimista! ¡Qué poco defendía sus DERECHOS!]

Han estado demasiados años condenadas al ostracismo y la vergüenza.

Ciertamente lo estuvieron, en su día, sobre todo los familiares de policías y militares asesinados. Pero ya desde los últimos años del felipismo eso cambió.

Las víctimas llevan mimadas muchos años. Y ETA siempre ha sido perseguida. Por supuesto, incluso ahora (de inmediato se puso en marcha, p. ej., la búsqueda de los responsables del golpe a la T4, con prontas capturas).

Está bien que se manifiesten y muestren su coraje y valentía, que digan que no se dejan amilanar. Repito que son unos medios totalmente lícitos, muy loables y de sentido común los que utilizan. No veo venganza por ningún lado. Lo hacen desde una plataforma que les aúne y no tienen otro ideario; no son partido político ni se van a presentar a ningunas elecciones.
¿Qué debieran hacer? ¿Quedarse en casa para mayor comodidad del gobierno?

Qué más les gustaría que aplicaran la ley.

¿No ves claro que el gobierno está en un proceso de favorecimiento de todo lo que tenga que ver con ETA? ¿Por qué no deja en prisión a De Juana, al menos los tres años a los que ha sido condenado por el TS y se deja de hacer esas piruetas miserables, buscándole vueltas a las leyes? De sobra sabemos que las leyes las aplican los jueces unas veces con dureza otras con benevolencia. ¿Por qué utilizar la benevolencia, la blandura, el humanitarismo, con un asesino en serie, psicópata de duro corazón y alma oscura, donde no cabe arrepentimiento?

Es simple: porque es un útil más de la negociación que debe cuidarse. Es impensable que se utilice tanta delicadeza con otro preso común.

Naturalmente, pues con un preso común corriente no está en juego lo mismo (por eso el símil resulta de lo más chorra).

Claro que hay política de gestos. Como la hubo con Aznar (y callasteis). Y como la hubo con Major y B-Liar en el Reino Unido (y no pusisteis el grito en el cielo). Porque sólo así se puede acabar con estas cosas. Se trata de problemas enquistados, con un fuerte componente étnico detrás. No es lo mismo, ya lo he dicho otras veces, ETA que los GRAPO.

Como ya te dije, Otegi y compañía vienen hablando en otro tono, más distendido. Hay que tomarles la palabra. ¿Te imaginas si en tiempos de Aznar el líder de Batasuna hubiera dicho: “El estado no tiene que pagar precio político”, y hubiera añadido que renunciaban a su programa máximo, al menos por la vía violenta? ¡El hoy criminal del bigote habría dado saltos de alegría! (y ante las cámaras de TV, presumo).

Pero ahora toca ser cínico e hipócrita, porque de lo que se trata es de desalojar del gobierno a Zapatero. Hay que tener valor para reconocer eso, Abi. Como el que tú tienes, ¿no es cierto?

Si el señor Alcaraz se propasó en alguna declaración, fruto del nerviosismo y la indignación, luego aclaró y no pasa más. Las sentencias del TS se respetan y acatan, no como algún presidente del parlamento vasco, o como los que se reúnen con Batasuna, desobedeciéndolas claramente. Otra cuestión es no mostrar conformidad con ellas. Lógicamente no están de acuerdo con la rebaja de condena.

Aaaabi... El vengador victimista Alcaraz se ha propasado muchas veces, y lo sabes. Lo del TS fue lo de menos, con ser grave.

Este Alcaraz, además, se ha metido a político no pocas veces, hablando contra la “autodeterminación”, por ejemplo. ¿Quién le dio vela para eso? Y sobre esa base, ha montado una grosera estructura victimista para derribar a Zapatero y llevar a Rajoy a la Moncloa.

Yo juzgo tus intenciones y tus palabras, por supuesto. Así puedes ver qué impresión dejan en quien las oye o lee.Tú sabrás si estoy o no acertado.Si no estoy acertado, tienes un punto de referencia para comprobar cómo lo interpreta uno desde fuera y matizar o explicar. Como veo que te reafirmas en ellas yo también.

Allá tú. Yo me limito a los hechos, que es lo justo (ver Mateo 7).

Te doy la razón en que no resulta grato lidiar en una plaza con prácticamente todo el aforo en contra y abucheándote. Creo que no era en todos los temas así. De hecho había temas en los que el debate discurría entre serenos desacuerdos. Pero es que el tema del terrorismo y las graves y peligrosas reformas estatutarias son muy candentes, queman mucho y entran, como ya he dicho, en terrenos sentimentales, muy difíciles de manejar y muy inflamables. Tienes una visión de las cosas que suscitan fuertes discrepancias en D21.

Es lo que te ha pasado. Tú tienes razones que explican tu testarudez, alguna comprensible, lo que no quiere decir que te dé la razón en el fondo del asunto.

Tú llegaste “tarde”... Cuando lo hiciste, Cordura llevaba meses siendo machacado. Incluso te perdiste su “peor” parte. Por no hablar de la previa (la de Libertario, el pre-Cordura), que también fue convenientemente expulsado.

A veces ceder no es renunciar a tus principios, me lo han dicho hace poco, "Ceder es triunfar" y no he estado de acuerdo con ello, en fin.

¡Así lo vieras de claro en relación con el gobierno y ETA! :-)

No te acepto que me ubiques en la Derechosa que tú llamas. No soy tan centrista y mis ideas son más revolucionarias, innovadoras y valientes.

Descuida, yo no tengo por nada centrista a la Derechosa, de ahí el nombre que le doy. A ti te ubico en ella porque te veo, con todos los respetos, en la ultraderecha del sistema (compartes lo básico del sector duro del PP, y además sueles poner énfasis xenófobos sin cortarte un pelo... en algo tan mediocre como eso sí resultas ser valiente :-).

Sus planteamientos difieren mucho en muchísimas cosas, sobre todo por la escasa valentía que detecto en ellos. En este tema que tratamos y en la necesidad de unidad de España coincidimos. Si la derecha tiene doble vara de medir, al menos eso indica que puede tocarte la parte blanda, la izquierda tiene una única: Yo soy la legítima, el otro debe ser barrido y exterminado.
Tu discurso de que Aznar favoreció mucho más a ETA es la nueva milonga que predica el Psoe, con penoso resultado. Sólo sirve de carnaza al sectario. Es de chiste.

Dime por qué. Descalificar es muy fácil, pero también muy pobre. Y poco valiente.

Yo no doy un cheque en blanco al PP, ni de coña. Ya te he dicho que llegará el momento en que haya que darle leña. Pero, la verdad, con la que está cayendo y con la manifestación de hoy de Madrid, el PP se ha hecho acreedor de una inmensa responsabilidad.

Si lograra ganar las próximas elecciones no tendría perdón si su modo de actuación, en temas fundamentales, no se ajusta como un guante a los sentimientos de los que ahora vociferamos contra el gobierno y sus meteduras de pata.

Demasiada presión como para no fallar. Un partido aún cargado de complejos y debilidades.

Claro, deberían ser más ultras (como tú :-)

Allá vosotros, queridos “vociferantes”, si apoyáis al Partido Puslandés, el de las guerras y los tratados vaticanos, el auténtico Partido Antiespañol porque le niega toda soberanía real a nuestro país. Respetaré vuestro criterio, faltará más. Pero el tiempo os mostrará los resultados (lo que pasa es que entonces todos seremos las víctimas, no sólo vosotros; incluso vosotros, seguramente, menos que nadie... Yo temo sobre todo por los que no tengan fe en Dios cuando llegue esa hora... ¡ay, pobres progres, cuánto vais a sufrir a manos de los “valientes” del Nuevo Fascio!).

Al igual que tú, que buscas el dictado de tu conciencia, sin vender tus afectos a nadie que no los merezca, a la luz de quien te ilumina, yo tampoco creo en la fe ciega hacia nada humano, (no me cases con nadie) porque el hombre es de naturaleza imperfecta y puede y es capaz de las mayores vilezas, algo que va en contra de la grandeza de corazón y coraje del espíritu y la voluntad que adorna a un valiente.
Tampoco creo ni tengo fe en lo divino porque no encuentro en qué medida actúa sobre el comportamiento humano. Por eso sólo me atengo a lo que puede accionar el resorte que empuje al hombre a hacer el bien: la valentía.

Ni Dios, ni ninguna otra divinidad, tienen poder sobre la maldad y sus esporádicos o continuos seguidores.

La valentía, en el mejor de los casos, sólo es un arma, una herramienta y una actitud para conseguir ciertos fines. Puede ponerse al servicio de los mejores y de los peores propósitos.

Hitler, por ejemplo, era un valiente. Y el Che. Hasta De Juana puede que lo sea. Pero son ejemplos de asesinos, con ideologías totalitarias.

Observando el mundo es la única conclusión a la que llego: Si existiera Dios, no tiene alcance sobre la maldad. No puede actuar contra la libre decisión del individuo. Sólo tiene en el hombre el resorte de la conciencia; pero ya se ha dado cuenta que, el hombre, máquina perfecta en ocasiones; pero poco evolucionada espiritualmente, puede encerrar la conciencia y dejar sin efecto ese resorte, que es lo único que le une al alma.

De ahí que existan desalmados, y orgullosos de serlo. Verbigracia, el ya mentado.

Ciertamente, Dios respeta la libre decisión de cada cual. Pero no porque no pueda actuar sobre la maldad. Simplemente espera... (ver, por ej., Romanos 12: 19).

No te precipites al negar su existencia sobre la base de que impera la maldad. Esa tesis (“ateísmo moral”, se llama), con ser respetable, es a la vez pobre y superficial. Jesús es la prueba viva de su falsedad, pues vino a sufrir esa maldad y a triunfar sobre ella. “Yo he vencido al mundo”, osó decir (Juan 16: 33).

Sólo aspiro a que mi conciencia no enmudezca, que me lleve a actuar en el sentido positivo, siguiendo por la senda de unos principios que considero fundamentales.

Así sea. Feliz Navidad.


16/03/07

Intercalando, mi querido consanguíneo:

No me he precipitado porque no lo he negado categóricamente. Si lees bien he dicho, "si existiera Dios no tiene alcance sobre la maldad" No quiero entrar en la discusión de su existencia o no. ¿Para qué existir si no puedes actuar?

Nadie puede permanecer impertérrito ante la observación de lo que pasa en un mundo, supuestamente por él creado, y al que vino encarnado a redimir con escaso éxito.

Bueno, entonces digamos que lo que das por hecho es que no puede actuar y que permanece impertérrito. Que para el caso...

Dios, ya te lo dije, respeta la libertad humana. Pero a la vez pone límite a la maldad (ver Job 1: 12; 2: 6; Apocalipsis 7: 1).

La condición humana, capaz de las mayores grandezas y , en muchas más ocasiones de las bajezas y villanías más miserables, ha desarrollado ya tal fuerza interior que es indiferente la existencia o no de un Dios exterior.

Cada uno quizá llevamos dentro nuestro propio Dios, que nos impulsa al bien, en coexistencia con el propio Diablo, que alimenta sin cesar nuestra parte más negativa y malvada.

Dos entidades que continuamente luchan por predominar y prevalecer; pero siempre en el interior del alma o la conciencia de cada uno.

En el terreno moral tus afirmaciones no se sostienen. La condición humana, simplemente, no es “capaz de las mayores grandezas” (sí de las “bajezas y villanías más miserables”, que continuamente emanamos, siquiera en pensamiento, De Juana Chaos, tú y yo).

