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Escaparate de borregos o cómo las marionetas pulsan el botón que les mandan

Las preguntas siempren estarán ahí: Si cada diputado o senador vota siempre, salvo errores y despistes involuntarios, lo que dice su partido, entonces,

¿Para qué sirven los debates parlamentarios si cada uno trae ya su papeleta precocinada de su partido?

En la práctica, para nada absolutamente. En la teoría para mostrar el lucimiento de cada líder y ocupar cientos de espacios de relleno en periódicos, radios y televisiones.

¿Por qué no se dan en el parlamento español casos en que cualquier diputado al advertir los mejores y más razonables argumentos de otro partido vote a éste?

Porque la disciplina de partido castiga innoble y demoledoramente a cualquier diputado díscolo no volviéndole a poner en sus listas electorales y eso es peligrosísimo para el alto nivel de vida de éstos.

Lo noble, lo digno, lo valiente sería que cada uno votara en conciencia y conforme a sus ideas, conforme a los criterios, argumentos y pruebas debatidos y, sobre todo, manteniendo la defensa a ultranza de los intereses de aquél territorio o provincia por el que fue designado. Esto choca totalmente con los cierres de filas observados en los debates sobre la guerra de Irak y, recientemente, sobre el nuevo Estatuto de Cataluña. En el primer caso habría, sin duda, numerosos diputados del PP que no aprobaban el apoyo cerrado a las tesis de Bush, en el segundo numerosos diputados socialistas votaron con la conciencia desconectada durante unos segundos.

Es cruel y frustrante para una persona adulta, bien formada académicamente, tener que morder su dignidad y apoyar con su voto algo sobre lo que no está de acuerdo. Por eso la democracia española no es una auténtica democracia, es una partitocracia donde todos los ciudadanos somos rehenes de los partidos y éstos de sus intereses y alianzas, muchas veces contra natura y hediondas, como estamos viendo en la actualidad. La estampa de un Tony Blair, derrotado en su propuesta de ley para aumentar el tiempo de prisión preventiva a presuntos terroristas a tres meses, por el voto en contra de diputados, no ya aliados, sino de su propio partido, es imposible que pueda verse en España. Y no pasa nada señores, nadie toma represalias, cada señoría ha votado como su conciencia de conservador o laborista le ha dictado y por eso son señorías y grandes.

Lo de llamar señoría a los de aquí es una broma y un sarcasmo vergonzoso.

¿Para qué coño queremos 350 diputados si con 50 ya serían suficientes para votar lo que les ordene la disciplina de partido?

Eso digo yo, para cumplir como marionetas que van pulsando lo que les mandan es innecesario y muy gravoso mantener a tanta gente.

¿De qué sirven las circunscripciones provinciales si cada diputado vota el interés de su partido y no el de su provincia o región?

Se ha visto claro en la bochornosa y traicionera actuación de los diputados socialistas de Castilla y León, encabezados por el felón ministro Caldera, votando a favor del expolio legal, que no legítimo, del Archivo Nacional de Guerra en Salamanca.

¿Cómo puede uno dormir tranquilo después de haber acuhillado con la ley a tus paisanos? Pues en este país eso se ve normal. ¿Es que nadie se levanta y da una hostia en el escaño con su puño cerrado y dice: ¡Basta! Yo no traiciono ni a mi conciencia ni a mis electores ni a mi tierra.

Pues no, no hay nadie. Aviados vamos con esta panda de cobardes.

Os recomiendo leer el artículo de Jesús Cacho en: www.elconfidencial.com