Todos
los españoles, incluidos catalanes, vascos, gallegos y castellanos
llevamos sangre de valientes, porque somos descendientes de aquellos
íberos, vaceos, vascones, béticos, lusitanos que pelearon
bravamente por su libertad, y también somos descendientes de
aquellas tropas romanas que, año tras año y así
doscientos, volvían a batallar para hacer más grande su
Ciudad, Roma.
Al final nos sometieron y fue para bien, porque iniciaron una nueva
cultura, una forma más civilizada y organizada de vivir y trajeron
las raices un nuevo idioma, con lo fundamental que fue para la formación
y cohesión de un país.
También
somos descendientes de aquellos bravos sarracenos y moros que nos invadieron
en sus fieras creencias que creían divinas; pero al final nos
dejaron un legado cultural y genético imposible de ignorar. Y
somos descendientes de aquellos valientes que iniciaron y culminaron
a través de los siglos la reconquista para la cristiandad. Y
de todos los valerosos marineros, aventureros, conquistadores, que aplicaron
su audacia y coraje para engrandecer a su país, y de todos los
escritores, religiosos, filósofos, novelistas, artistas, hombres
y mujeres todos ellos, que han enaltecido a España con sus obras
y pensamientos por los siglos de los siglos.
Esa
misma sangre llevamos todos los que en este territorio vivimos; aunque
a algunos les repugne, y es la sangre noble que queremos vuelva a despertar.
Por
desgracia parece que una capa de polvo hace que ya no brille la valentía
de la que somos portadores natos. Una sumisión a otras culturas,
a minorías hostiles, a países poco dados a ayudarnos,
una irrupción de nuevas costumbres y modos que no son los nuestros,
que deberían escandalizarnos, nos hace aceptar como normal, moderno
y progresista hasta las más pintorescas y absurdas situaciones.
Pensad
de dónde venis, pensad que el tragar y callar no es valentía.