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El Engendro deforme en que las termitas quieren convertir España

Lunes, 29 de Agosto de 2005

El continuo proceso de deformidad institucional en el que se va sumiendo de forma acelerada esta nuestra España, va a sufrir un nuevo empujón con el parto de una nueva forma monstruosa, superior en dimensión a la mismísima Constitución Española: la Reforma del Estatuto Catalán, como si no hubiéramos tenido suficiente con el engendro del Plan Ibarreche, hecho escabeche tras la negativa de las Cortes a tragarlo en crudo y fresco, aguardando en la lata de conserva para otra próxima mejor ocasión.
El cáncer está ya instalado y va corroyendo el tejido sano.

La estrafalaria y estrambótica carrera de los autos locos autonómicos hacia mayores cotas de independencia, que los sucesivos gobiernos centrales han propiciado, con la cobardía y complejos propios de imbéciles, cediéndoles más y más competencias a su incapacidad, no parece que tenga fin ni meta conocida y menos buen puerto.

Disfrazados de acuerdos para apoyos parlamentarios puntuales los gobiernos de cobardes han ido traspasando permanentemente y sin vuelta atrás, continuas porciones del poder nacional, con la inhibición total de la opinión pública y la prensa, que no veía en ello ningún problema.

El proceso iba imparable año tras año, a modo de pacientes termitas, los poderes de la nación iban siendo, poco a poco, devorados sin piedad por esa plaga silenciosa que eran los acuerdos de gobernabilidad.

Últimamente y a falta ya de muy pocas cosas que transferir las termitas ya no se conforman con roer pequeñas briznas de las vigas y cimientos. Van a por todas; aunque en ese proceso incierto destruyamos toda la casa.

Parece que lo que está de moda es que las autonomías se desinhiban, desaten sus complejos con todo descaro y exijan convertirse en nuevas naciones, sin pies ni cabeza, como si fuera una carrera al edén, donde todos veremos a Dios y nos será reconocido nuestro privilegio histórico en forma de felicidad infinita.
Pero más que ir hacia el edén creo que nos encaminamos ciega, decidida y alegremente al infierno. El infierno de la insolidaridad, de la crispación, de la exclusión y, sin duda alguna, del enfrentamiento civil y puede que el conflicto militar, al que llegaremos de no cortar este proceso.

No cabe la menor duda que quienes invocan sus derechos históricos están pidiendo privilegios. ¿Quién debe concedérselos? Para ellos está claro: esa España centralista y oprimente que absorbe los recursos que generan y les reparte entre gentes y territorios históricamente vagos y limosnados.
Nos pretender hacer ver con su victimismo empalagoso y su historia inexistente de forma individual, manipulada y retorcida hasta la carcajada, que su progreso depende de que queden libres y ese mayor progreso redundará en beneficio de todos.

Pretenden hacernos ver que es mejor que haya 17 máquinas tirando de un vagón, su territorio, por 17 vías, que una sola máquina tirando de 17 vagones. ¿Alguien ve a una Cataluña o a unas Vascongadas independientes dándonos un pequeño porcentaje de su superávit presupuestario a las demás regiones españolas? ¿Acaso cree alguien con dos dedos de frente que tendrían superávit o que llegarían a mantenerse yendo por libre y fuera de España? Más bien veo que el resto de España tenga que correr con los avales y pago de sus dispendiosos gastos.

Se creen estos virreyezuelos que nos chupamos el dedo: Es cierto que el espejismo de un jardín del edén para todos los nacionalistas independizados en su territorio nacional hace mucha mella y prende con fuerza en las calenturientas mentes de los que desean ser privilegiados. Alguien se encarga de decirles continuamente que se lo merecen. ¿Qué hacen de más que los demás españoles los españoles de Cataluña o las Vascongadas? Nada, hacen lo que todos, trabajar, comer, beber, dormir, disfrutar lo que pueden y buscarse la vida. Nada nuevo ni alucinante bajo el sol, que les haga merecedores de más porciones de tarta.

