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Miércoles,
6 de Julio de 2005
El
proyecto Juegos Olímpicos Madrid 2012 no pasa ni a la final. Londres
gana a París.
En
un momento en el que todo está regido y dominado por las relaciones,
a veces personales, por encima de objetivas virtudes de cada opción
o proyecto, es impensable creer que un país, como España,
autoexcluido internacionalmente de las corrientes de influencia, pueda
competir con alguna garantía de éxito con países
de poderosa maquinaria diplomática.
El proyecto de Londres 2012 es mucho peor y está menos desarrollado
que el de París y éste es inferior técnica y humanamente
que el de Madrid 2012. Esto es lo objetivo y real; pero, a la hora de
la verdad, esto no pesa lo suficiente.
Cuando los miembros del COI tienen que votar por la mañana, después
de ver la presentación de cada proyecto, ya nadie hace caso a lo
que digan los discursos, vídeos y personalidades que figuran por
allí. Todo está ya hecho y cocinado.
Y esa cocina no se prepara en los despachos de los técnicos en
infraestructuras deportivas, o técnicas de imagen, de luz, de sonido,
efectos especiales, etc.., nada de eso. La auténtica cocina del
voto se prepara en cenáculos, conventículos y noches más
que días: reuniones informales, comidas, cenas, consignas, detalles
no escritos, corrientes fuera de los circuitos oficiales, “do ut
des”, etc…
Cada país utiliza sus armas silenciosas, no letales; pero definitivas
para cazar su objetivo. Y en eso hemos vuelto a la primitiva edad de la
nada.
Rodríguez Zapatero Presidente cree que es exportable su proyecto
basado en la sonrisa de cartón, el talante, el diálogo de
civilizaciones, el diálogo entre imbéciles, en la tolerancia
con los asesinos, en la cesión al chantaje criminal para llegar
a la paz perpetua, en leyes planetarias y demás cursilerías
al uso progre.
Y así, con estas armas y bagaje, plenos de amistad con Cuba y Venezuela,
con la inestimable ayuda traidora de Marruecos en la mochila, aún
pegadas; aunque un tanto descoloridas, las pegatinas del No a la Guerra,
allá que nos fuimos, ingenuos, ilusionados, desparramando simpatías,
con los deberes profesionales perfectamente hechos; pero con un fuelle,
ZP, que no acaba de avivar las brasas de la cocina.
Quedó claro, el fuelle ZP no aviva las brasas del mundo exterior,
esas que convenía para calentarnos. Avivó por unos instantes
decisivos las brasas de esta España a la que le faltó el
oxígeno por momentos y se asustó. Un oxígeno que
no servirá para avivar la brasa y con su calor fundir el país
en una pieza sólida y contundente en el mundo; sino que acabará
por convertirla en cenizas.
Ya podéis deducir lo que nos faltó.
¿Por qué no llevamos una cinta con la Ser llamando a la
movilización a las puertas del hotel de los miembros del COI, pidiendo
queremos saber? ¿O a los vociferantes titiriteros emulando revoluciones
románticas que quedan muy bien, con director de movidas incluido
anunciando golpes de estado? Eso sí que es presión a la
española. Les hubiéramos dejado acojonados y casi todos
a votar por Madrid.
¿No dio resultado una vez? Pues entonces ¿Por qué
no repetirlo?
Como diría aquella fábula del zorro y las uvas: ¡Están
verdes! Y se volvió tan arrogante a su madriguera.
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