El ser humano es impotente para el bien, y a las pruebas (de la historia, de nuestras vidas) me remito. Dentro de sí, el hombre sólo tiene fuerza para el mal. Y si no la desarrolla toda es porque:

1.-Como ya te he dicho, Dios pone límite a nuestra maldad.
2.-Nos tenemos miedo unos a otros.
3.-A menudo nos interesa refrenarnos.

La bondad humana no existe. Funcionamos sobre la base del interés y el miedo. Los benéficos destellos que a veces emitimos no son más que reflejos del Espíritu Santo que “llueve sobre justos e injustos” (Mateo 5: 45). No podemos hacer el bien porque nuestra naturaleza es depravada (la de De Juana, la tuya y la mía). “El árbol malo no puede dar buenos frutos” (Mateo 7: 17-18).

“La carne....no se sujeta a la Ley de Dios ni tampoco puede” (Romanos 8: 7).

¿Demasiada cita bíblica? No, porque no es para adoctrinar. Son “pies de foto” a la historia de la humanidad, que todos conocemos.

Yo llamo valentía a la prevalencia del Dios que nos empuja a la virtud, a la grandeza de ánimo y a la generosidad para con el prójimo.

No es valentía; sino coraje del mal lo que hace que nos rindamos ante el empuje de nuestro diablo interior.

También los malvados tienen fuerza, coraje y bravura; mucho más en ocasiones; pero no lo confundamos con la límpida y bienintencionada valentía.

“...prevalencia... que nos empuja a la virtud...”

“...los malvados tienen fuerza, coraje...”

Sigues encerrado en el esquema “nosotros-ellos”. Naturalmente, “nosotros, los buenos” y “ellos, los malos” (creo que has visto demasiadas películas de Hollywood :-)

No discuto más sobre las formas de ver la realidad de lo que está pasando ahora entre víctimas, gobierno y terroristas. Lo hemos dejado claro. No sé por qué te molesta que se persiguiera tanto antes a los terroristas y se pretenda ensalzar ahora a las víctimas.

No he dicho que me moleste lo primero. Sí afirmo que me molesta lo segundo. Las víctimas no merecen ensalzamiento alguno (¿quién lo merece, en realidad, salvo la única Víctima Real?). Merecen que se castigue a los culpables, y el estado lleva décadas haciéndolo. Merecen que se las atienda psicológicamente, y se hace. Merecen, pero sin abusar, que se las indemnice, y el estado, incluido el que viene gestionando este gobierno, lo hace generosamente.

Lo que es intolerable es que las víctimas dicten las políticas del estado, incluida la política antiterrorista.

¿Acaso la víctima de un atraco debe decidir qué pena ha de imponérsele al atracador? ¡No!, eso es cosa del poder legislativo y de los jueces. De otro modo, lo que prima es la venganza, no la justicia (el ser humano tiende, ya lo hemos visto, al superficial y subjetivísimo “nosotros-ellos”).

Pero, en el ámbito terrorista, parece que en España nos estamos acostumbrando a que sean las víctimas las que decidan la pena de los terroristas. Me niego a aceptarlo.

Tienen todo el derecho a pedir al gobierno dignidad y justicia y, si éste no se lo da, pretender que caiga en las próximas elecciones.

No deberían meterse a más historias políticas, para eso está la oposición, ni utilizar ningún resorte moral o victimista para cualquier otra pretensión. Si así lo hicieran ellos solos se deslegitimarían, luego no creo que entren a más.

Lo hacen todos los días, y creo que lo sabes.

Antes me entendiste y me expliqué mal, quise decir que era lícito que pensaras que utilizaban el victimismo; que no te descalificaba por ello, por más que no lo comparta, y que era objetivo pensar que quisieran que cayera este gobierno.

No te cansas de vituperar a personajes que para ti, y para la progresía actual, son auténticos tótem para la fijación: Aznar, Bush, Alcaraz... Estás en tu derecho; pero no creo que encuentres mucho predicamento fuera de las esferas de los radicalmente sectarios.

Aaaabi, que eso no es argumentar.

Claro que no me canso de denunciar a esos dos criminales. Por una sencilla razón: no han pagado por sus crímenes. Exijo justicia.

Peor, infinitamente peor, es lo que hacen otros: no parar de denostar a personas como De Juana Chaos, aunque éstas sí hayan pagado por sus culpas (al menos en parte).

Son “valientes” para ensañarse con el que ya está siendo castigado.

En cuanto al gran vengador tremendista y los suyos, denuncio su grosera doble moral y su clamoroso victimismo mientras los sigan practicando. [Por cierto, como ejemplo de su tremendismo fascista incluyo, según puedes ver, una proclama y un pasquín que han colocado en su web en el contexto de su campaña contra De Juana... digo, contra el gobierno. Dicen calumniosamente, y entre cuatro signos de admiración, que el terrorista “sale a la calle”; he ahí el tremendismo. Además, declaran que sólo los ayuntamientos que se pronuncien contra la “excarcelación” (sic) estarán más cerca de las víctimas que de los terroristas; he ahí el fascismo (que se erige en juez blandiendo el “o con nosotros o contra nosotros”).]

Aznar, por ejemplo, tomó una decisión de apoyar la política de guerra en Irak, quizá pensando en otras compensaciones. No estuvo acertado; pero tampoco hubiera impedido la guerra de haberse negado a apoyarla. No hay que darle más vueltas a eso.

Se apoyó, mal hecho; pero no fue un apoyo decisivo ni concluyente, fue más bien simbólico y testimonial, al igual que el de otras docenas de países que lo apoyaron.

Déjate de símbolos y de hipótesis condicionales (“...de haberse negado a...”): el hecho es que el criminal del bigote PROMOVIÓ, DECLARÓ Y ENTRÓ en esa guerra.

Como fiel embajador de Pus, visitó países para que apoyasen la carnicería prevista.

Mandó a Ana la Sanguinaria a dar la nota en la ONU para elevar el tono belicista.

MINTIÓ al pueblo español y al mundo, PRESIONÓ a gobiernos débiles... siempre obediente a los dictados de su amo (tú a eso lo llamas, en tu web, conseguir “liderazgo en el mundo”).

Todo eso no es “no estar acertado”, es ser un genocida y un bellaco. Por su propio bien, debe pagar por ello, si es que todavía hay justicia en el mundo.

Esto hay que tener el valor de decirlo, Abi.

Me interesa mucho más lo que se pretende hacer en este país.

A mí no me interesa ni más ni menos. Tan persona es un iraquí o un iraní, como un español. Sólo desde posturas racistas podemos cuestionarlo.

Un cambio de régimen basado en los apoyos de quien tiene como finalidad la destrucción de la idea de España. Que un presidente del gobierno de España encierre, en su misma ambición de poder, la idea de acabar con ella, es algo insoportable para un valiente español.

Un valiente (español, chino o malgache) lo primero que ha de hacer es enfrentar la realidad tal cual es, sin mixtificarla para que encaje en sus esquemas mentales.

Un valiente no se inventa cosas que jamás podrá demostrar, como esa “finalidad” de destruir “la idea de España” que atribuyes al presidente.

Y si además de valiente es patriota genuino:

1.-Se niega a que su país sea un lacayo del imperialismo.
2.-Se niega a que la unidad de su patria sea una uniformidad impuesta.

Porque la patria no es un nombre, ni un territorio, ni siquiera una historia. La patria son las personas vivas que la pueblan, y su dignidad.

Quizá para un bravo antiespañol sea motivo de alborozo; pero ése ya no le llamo yo valiente.

No me lo jures, amigo (tú llamas “valiente” al nacionalista españolista, de eso ya me había dado cuenta :-)

Ya sé que no ceso en mi arrogancia valiente; pero no puedo evitarlo, porque quiero que empape cada uno de mis poros.

Eso de “arrogancia valiente” es oxímoron irresoluble. El radicalmente valiente, por definición, sólo puede ser humilde (recuerda la máxima napoleónica: “la batalla más importante es contra uno mismo”; ¡lástima que el corso no fuera fiel a ella!).

No te preocupes, como para ti la valentía no tiene recorrido más que como una puntual actitud, es algo totalmente inofensivo.

Hombre, no me preocuparía si tú compartieras mi criterio.

Paz y bien, hermano.JF


20/03/07

El que nuestra naturaleza sea débil y nuestra voluntad quebradiza, no quita para que no pueda uno llegar a ser bondadoso y virtuoso.

No siempre, como nadie puede ser siempre valiente hacia el bien; pero podemos considerar que una sola acción buena (no interesada y costosa) que incida en beneficio de los demás, es todo un triunfo sobre la maldad, que debe valorarse.

Quizá tú les llames pequeños triunfos dentro de la vorágine de una derrota general; pero no por eso hay que desanimarse. Sigo creyendo que en el hombre coexiste una parte bondadosa, e incluso angelical, que pugna por salir a la luz y sale.

Leyendo eso, tan humanista, me tienta ponerme metafísico: ¿Y qué es el bien, qué la bondad? En tu planteamiento humanista, serían los que el hombre decida... pero, ¿qué hombre?, pues resulta evidente que no hay común acuerdo al respecto, y de ahí arrancan gran parte de las luchas ideológicas, políticas, sociales...

Sólo un criterio objetivo puede ayudarnos, de ahí que nuestro Creador nos diese la Palabra revelada. A la luz de ella vemos nuestras deficiencias, y a poco humildes que seamos (que la propia Palabra, Espíritu mediante, nos haga), se hace patente nuestra impotencia. Ya te lo dije: “La carne....no se sujeta a la Ley de Dios ni tampoco puede” (Romanos 8: 7).

No olvidemos, amigo Abi, que no se trata de lograr ejecutar aislados actos de bondad (aparente) sino de la redención. Se trata de saber cuál es el camino hacia ella: redención humana general, redención de De Juana, redención de Abi, redención de Cordura. Para semejante empresa el esfuerzo humano siempre será insuficiente; sólo en Cristo podemos ser salvos, a través de la fe (Juan 3: 16). Y sólo esa aceptación nos regenera (Juan 3: 3-15).

La vía alternativa lleva inexorablemente a la frustración o al autoengaño. Ahí tienes la historia de la humanidad, especie irredenta donde las haya. Lo mismo ocurre en el plano individual. Pregúntaselo a Lutero, alma sincera, radical y valiente. Llegó a ser el más intachable monje de su convento, ejemplo para todos. Pero no encontraba la paz. Por más que luchaba, y se mortificaba, y se perfeccionaba, no hacía sino constatar su impotencia y su pecaminosidad. “Me hallaba aprisionado por cuatro paredes: pecado-infierno-pecado-infierno.”

He ahí la experiencia de cualquier persona fiel a su conciencia: inexorablemente, una experiencia de fracaso mientras luche con sus propias fuerzas. Porque, frente a la voz de conciencia que me grita: “¡Debes!”, mi pobre naturaleza siempre responderá: “¡No puedo!” La clave está en hacer nuestro ese “No puedo” sin abjurar del “Debes”. Pero este dilema sólo se resuelve apelando a un poder superior.

Como hizo Lutero, que al fin encontró esas palabras “mágicas” de Hebreos 10: 38 (“El justo por la fe vivirá”) y sólo entonces empezó a descansar, gozando de la salvación. Nos dice su biógrafo Atkinson que «se sabía a sí mismo recogido de la cuneta de la vida y llevado a su posada por Cristo, su Buen Samaritano, sin cuya intervención habría perecido».

