¡ La venganza es más justa que el perdón!

Si me matas, tú debes morir

Justicia: Dar a cada uno lo suyo, restablecer la equidad.

HACER JUSTICIA = APLICACIÓN DE LA LEY

ESTADO
=
CIUDADANOS
como Garante de la Ley
Víctimas y Asesinos
Matar no es lícito
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Matar no es lícito
Matar atenta contra el derecho natural
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Matar atenta contra el derecho natural
Matar no es ética ni moralmente aceptable
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Matar no es ética ni moralmente aceptable
Entonces matar es ética y moralmente aceptable
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Si matar es ética y moralmente aceptable

Cuando para un asesino o terrorista el matar a cualquier ciudadano es ética y moralmente aceptable y un instrumento para conseguir sus fines; entonces nos encontramos con que, para restablecer la equidad en la ecuación, desde el Estado es también ética y moralmente aceptable condenarle a muerte o retirarle de la circulación para siempre.

Si esa condena a muerte, o desaparición perpetua de la sociedad, no se produce y se le permite al asesino desalmado y a sangre fría volver, tras un tiempo encerrado, a integrarse en la sociedad; entonces es plenamente legítimo que, los que han soportado la pérdida, puedan restablecer la igualdad y la justicia vengándose de la forma que deseen, ya que no se ha hecho justicia.

Aquí no hablamos de perdón, de misericordia, de generosidad o de gratitud con la vida humana, hablamos estrictamente de Justicia

Llamemos a las cosas por su nombre: El que a espada mata a espada debe morir. La venganza es la manifestación más perfecta de la justicia, porque trata de restablecer un equilibrio roto, una igualdad alterada, que con el perdón no es suficiente.

Si el que la hace no la paga en la misma proporción, añadiéndose un castigo, no podemos decir, de ninguna manera que existe justicia en este mundo.

Si un asesino criminal se va de rositas es que no se ha hecho justicia. No hay vuelta de hoja.

Si la sociedad no está por la labor de condenar a muerte, o condenar a cadena perpetua, lo que está haciendo es un acto de perdón al asesino, es decir que está validando el desequilibrio provocado por su actuación.

Los valientes no deseamos la condena a muerte de nadie; pero sí estamos convencidos de que la solución pasa por apartar de la circulación, de forma perpetua, al asesino implacable, al terrorista, al criminal psicópata, recluyéndole en penales apartados donde sufra el castigo por sus actos y permanezca apartado hasta su muerte.

Una sociedad indefensa y débil ante el crimen no cesará de sufrir sin consuelo.

Mía es la venganza, dice el Señor. Aprendamos de Él.

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