![]() |
|
|
|
Hoy he llorado....
|
|
Tengo 49 años, un coche de 17 años, una larga hipoteca y estoy llorando. La
pequeña sociedad limitada que teníamos entre tres socios
ha sucumbido a la crisis, no sin antes haberse llevado por delante trozos
enteros de vitalidad, coraje y optimismo. Lloro sin poder evitarlo mientras firmo ante la funcionaria, que no entiende nada de lo que es tener que levantarse cada día sin tener ni un euro ganado todavía y de lo que supone liquidar aquello en lo que pusiste entusiasmo, conocimiento, entrega y toda tu inteligencia. Lloro porque me siento inútil e incapaz, porque he fracasado, porque no sé por dónde voy a continuar. Lloro
porque estoy hecho polvo, después del calvario arrastrado en los
últimos meses, en los que los laberínticos trámites
burocráticos para poder liquidar la sociedad de forma ordenada
me han acabado de destrozar la moral. Tú a currar y ellos a recoger tu dinero confortablemente instalados en cómodas y carísimas instalaciones, que se mantienen a base de gente como yo, que van a entregar allí su dinero. Ni siquiera van a tu casa a por ello, no. El sistema confiscatorio necesita, para más humillación, que el confiscado vaya a entregarse humildemente, con la cabeza gacha, como un peregrino penitente. Lloro de impotencia, derrotado por el mercado y ahora ignorado y expulsado por el sistema al que alimenté con miles y miles y miles de euros sin que goce de la protección de ninguna prestación, ni de ninguna prebenda pública de las que impúdicamente se reparten las castas políticas. Yo sólo soy el plancton que alimenta la onerosa maquinaria y que, una vez exprimido se convierte en estorbo que no sirve. Lloro de abatimiento porque el Estado tan social, democrático y permisivo que nos enorgullece haber conseguido me da la espalda, al tiempo que saca la cara y todos los recursos públicos por salvar y avalar a cajas, bancos y sus inútiles dirigentes, ahora muy dignos y rigurosos a la hora de calificarte el proyecto y plan de viabilidad en el que ya no creen. Por más vueltas que lo des, sabes de sobra que no te van a conceder ya nada, porque eres un potencial fallido; aunque nunca les devolviste ni una sola cuota. Lloro porque quizás he sido un emprendedor en un país equivocado. Debería haber hecho una oposición al acabar la carrera y punto, sin complicarme la vida y ahora tendría vacaciones pagadas y días libres a tutiplén, sin la preocupación diaria, que siempre tenías al levantarte, de cuánto se podrá vender hoy. Lloro porque pierdo la esperanza a borbotones, porque me faltan fuerzas y recursos para iniciar otro proyecto, porque veo que emprender algo en este país, lleno de normas y reglamentos por todas partes, es sortear una zancadilla tras otra. Salgo del edificio como si fuera un zombi, totalmente ido y sin enterarme de nada a mi alrededor, tan solo me esfuerzo en no seguir llorando; pero no puedo contenerme, Lloro porque lágrimas es ya lo único que me queda.
|