Tú crees que, cuando se da, es forzada por las circunstancias: miedo, interés, lógica inteligente, "freno divino", yo creo que puede ser un acto reflejo sin otra motivación que la inclinación por el bien en sí mismo.

Decía Kant (devoto lector del NT) que en el hombre “lo único bueno sin restricción” es la “buena voluntad” (cf. Lucas 2: 14). Una buena voluntad, agrego yo, que no viene de la propia naturaleza humana, sino de escuchar al caballo de Troya infiltrado en ésta (o sea, a la voz de la conciencia).

Pero, dejadas solas, la voz de la conciencia siempre queda enterrada bajo el clamor de los instintos y las pasiones naturales. Esta experiencia caracteriza incluso la vida del cristiano genuino: “Así, dejado a mí mismo, con la mente sirvo a la Ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado” (Romanos 7: 25). El ser humano sin Cristo es igual de impotente sea pagano o sea cristiano. De ahí la falacia del “humanismo cristiano” (otro oxímoron).

A priori no debes compararnos con De Juana, esencia del mal, porque; a pesar de estar dotados con las mismas neuronas y ser químicamente iguales, nos diferencia el alma, la conciencia, lo intangible y la profunda repugnancia, en mi caso al menos, hacia el daño gratuito a los demás.

De Juana disfruta con el dolor ajeno porque, en su ensoñación, cree que eso le servirá para liberarle de no sé qué pesadas cargas que se ha autoimpuesto.

Yo no hago eso. Según tú lo haría, espoleado por las circunstancias, porque la semilla del mal la tenemos plantada todos y la naturaleza humana es un campo fértil para dicha maldad.

La diferencia entre De Juana, por un lado, y tú y yo por otro (ya ves qué halago te concedo, por cierto :-) es que él, por su propia peripecia vital (elecciones personales incluidas), ha exteriorizado más que tú y yo la maldad que a los tres nos define por igual. Como en su día Saulo de Tarso, gran perseguidor y asesino de cristianos (cosa que, por cierto, no impediría su conversión posterior y su vocación apostólica).

De Juana ha llegado a convencerse de que su patria (la vasca) exige determinados esfuerzos y “sacrificios”. Lo mismo que le pasa a Abi con la suya (española).

Tanto para De Juana como para Abi el fin justifica los medios. Pues me da la impresión de que ambos están dispuestos a que con tal de que su patria se consolide, prospere y prevalezca, bueno es que los ciudadanos de otras patrias (los maketos, los inmigrantes...) puedan quedar por debajo (aunque sea bajo tierra, o bajo el mar...). Incluso los ciudadanos de vuestras propias patrias (no nacionalistas vasquistas, no nacionalistas españolistas...) que discrepen de vosotros en las materias “sensibles”.

Quizá la diferencia básica, al menos hasta ahora, entre De Juana y Abi es que el primero ha demostrado ser más coherente en la praxis con esa idea que, en el fondo, es común a ambos.

Pero no te vayas a pensar que Cordura es mejor. “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7: 15). Como Abi y como De Juana, Cordura nada bueno puede hacer (doy fe) separado de Cristo (ver Juan 15: 5).


Por supuesto que las víctimas no deben dictar las estrategias a llevar ante los agresores, ni juzgarlos siquiera. Estaríamos en un estado vengativo donde nadie podría arrancarnos el dolor por la pérdida de la persona querida, si no es con la muerte del agresor. Debe ser la comunidad, el Estado, quien, evitando el ojo por ojo, haga justicia con la debida reparación.

Sensatísimas palabras son éstas, mi querido consanguíneo. A fuego deberían marcarse en las sienes de los dirigentes de la Asociación de Vengadores Tremendistas.

Cuando uno ve que no ha sido suficiente el castigo que se le ha impuesto al agresor, cuando se ha hecho encaje de bolillos para favorecerle y burlar su condena, (a 3000 años, en este caso), haya sido quien haya sido el gobernante, es cuando uno desconfía de la naturaleza de ese Estado y se le exige que rectifique y aplique el peso de la ley. No se le dicta la política a seguir, sencillamente se le pide que no utilice la ley, que no la reinterprete para hacer enjuagues políticos de dudosa moralidad.

Todo eso es cierto, amigo. Pero es cierto en abstracto.

Cuando eso se afirma desde quienes hicieron lo mismo multiplicado por cien, entonces se convierte en doble moral (al menos tú incluyes la cláusula “haya sido quien haya sido el gobernante”; lo que pasa es que aún te falta valor para ser consecuente con ella).

Y cuando se ignora que quienes exigen que se cumpla al pie de la letra esa abstracción legal no son menos culpables que los terroristas “oficiales” (unos, los psoeces, porque tienen las manos manchadas de sangre “made in GAL”; otros, porque las tienen embadurnadas de sangre iraquí), entonces se hace imprescindible recordar otra sentencia del Maestro: “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Juan 8: 7). Y más cuando por medio de estas componendas se puede aproximar la paz.

Pues, en un sentido ético profundo, si en 1977 se admitió conceder amnistía total, ¿por qué hoy no se puede dar una amnistía que, a fin de cuentas, sería muchísimo menos abarcante?

La cuestión de fondo es, tanto entonces como ahora, la de la legitimidad de los jueces. Y en casos tan enconados como éstos, sólo habría un Juez (no hará falta que te diga cuál) capaz de aplicar justicia “abstracta” sin que nadie en su sano juicio pudiera reprochárselo.

Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza. Yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:19).

Exacto. Aquí también se encierra, en el fondo, lo que acabo de decir.

No hay manera de coincidir: Para mí, precisamente has dado en el clavo al revés, la Patria sí es un nombre, sí es un territorio y sí es una historia, con la que los ciudadanos que viven en ella se puedan sentir identificados y orgullosos.

Lo que yo te decía es que si la patria no es, ante todo, la gente que vive en ella, entonces se convierte en una farsa (o en una putria, si me permites el juego de palabras; pues implica prostituir lo único sagrado, que es la dignidad humana).

La Derechosa, como los tradicionalistas de siempre, acusa a la izquierda y a los nacionalistas periféricos de “romper la patria”, porque, dice, están dispuestos a fragmentar político-territorialmente España. Pero como se da el caso de que su acusación la realiza con odio y ensañamiento, la Derechosa contribuye así decisivamente a enfrentar a unos compatriotas contra otros de manera irreconciliable (sin negar que en ciertas zonas, como Euskadi y Cataluña, los nacionalistas periféricos hacen una obra similar).

Así es como el nacionalismo españolista rompe mucho más la patria de lo que lo hacen sus odiados enemigos. Especial responsabilidad tiene hoy en todo esto la pseudocristiana y diabólica Kope Borroka.

Pero todo esto requiere valor para admitirlo (y para decirlo donde haga falta).

No va contra la dignidad de nadie, al contrario, la fortalece. Para un polaco es un orgullo ser de su patria, como para un chino, un argentino o un americano. Es algo bonito y sentimental a lo que se apela sólo en ocasiones para reforzar ese sentimiento que nos protege. Por eso nadie quiere ser apátrida. Es necesario tener ese deseo de pertenencia a algo común más allá de tu propio pueblo o ciudad. Cuando la patria se desdibuja, la desorientación provocará el caos.

No puedo negar que hay aspectos positivos en un genuino patriotismo.

El problema es que todos sabemos a dónde lleva el énfasis en la patria, cuya identidad al final siempre se acaba afirmando a costa de las demás patrias (de compararse con ellas, de distanciarse de ellas, de separarse de ellas, incluso, cuando se es fuerte, de subyugarlas).

Un énfasis nocivo en el plano externo, pero también en el plano interno. Ya te lo he dicho: al final, los “patriotas” usan la patria para dar con ella en la cabeza a sus compatriotas que osan tener un concepto distinto de patria. Por eso fascismo no es sino nacionalismo + tiempo.

Por eso España se rebelará ante las intenciones de fraccionarla en pequeñas comunidades. Todo intento será baldío porque un río de 500 años de cauce no se varía por unos peleles que pasen una temporada en el mando.
Sólo la unión traerá el liderazgo y el progreso. Unión no significa uncimiento al yugo; sino todos a una cada uno con sus posibilidades. Sólo la unión garantizará la solidaridad y el reparto interterritorial. Lo demás son experimentos artificiosos y, para experimentar, es mejor hacerlo con gaseosa.

La disgregación no es una postura valiente, ni siquiera dignifica, por más que los promotores crean que consiguen mayor beneficio. Eso se llama egoísmo e insolidaridad.

Ya te dije que soy partidario de la unidad de España, siempre que no implique ni uniformidad ni imposición.

Por lo demás, en un mundo globalizado (a fuerza de explotación económica de las multinacionales, como de cañoneras imperiales) las patrias son cada vez más un residuo del pasado.

Vuelvo a recordarte, por cierto, que tan importante sería el patriotismo de cara al interior como el patriotismo de cara al exterior (es curioso cómo a la Derechosa española, lacaya del imperialismo, suele olvidársele el segundo; suerte tiene de que la mema “izquierdilla” raramente cae en la cuenta de esa actitud tan poco patriótica).

Estoy conforme con que el valiente debe ser humilde; pero eso no quita la contundencia en sus ideas, el empuje ante las adversidades, la decisión arriesgada en pos de un bien que también favorezca a los demás.

OK, camarada.

No seas tan derrotista con el ser humano. Estoy seguro de que existen ángeles en la tierra. Insuficientes para aligerar la ingente carga de maldad; pero haberlos, ¡hailos!

¡Claro que haylos! Son todos aquellos humanos que se dejan guiar por Dios para ayudar a los demás.

Te dejo con las máximas, Abi. Paz y bien. JF-Cordura

[Ver, a continuación de estas líneas, un decálogo que hice sobre esta actitud tan “patriótica”.]

Las máximas del “patriota”
© J. F. S. P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (23 de septiembre de 2003)


25/03/07

Hola, amigo Abi:

Empezaré diciendo que me agradan mucho las reflexiones que me ofreces esta vez, y sobre todo el buen tono y el estilo argumentativo en que las expones.

Prosigo entre tus párrafos:

Hola,

Vamos en algunas cosas muy paralelos, otras divergentes hasta no más; eso está quedando claro; y a fuerza de darle vueltas al pensamiento que te hace pregonar que De Juana, tú, yo, Aznar, etc… somos iguales en nuestra pequeñez y maldad, me he fijado en una cuestión filosófica de importancia capital y que abre las puertas a un inmenso caudal argumental:

Mientras tú fijas el ser del hombre en su ser, en su propia naturaleza humana y, por tanto, jamás será bueno ni justo porque ni la bondad, ni quizá la valentía (como coraje hacia el bien) ni la potestad de hacer justicia, están a su alcance; porque eso sólo está al alcance de Dios( y de la vida añado yo), yo fijo más mi posición en que el hombre es su hacer y, por tanto, con capacidad de actuar bien o mal en momentos determinados y de esa actuación derivarse unas consecuencias, positivas o negativas; para uno mismo o para los demás.
Para ti somos lo que somos y para mí somos lo que hacemos.

Abandonemos por un momento la abstracción de que no existe un bien o mal absoluto y que todo es relativo para unos u otros; porque no podríamos fijar ni un solo concepto y nos pasaríamos la vida llevando el agua del mar con una concha a un hoyo de la playa.

