|

|
Félix
Jesús González Bayón
Nació
en Buenos Aires (Argentina) el 17 de Mayo de 1930.
Murió
en Valladolid, en la madrugada del Jueves, 27 de Septiembre
de 2007, a los 77 años.
En medio de estas dos fechas discurrió
por este mundo como pudo, buscando su vida, absorbiéndola
y empapándose de ella..
La
ganó, la trasmitió, la dió a los demás
y le fue arrebatada
en
el cotidiano actuar de la inexorable muerte.
Creo
que tuvo un sueño: Hacer
felices a los demás
MUCHA
GENTE CONFUNDE LA VALENTÍA CON EL SER PROTAGONISTA
DE GESTAS Y AVENTURAS EXTRAORDINARIAS; DONDE EL VALOR Y
EL HEROÍSMO PROVIENEN DE UN PECHO FORJADO PARA EL
ARROJO.
OTROS
CREEMOS QUE LA VALENTÍA NO ES MÁS QUE EL PEQUEÑO
GESTO Y ACCIÓN DE CADA DÍA QUE VA ENCAMINADO
A AYUDAR Y HACER FELICES A LOS DEMÁS.
ES SENCILLO DE DECIR; PERO MUY DIFÍCIL DE LLEVAR
A CABO, EN UN MUNDO, UN ENTORNO, UNAS CIRCUNSTANCIAS, EN
LAS QUE LA GENEROSIDAD HACIA EL PRÓJIMO, EL AMOR
POR EL OTRO, LA CONCIENCIACIÓN DE NUESTRA PROPIA
FRAGILIDAD Y DEPENDENCIA, ESTÁN EN HORAS BAJAS. MÁS
BIEN ABUNDA EL EGOÍSMO, LA VANIDAD, LA ENVIDIA, LA
CODICIA Y EL ANSIA POR DOMINAR A LOS DEMÁS.
JESÚS
FUE UN HOMBRE NORMAL QUE, EN SU, A VECES, INGENUIDAD Y SENCILLEZ,
ACEPTADA, ASUMIDA Y COMPRENDIDA, SUPO QUE LO MÁS
VALIOSO QUE PODÍA APORTAR A LOS DEMÁS ERA
SU CARIÑO, SU ILUSIÓN Y SUS GANAS DE VIVIR
Y DEJAR VIVIR A LOS DEMÁS.
ASÍ
ERA, JESÚS, EL HOMBRE AL QUE LA MUERTE SORPRENDIÓ
VIVIENDO.
POR
ESO LE TENEMOS EN NUESTROS CORAZONES
|
In Memoriam
Dicen
que la muerte no es el final del camino,
Ahora tú ya lo sabes,
Yo no lo sé,
sólo sé que tú no quisiste llegar hasta aquí.
Te
vimos postrado en la cama,
tu frágil cuerpo respirando con dificultad,
moviendo el brazo para tocar y sentir
las cosas que te habían puesto,
quizá en un acto reflejo;
porque tú ya no estabas allí.
Tu
ser estaba ya negociando tu alma,
no sabemos con quién.
Si guardaste la fe en un creador
a él volverás.
Si te creíste fruto del universo
por él volarás y él te reservará tu destino;
porque el cuerpo desaparece;
pero nuestro espíritu permanecerá.
Ahora tú lo sabrás.
A
tu lado estábamos presentes tus queridos,
tú estabas ya sólo,
preparándote para mirar frente a frente
a lo que viene después.
¿Qué
se dice a las puertas de la eternidad?
Es
lo más íntimo y secreto que nos queda a cada uno.
Cada
uno es lo que ha sido y lo que ha hecho,
lo que ha sentido y lo que ha procurado,
lo que ha amado y lo que ha sido amado.
Si
ligeros de equipaje venimos a la vida,
ésta nos da la oportunidad de llenarlo para nuestra partida,
y tú, Jesús, no temas,
porque no presentarás tus manos ni vacías ni manchadas.
Cuentas
se te pedirán,
como a todo hombre o mujer, no cabe duda,
Y no sobre lo que fuimos; sino sobre lo que hicimos.
La
vida no sólo se nos da como un regalo;
también lleva un compromiso.
Hemos nacido por algo y para algo,
Unos dirán que por querer del cielo,
otros porque fuimos los mejores
ya desde el momento de la concepción;
para algo estamos, sin duda.
Una
misión que no la sabemos;
pero a cada momento contamos con
la herramienta que se nos ha dado:
El alma, la conciencia,
que si la seguimos nos lo irá diciendo.
Tu
alma, Jesús, estoy seguro que se merecerá mejores destinos
que los que aquí tuviste que sortear.
Gozaste de la vida,
de la que fuiste un enamorado
y la bebiste con ansia, a veces con desmedida;
pero duro fue el castigo que has arrostrado
en estos tus últimos tiempos.
Nadie podrá decir que te has ido de rositas,
porque te ha tocado lo tuyo.
Este valle de lágrimas te las ha hecho pasar canutas
y cada momento de gozo y exceso lo has pagado caro:
A
veces te oía hablar desde el alma,
y cómo perplejo te preguntabas:
¿Qué he hecho yo para merecer este castigo?
