Ahora es la
Sanidad, mañana ya se anuncia el Medio Ambiente y la Investigación,
pasado será la Justicia, al otro la Educación, más
allá la asistencia a mayores, etc..
Ahora nos suben el impuesto de carburantes, tabaco, bebidas, y electricidad,
mañana será el de la cosmética porque es un lujo,
pasado el de la ropa interior, al otro se pondrá un impuesto
a las ceremonias religiosas, bodas y bautizos y banquetes en general
y así, suma y sigue.
Lo que pasa es que tanto ir el cántaro a la fuente va a acabar
rompiéndose, tanto estrujar a los de siempre vamos a acabar como
los zombies esos de las películas, vagando sin rumbo y pidiendo
un poco de sangre por favor.
Las autonomías, auténtica deformidad institucional muy
lejos de lo que quiere la Constitución, se han convertido en
pozos sin fondo y en repelentes niñatos que sólo hacen
que pedir, incapaces de administrar nada con un mínimo sentido
común y enfangándose a marchas forzadas en deudas disparatadas.
Por pedir que no quede, hasta tiene la poca vergüenza de pedir
también el lendacari ibarreche, cuando su región no contribuye
ni con un euro al resto del país; es más lleva toda la
democracia escamoteando dinero del cupo al Estado, aprovechándose
unas veces de la ingenuidad de los políticos, otras de su debilidad
y otras a chantaje puro y duro; pero Zp está que lo tira y hay
que aprovechar.
Hagamos una reflexión: Resulta que el Estado gestiona, hasta
hace un par de años, la sanidad con unos presupuestos y unos
recursos humanos y materiales. Todo funciona como funciona todo lo público,
mal y a base de meter dinero; pero va funcionando, ya que a alguien,
a veces, le gusta lo que hace y trabaja con seriedad y profesionalidad.
Las encuestas dicen que el personal valora bien el sistema de salud.
El Gobierno del PP como era muy ortodoxo y muy estúpido cede
a las comunidades, las que quedaban aún en territorio Insalud,
las competencias en esta materia, asignándolas los recursos que
en cada territorio se estaban gastando y algo más que siempre
se arranca en la negociación.
Bien, un par de años después nos encontramos con una papeleta
cojonuda y es que hasta la más pequeña, como La Rioja,
tiene ya unos rotos considerables en esos pantalones, sin que se haya
reducido un ápice las listas de espera para intervenciones quirúrgicas
ni para nada.
Metidos tan alegremente en unos fastos derrochadores, tenían
dinero fresco para gestionar, no se dieron cuenta que todo se acaba
y el dinero también. En sólo dos años han creado
un agujero negro sideral al que no les queda otro remedio para ir tapando
que ir a lloriquear al gobierno central. Éste, en vez de mandarles
a tomar por el saco y que cada uno aprenda a sacarse las castañas
del fuego, les regala graciosamente miles de millones de los impuestos
de todos los españoles para que tapen agujeros, asumiendo, de
paso, el desgaste que supone ser promotor de unas medidas bastante impopulares.
Dar dinero a esta gente, los autonómicos, es tan inútil
como echar calderos de agua al mar.
Para colmo de males nada hay transparente y todo es un convoluto gaseoso
y nebuloso que se engloba en la manida “deuda sanitaria”.
De entrada nadie ha dicho de dónde vienen esos déficits
ni por qué se han generado. Dicen que de la sanidad; pero yo
me pregunto si no están metiendo ahí también otros
gastos.
Después nadie va a llevar el control de la correcta aplicación
del dinero a enjugar esos déficits.
Tan es así que yo hasta dudo de que haya presupuestos específicos
en cada autonomía para los temas sanitarios y de qué partidas
de gastos se componen éstos si es que los hay.
Ni existe una contabilidad de coste, ni existe un catálogo homologado
de servicios básicos y gratuitos ni planes para reducir y optimizar
nada. O sea, un desbarajuste.
¿Cómo coño se ha llegado a este punto de práctica
quiebra del sistema sanitario sin que haya una conciencia colectiva
de que ha mejorado profundamente el servicio?
El tema está claro: el descontrol político del gasto y
el ansia de los gobernantes por ofrecer más y más servicios
gratuitos a la población. Hay zonas en las que la operación
de cambio de sexo es gratuita y llevan miles y miles de millones gastados
en ello, otras quieren meter hasta a los animales domésticos,
en fin un desastre, todo sea por prometer. Ha sido el desmadre similar
al de los presidentes de los equipos de fútbol profesional. Tras
sanearles hace 10 años las deudas empleando también presupuestos
públicos, han vuelto a llenar el agujero de las deudas. Como
nadie les dice nada, el que venga detrás que arree la burra.
Al tiempo se
observa que, a medida que iban entrando nuevos consumidores sanitarios
no cotizantes en su mayoría o poco, se van yendo al sistema privado
los que pueden pagarlo, demostrándose las pocas garantías
que le da una sanidad pública al ciudadano cuando éste
tiene ya dinero suficiente.
¿Cómo
se puede dar dinero alegremente a unos entes, supuestos buenos, honrados
y óptimos gestores por la cercanía al ciudadano que tanto
cacarean, sin que éstos presenten un plan de viabilidad donde
se demuestre, al menos en el papel, su voluntad firme y las actuaciones
necesarias para corregir la situación de permanente déficit.?
Tengo para mí que si dedicamos dinero a tapar agujeros y no corregimos
y eliminamos la causa de tales agujeros, dentro de un par de años
estaremos igual.
Que nadie se crea la milonga de que esto es para mejorar el servicio.
¿Cómo se va a mejorar el servicio si este dinero es para
cubrir agujeros ya creados?
Lo que pasa es que en los temas públicos hay asumida la idea
de que el derroche y el crecimiento del gasto es ya crónico y
aquello que no se le consentiría en una empresa privada a una
sucursal, ya que hubieran despedido a todo el equipo directivo o les
hubieran dado un plazo para volver a ser rentables, en el sector público
se consiente. Alguien dirá que el sector público no debe
regirse por criterios de eficacia, rentabilidad y competencia y yo digo
¿Por qué no? ¿Por qué sale más barato
y es más eficiente un servicio prestado por un profesional o
sociedad privada que por un funcionario o un órgano público?
¿Es que no se pueden hacer las cosas bien y dar un servicio correcto
sin tener que incurrir en deudas constantes y gastos monumentales? ¿Por
qué es incompatible la buena y eficiente gestión con lo
público? ¿Por qué buenas gentes y excelentes gestores
cuando entran en lo público se desmadran? Pues porque se tira
con pólvora ajena, ni más ni menos.
Con la mitad del dinero que gastan en sanidad las autonomías
se daría mucho mejor servicio en la gestión privada y
no politizada.
Antes de soltar un duro hay que pedir muchas cuentas y aclaraciones
de por qué se ha llegado a esa situación. Yo que ZP, encargaría
una auditoría independiente a cada autonomía con una explicación
objetiva y fiscalizada sobre qué está haciendo con el
dinero de la sanidad y se lo leería un día por la tele
a los españoles. Así cada uno vería si merece tener
los virreyes que tenemos. Veríamos y oiríamos cosas asombrosas
que, como dice Don Quijote, causarían miedo temor y espanto hasta
en el pecho del mismo Marte.
ZP, haz hucha que dentro de unos meses te vienen a pedir más.