Es un intercambio de conceptos donde la diferenciación es abismal. Uno, el ser, nos lleva con frecuencia a la desesperación de no poder superar este valle de lágrimas. Otro, el hacer, nos trae la esperanza de que, por mal que estén las cosas, algo puede moverse desde nuestro mundo interior a nuestro mundo exterior cercano y luego lejano.

Es la mismísima diferencia que hay entre tener un destino y poder forjarse uno propio.

La materia es compleja, pero intentaré desbrozarla. Para hincarle el diente y devorarla con la máxima brevedad sentemos una base en la que no podremos, creo, sino estar de acuerdo: el ser inevitablemente se transparenta en el hacer (ya dijo Jesús que “de la abundancia del corazón habla la boca”, en Mateo 12: 34; por cierto, que justo antes dijo otra cosa no menos relevante para nuestros intereses: “¿Cómo podéis hablar [hacer] lo bueno, siendo malos?”). Lo anterior es verdad, claro está, salvo que creamos que el ser humano es puramente histórico. O sea, si negamos que tiene naturaleza (o que tiene ser; pero en este caso, ya no podemos llamarlo “ser humano”). Pero esto conduce a un sinnúmero de absurdos que ya los grandes filósofos (como el genial vasco Zubiri, pero sólo después de muchos otros) se encargaron de desmontar.

No olvides, Abi, que nuestras perspectivas eran no simplemente hacer el bien más o menos ocasionalmente, sino la redención (tanto individual como colectiva; y conste que por “redención” no me refiero sólo al plano eterno-trascendente). No niego que el ser humano pueda “hacer el bien” (otra cosa es que lo pueda hacer con una motivación pura, y de ahí las comillas). Y ya te puse ejemplos de cómo incluso los más “puros” de entre los hombres naufragan ante su impotencia moral, sintiéndose irredimibles por sí mismos. Es más, los más “puros”, en razón de eso, suelen ser los primeros en reconocer su propia maldad (a diferencia, y he aquí una de las típicas paradojas bíblicas, de los impuros fariseos: ver Lucas 18: 11).

Todo esto no niega el derecho humano, incluso el deber, de forjarse su propio destino (la responsabilidad, pasada y futura, por los propios actos es un concepto eminentemente bíblico). Lo que pasa es que ubica ese derecho y ese deber sobre el único carril realista y seguro: el de la búsqueda del Reino de Dios (ver Mateo 6: 33), búsqueda que es, por lo demás, imposible sin la guía del Espíritu (ver Juan 16: 13). Una guía que, a su vez, implica antes o después la regeneración o “nuevo nacimiento” que nos hace realmente libres para hacer (Juan 3: 5). Sólo a partir de ahí el ser y el bien hacer tienden a ser aliados en lugar de rivales (la naturaleza regenerada ya no dice solamente: “No puedo”, sino “No puedo pero quiero y deseo” complacer al “¡Debes!” emitido por la conciencia).

El hombre sólo actúa como hombre cuando su pensamiento y acción trasciende hacia los demás hombres.

No es imaginable un hombre solo porque sería semejante a un animal. No es bueno que el hombre esté sólo, nos dicen en la Biblia que exclamó el Creador y, a partir de ese momento en que ya no estuvo sólo, el hombre pasó de ser un "ser", en esencia puro y bondadoso, a ser un "ser" con capacidad de actuar de forma no tan pura ni bondadosa.

No fue exactamente así, o al menos según lo que das a entender. La clave de la Caída no es que pasara de estar solo (sin más humanos cerca) a estar acompañado (por otro ser humano), sino que se separó de su Creador para atender la invitación satánica.

Es cierto, por lo demás, cuanto dices sobre que el hombre sólo es plenamente hombre si se proyecta hacia los demás hombres (de ahí que Adán se sintiera tan solo sin un par a su lado, a pesar de la compañía divina).

Por eso para ti el único hombre que podría llamarse hombre bueno sería el primer ejemplar de la especie; mientras que yo aún confío en la generosidad y grandeza de algunos seres humanos actuales.

Como tu anterior premisa era errónea, esta conclusión (este “Por eso...”) no puede dejar de serlo también.

En todo caso, el problema, como ya podrás comprender, es que prescindes de la Caída (cosa que, si partes del relato bíblico al menos como supuesto, no puedes permitirte hacer).

La humanidad es genéticamente malvada por la Caída. Ni siquiera de Adán se puede decir que fuera bueno, pues no lo fue hasta el fin.

Sólo Uno lo fue de principio a fin; por eso él mismo dice que “sólo Uno es bueno” (ver Mateo 19: 17). Pues, como “segundo Adán”, triunfó donde el primero había fallado (ver Romanos 5: 12-21).

Concibiendo al hombre en esencia como un ser; pero identificando su naturaleza con su hacer, comprendemos de un mejor modo las actuaciones de cada uno.

¿Qué quiere decir eso? Me temo que aquí hay una seria debilidad en tu exposición (y en tu tesis de fondo), pues no veo cómo puedes poner a un lado la esencia y el ser, y al otro la naturaleza humana (salvo que por “naturaleza” entiendas historicidad pura, en cuyo caso caerás en los absurdos a que antes aludía, aparte de usar los términos en un sentido quizá poco riguroso).

Si todos y cada uno somos, sin lugar a dudas, un amasijo interior de maldades, odios, envidias, vanidades, soberbias, lujurias y demás pecados capitales, el freno que cada uno somos capaces de poner a tan bravos jinetes, para que no se desboquen hacia fuera, cobra vital importancia.

Ese freno se llama conciencia, inteligencia y fuerza de voluntad. Si el escaso espacio interior que nos queda para almacenar bondad, virtud, generosidad y grandeza se hace valer, a través de la valentía, para salir al exterior; entonces ya estaremos ante un ángel en la tierra.

Ya te lo he dicho y reiterado en correos previos, amigo: el problema está en la radical impotencia natural del ser humano para esa valentía moral.

Incluso los fuertes de voluntad (o los típicos “fuertes” humanamente hablando) son radicalmente impotentes para el bien.

Tus tesis, de un humanismo extremo (muy similares al de la Nueva Era, por lo demás), son puro voluntarismo mientras persista esa impotencia que define a nuestra especie desde la Caída.

Por eso, desde tú punto de vista, no existe más diferencia entre el psicópata De Juana y yo o tú, que la simple exteriorización de una maldad intrínseca que nos define y nos somete. Yo, precisamente, le doy la importancia vital a esa exteriorización de la maldad para diferenciar al bueno frente al malvado.

De Juana es “peor” que tú y que yo en el plano social, legal... i.e., meramente humano. Es externa y superficialmente peor que tú y que yo. Pero en un plano metafísico, absoluto, real (y divino), es exactamente igual de malo. La diferencia es que sus circunstancias han sido diferentes de las nuestras.

Por eso a mí no me cuesta amar a De Juana, ni empatizar con él y verle como a un hermano y consanguíneo (cosa esta que escandalizaba mucho a mis queridos fariseos de D21, ninguno de los cuales era, tampoco, mejor que De Juana).

Y no creas que pierdo el hilo, Abi... Ya te he dicho que el corazón rebosa. El corazón de Abi... por ejemplo, cuando desprecia al extranjero en beneficio del español. Eso no es más que el primer eslabón de la cadena para que luego, antes o después, llegue el “terrorista” y maltrate físicamente al extranjero. Pero entonces Abi también será responsable de ese maltrato. Por eso, la clave no está tanto en la (plena) exteriorización de la maldad, que de todos modos antes o después acaba llegando, como en la maldad misma.

¿Qué somos pues sin la valentía, el coraje, la fuerza de voluntad y la inteligencia que doblegue y reprima a nuestra bestia interior? Pues eso, unas bestias.

Nuestra “bestia interior”, por naturaleza, domina todo nuestro ser. Eso significa que, por naturaleza, nuestra “valentía”, “coraje”, “fuerza de voluntad” e “inteligencia” no son sino armas al servicio de esa bestia interior. Por eso dijo el Maestro que “el árbol malo da malos frutos [y]... no puede dar buenos frutos” (Mateo 7: 17-18).

Dicho de otro modo, nuestra “bestia interior” es nuestra motivación (antropológica) básica (la Biblia la llama “pecado” o “ley de pecado”: ver Romanos 7: 17-25). En realidad, no es algo que nosotros alberguemos en nuestro interior, sino algo que nos alberga a nosotros en el suyo. Mi ser no abarca mi motivación básica, sino que es ésta la que abarca mi ser. Soy esclavo de ella por naturaleza. Misión del Espíritu, por la fe, es liberarme de esa esclavitud.

Ahí tienes el argumento que sirve para identificar y diferenciar dos seres humanos, aparentemente hechos de los mismos materiales. Sí somos lo que somos; pero lo que importa es lo que hacemos.
¿Le importaría a un musulmán la santidad de un guerrero templario si éste, por su justa causa, le atraviesa su espada hasta morir? ¿Le importaría a cada una de las víctimas de De Juana que éste fuera un ser con toda la dignidad del mundo? ¿Quizá crees que le importe a un enfermo de cáncer que un cirujano sea malvado con su mujer mientras a él le extirpe con éxito su tumor mortal?

¿ A quién le importa el ser; sino el hacer?

Este pasaje tuyo es de una altura literaria nada desdeñable (dicho sin ironía). Pero una vez más, los “buenos actos”, aunque hagan la vida más llevadera, no sirven para redimir al individuo ni a la humanidad (lo que, como recordarás, era el problema que veníamos planteándonos). [Espero que lo de la santidad del guerrero templario lo digas en broma.]

Preguntas “¿A quién le importa el ser; sino el hacer?” Ante todo, a Dios, que no es tan superficial como tú (o como tú aparentas aquí). Y en la medida en que le importe a Dios, me importa a mí. Los seres humanos tenemos que relacionarnos y convivir unos con otros, no sólo efectuar contactos esporádicos entre nosotros. Por eso, incluso para la propia vida cotidiana, no basta con los actos visibles que ya hemos constatado en una persona con la que aún tendremos que compartir experiencias; tales actos pueden no ser suficientes y, por tanto, no ser suficientemente representativos; necesitamos conocer su carácter para saber a qué atenernos realmente con ella.

Si además nos preocupan las posibilidades de redención del planeta, con mucha mayor razón será preciso conocer la condición humana, no meramente los actos ya constatados (en cualquier caso, respecto a la humanidad en su conjunto en realidad ya ha habido suficientes actos constatados, por la historia, como para dudar de cuál es su condición).

Somos deficientes e imperfectos; pero no impotentes para hacer el bien si contamos con la suficiente fuerza de voluntad y valentía. Es fácil dejarnos arrastrar por los oscuros sentimientos y pasiones que alojamos en nuestro interior; pero estamos dotados para librar esa batalla.

Unos encontrarán sus armas en su propia conciencia, otros encontrarán sus armas en la fe. Lo importante es vencer a la maldad.
Llevamos puesto el pecado original encima; pero hay veces en que nos aligera su peso el bálsamo de una buena acción. ¿Qué adelantaba San Pablo sirviendo con la mente a la ley de Dios cuando decía servir con la carne a la ley del pecado?

Pablo, ya con eso, adelantaba mucho porque tal circunstancia le servía para reconocer la paradoja radical del ser humano (entre naturaleza caída y conciencia purificada). No hacía, no efectuaba actos externos, pero aprendía.

Y lo que aprendía es que eso no era suficiente, sino que además necesitaba entregarse a Jesús para gozar de su poder (ver Romanos 7: 24-25; Filipenses 4: 13).