Las dolencias se cebaron contigo,
la maldita diabetes,
los ataques de trombosis,
infartos de miocardio,
la cruel ceguera,
más infartos cerebrales,
insuficiencias, etc…,
un largo y espantoso cuadro.
Heridas de cuerpo que mellaban el ánimo de tu alma.
¡Y a quien no!
Ya
no querías batallar más;
Cuántas veces te oía en tu silencio:
“Ay, si yo lograra, de verdad para siempre,
dormir el alma,
dormir el alma…”;
pero te aferrabas a la vida como un valiente,
por más paladas que descargaba
en tu ánimo para sepultarlo.
A las adversidades y limitaciones
respondías con un entusiasta,
“aquí llega el hombre que se reía del amor”,
que nos animaba a todos.
Fuiste
un valiente, amigo.
No porque hayas sido ejemplar,
porque como hombre has
sucumbido a la propia naturaleza,
has cometido errores,
caído en tentaciones,
llevado por el orgullo y la soberbia,
al fin y al cabo,
en mayor o menor medida, como todos;
¿Quién
no es culpable de insensatez
y a quién no le ciega, a veces, el egoísmo?
Fuiste
un valiente, digo,
Porque al regalo que te dio la vida,
a tu mujer,
maravillosa de principio a fin,
a tus dos hijas,
ya preciosas mujeres, que no dejaron de adorarte,
y a los que te rodeamos,
respondiste con todo el cariño, fuerza e ilusión
que te salía del corazón,
ganándote la vida
para compartirla generosamente con nosotros.
El
bagaje que llevas es el cariño, el recuerdo y la consideración
de los que quedamos aquí y, sin duda,
así lo apreciará quien te va a pedir cuentas ahora.
No
tengas miedo, porque en tu haber está haber dejado
un legado del que enorgullecerse,
que por muy sencillo no deja de ser valioso:
Has logrado convivir, llevar la felicidad a otras personas,
transmitir nueva vida y sacar todo adelante con tu esfuerzo,
en la medida en que tus facultades te lo permitieron.
Nadie
te va a exigir otras empresas ni aventuras.
Has
sido un gran amigo y doy por buenas y sentidas
las lágrimas que estoy derramando por ti.
Aquí
me ha quedado, en la punta de la lengua
y entre las telas de mi corazón,
la romanza que prometí que te cantaría,
al despedirme de ti aquella noche,
“Luche la fe por el triunfo
de un ideal redentor,
yo que no soy más que un hombre,
lucho por mi corazón”
Rápidamente hubieras acertado de dónde venía
y se te abriría un resquicio de ilusión,
entre tu oscuridad,
recordando cuánto te entusiasmabas
cantando aquellas zarzuelas
de las que eras auténtico apasionado.
¿Y con qué no te apasionabas tú?
Tu mujer, tus hijas, tus nietos, tus amigos,
tu trabajo, los toros, el teatro, el ciclismo,
la música, las sabrosas comidas,
los recuerdos de un ayer,
las pequeñas cosas que hacen grande a una vida,
y te empujaban a levantar el ánimo de cada día,
siempre con la esperanza
de que trajera un nuevo afán,
que te diera, al acostarte,
la impresión de que había merecido la pena vivir.
Lloro
ahora escribiéndote porque aún te veo en mi mente,
Vivaz y vitalista, alimentando una fantasía fugaz.
Lloro
porque te veo frágil,
a merced del vértigo de la muerte.
Lloro
y rabio por lo que aún quedaba por contarte,
por lo que aún quedaba por revivir en tu mente:
Aventuras inverosímiles
que alimentaban tu memoria e imaginación,
pequeñas pasiones que inventabas
para ejercitarte en la dura aventura del vivir.
Lloro
porque te has ido pidiendo perdón por molestar.
Lloro
porque el mundo ha perdido otra fuente más de cariño.
Lloro porque no quiero verte
entregado a una realidad postrada y doliente,
de la que querías huir
y a la que tu frágil cuerpo te encadenaba.
Lloro
e imploro al universo,
si con una oración,
si con un recuerdo,
si con un deseo se contentara,
no te mande a un sitio oscuro,
no te rompa el espíritu,
no te trate con crueldad.
Porque
fuiste un hombre sencillo,
fuiste un hombre galante,
fuiste un hombre romántico,
fuiste un hombre discreto,
fuiste un hombre enamorado
Llegó
el otoño y te llevó.
Caíste con las hojas que abandonan el árbol,
después de haber dado su sombra, su colorido,
su fruto, su belleza, la inspiración y
la satisfacción de una misión cumplida.
Ahora
te toca a ti enfrentarte a la muerte
y a nosotros a la vida sin ti.
Quizás, ahora que lo conoces, no sea tan terrible,
Quizás sea cierto que pasamos a mejor vida,
Tú la mereces, amigo, reclámala.
Espéranos desde allí donde estés;
porque no puede ser un mal sitio.
Adiós, amigo Jesús,
Descansa en paz.
Valladolid,
30 de Septiembre de 2007
Si
quieres envía tu
comentario
|