Y tú ¡Sé valiente ! Busca la felicidad

Pasan los trenes y yo me quedo, en la estación, esperando otra oportunidad

Abilio J. Maestro, Sábado, 25 de Noviembre de 2006

El tren de la felicidad pasa fugaz, es prácticamente imposible cogerlo. Para un segundo y, muchas veces, por más que nos aferramos a un asidero para mantenernos en él no aguantamos la velocidad y nos caemos. No logramos llegar a instalarnos, a sentarnos cómodamente en sus dependencias.

Otras veces, tras muchos esfuerzos por conseguir subir, llegamos a montarnos e instalarnos. Luego, llega el revisor a picar el billete y nos dice seriamente: "Pero....usted no ha comprado un billete para este tren. Usted no quería realmente llegar a la felicidad, quizá le dio tanto pánico que cambió el billete en el último momento. Deberá bajarse en la próxima parada"

¿Queremos ser felices o nos encontramos más cómodos y obtenemos más réditos en la infelicidad, en la desdicha, en la queja continua, en la simple aspiración a ser felices? Parece clara la respuesta; sí queremos y lo ansiamos; pero no está tan claro.

Quizás existe el miedo a ser feliz de forma más extendida de la que pudiera parecer.

Quizás ser feliz en un mundo de infelicidad por todas partes te proporcione más quebraderos de cabeza que otra cosa.

De otra forma: ¿Por qué existe esa cerval tendencia a perseguir con ahínco aquello que no nos conviene; aquello que no poseemos ni nos convendría poseer; aquello que resulta un fruto prohibido; aun sabiendo o presintiendo sus consecuencias catastróficas?

A veces, quizás no perseguimos la felicidad; sino que huimos de ella consciente y desesperadamente.

La vida se ha asemejado a muchas cosas. Se ha intentado muchas veces crear una metáfora, una parábola que explique de forma gráfica y sencilla nuestro estar en este mundo. Para algunos la vida es un continuo discurrir por un valle de lágrimas; para otros, como Calderón de la Barca, quizá sea tan sólo una ilusión, una sombra, una ficción, ....que todo en la vida es sueño....

Para un valiente y para un cobarde la vida puede asemejarse a una estación de trenes. La vida, en su transcurrir nos coloca en una estación de trenes. Son esos momentos, grandes o pequeños; pero importantes en nuestra vida, en los que debemos tomar una decisión. Una decisión más trascendente que elegir el color de las cortinas, se entiende. Y, en ese momento, ya nos encontramos en la estación.

Sacamos billete hacia lo que creemos nuestro objetivo. Ahí llega el primer problema:

¿ Adonde queremos ir a parar?

¿Sacamos un billete a la felicidad, al bienestar personal, a la paz interior? ¿Sacamos un billete a la ambición, a la vanidad, al éxito económico, a la fama? Son destinos muy sugerentes y anhelamos llegar a ellos en muchas ocasiones, dejando a veces tirado en el camino cosas que echaremos luego de menos.

Una vez comprado el billete, salimos al andén con la ilusión de que nos lleve allá. Y aquí se presenta el segundo problema:

¿Qué tren coger de todos los que paran?

Nadie avisa de qué tren es el adecuado y en qué vía se coge. ¿Haremos caso a nuestra intuición? ¿Haremos caso a consejos de otras personas a las que realmente importamos un pimiento y nos dicen de forma simpática: "Ése es sin duda el tren que te mereces"? ¿Haremos caso a personas cercanas que nos dicen que aún no ha llegado nuestro tren, por lo que no debemos montarnos en el primero que hemos visto?

Es una decisión fundamental que debemos meditar y sopesar con detenimiento ya que, si no acertamos, será muy complicado, prácticamente imposible, que la vida nos permita volver al mismo punto y corregir nuestro rumbo. El tren nos alejará más y más hacia una vía muerta que no habíamos elegido. Luego todo es más complicado de recomponer y, para ello, sería bueno contar con la ayuda de quien antes desechamos despectivamente, cuestión difícil y bochornosa.

A veces llegan trenes rápidos y veloces, otras lujosos e impresionantes; pero apenas paran y no los cogemos. Si nos inquieta esperar, y nos pone nerviosos la tardanza, quizá la desesperación nos lleve a coger un convoy destartalado y montamos en él, haciéndonos una falsa idea de que es el correcto.