El ser humano necesita: 1. Reconocer el conflicto, la guerra interior, que por naturaleza atormenta su corazón. 2. Buscar ayuda fuera de sí para pacificar su corazón.

(Quizá te vendrá bien leer el texto “La gran paradoja humana”, accesible en www.laexcepcion.com por medio del Índice General).

Nada; porque el misterio no consiste en el ser; sino en el hacer. De qué manera nos dejó demostrado que era más bien cobarde si lo que escribió fue cierto:”no hago el bien que quiero; sino el mal que no quiero”

En realidad, esa declaración refleja una valentía excepcional (y, por ello, de origen suprahumano). Implica haber dado el primer paso de los dos que acabo de mencionar (el segundo lo da en Romanos 7: 24-25).

Antes de su conversión, Pablo era un cobarde que se dedicaba, en compañía de los fuertes fariseos, a perseguir a los pacíficos cristianos (ver Hechos 7: 58 a 8: 3). Tras aceptar a Jesús, la vida de Pablo refleja actos de continua valentía, como narra el resto del libro de Hechos y se deduce de sus propias referencias epistolares.

Yo no justifico los medios, esa postura es una como una veleta que te obliga a dar continuas vueltas al capricho del viento de la oportunidad; pero sí que creo que en la idea de un bien general y común que está por encima del bien individual.

Sí creo que es necesario que un hombre se sacrifique por todo un pueblo antes que al revés. Por eso hubiera preferido la muerte de Sadam, y quienes sustentaban su régimen, antes que la guerra a toda la nación iraquí, por ejemplo, o afgana, o somalí, o Bosnia o como quiera que se llamen las distintas naciones en conflictos.

En esto último estamos de acuerdo. Pero yo hubiera preferido aún más ninguna muerte, y con mayor razón si quien la aplica es también un criminal (ver Juan 8: 7).

En cualquier caso, si continúas razonando como esta vez, entonces “no estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12: 34).


08/04/07

Hola,
Partiendo de una base común: “el ser se transparenta en el hacer” una máxima preciosa, tú derivas hacia la postura del ser humano que, si hace el bien no es siguiendo su naturaleza: motivación pura, dices; sino por motivación exógena: conveniencia, oportunidad, etc… y yo me mantengo en que al hombre por sus actos le conoceréis.

También yo. Pero teniendo en cuenta, como te dije, que hace falta un rango suficiente de los mismos.

Aún más: el requisito de los frutos (o los actos) es necesario pero no suficiente. Hemos de volver a la Biblia pues es de ella de donde sale la frase en cuestión. Si nos fijamos bien, Jesús la emplea específicamente con los perversos (para ser exactos, con los “falsos profetas”; ver Mateo 7: 15). Es decir, el criterio “Por sus frutos los conoceréis” a quien permite reconocer es a los falsos profetas, no a los verdaderos. Es un elemento “de descarte” más que otra cosa: los malos frutos eliminan automáticamente como profetas (o maestros, o fieles a Dios...; ver Mat. 24: 11, 24) a quienes dicen serlo pero los cometen; en cambio, los frutos buenos no acreditan, al menos por sí solos, a los verdaderos profetas como tales.

Esto es justamente en virtud de lo que te decía: es tal nuestra inclinación al mal que fiarse de nuestros “buenos frutos” (además, generalmente contemplados de manera aislada) puede resultar harto engañoso. Para conocernos de verdad hace falta algo más. Isaías 8: 20 provee un requisito adicional: “¡A la Ley y al Testimonio! Si no hablan conforme a esto es porque no les ha amanecido.” He aquí el fundamento objetivo por excelencia (por raro que parezca, el de la coherencia con un libro es un criterio aún más objetivo que el de los frutos, aunque por supuesto tampoco baste por sí solo).

[De hecho, hablando de profetas-videntes en sentido estricto, ser falso profeta no implica necesariamente que sus profecías no se cumplan (ver Deuteronomio 13: 1-3). Si no se cumplen, siendo incondicionales, automáticamente queda descartado como profeta auténtico. Pero si se cumplen, eso no es garantía de que lo sea.]

De acuerdo, pues, con la Biblia, para identificar a una persona fiel a Dios es preciso que ésta se caracterice por una radical coherencia entre lo que dice y lo que hace, pero no más que entre ambos aspectos y la Palabra de Dios.

Ahora bien, ni siquiera teniendo en cuenta todo eso le es fácil a un hombre juzgar a otro hombre y diagnosticar su fidelidad. Lo que sí puede es descartar como verdadero hombre de Dios a quien, declarándose tal, produce sistemáticamente frutos contrarios al espíritu de Dios (es obvio, p. ej., que Bush es un falso cristiano, al margen de lo que él crea de sí mismo; decir esto no implica condenarle, ¡Dios me libre!, sino la conveniencia de “guardarnos” de él, según nos previene Jesús en Mateo 7: 15). Pero en última instancia sólo Dios sabe quién es un verdadero hijo suyo, y quién se está condenando. Sólo él conoce por dentro el corazón humano (ver Jeremías 17: 9-10).

A ojos del Cosmos, el propio Jesús nos dice que la radical coherencia mencionada se refleja en el amor (ver Mateo 25: 31ss.), como tú muy bien concluías. Eso no quiere decir que los frutos de amor sean la causa de nuestra salvación, sino la evidencia de la misma (por serlo de nuestra conversión). No en vano el amor es algo humanamente tan difícil que no puede salir de nosotros. Para producirlo, hemos tenido que nacer de nuevo, dejando entrar a Cristo en nuestro corazón (“ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí”, leemos en Gálatas 2: 20). Así pues, nuestros frutos de amor son, a ojos del Cosmos, evidencia suficiente de que nos hemos convertido a Jesús.

¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos? Cuando Jesús dice eso es un reproche no a la naturaleza del hombre sino a la generación de víboras que para él eran los fariseos y sacerdotes del templo; es decir los buenos oficiales, (por su falsedad e hipocresía también los definió como sepulcros blanqueados).

Eso lo interpreto yo como que el hombre es el único culpable de ser malo para el hombre y podría no serlo si optara por emplear su libertad y su fuerza de voluntad en reprimir sus instintivas tendencias.

Lo interesante de Mateo 12: 34, el versículo que incluye la frase que citas, es que ahí Jesús vuelve a insistir que quien es malo sólo puede hacer el mal. Es cierto que en ese caso lo aplica a los escribas y fariseos.

Pero fíjate en este otro pasaje, incluido en el Sermón del Monte (en el que Jesús habla a una inmensa multitud que obviamente no se componía sólo de escribas y fariseos; ver Mateo 4: 25 – 5: 1): “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos...” (Mat. 7: 11). Ahí, claramente, está llamando “malos” a todos los seres humanos (cosa conforme con el Salmo 14, con Romanos 3: 10-18 y con muchos otros textos bíblicos). [Es importante comprender que no hay contradicción aquí: el hecho de dar “buenas dádivas” a los hijos no hace buenos a sus padres; y leído ese versículo con el 17 y el 18 (muy poco más abajo), no cabe sino deducir que esa bondad humana sólo puede ser aparente o extrínseca.]

También dijo: El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Veo claro que subsisten en el interior del hombre las muy manidas parte buena y parte mala y todos los indicios nos llevan a esa universal conclusión.

Si hay una conclusión que no se puede extraer de ese pasaje (Mat. 12: 35) es precisamente ésa. Pues ahí Jesús no está hablando de dos partes del interior (o “corazón”) humano, sino de dos tipos de “hombres”.

La salvedad que es imprescindible hacer, claro está, es que, en función de lo que llevamos visto, el “hombre bueno” sólo puede ser el hombre convertido (no el hombre natural; de ahí que, aunque se refiera preferentemente a los fariseos, Jesús hable de “generación de víboras” y “generación mala y adúltera” en 12: 34, 39; lo hace en alusión a lo que es habitual en el ser humano por “generación”, o sea, por nacimiento; otra cosa es la “regeneración” o nuevo nacimiento, que encontramos en Juan 3). [En consonancia con esto están también, volviendo al riquísimo capítulo 7 de Mateo, sus versículos 13 y 14, sobre la “puerta estrecha” y la “ancha”; si muchos más entran por la segunda es porque es más afín a la naturaleza humana.]

Si partes de la premisa de que el hombre está únicamente hecho de maldad, que según tú no es que yazca en él; sino que es la maldad la que posee al hombre, incapaz de redimirse por él solo, no es posible aceptar que es obra de Dios; sino del Diablo; quien le inoculó la envidia y la ambición que le hicieron a él bajar a los infiernos.

El hombre fue hecho por Dios, pero quedó radicalmente degradado por su pecado, inducido por Satanás. El hombre sólo conserva del carácter divino la voz de la conciencia (implantada como un ‘chip’ exógeno nada más pecar: ver Génesis 3: 7-10). Pero ésta en realidad, aunque ínsita en su corazón, no es propiamente parte de su naturaleza, sino un “caballo de Troya” de Dios. De ahí que nuestra inclinación típica sea desatenderla.

El hombre y sólo el hombre es el culpable de que se apodere de su acción la parte malvada. La jurisprudencia; sin embargo, otorga un atenuante y, a veces eximente, a las circunstancias externas e internas en que se produce la mala acción.

¿Cómo actuará la justicia divina cuando debamos presentar cuentas de nuestros actos en la vida que nos fue regalada? ¿Con qué criterio actuará para recoger a unos a la diestra de Dios Padre y enviar a otros a las tinieblas, si todos hemos obrado en uso de nuestra libertad y con condicionamientos e ideales que nos empujaron de forma irremisible?

El malvado dirá: Quise y deseé hacer el bien; pero la naturaleza de que me dotaste me incitó más fuertemente al mal. El bondadoso dirá: Me sacrifiqué y me esforcé en sacar y dar todo lo bueno de mí a los demás; sin esperar nada a cambio; incluso ahora.

La clave de la salvación, por cuanto venimos diciendo, no radica en la conducta humana (ver Isaías 64: 6: "Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapos de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades, como el viento nos llevaron"). No es cuestión de lo que hagan o digan el bondadoso y el malvado, sino:


1 De lo que hizo Cristo en favor de todos (2 Corintios 5: 18-19).
2 Del asentimiento o rechazo que cada uno de nosotros demos a eso que hizo en nuestro favor (ver Juan 3: 16).

¿Será justo dar a ambos el mismo tratamiento y la misma recompensa? Quizás esto nos lleve a decir que lo más justo es: El que la hace que la pague y punto. La parábola del hijo pródigo, con su final feliz, es profundamente frustrante y poco motivadora para seguir una vida de esfuerzo.

De nuevo: nuestro destino eterno nada tiene que ver con el mérito humano. No dejes de leer la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20: 1-16), que responde justo a esta cuestión.

¿Qué atenuante podemos blandir en el caso de De Juana y toda la caterva de terroristas asesinos? ¿La patria?. Me dirás que por qué no.

Si De Juana no acepta la justicia de Cristo y se arrepiente, no hay atenuante que valga. Ni para De Juana, ni para Abi, ni para mí.

De hecho, la salvación no es cuestión de atenuantes, sino de todo o nada. “El precio del pecado es muerte” (Romanos 6: 23), de modo que o se acepta que Cristo, con su muerte, pagó ese precio, o será con la nuestra que lo paguemos.

