Éste que veis aquí es

Federico J. Losantos

Un Valiente Contemporáneo

 

Creo que tiene un sueño: Reconquistar la libertad secuestrada,

la idea de España como país y nación, secuestrada,

la democracia, secuestrada por los partidos,

la justicia, secuestrada por la política,

la valentía, secuestrada por lo políticamente correcto.

Odiado, temido y admirado locutor de radio, desde la COPE y otros medios escritos, Federico, un paisano español, natural de un pueblo de Teruel, aún no ha descubierto el divino placer que debe dar sentirse turolense, o aragonés, de la misma manera que los que no somos más que españoles aún andamos buscando e imaginando los inmensos placeres y dichas que debe reportar el ser catalán o vasco, a fuer de lo orgullosos y pretenciosos, dicen sus mandantes, que se deben mostrar sus habitantes. Él se declara español y le basta y sobra.

Lo demás son todo pamplinas que han ido impregnando las doctrinas nacionalistas en las mentes de los incautos y que será muy difícil erradicar.

No es un predicador fundamentalista ya que no pretende insertar ninguna doctrina que no sea la ya establecida por nuestra Constitución y los valores de honradez y tolerancia que surgieron de la Transición. Simplemente ataca y critica la deriva política que no ve que sirva, ni para el correcto progreso de la ciudadanía en particular, ni de España en su conjunto.

Pétreo en sus convicciones acerca de la grandeza y el bienestar que reporta a un país y sus gentes la libertad, la democracia, la justicia, la honradez y la valentía política, se ha constituido, desde su micrófono, en azote de liberticidas.

Es un auténtico valiente de nuestra época, imponiendo un estilo trepidante y cautivador en la comunicación radiofónica.

Criticado hasta la extenuación por afines y contrarios, deportado de medios, presionado hasta la casi asfixia, él sigue con su discurso crítico donde no lo ve claro. Más bien la continua presión y crítica no son más que incentivos y despertadores de su ánimo, como diría El Quijote, que ya están haciendo que el corazón le reviente en el pecho con las ganas que tiene de emprender la siguiente aventura, por dificultosa que se presente.

Pero es que así debieran ser la mayoría de medios y periodistas, viendo lo que se está viendo:

Un presidente de gobierno indolente, bobo solemne e imprevisible o más bien previsible en lo que peor sea para España.

Un fiscal general del estado malo, malo, malo de solemnidad, que está al servicio de un proceso de paz que consiste en la humillación del gobierno, la rendición del estado y el oprobio para todo el país, sumiso con la ETA a la que jamás acusa e incluso, a veces, defiende a capa y espada.

Un Psoe desnortado que ha visto en las alianzas con todos los partidos, menos el PP, el medio para perpetuarse en el poder, a base de ir repartiendo prebendas y trozos de España.

Un PP demasiado comedido que nada hacia la nadería del centro en contra de sus bases y votantes, boquiabierto ante la inmensa respuesta popular manifestándose ante las tropelías del gobierno y que sólo actúa, con exquisita corrección claro, cuando es espoleado.

Unos nacionalistas independentistas, desaforados y crecidos ante la debilidad de un gobierno y un presidente, que de forma continua, desafían al estado, a las leyes, a la constitución; arrancando a mordiscos trozos del espíritu nacional y que han forjado unos engendros estatutarios que harán imposible la gobernabilidad de la nación.

Una justicia borrega y pastelera, dominada por la política en sus más altas instancias, que es previsible y jamás se indispondrá con el gobierno de turno.

Un gobierno inoperante y crispador que actúa con rencor, vendiendo el humo de sus conquistas sociales, que así llaman al matrimonio entre homosexuales, metiendo sus narices hasta en la vida económica de las empresas privadas para controlar y pagar favores y chantajes, incapaz de defender ni representar a España como única realidad social, económica y política, ni dentro ni fuera.

Y una Corona, ¡Qué decir de la Corona! con un papel decepcionante, que practica el dontancredismo político, es decir, ponte de perfil y no te muevas para que no te embista el toro, aparte de todos los deportes y actividades donde el lujo, la indolencia, la vergonzosa exposición de privilegios y el glamour se confunden.

¡Qué papelón el de la monarquía indolente e incapaz de señalarse en su papel constitucional de defensor de la constitución y, por tanto, de la unidad de España. Eso sí, cómodamente asentada y apuntalada por unos medios de comunicación, pelotas en su mayoría, que actúan como si tuvieran un vergonzoso pacto de silencio y no crítica.