También es cierto que, al menos durante diez o quince años, un país independiente, por pequeño que sea, puede acceder a fuentes de financiación internacionales y a emisión de deuda interna y externa que les permita derrochar dinero a mansalva. Durante un buen periodo de tiempo, si Cataluña y el País Vasco se independizaran podrían subir las pensiones al doble que las españolas, gastar en sanidad el triple y dar unos servicios asistenciales a mayores y familia que dejarían con la boca abierta a los países nórdicos, una auténtica orgía derrochadora. Todo con el aval de España, claro; porque no creo que los planes de pensiones japoneses se resistieran a prestar a buen interés a este par de regiones que, para ellos siempre serían España. O sea, un auténtico paraíso con el que justificar lo bueno que es la independencia; pero en la trastienda irían amontonándose las deudas y, al final, alguien debe cargar con ellas, como con los alucinantes déficits de las televisiones públicas, la sanidad, excusa para derrochar a manos llenas, etc…

Para muestra de la barbaridad a la que pueden llegar unos gobernantes descerebrados ahí están los más de 1000 millones de €, 170 mil millones de pesetas, de dinero público empleados en el Fórum de las Culturas de Barcelona. ¡Dios Santo! ¿Es que Tarragona, Gerona o Lérida o la provincia de Barcelona no tienen nada que decir ante semejante expolio de recursos públicos estatales y autonómicos esfumados en fuegos artificiales? ¿Tan bien andan sus arcas y tienen todos los servicios públicos que pueden detraer esos recursos para una chorrada magníficamente embalada? ¿Ha valido para algo ese gasto? Luego se quejan de que no hay dinero para su sanidad o evitar que se les caigan barrios enteros.

Otra cosa, la supuesta gestión magnífica, amable y cercana al ciudadano, con que vendían la moto de las transferencias, se va desmontando día a día al ver la ineficaz e insuficiente respuesta que plantean estos microorganismos cancerígenos de crecimiento desordenado a cada dificultad que surge.

Ni los incendios, ni la sequía, ni las plagas, ni las epidemias, ni las inundaciones, ni los accidentes medioambientales, ni la inmigración ilegal, ni siquiera el derrumbamiento de un barrio conocen de fronteras territoriales ni pueden ser afrontados desde la pequeñez de óptica de las autonomías. Son incapaces, a pesar de ser como tábanos henchidos de sangre: perezosos y torpes por el propio peso que han cogido. Aún así, siguen y siguen chupando pues tienen en su código genético la misión de chupar y chupar sangre de la vaca, hasta llegar a morir de hartazgo o de un golpe de rabo.

Eso es lo que les espera a estas células cancerígenas que han brotado de forma virulenta en nuestro país, España, auspiciados por un Tribunal Constitucional y unos gobiernos que les ha ido dando insensatamente comida para su crecimiento descontrolado.

Jamás pensaron al hacer la Constitución del 78 que en tan pocos años se iba a desfigurar de tal forma la nación.
Hoy día el Gobierno central apenas gobierna nada. Sólo está para repartir despojos y sacar alguna ley para homosexuales. Ya no tiene capacidad normativa ni en educación, (hacen lo que se les pone en los cuyons), ni en sanidad, (gastan y se endeudan como cosacos), ni en asistencia a la tercera edad, ni casi en pensiones, (cada uno añade demagógicamente las que quiere), ni en empleo, (piden ahora cien papeles más que antes), ni en seguridad ciudadana, (sólo están para poner controles de alcoholemia y multas), ni en medio ambiente, (un desastre), ni en impuestos, (en cada sitio unos), ni dios que lo fundó. ¿Para qué coño está un gobierno central si cada vez que pasa algo nos dice que no es su competencia y si se pregunta al consejero autonómico dice que no le da recursos el Estado? Para hacer declaraciones, para presentar presupuestos cedentes y chantajeados por el minoritario de turno, para colocar a amigos y poco más, porque representar a España es ya una tarea que van rapiñando poco a poco cada autonomía. Ya hasta les dejan asistir y discutir en los consejos de ministros europeos.
En fin, un auténtico sinsentido que, de no pararlo en los próximos años, nos traerá problemas y conflictos graves.
De entrada un Gobierno de los Valientes
1.- Reformaría la Ley Electoral en el sentido de aplicar unas elecciones de doble vuelta entre dos partidos, que deberían establecer sus alianzas antes de la segunda votación con partidos que obtuvieran al menos un 5 % de representación nacional, a fin de que la gente sepa ya de qué van antes de ir a votar, con lo cual su influencia quedaría limitada a negociaciones internas de coalición, sin que pudieran verse afectadas las votaciones parlamentarias y
2.- Promulgaría una ley que abundara y reforzara la idea constitucional de la igualdad de derechos, deberes y oportunidades en todo el territorio español para evitar deslices peligrosos como lo que tenemos encima.

Pero las cosas no pintan por ahí, más bien corren raudas y veloces en la dirección contraria, aquella que va desintegrando España a cachitos.
Pero mucho cuidadín ZP, Carod, Maragall y pitufeiros en general, si se tensan mucho las cosas la fuerza de los valientes acabará por barrer vuestros privilegios y llevaros a aquel salón donde en un ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase el arpa.

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