Ahora, si lo que preguntas es si habría algún atenuante para considerar el proceder de De Juana perverso, pero no mucho más perverso que el de los demás hombres, entonces hemos de admitir que puede haberlo. En la cabeza de ese pobre hombre supongo que habrán tenido un papel factores como el “patriotismo”, la sensación de “injusticias” contra su pueblo, la “legítima defensa” y similares abyecciones humanas.

O sea, como en tantos otros. [Para mí, además, otro atenuante puede ser que De Juana, a diferencia de por ejemplo Aznar o Pus, lleva décadas jugándose la vida en el intento; sería un atenuante en la medida en que denota sinceridad. Incluso un posible atenuante del proceder de De Juana, respecto al mío propio, es que quizá él se ha “mojado” más que yo en asuntos sociales y en la lucha contra (supuestas) “injusticias”.]

Lo mismo hace Bush produciendo guerra en defensa de sus intereses y sus principios, que quizá no sean tan idealistas como la pura lucha por una patria idílica. ¿Merecen ambos estar encerrados?

Sin duda. Y, puestos a comparar, el primero por muchísimo más tiempo.

¿Justificamos la crueldad en función del bien a conseguir o de quien la ejerza? No debemos, ya que nos damos de bruces en el relativismo moral que tanto desdeñamos.

Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.

No quiero eso; porque sí que hay una verdad y una mentira, por muy difícil que sea reconocerlas. Para ello es impepinable usar una vara de medir, una referencia que nos dé certeza y esa referencia puede ser el AMOR. "Ama e quod vis fas", creo que vuelvo a San Agustín. Ama y haz lo que quieras, porque ya entonces descubrió que el que ama es incapaz para el mal.

Excelente análisis. En última instancia, ya lo hemos visto, será el amor, o la ausencia de él, el criterio que Dios emplee para darnos su veredicto ante el Cosmos.

Seguramente aquí has llegado a asombrarte ya que yo mismo he argumentado a favor de tus propias tesis: Tan malo es uno como otro y nadie podrá levantarse a juzgar al prójimo. ¿Por qué distinguir el que uno mate desde las cloacas y otro envíe a la muerte a propios y extraños desde despachos enmoquetados?.

Para ti no existe diferencia alguna; para mí puedo decir que no es lo mismo atacar, mediante el uso de la violencia, el terror y la muerte, el orden establecido, cuando existen cauces democráticos para argumentar cualquier postura, que emplear la fuerza legítima democrática de un estado para defender o mantener la seguridad de sus ciudadanos; aun empleando para ello armas que provocan muerte y destrucción.

Es decir que no debe tratarse por igual la violencia gratuita que la violencia de respuesta.

Dices que para mí “no existe diferencia alguna”. Básicamente no. Pero, si acaso, la hay a favor del terrorista clandestino, pues se juega mucho más la vida que el otro. Los fanáticos son terribles, es cierto, pero aún son peores los cínicos.

Por lo demás, para mí “atacar, mediante el uso de la violencia, el terror y la muerte, el orden establecido” es siempre reprobable, se haga desde la posición de un político elegido en las urnas, o se haga desde la clandestinidad. El daño es el mismo (en realidad, suele ser mucho mayor en el primer caso), y la motivación de fondo tampoco suele ser muy distinta (el poder).

Antes o después llegamos sin remedio a abrevar en la maldad y caemos en tentación. Es nuestra naturaleza. Tú radicalizas la postura imprimiendo la inexorabilidad de esa caída; estamos condenados a caer una y otra vez sin remedio; pues de la misma manera que no podemos volar por nosotros mismos, somos radicalmente impotentes para imponernos sobre nuestra naturaleza y llegar al bien.

Pero entonces, ¿Dónde está la redención? ¿Jamás nos redimiremos si no nos volvemos seres puros y espirituales? ¿Dónde está el camino? El camino es Él, dirás y ÉL es todo AMOR. Sí, en el plano espiritual; pero en ese plano hoy día no actúan ni la muchedumbre, ni sus líderes siquiera.

A estas alturas ya debe resultar claro que la redención está fuera de nosotros. “Separados de mí nada podéis hacer”, dijo Jesús (Juan 15: 5).

La redención ni siquiera consiste en “volvernos seres puros y espirituales”. Eso es la regeneración, comienzo de la santificación cristiana. Pero nada de esto determina ni consuma la redención. Ésta sólo es posible aceptando el sacrificio de Cristo en nuestro favor, y manteniéndonos en todo momento junto a él (ver Juan 15: 7). Ni aun habiendo nacido de nuevo obtenemos o retenemos la salvación por nosotros mismos; aun entonces, nuestros actos, por sí solos, tienden a condenarnos, y sólo en Cristo hallamos regeneración y redención (ver Romanos 7: 15-25).

Realmente el hombre sería capaz de convertirse en un ser espiritual si se alzara sobre sus pasiones, sustrayéndose a la concupiscencia de los sentidos, liberándose, con sacrificio, de la esclavitud de los instintos, y luchando con su voluntad porque prevalezca en él la virtud y la generosidad frente a los bajos sentimientos de está dotado.; es decir, utilizar su pensamiento, su fuerza de voluntad, su valentía para abstraerse de la malicia y convertirse en ángel.

¿Cuántos hombres podríamos contar en la tierra que hayan llegado a ser espíritus puros, es decir, ángeles? No confundir con santos.(Por cierto, enseguida saltaste a la tramposa denominación de santo guerrero; pues para ti es totalmente antagonista lo uno de lo otro)

Yo sí creo que, al menos en teoría, es posible que existan elementos así en la tierra.
Pero, ¿Por qué no salen a la luz y sirven de guía a quien permanezca ciego?

Ése no es el camino (digan lo que digan los ‘yoguis’ y demás místicos, quienes, por lo demás, propenden a aislarse de sus congéneres).

Es duro oír que, siquiera metafísicamente, estamos obligados a amar a seres malvados porque siguen siendo de los nuestros.

Si Dios está dispuesto a perdonarlos, ¿quiénes somos nosotros para no hacerlo? ¿Acaso no nos perdona Dios también a nosotros, siendo malos?

Al hombre le cuesta admitir esto por una razón psicológica muy simple: le pesa su propia culpa e instintivamente busca quitársela de encima echándola a los demás. ¿Cómo suele hacerlo? Subrayando las culpas ajenas. Ésa es la base del simplismo bipolar, de la creación de chivos expiatorios, del odio, de la guerra, de la perpetuación de la violencia... (la bitácora D21 está llena de eso). Decimos: “A fin de cuentas yo no soy tan malo. Los malos son ellos.”

Como el otro es, supuestamente, “peor” que yo, me centro en su maldad y así olvido (transijo con) la mía. La maldad relevante es la suya, no la mía.

Es bueno tener alguien, a ser posible cerca, con quien compararme. Alguien “peor” que yo. Como el fariseo de la parábola, que tenía cerca al publicano (lo que nos enseña el Maestro es que, pese a las apariencias, el destino del “peor” será mejor que el del otro: ver Lucas 18: 14).

Eso sólo podría ser en la búsqueda de la pureza de nuestro espíritu; pero ¿quién busca hoy la pureza del espíritu? De momento nos podríamos llamar valientes si consiguiéramos dar cobijo a la espiritualidad y, a través de ese estado, llenar nuestros actos de AMOR; es decir, de suprema entrega al prójimo y generosidad sin límites.

En realidad no es (primariamente, al menos) una cuestión de búsqueda de pureza espiritual. Es simple razón de justicia y de eficacia.

De justicia, porque todos somos igual de malos (son las circunstancias las que nos hacen parecer mejores o peores).

De eficacia, porque sólo el amor puede cambiar realmente a las personas, incluidas las “peores”.

¿Es que Dios ama también a Satanás, al Mal que surgió del Bien y por eso siguen teniendo la misma naturaleza en signos contrarios?

Dios es amor (1 Juan 4: 8, 16), así que ni a Satanás puede dejar de amarlo, aunque odie el mal (que no es sinónimo de aquél).

Otra cosa es que Satanás eligió su condenación. Alguien como él ya no podría ser feliz en el Cielo.

Me temo que el hombre no está capacitado para ser todo AMOR porque su espíritu ha sido encarnado y, por tanto, sometido a sus instintos, de los que pocos pueden desprenderse.

No es que el “espíritu ha[ya] sido encarnado”. Dios creó al hombre insuflando su aliento sobre una porción de tierra, “y el hombre fue un ser viviente” (Génesis 2: 7). Para que haya vida, espíritu y carne son inseparables. La carne, contra lo que suela creerse por influencia (neo)platónica, no es ni mejor ni peor per se que el espíritu. Ambos forman un todo indisociable.

El problema es que, haciendo uso de su libertad, la mujer y el hombre desoyeron la advertencia divina y “cayeron” (ver Gén. 2: 17; 3: 1-7). Todo en el ser humano quedó entonces contaminado, “carne” y “espíritu”.

Siguiendo tu razonamiento, nos han sido dadas armas muy poderosas: coraje, valentía, fuerza de voluntad, inteligencia, que el ser humano puede usar a su albedrío para liberarse de la esclavitud de esa bestia interior que llevamos y que nos posee. Algunos consiguen que esa bestia no actúe al exterior y otros no.

A los que no lo consiguen les condenamos porque el efecto ha sido demoledor para los demás, y debe ser así. Por eso es necesario condenar a tipos como De Juana y apartarlos de la convivencia, porque son incapaces de dejar de mostrar al exterior la bestia que llevan dentro y eso lo acabamos pagando todos en forma de dolor.

En realidad, sólo Cristo garantiza la victoria frente al pecado y el delito (ver Filipenses 4: 13). Sólo en Cristo estamos seguros.

Separados de él, todos cometemos pecados y delitos (sí, delitos, pues, ¿quién no ha cometido al menos un delito [una infracción de las leyes humanas] en toda su vida?).

No más dolor; aunque para ello debamos apartar y repudiar a un espíritu que fue hecho como todos los demás.
Me viene a la mente aquél pasaje desgarrador en el que Don Juan Tenorio quería disculparse de sus muchos crímenes al verse juzgado en el más allá:
“Culpa mía no fue, delirio insano me enajenó la mente acalorada,
necesitaban víctimas mis manos que inmolar a mi fe desesperada,
y , al verlas en mitad de mi camino, presa les hice allí de mi locura.
No fui yo, ¡vive Dios!, fue su destino. Sabían mi destreza y mi ventura.
¡Oh! arrebatado el corazón me siento por vértigo infernal.
Mi alma, perdida, va cruzando el desierto de la vida, cual hoja seca que arrebata el viento.”

No tenía disculpa, en realidad; pero le fue dada una oportunidad, a través de su amada Inés:
“Yo, mi alma he dado por ti, y Dios te otorga por mí tu dudosa salvación, misterio es que en comprensión no cabe de criatura y sólo en vida más pura los justos entenderán que el amor salvó a Don Juan al pie de la sepultura.”

Es lo que hablábamos: el peso de la culpa, la obsesión por transferirla...

¿El AMOR nos salvará? Cuando el ser humano, hombre o mujer, ama y se entrega: a su entorno, a sus semejantes, a la naturaleza, al espíritu de las cosas, es más incapaz de cometer mal, por lo que ¿podemos deducir que la ausencia de AMOR verdadero nos devuelve a nuestra perversa naturaleza y esa carencia es la que nos incita a actuar causando daño?
AMOR, ........., ....Quién tiene un duro de amor?, para prestármelo, decía una canción de Pablo Abraira

Los humanos andamos siempre tras el poder. Entendemos éste como hacer lo que nos da la gana (y también, aunque nos cueste confesarlo, como dominio sobre los demás).