A todo el mundo le surgen dudas. Tal vez prefieras acudir a un consejo de alguien que ya haya cogido el tren correcto en alguna ocasión o tal vez grites fuertemente: "He sacado un billete a la felicidad" ¿Me puede decir alguien qué tren debo coger ?" Y aquí se presenta el tercer problema:

¿A quién debo hacer caso?

La primera opción que barajas es, sin duda, a ti mismo, ¡faltaría más! ; pero a medida que te acercas y estás a punto de alcanzar el peldaño para subir te surgen dudas. Necesitas que alguien te confirme tu decisión. Un conocido te dirá: "Coge ése" quizá con aviesa intención, un amigo te dirá: "Da lo mismo, elige lo que quieras, porque eres libre de equivocarte". Un familiar te dirá: "Espera, no te precipites cogiendo ahora cualquier tren, seguro que llegará otro más conveniente" Pero la paciencia no es una virtud muy extendida y las personas tendemos a la precipitación, haciendo caso, al final , del peor consejo. Es lo normal.

Te has montado por fin en el tren que has elegido y, a veces, a través de las ventanillas ves a gente que conoces que te hacen señas para que bajes. Te dicen a gritos que vas en el tren equivocado, que bajes inmediatamente; pero tú te encuentras ya sentado y aislado por los cristales del vagón. No quieres plantearte que has errado.

El tren arranca y sigue y sigue, ya apenas ves a la gente que te advertía.

Pronto se presenta otro problema: Llega el revisor. Es un momento crucial, muy importante, porque nos pide el billete y será la confirmación de lo que pensamos nuestra acertada elección. Si nos lo pica tranquilamente sabremos que hemos acertado. Si frunce el ceño nos soltará una de dos:

1 -"Oiga usted, no se ha montado en el tren correcto. Este tren no le lleva a la felicidad. Para en estaciones como el éxito, la fama, el fracaso, la vanidad, la depresión....;pero la felicidad queda lejos, va por otra vía " En ese momento desearíamos haber hecho caso a las voces que nos advertían. Cuanto antes nos bajemos, mejor.

2 - "Pero usted ¿Adónde quiere ir?" Yo busco llegar a la felicidad y creo que este tren me encamina a ella. "Sí, este es el tren de la felicidad; pero el problema es que usted no cogió un billete para ser feliz. No lleva el billete correcto y debo indicarle que se baje".

Realmente ¿Buscamos la felicidad o nos da miedo de no saber qué hacer en ella? ¿Como actuar de forma inteligente haciendo un verdadero diagnóstico de lo que queremos? ¿Qué coño hacemos? ¿Cómo saber qué billete comprar? ¿ Cómo saber si lo que deseamos es lo que nos conviene? ¿Cómo doblegar nuestro orgullo, admitir que nos hemos equivocado y bajar en la primera estación que podamos? Nadie tiene las respuestas correctas.

Así es la vida, de aventura imprevisible.

Pero sí que contamos con señales y avisos suficientes que nos alertan de una mala decisión antes de que sea irreversible. El tren, nuestro tren, antes de llegar a nuestra perdición va parando en estaciones que debieran servirnos de aviso sobre en qué sentido nos lleva. La inteligencia y valentía de una persona no se mide en el acierto al coger el tren; sino en la habilidad para interpretar los signos y apearse cuanto antes del tren que no nos conviene. No es muy común reconocer nuestro error y volver a reiniciar la búsqueda del tren ansiado; pero el empecinamiento en dicho error, la huida hacia adelante nos llevará, sin duda, a una vía muerta, a una estación término desértica, desde donde ya será muy complicado que salgan más trenes.

Ya sabéis, amigos valientes y cobardes con ganas de dejar de serlo, cuando os encontréis en una estación, porque la vida os plantea el dilema de escoger una vía, no os precipitéis.

Parad a pensar primero qué es lo que queremos, adonde queremos llegar. Luego, comprad el billete correcto. Montad en el tren con la certeza de que podéis haberos equivocado y no os empecinéis en el error de permanecer en él hasta el final, por muy cómodos que vayáis en sus asientos. Recordad que el tiempo pasa, la vida sigue y en la vía muerta ya no quedarán buenas oportunidades de corregir nuestro rumbo.