II Manifiesto de los Valientes

Ante el futuro que nos aguarda, cargado de vacío.

La quiebra del sistema constitucional y partitocrático que comenzó con tantas esperanzas e ilusiones en el 75, avanza de forma inexorable para entregar a este país, España, en los brazos del caos político institucional y de la ruina social y económica absoluta, de la que costará generaciones volver a salir.

El sistema ha devenido en corrupto y podrido en lugar de avanzar por la senda sana del desarrollo sostenible.

Alguien lo tiene que decir para que se vaya haciendo patente y vayamos dejando de ser inconscientes e insensatos. Ese alguien debe ser un valiente, como no podía ser de otra forma.

La sociedad española está totalmente acogotada, rendida, vencida, mísera de sí misma y acojonada, sin nadie capaz de alzar la voz y dirigirla para evitar entrar en la ruina que nos viene. Una voz que diga clara y contundentemente que el sistema democrático constitucional ha quebrado.
El sistema por completo debe cambiar y cambiarse. Debe abolirse la práctica totalidad de la constitución actual y redactarse una nueva con los principios que realmente funcionan, sin los experimentos que se hicieron con la actual, desterrando totalmente aquello cuyo desarrollo y crecimiento ha devenido en formas monstruosas que acabarán por destrozar institucionalmente y desintegrar a la antigua España.

Acabar con esta Constitución e instaurar un régimen de Gobierno basado en un Consejo de Estado, fuera de la partitocracia actual, ratificado con un plebiscito popular es fundamental para no acabar en el vacío futuro que nos espera.

La situación actual dista mucho de ser una democracia perfecta. La dictadura de la casta política tiene al pueblo totalmente entregado a su servicio y el de sus instituciones, cuando debiera ser al revés.
Ese pueblo anestesiado y adormilado por las continuas migajas lanzadas por el poder, con el dinero de todos, para que siga sobreviviendo míseramente su caladero de votantes, vive en una ensoñación en la que cree que tiene derechos y está instalada en el estado del bienestar, cuando lo que tiene es nada.

La lástima es que ese miedo a alzar la voz y a actuar contra este estado de cosas en que nos encontramos, se ha extendido a la clase media, narcotizada y debilitada por la acción de los medios de masas con televisión, programas infectos y fútbol por doquier.
Esa clase media contribuyente que debe soportar los impuestos para sostener, de momento, todo el entramado laberíntico institucional que impide crecer y crear riqueza de forma sostenible.

La Constitución actual ha ido desarrollándose de forma excéntrica y creciendo de la peor manera posible, impensable por sus creadores. Las continuas interpretaciones erróneas, sesgadas e interesadas, provocadas por el maldito electoralismo político han contaminado, apoyados en la acción judicial dirigida por el poder político de turno, el corazón mismo del cuerpo democrático.
Y por ello nos encontramos con lo que tenemos: Cáncer por todos los lados y metástasis política y económica que terminarán por destruir el país entero.

¿Qué tenemos?
Un sistema judicial culpable e impropio de un país democrático, totalmente entregado al servilismo político y sirviéndole de coartada.

Un sistema de desarrollo territorial y autonómico insostenible por su crecimiento elefantiásico, desarrollado de forma monstruosa que acabará, sin ningún género de dudas, por comerse a su propia matriz, el Estado Español.

Un sistema político partitocrático que apresa y se apropia de la voluntad popular expresada en las urnas, para luego desvirtuar esa voluntad y promover pactos abyectos que van realimentando la destrucción e insostenibilidad del proyecto España.

Resulta patético ver cómo los españolitos expoliados y contentos asisten a la decadente ceremonia electoral para elegir entre la nefasta izquierda, los bobos centristas o los traidores nacionalistas, a unos individuos puestos por los partidos, que ni siquiera conocen ni jamás van a hacer algo por la tierra que les vota. Para vomitar.

Un sistema de centrales mafioso-sindicales, empresariales y pseudointelectuales adheridos a la teta del Estado, al margen de la democracia que actúan como verdaderos depredadores de recursos públicos y chantajean a los gobiernos impidiéndoles la acción de gobierno a favor de la promoción de las reformas legales de los mercados económico-laborales, que fomenten la creación de empleo, pilar básico del sostenimiento del estado de bienestar.

Un sistema institucional gigantesco e ineficaz, de imposible gestión y cuyo crecimiento imparable y exponencial va a provocar el colapso por la imposible sostenibilidad en el tiempo.

Un sistema del Estado del Bienestar que es una quimera, que realmente jamás ha existido, donde sus partes fundamentales, como Educación, Seguridad jurídica y física, Sistema de pensiones, Salud y Servicios asistenciales, funcionan de forma tan precaria que no podemos afirmar categóricamente que estamos en un país del primer mundo.