Somos tan necios que ignoramos el poder real, el único que puede cambiar la realidad. El que tú repetidamente has mencionado.

Cordialmente, JF.-Cordura


21/04/07

Hola,
Volvemos sobre el bien y el mal.
¡Qué difícil es ser bueno y verdadero!
Para ti es imposible, ya que no basta con hacer el bien para ser reconocido como un profeta verdadero. Debe existir una radical coherencia entre dichos y hechos y estos con la palabra de Dios, aquí tomado como el Bien Supremo

. Eso es inimaginable en un hombre desposeído de la Gracia tras su “caída” y que deambula por la vida luchando contra su propia esencia, cargada de cuantos vicios y defectos podamos imaginar.
Pero ¿Sería equilibrado un hombre puro o sería tan inestable como la nitroglicerina? De la misma manera creo que es prácticamente imposible conseguir un malvado puro. Habría que estar continuamente bombardeando electrones o protones para evitar su relajación.

Hasta el malvado esconde su parte de bondad para alguien en algún sitio. El problema es para quien guarda la bondad, (quizá para su perro), y a quien tortura con su maldad.

Ni siquiera Pus, Stalin o Hitler se han manifestado como malvados puros (si los pongo como ejemplo no es porque sean peores que tú y yo, sino por ser tres sujetos que han hecho un especial despliegue de maldad, proporcional a su poder). Ya hablamos del interés y el miedo como válvulas de contención. Aunque ambos pueden funcionar también, claro está, como estímulos para el mal.

La clave radica en el poder. Todos tenemos algún grado de poder, pero no todos tenemos mucho poder.

Ahora bien, tener mucho poder no requiere “estar en el poder”. En una familia puede haber un desequilibrio tal que suponga un completo dominio de uno(s) sobre otro(s). Al ser humano lo define su voluntad de poder, que es otra manera de llamar a la maldad cuando la naturaleza es eminentemente egocéntrica.

En razón de todo esto, el malvado estable, entendido como aquél que en cada momento hace su “santa” voluntad (de poder), es perfectamente verosímil en contextos de poder. Las tentaciones no necesitan forzar su naturaleza, y tienden a resultar más poderosas que la intrusa voz de la conciencia.

Tanto como inverosímil resulta el hombre establemente bueno. Para el “bueno”, las tentaciones son harto peligrosas porque se alían con su naturaleza caída. Por eso, podemos hablar de un desequilibrio extremo en relación con la persona que intenta seguir el camino del bien, y de ahí el énfasis que se nos hace para que nos mantengamos vigilantes (ver Mateo 24: 13, 42; 25: 13; 2 Timoteo 3: 12; 1 Pedro 5: 8). Sólo unidos a la Fuente del Poder (del poder para el Bien) nos es posible vencer las tentaciones. Lo dice el Maestro: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5).

Para entender esto es preciso asumir primero la enorme fragilidad de la condición humana. Es tan enorme que sólo renunciando al yo puede uno, paradójicamente, sentirse seguro. “Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí” (Gálatas 2: 20), señala Pablo.

Muchos creen, en ámbitos paganos y pseudocristianos, que la victoria moral es cuestión de autodominio. Pero eso es pedirle al yo (débil y frágil, pero a la vez indomable) que se domine a sí mismo. ¿Esperaríamos algo así de un león o de un escorpión? Ojo, el ejemplo es válido porque, aunque nosotros tengamos inteligencia y razón, nuestra condición de pecado es profundamente irracional, y es ella la que nos domina, la que nos posee, con un poder para nosotros irresistible; poder que además, al menos en principio, no queremos resistir; antes bien, nos gusta dejarnos llevar por él.

Por eso es absurdo confiar en el autodominio, típico de los ascetas, como camino para la victoria moral. No se trata, pues, de dominar el yo sino de renunciar a él. Sólo entonces se inaugura la vida verdadera.

Lo anterior no significa que el autodominio no tenga un papel importante en nuestras vidas. Pero no como medio, sino como fruto de nuestra salvación (ver Gálatas 5: 23).

Por ello no creo que se deba poner el listón tan alto al hombre para reconocer que puede llegar a ser bueno, a tener sentimientos puros que prevalezcan y a actuar de forma generosa para con los demás.
No creo que sólo sea capaz de hacer mal el malvado, ni que quien es malo sólo puede hacer el mal. Nadie es bueno siempre y nadie es malo para siempre. Es necesario considerar que existe algo de holgura y de interconexión, pues, siendo inflexibles, no sería posible que nadie juzgara a nadie y eso nos llevaría al colapso.

Creo que ya distinguí aquí entre el bien social y el bien moral. El primero es formal y externo. El segundo, profundo e interno. El primero, si no hay más, es útil pero precario y escasamente fiable. No nos garantiza amor genuino, no puede ofrecernos seguridad, pues no es puro en sus motivaciones (y “de la abundancia del corazón habla [antes o después] la boca”, Lucas 6: 45). El segundo, como nace de la única Fuente pura, está incontaminado y es incondicional: merece plena confianza.

Y no olvidemos cuál es nuestro objetivo aquí: saber si hay posibilidades de redención para el hombre y la humanidad, no meramente ocasiones de dar un buen testimonio.


Aquí nos podemos encontrar con casos en que se ha hecho el mal a alguien de forma involuntaria o por desconocimiento sin que eso suponga llamarte malvado. Por tanto para que un hecho se considere como mal imputable debe poseer intencionalidad, por acción u omisión, en quien lo provoca.

Los terroristas actúan de forma intencionada y consciente para hacer el mal. Es su objetivo perverso. No tienen ningún perdón. Nada ni nadie les puede disculpar. Ningún objetivo o planteamiento puede servir de excusa para asesinar alevosamente y causar terror a una sociedad pacífica y doliente.

Es que uno es el plano socio-legal y otro el plano moral y metafísico. La maldad no implica intencionalidad, basta con que haya una motivación perversa. Pero estoy de acuerdo contigo en que la maldad imputable sí que requiere esa intencionalidad. O, cuando menos, que ésta supone una agravante (para imputar, al menos en un sentido moral, basta la consciencia, capaz de optar o no por el arrepentimiento). [Lo que pasa es que los humanos sólo podemos valorar esa intencionalidad por signos externos, lo cual a menudo es muy problemático. Sólo Dios puede imputarnos maldad en un sentido absoluto.]

En el caso de los terroristas, del tipo que sean (llámense Aznar o De Juana), la intencionalidad supone una agravante; pero no olvidemos que, en un sentido sociomoral, sus fines pueden constituir una atenuante. Y enfatizo lo de “pueden” porque eso dependerá de si realmente consideran puros esos fines (los cuales, a su vez, suelen estar manchados por sus intenciones). En todo caso, por regla general nunca pasarán de constituir eso, una atenuante, pues de lo que sí son conscientes es de la perversidad de los medios empleados. [La cosa se complica más si recordamos esa verdad enunciada por el Mahatma: “Los fines están inevitablemente conformados por los medios.”]

La naturaleza ¿es buena o mala? Un hombre ignorante ¿puede decirse que actúa bien o mal? Siguiendo el principio de que una vez que hemos hecho mal y obtenido frutos hemos perdido toda fiabilidad, no nos queda ya margen de acción.

El hecho de la maldad o la bondad no tiene nada que ver con el conocimiento acerca de ellas, o incluso con el conocimiento en general. Al menos, si aceptamos que hay un criterio trascendente para definir el bien y el mal. [Pero, ojo, de no aceptarlo, caemos inexorablemente en la máxima de Dostoyevski: “Si Dios no existe, todo está permitido.”]

Pero bien es cierto que también existe el arrepentimiento, el propósito de la enmienda, el perdón, el cumplimiento de la pena y castigo impuesto, que nos redimen ante los demás y quizá lleguen a blanquearnos si no caemos nuevamente, cuestión harto difícil.

Tal blanqueamiento sólo será real (o sea, algo más serio que el de los “sepulcros blanqueados”) si todo eso se interioriza en nosotros. En particular, el arrepentimiento, un don de Dios (ver Juan 16: 7-8; Romanos 2: 4).

De lo contrario, no será muy diferente del que “blanquea” dinero obtenido suciamente; el blanqueamiento genuino es incompatible con la impunidad. La buena noticia es que Jesús cumplió la pena (de cruz) por nosotros. Gracias a ello podemos llevar vestidos blancos (ver Apocalipsis 3: 18; cf. Zacarías 3: 4), símbolo de la perfecta justicia de Cristo.

Un gobernante que toma decisiones provoca efectos nocivos en unos y beneficiosos para otros. ¿Cómo mediríamos la oportunidad, la bondad o la maldad de tal decisión? El asunto parece claro, si los efectos positivos son superiores, la decisión debe prevalecer. ¿Es acertada la decisión de entrar en guerra contra el terrorismo sabiendo que habrá efectos no deseados; pero en la confianza de que ganaremos en vidas futuras y en tranquilidad de la población?

Estamos frente a un problema y no podemos perdernos en elucubraciones filosóficas. Debemos atajar el problema siempre con la mira puesta en alcanzar un bien superior al mal que podamos causar.
Desde el mismo momento en que debemos actuar ya cualquier decisión que tomemos estará teñida de efectos no deseados. Hay que romper huevos para hacer tortillas, como también se dijo que es preferible que muera un hombre por todo un pueblo.

Ésa es la manera de pensar de los terroristas (Kant la llamaba el imperativo hipotético, frente al categórico, que es el que él defendía), basada en algo tan simple como que el fin justifica los medios.

Además implica un endiosamiento, consistente en pretender conocer de antemano los efectos. Aún más, en pretender conocer el futuro. Es esta presunción la que permite, supuestamente, cambiar un “mal mayor” hipotético por un “mal menor” seguro. Y, de paso, justificar éste a través de aquél.

Pero cuando se usa la violencia, a lo sumo se pueden conocer los primeros efectos, y ni siquiera éstos de modo exacto. Dada la naturaleza humana y el principio acción-reacción, se desatarán además unos efectos imprevisibles, pero previsiblemente nefastos. Es lo que estamos viendo, por ejemplo, en Irak. (Pero, ¿acaso hacía falta lo de Irak para saberlo? Por supuesto que no, y justo eso ilustra hasta qué punto ha sido perversa la acción imperialista).

El terrorismo es un hecho sobre el que la población está sumamente preocupada y cualquier postura que tome un gobierno, negociación o enfrentamiento, va a ocasionar dolor y frustración.

La labor de un buen gobierno es sopesar aquella forma de actuar que genere menos dolor y menos rechazo y, por lo que hemos visto estos últimos tiempos, mantener una postura de negociación está generando odio, dolor, frustración, ira, rechazo y nulos frutos positivos.

Eso que mencionas (“odio, dolor, frustración...”) aparentemente hoy se está produciendo infinitamente más que en la tregua de 1998-99. Ahora bien, el gobierno actual no está “negociando” más de lo que lo hizo en su día Aznar; no está otorgando más concesiones a la banda, ni mucho menos. La razón, por tanto, no habrá que buscarla en la “negociación”.

Para mí es obvio que esos efectos tienen básicamente otra causa: la campaña de crispación de la Derechosa (en la cual sin duda participas) para desalojar a este gobierno del poder.