Algún disgusto le ha costado a nuestro amigo el meterse con la falta de reacción del rey ante ataques a la nación, como el estatuto catalán y similares, más bien mostrando su disposición con un "hablando se entiende la gente", con sus componendas para librar a amigos de la cárcel, o ante ataques a la dignidad democrática de un partido político, el PP, acusado de plantear un golpe de estado tras el 11 M, paralizado por la casa real, parece ser, porque, a pesar de ser pedido en infinidad de ocasiones por nuestro amigo, nunca desmintió categóricamente la real Casa, para no incomodar a los nuevos inquilinos de la moncloa y, de paso, hacer un nuevo y grato desaire a Aznar.

Todas estas cosas y más son de cajón de madera de pino y son criticables e inaceptables para un liberal amante de la democracia, de la constitución, de la justicia igual para todos y de la libertad tanto para la creación y desarrollo individual, como social y económica, para el progreso y bienestar.

No le importó llegar a ser non grato incluso para Aznar, que le desdeñó en muchas ocasiones, no reconociendo su mérito en su ascensión al poder. Le criticó profusamente en temas como la demasiado blandenguería con los nacionalismos, que ya hacían de su capa un sayo con las leyes y símbolos nacionales, con la obsesión por crear un grupo de comunicación al estilo Prisa que al final se convirtió en un aumento del monopolio de este grupo, al que Aznar, en un alarde de cursilería, llamó poder fáctico fácilmente reconocible, con su escasa intención de regeneración de la vida política y democrática e incluso por la boda de su hija.

A pesar de declararse votante del PP no le duelen prendas en denostar la actuación de figuras relevantes del partido, tipo Gallardón o Piqué, que, en su obsesión centrista, más bien parece que quieren desfigurar la que debe ser verdadera finalidad de la derecha, que no debe ser otra que la de conseguir un país cohesionado, donde impere entre otras cosas, la libertad económica, la solidaridad interregional, la justicia, la seguridad jurídica cara al exterior, la igualdad de oportunidades, la protección de los valores familiares y educativos y la promoción de la excelencia y del talento, individual o colectivo, todas ellas por sí y en su conjunto para hacer de España un verdadero líder mundial en bienestar y progreso.

Así pues, ahí tenemos a nuestro valiente por méritos propios, asediado por los paladines del amor y acusado de verter y sembrar odio por los campeones de la exclusión y los sectarios irredentos, progres de salón amamantados por el poder y enriquecidos a la sombra del presupuesto público.

Lo que ha hecho Losantos en la Derecha ha sido inmenso. Les ha despojado de la vergüenza de ser de derechas y, a base de echarles en cara los "maricomplejines", les ha resucitado de su mansurronería.
Es cierto que su capacidad de crítica hacia la propia derecha es creciente y se apoya en cada peldaño conseguido para azuzarles más, sin tener en cuenta que eso puede llegar a hacerles daño.
Pero también es cierto que la derecha está encajando muy bien la presión a la que se le somete, siempre hacia posturas más beligerantemente liberales y patriotas.
La derecha de hace 10 años jamás hubiera salido a tantas manifestaciones, ni se hubiera fajado en el empeño de mantener España unida y con un idioma común.

De hecho las barbaridades cometidas por los nacionalistas en relación con la lengua y la bandera han sido consentidas por el PP de antaño, como muestra de una sumisión acomplejada. Las cesiones de Fraga en Galicia y de Aznar en Cataluña y las Vascongadas, con respecto al idioma, son inadmisibles para la derecha actual.

Federico y la Cope, sobre todo; aunque no los únicos, ha sido el gran atizador que ha armado intelectual y anímicamente a una derecha que no representaba el sentir de los de derechas de calle y que, gracias al impulso dado por un discurso valiente, está logrando conectar perfectamente con el sentir popular; sobretodo en temas como la nación, la lucha antiterrorista, la educación y la deriva independentista.
De ahí que, actualmente creo yo, el votante de derechas es más fiel, tiene más ilusión y está más convencido que los de izquierdas. ¡Manque pierda!

Estamos seguros de que nuestro nuevo miembro del Club de los Valientes seguirá dándonos razones para considerarlo como tal y que siga por esos caminos tortuosos de la crítica al poder, siguiendo su máxima: Hay que hacer cada programa como si fuera el último.