| Y tú ¿Le ves como yo?
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| Rodríguez I el Bobo Solemne, muy probablemente el estúpido alelado y, ciertamente el insensato metafísico. |
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Partamos
de las definiciones académicas: Se afirma que un tal Rodríguez es bobo porque es de muy corto entendimiento, es decir que sólo logra entender aquello que aprendió en sus años mozos: el antiamericanismo, el odio eclesial, el derecho natural de las minorías a imponer su criterio, la maldad intrínseca del capital y del empresario, la espina clavada de la guerra civil que tan injustamente perdió su abuelo republicano y la perversión social de la derecha, de la cual nunca logró aprender nada. Ha habido en el mundo muchas cabezas privilegiadas que mantuvieron que el conocimiento a fondo del enemigo, sus ideas, sus tácticas y sus posibles estrategias era fundamental para ganar y mantener la victoria; pero no son la de éste. No logra entender en su cortedad que todos esos clichés preconcebidos están muy bien en un activista universitario progre y pancartero; pero que hay que ponerlos en cuarentena cuando uno está representando a todos. Podemos afirmar ciertamente que el tal Rodríguez es bobo porque actúa de forma extremadamente cándida, bien en sus pretensiones negociadoras con los nacionalistas, con los mismísimos terroristas, con los sindicatos o en la Unión Europea. Todos le sacan hasta la hijuela y él reparte graciosamente dones ajenos y públicos que debería guardar celosamente. ¿Alguien elegiría a este personaje para representar a su empresa en una negociación? Dice muy bien al poner el acento en la solemnidad de su bobería porque todos le hemos visto cómo se pone de solemne y campanudo cuando habla y habla de la democracia, de la solidaridad, de la libertad, con esas frases sustraídas de algún almanaque: “Mi patria es la libertad” no digáis que no parece extraída de la película: “Horizontes Lejanos”. Afirmamos
que muy probablemente sea un estúpido, es decir que al no ver claras
las consecuencias de sus actos la caga indefectiblemente. Actuó
torpemente ante el desfile de tropas norteamericanas, en la negociación
de fondos europeos y al aceptar el proyecto de estatuto catalán,
entre muchas más lindezas. Llega a ser alelado seguramente porque en su simpleza no calibra el desastre de sus actuaciones, se queda aturdido y espera que otros restañen los destrozos causados. También, y como consecuencia de lo anterior, le definimos como insensato al no ser capaz de escuchar y atender mínimamente las demandas que las sucesivas y multitudinarias manifestaciones de gentes de todo tipo que le han estampado en los morros. Es una insensatez que pagará cara; pero que, en su torpeza, cree que le supone una prueba de fortaleza de principios. Da continuas pruebas de poca moderación y talante, a pesar de predicarlo hasta la saciedad, no admitiendo ni críticas, ni mucho menos enmiendas, propuestas o consejos de la otra parte. Esta insensatez se torna abstracta y muy difícil de entender, por eso la llamamos metafísica ya que no responde a una lógica real y fácilmente comprensible. Es muy difícil entender la contumacia en el mantenimiento de posturas erróneas o cuando menos incómodas incluso para sus votantes, véanse, la recuperación de la crispación guerracivilista, la causa del boicot anticatalán, por el visto bueno y el empuje dado a un estatuto demencial, las negociaciones con terroristas, el apoyo a sus tesis, la desnaturalización y el retorcimiento del concepto legal de matrimonio, etc… Que Mariano
dio en el clavo absolutamente al tildar, de forma impersonal, como bobo
solemne, a quien todos sabemos es un hecho y más viendo la
furia despertada entre la cofradía sociata, que ha saltado como
un resorte. Desde ahora todos le recordaremos por ese apelativo que le ha venido tan bien a cuento, “bobo solemne” y que servirá para que quede fundada la Cofradía del Bobo Solemne. Nada de lo que diga o haga podrá sustraerse al análisis colectivo de si se ha ajustado más o menos a tal definición. Las tertulias, las discusiones de taberna, girarán alrededor de si su discurso se ha acomodado como un guante a su definición, tan candorosa, o bien ha tirado más hacia la estupidez supina. Aunque dicen que un tonto entonta a cientos si le dan lugar y tiempo y aquello de que: Hay tontos que nacen tontos, hay tontos que tontos son y hay tontos que hacen tontos a los que tontos no son, no debemos preocuparnos en exceso. Todo lo corregirá el tiempo. Nadie es bobo eternamente, ni continuamente, como tampoco nadie es listo o inteligente para todo y en toda ocasión y lugar. Ser inteligente no significa comportarse inteligente. Todos hemos hecho el bobo en múltiples ocasiones, incluso el más equilibrado y sensato tiene a menudo cosas de bombero que más parecen estupideces. Todos conocemos a gente muy inteligente en su profesión y absolutamente estúpido en otras facetas de la vida; así como a tontos redomados que han tenido un momento de brillantez y acierto sonoro. Por eso decimos que todo es relativo y que nadie está libre de la insensatez, de la estupidez y de la bobería; pero cuando uno no ceja en mostrar permanentemente la faceta digamos menos favorecida por el talento, cuando la inteligencia aparece en su faceta fracasada que es la estupidez, muy a menudo, cuando en el mismísimo rostro y expresión aparecen señales inequívocas de un cierto alelamiento, no podemos menos que tildarle como Bobo Solemne sin ninguna opción a la equivocación. Este
artículo pretende ser explicativo de hechos y palabras aparecidas
en estos días y se refiere a alguien impersonal. Si alguien se
da por aludido o identifica en él a alguien conocido, allá
él. |
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