De nuevo, no es sino la voluntad de poder lo que anida dentro de esa extrema maldad (capaz, p. ej., de convertir a Irene Villa en rencorosa, cuando ella siempre se caracterizó por perdonar).

Todo este proceso se ve contaminado por las sospechas de estrategias electoralistas. No se pretende acabar con el terrorismo; ya que una forma negociada y dialogada sólo da frutos mientras se cumplan las peticiones de la otra parte; sino apoyarnos en una falsa calma para conseguir pactos de poder.

Es indudable que los dos partidos que protagonizan la crispación (el principal agente de ésta y el otro) dan cada paso con la vista puesta en réditos electorales. No lo es menos que el gobierno está jugándose mucho, incluso electoralmente, con las medidas (algunas de ellas, claramente impopulares) que ha venido tomando. En cambio, el Partido Pepino se limita a hacer populismo electorero barato, basado en estimular los más rastreros instintos de la gente (incluido ese odio del que hablabas), y sólo saldrá perjudicado en la medida en que la población perciba que crispa “demasiado”.

Por lo demás, yo creo que el gobierno sí pretende acabar con el terrorismo (entre otras cosas, porque le conviene electoralmente que así sea). Y de momento ya ha logrado que estos tres años sean, con mucho, los que menos víctimas terroristas han conocido (las estadísticas son rotundas acerca de ello, al margen de que una sola vida humana tiene valor infinito).

En cambio, no creo que al Partido Pepino le guste la idea de que ETA pudiera desaparecer bajo el mandato de Zapatero. Por duro que suene decirlo, no tengo la menor duda de que al PP y la AVT les interesa mucho más que caiga Zapatero que el fin de ETA. No creo que haga falta ser especialmente perspicaz para captar esto.

Entretanto, lo cierto es que España no se ha roto y que el pueblo vasco, incluido el nacionalista, no tiene ninguna gana de que ETA mate.

Pero, volviendo al hombre, su esencia y sus actos
¿Qué margen de error se le puede consentir para determinar si es bueno o malo? Dada nuestra predisposición por la mancha de origen que llevamos, sería un triunfo conseguir pasar el día sin que hayamos ofendido a nadie.
Yo, en el caso de los valientes, ya llamaría valiente al que se muestra como tal en un 20 % de las ocasiones.
Pero ¿Basta con no ofender para ser un hombre bueno, un hombre de paz o es necesario la proacción en la buena dirección?
Ya que es imposible conseguir un ser puro podemos dar por bueno a un hombre que actúa y proyecta al exterior su paz y su amor de vez en cuando.

¡Qué bajo pones el listón, amigo Abi! Pudiendo alcanzar la excelencia, ¿te conformas con la mediocridad? ¿Te parece propio de valientes?

“Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5: 48).

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).

Cuando la perfección está a nuestro alcance, conformarse con una micra menos es signo de cobardía y mediocridad.

Alguien dijo que la mayor necesidad del mundo es la de personas que no se vendan, y cuya conciencia sea tan fiel al deber como la brújula al polo; que se mantengan de parte de la verdad y la justicia aunque se desplomen los cielos. Sin una sola excepción.

Es imposible pensar en un mundo en el que la mayoría elija la puerta estrecha, porque el esfuerzo y el sacrificio es detestado por la naturaleza humana y, como bien dices, la inclinación típica es desatender hasta la voz de la conciencia, ese clavo ardiente al que se agarra nuestra parte buena para evitar o paliar nuestra destrucción interior.

Qué tendencia tan poderosa es la maldad que, por más que machaque y machaque el martillo de la conciencia, muchas veces, caminamos abiertamente y con entusiasmo hacia nuestra perdición.

No nos conformamos con lo que somos ni con lo que tenemos, el ser humano es un cúmulo de insatisfacciones, frustraciones y ansiedades que le lleva a escoger caminos equivocados la mayor parte de las veces.

Ansiamos lo que no tenemos y comemos, muchas veces de forma insensata, del fruto prohibido, ahogando cualquier voz interior o exterior y sin sopesar las consecuencias. Luego llega el daño, el sufrimiento propio y el dolor a otros; pero el escarmiento jamás es asimilado en otros y pocas veces en nosotros mismos, que vez tras vez, tropezamos en la misma piedra.

No hay excusa:

“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por nuestro Señor Jesucristo!” (Romanos 7: 24-25).

Dicen que la vida va poniendo a cada uno en su sitio. Según las escrituras eso se producirá tras la muerte, donde unos serán llevados a la diestra de Dios Padre y otros caerán en el infierno que produjeron en la tierra.

Las Escrituras ponen multitud de ejemplos de personas que pagan sus pecados en vida (Eva, Adán, el Faraón, Saúl, David, Herodes, Judas... y un larguísimo etcétera). De hecho, la responsabilidad por los propios actos es un principio siempre latente, cuando no patente, en su mensaje (ver Gálatas 6: 7).

Es cierto, con todo, que junto a la “ley natural” hay (habrá) una Ley sobrenatural, y que sobre esta base seremos juzgados (Santiago 2: 12). Por un lado, la propia vida tiene sus reglas, que en buena medida se aplican a través del azar de la convivencia y de las circunstancias. Por otro lado, Dios tiene su Ley, en virtud de lo cual sabemos que no dejará a nadie a manos del mero azar.

A mí esto me consuela mucho, pues amo la justicia: sé que tiranos del pasado y del presente (salvo que se arrepientan) se habrán de enfrentar a la terrible justicia de Dios. “Porque juicio sin misericordia se hará con el que no hace misericordia” (Sant. 2: 13; pero, como recuerdo que, pese a todo, ese Dios es amor, el apóstol significativamente añade: “Porque la misericordia triunfa sobre el juicio”; esto es algo que yo ya experimento, de ahí que te hablase de consuelo).

No sé, lo que estoy seguro es que la vida ya lleva en su interior la propia venganza que es la muerte irremediable.

Es parte de la “ley natural”: “El precio del pecado es la muerte” (Romanos 6: 23).

Cuídate, JF-Cordura


03/05/07

Hola,
Dices que pongo bajo el listón para alcanzar la excelencia, la pureza o conseguir la valentía dirigida a su fin verdadero, olvidándote de que ya desde el Génesis, Dios tan sólo pidió hallar 10 hombres justos en toda una ciudad para evitar su destrucción. ¡Cómo vería al hombre y a su naturaleza! Ni los ángeles que fueron enviados a rastrear la bondad pudieron encontrar un mínimo e incluso fueron atacados por la turba.

¿No comprendes que ese episodio (el de Sodoma y Gomorra) muestra, más bien, lo alto que pone Dios el listón? De ahí que tan poca gente lo alcance y que la inmensa mayoría de los habitantes de esas ciudades fueran exterminados.

¿Alcanzó, en cambio, Lot (o el propio Abrahán, su tío) ese listón, o lo que es lo mismo, ese nivel de justicia exigido? Sí, pero sólo por la fe (es decir, por ese medio que permite que Dios nos impute su propia justicia perfecta; ver Hebreos 11: 8).

Lo que no podemos es rebajar la norma porque nadie o casi nadie la alcance (tú decías: “Ya que es imposible conseguir un ser puro podemos dar por bueno a un hombre que actúa y proyecta al exterior su paz y su amor de vez en cuando”). ¡He ahí el principio de toda corrupción! Y cada vez mayor.

Tú hablas de alcanzar la perfección y no conformarse nunca con mediocridades y yo hablo de lo que hay. Lo que hay es lo que hay. ¿Un 20% de valientes? ¿Un 20 % de justos? ¿Un 20 % de seres buenos? ¿Un 20 % de actos generosos y de AMOR? ¿Un 20% de verdades? Imposible en este mundo.

Te parecerá un listón muy bajo y, realmente, es una auténtica vergüenza; pero visto a la luz de la hiperrealidad es como alcanzar un sueño.

Los dos hablamos de “lo que hay”. La diferencia es que yo, además, hablo de lo que puede haber. “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5: 48). Si Jesús nos pide esto, es porque está dispuesto a capacitarnos. De ahí que luego Pablo agregue: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).

Sed lo que yo no soy. Amad lo que yo no he sido capaz de amar. Entregaros como yo no me he entregado, será mi recomendación final a mi descendencia, sabiendo ya de antemano que esta misma petición rodará generaciones y generaciones sin que llegue a conseguirse la perfección.

Tal recomendación sería una insensatez. Nadie puede pedir o esperar de los demás aquello que él no ha dado.

En cambio, tanto en tu mano como en la de tus descendientes sí está aferrarte a Cristo, en quien tanto tú como ellos sí pueden aspirar a la perfección (sin renunciar a un ‘quark’ de ella).

Vuelvo a mi ser pesimista en cuanto a la naturaleza humana, su elevada aspiración y su caída, vez tras vez, en la vileza.
Porque, de la misma forma que una obra en construcción va siendo perfilada por las manos del artista, yo me pregunto si el ser humano es una obra acabada, con sus perfecciones e imperfecciones; pero a gusto del autor, o es una obra en continuo cambio y evolución.
Si está acabada no hay más que hacer que mejorar la perspectiva de cada uno frente a la vida y ajustar sus proyectos vitales. Estamos hechos con estos mimbres y con estas herramientas debemos funcionar en la vida.


¿Y si no está acabada? ¿Hacia dónde va? ¿Quién se encarga de modelarla, con qué criterios y qué objetivo pretende alcanzarse? Quizá existan varias fuerzas que quieran esculpir su impronta en la obra. ¿Quién prevalecerá en la construcción del ser humano, hombre o mujer? ¿Cuándo podríamos decir que estamos acabados?

Hasta los propios partidarios de la teoría evolutiva (en la que no creo) afirman que en el estadio actual del ser humano sólo hay evolución cultural. La biológica se considera cuando menos frenada. Por las particulares características de nuestra especie (dotación intelectual y de autoconciencia), nosotros mismos nos habríamos hecho cargo, dicen, de nuestro futuro evolutivo, mostrando una adaptación al ambiente que pone fin a la ciega selección natural.

En cualquier caso, y más viendo adónde nos lleva esa “evolución cultural” (hacia desastres y barbarie cada vez mayores), dejémonos de excusas y de ampararnos en una fe mucho más absurda (la del “salto evolutivo”) que la que nos propone la Escritura (la del Dios que nos creó y que, como tal, está dispuesto a recrearnos: ver Juan 3: 3-8; Efesios 2: 3-10; Apocalipsis 21: 1-5).

Mientras discutimos sobre la esencia, sobre la presencia, sobre la realidad o sobre la ficción, millones de actos protagonizados, dirigidos y provocados por el hombre causan dolor, insatisfacción e infelicidad. Es la ley estadística que no falla, la inexorable ley de los grandes números que nos dice que la misericordia no triunfa en la mayor parte de las ocasiones.

Y así será mientras sigamos dando la espalda al Misericordioso... hasta que él mismo venga para poner fin a tanta maldad (“Yo hago nuevas todas las cosas”, dice Jesús en Apoc. 21: 5).

A pesar de todos los pesares, hoy y mañana y pasado procuraré superar el listón de acciones buenas.

Cederé y me comeré mi orgullo para no crispar a mi entorno. Quizás algún día me valga y salga victorioso de mi sumisión. ¡Quién sabe!

Nobles propósitos, pero a la postre vanos y frustrantes (recuerda la experiencia de Lutero...) sin el poder superior:

“Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5).

En su Nombre, JF


Y así pusimos colofón a este encadenamiento de temas.