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Nunca
he visto llegar a la muerte,
pero no creo que sea cálida,
Es fría,
inhóspita y desértica.
En ella no habita nada.
Solos
quedamos en la muerte.
Ni el viento siquiera sopla.
Una calma fría,
que golpea.
Golpea
la muerte a la vida,
y se la lleva
en un último suspiro,
que llaman estertor.
Y
deja el frío,
la noche fría.
Ya no queda alma
que daba calidez.
Un
paisaje frío, oscuro como de nada,
se apodera y envuelve a lo que fue.
Ya no somos nada
cuando nos cubre la muerte,
y llegan las presentaciones:
Vida, eh ahí a tu muerte,
Muerte, eh ahí a tu vida.
El
cuerpo es química y se desintegra.
Y el alma, ¿Qué sabemos del alma?
El alma huye, ¿A dónde?
¿Qué ha hecho el alma por rescatar
al cuerpo que la soporta?
¿No será el alma el traidor
que llevamos encima
y nos abandona
sin ninguna explicación?
Nos deja fríos el alma
cuando se va.
Es
muy triste,
es lo más triste,
ver al alma de tu amigo,
de tu familiar,
que le ha abandonado,
huyendo y dejándole
en la absoluta frialdad de la nada,
donde vaga la muerte.
Esa muerte que viene
rodeada de tinieblas
y trae la oscuridad,
dejándonos en el vacío
de la nada
y su frío.
¿Y
los ojos que antes miraban chispeantes?
¿Y la boca que reía, que sonreía,
que besaba, que hablaba a los demás?
¿Y las manos que acariciaban,
que daban, que saludaban?
¿Y el corazón que retenía para sí
los más entrañables secretos
del amor, de la amistad, de la generosidad,
de todos los sentimientos,
a veces oscuros e inconfesables?
¿Y ese pecho que albergaba el valor,
el coraje para enfrentarse y ganarse la vida?
¿A dónde va todo eso?
Muerte
que lo sepulta todo.
Muerte que todo lo enfría.
Muerte que nos lleva y nos deja en el vacío,
helando todas nuestras cosas,
suspendidas en el vacío,
flotando en la nada fría
para que nadie las toque jamás.
Muerte vertiginosa que nunca aceptaremos.
Muerte que estás siempre ahí, a nuestro lado;
aunque miro y miro y no te veo,
estoy alerta y no oigo ningún paso.
Muerte que llevas la vida, no se sabe donde,
y arrasas otras que quedan destrozadas.
Muerte que a veces liberas.
Inevitable muerte que siempre aparecerás
cuando aún quedan
tantas cosas por hacer.
Muerte
que tú no querías, Carlos.
Muerte
violenta que te quebró la vida serena,
cortando ese frágil hilo que nos separa de la nada.
Amabas
la vida,
la bebías con intensidad,
y con intensidad te entregabas.
Si allá se lleva algo,
es lo que aquí hemos dado a los demás.
Y tú vas muy cargado, amigo Carlos.
Todo
te quedó ahí,
congelado en el tiempo.
Sin hacer.
Ahí los sentimientos,
aquí las pasiones,
allá los odios y las bajezas,
reclamando su presencia.
Todo quedó en la nada.
Y nadie lo hará jamás,
porque cada uno somos
irrepetibles en la vida,
iguales cuando nos atrapa la muerte,
que siempre llega,
tan callando,
tan implacable,
tan terrible,
tan sola,
tan fría.
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