Esto es lo que tenemos.

En resolución, que el enorme sistema monstruo-democrático-constitucional ha fallado estrepitosamente y es incapaz de darle al ciudadano-contribuyente las garantías y las oportunidades que debe ofrecerle para que él mismo desarrolle su proyecto vital.

Y lo peor no es lo que hemos andado hasta ahora, cuesta abajo siempre; sino la imposibilidad de que el desarrollo y la acción política, tal y como está ahora, pueda volver a elevarnos a las alturas de un crecimiento y bienestar social equilibrado, justo y sostenible.

Por tanto la abolición de la Constitución actual y promulgación de una nueva es un paso imprescindible para poder asentar las bases del futuro y dotarle de un contenido que no sea el vacío y el caos que nos espera.

Una nueva Constitución que proclame los derechos fundamentales del individuo, lógicamente, que vuelva a recalcar y fijar la idea de España como Estado Único e Indivisible, en contraposición a lo que tenemos, un país desmembrado, pequeño, inútil y cautivo de la casta política, con su extensión judicial que les sirve de coartada para seguir esquilmando al contribuyente y maniobrar de espaldas a él, que le ha votado ingenuamente.

Una nueva Constitución que establezca la efectiva separación total e independencia entre poderes político y judicial.

Una nueva Constitución que elimine cualquier posibilidad de control nacionalista separatista sobre los resortes del Estado, anulando para siempre al poder político autonómico.

Una nueva Constitución que borre la referencia a la monarquía como institución del estado y destierre cualquier idea de constituir una dinastía real hereditaria.

Desde el Partido de los Valientes ya nos hemos cansado de tanto despotricar contra esta falsa democracia que tan sólo conviene a la casta político-judicial-clientelar-sindical que todo lo domina y en todo se entremete.

Nunca nos hemos definido a favor de ningún partido político actual y hemos criticado a todos, con más contundencia a los que ostentan el poder, claro está.
Tanto PP como PSOE o nacionalistas llevan el germen de la corrupción, de la inutilidad, de la ineficacia y de la futilidad de sus propuestas. Son incapaces de concebir y menos de llevar a la práctica ideas revolucionarias; pero innovadoras y creativas que necesita un país desolado y devastado como está España.
Todos ellos son culpables del derroche y del crecimiento anormal y excéntrico del sistema institucional actual, que ha desarrollado mucho más los defectos que las posibles virtudes, despilfarrando, cuando no sepultando entre el peso de la burocracia, el talento y la capacidad de nuestras gentes.

Todos ellos son culpables de haber entrado en una frenética y absurda carrera de complacencias con el electorado, afanándose por ver quién daba más y quién proponía regalías a la masa votante, a cuál más absurda para comprar votos con el dinero público. Todo ello ahora se ve insostenible, provoca más hundimiento y debería revolverse contra sus promotores en forma de una total indiferencia por sus discursos y programas.

Pero la masa votante es estúpida, ovina y bovina y no advierte que la crisis es crítica y terminal, anestesiada como está por toda la programación bazofia, incluido el fútbol, que van escupiendo las televisiones al servicio de la casta política de cualquier signo.

Ni el PP ni el PSOE, sin proyectos renovadores, sin ideas innovadoras, enganchados en sus estúpidas luchas sin interés real para el ciudadano ni para el país, y expertos en dar siempre más de lo mismo, serán capaces no sólo de alejarnos del abismo; sino de evitar caer en él.

Sólo la instauración de un nuevo régimen político surgido de una nueva Constitución podrá tener fuerza moral y política suficiente para adoptar las medidas críticas, necesarias y contundentes que logren arrancar nuevamente el infartado corazón de un país. Medidas que nos sirvan para afrontar el reto de salir de esta ruina económica, de este deterioro institucional y volver a encaminarnos por la senda correcta del progreso y bienestar general.

Los protagonistas de este cambio radical no podrán volver a ser las castas políticas, sindicales y judiciales como las conocemos ahora; sino una nueva generación de valientes que consigan, con su capacidad de liderazgo, aunar y encauzar el coraje y capacidad emprendedora que siempre tuvo este país llamado España.

Todo lo demás es volver al cuento.

Los valientes hemos hablado alto y claro, ahora tú ciudadano contribuyente te toca decir basta y no volver a votar jamás a quines te han llevado al desastre.

¿No crees que ya es hora de que llegue el

Tiempo de los Valientes?


¡ España no debe convertirse en un Estado rendido a los cobardes y miserables expoliadores del esfuerzo ajeno: La casta política!

© Abilio J. Maestro Mayo 2010

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Abilio J. Maestro Valladolid