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| Viernes,
19 de Agosto de 2005 La inmediata reacción del Gobierno clasificando el siniestro ocurrido en Afganistán el 16 de Agosto, en el que perdieron la vida 17 de los nuestros, dentro del marco de actuación y apoyo de nuestras tropas a aquel malhadado país, según mandato de la ONU, pretende evitar comparaciones odiosas con otros accidentes y otras intervenciones de nuestros ejércitos. Nuestros muertos estaban desempeñando funciones avaladas por la ONU, dicen y es verdad. Como si la ONU no hubiera avalado la intervención posterior en Irak en funciones humanitarias, como si el trágico accidente del Yakolev no hubiera ocurrido en un contexto de misión española también en Afganistán, como si estos muertos deben darlos, sus familiares, amigos y nación, como correctos y los demás pueden ser arrojados contra el adversario político para tratar de hacerle odioso al electorado, que, al parecer, es lo que cuenta para esta izquierda radical; aunque, horrorizada si se mira al espejo, no quiera admitirlo. La obsesión de nuestros dirigentes por no cometer errores de identificación, la escenificación teatrera de un ministro contando “on line”, desde el escenario de los hechos, a un presidente serio y actuante, las probables causas de accidente y la visita personal de Zapatero a los familiares, ampliamente resonada por los medios, son maniobras orquestales dirigidas a mostrar al gran público la eficiente gestión del suceso.
Pues bien, todo eso no son más que superficialidades y obviedades elevadas a fundamental por la preocupación por dar buena imagen.
Nadie puede hacer ya nada por ellos; pero tanto los familiares de las
víctimas, como sus cercanos y todo el país no pueden verse
consolados sólo por estos tópicos; sino que se nos debe
una transparente explicación de lo ocurrido y de las causas que
confluyeron en tan fatal desenlace y, a ellos, un auténtico reconocimiento
de que dieron su vida en una acción encomendada por su país.
¡Queremos saber!, suena de nuevo, qué pasó allí. No es de recibo tratar de meternos ya, como hacen medios progubernamentales, la teoría del golpe de viento. ¿Desde cuando un golpe de viento derriba un helicóptero militar? Ahí pasó algo que no nos quiere decir alguien porque considera que puede perjudicar la imagen del gobierno. Murieron en acción de guerra, ya sea por arriesgadas maniobras evasivas o defensivas, ya en maniobras experimentales de combate, ya sea por un imprevisto de cualquier tipo, el caso es que cayeron y alguien debe explicar por qué. No vamos a responsabilizar a ningún presidente ni ministro de estas muertes porque estaban haciendo lo que legítimamente debían: cumplir una misión; pero sí tenemos derecho a saber. Y de responder a ese derecho sí que es responsable el Gobierno ¿Dónde están esos oficiales y generales tan dados a denunciar los avatares desafortunados del accidente del Yak-42? ¿Es tan difícil, tras un análisis riguroso de la escena y contando con testigos del otro aparato establecer qué ocurrió y descartar hipótesis? ¿Es que nadie pía y no tienen nada que decir salvo corroborar la propuesta del gobierno? ¿Por qué los altos mandos militares temen más a un gobierno de izquierdas que a uno de derechas?
Esta pandilla de demagogos, con el gran refuerzo de los medios afines,
nuevamente nos quiere hacer creer, y con muchos sí lo consigue,
que las muertes bajo mandato de la ONU son mas llevaderas, que no se
pueden comparar con las ocurridas bajo mandato de la derecha; aunque
también fueran de Afganistán, que la misión únicamente
humanitaria que desempeñaban nuestros efectivos en Irak era mala,
malísima; aunque luego la refrendara la ONU y que la acción
de guerra en que estaban embarcados nuestros dos helicópteros
no era tal acción de guerra; era simplemente que iban a plantar
margaritas de la paz. |
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