Uno que no fue valiente cuando debió serlo

 

a la tierra que le vio nacer

 
 

 

 
 

Nombre: Alfonso Guerra González

Nació en Sevilla en 1940. Fue dirigente del PSOE en la clandestinidad. En 1970 fue elegido miembro de la comisión ejecutiva del partido, cargo para el que fue reelegido en 1974, 1976 y 1979.

Obtuvo el acta de diputado del PSOE por Sevilla desde las elecciones generales del 28 de octubre de 1982, fue nombrado vicepresidente del Gobierno presidido por Felipe González, cargo del que dimitió en enero de 1991, afectado por un escándalo de tráfico de influencias en torno a su hermano Juan.

Actualmente sigue de diputado silente en el parlamento; aunque ya no es nada ni nadie.

Punto Fuerte: Daba caña al adversario político de forma inmisericorde

Punto Débil: Su cobardía y aplanamiento al partido

Ha tenido ya muchas oportunidades para mostrar grandeza y honrar al país que le vió nacer, España, y le ha dado el privilegio de estar donde está.

¡ Arfonso, dales caña !, Qué lejos quedan aquellos tiempos en que un temido Guerra bramaba en sus mítines ante los descamisados y temblaba hasta el misterio.

¿Dónde quedó toda aquella energía política que parecía que todo lo barría como un huracán, manteniendo prietas las filas del partido con aquél: "el que se mueva no sale en la foto"? ¿Dónde quedó el peso de un político, forjado entre la demagogia y el insulto que dominaba a las mil maravillas, que arrastraba tras de sí una corriente de inquebrantables admiradores?

Todo esfumado un infausto y negro para España, Jueves, 30 de Marzo de 2006, donde un diputado llamado Alfonso Guerra, presidente a más inri, de la Comisión Constitucional que estudió el nuevo estatuto de autonomía para Cataluña votó a favor del engendro político más esperpéntico y ridículo que haya visto la moderna doctrina política.

Ya apuntaba el chico maneras de cobardía y ductilidad hacia el partido cuando, en su máximo apogeo y con seguidores sin cuento, no fue capaz de enfrentarse a Felipe González encabezando una alternativa al felipismo que hiciera resurgir los valores socialistas. Todos esperamos esa escisión y todos vimos cómo quedó en nada, cómo este personaje, plegó velas y se embozó con unos pocos de los suyos en el acomodaticio y placentero nimbo de los arrepentidos. Toda su doctrina quedó en una anecdótica facción, más para la literatura política que otra cosa, llamada guerrismo, desde donde, a veces, sale a aullar, cual lobo melancólico, para hacernos ver aún más grande su cobardía y traición a España.

Cuatro días después de votar públicamente a favor del Estatuto catalán en el Congreso de los Diputados y de permitir que los diputados del llamado sector guerrista se plegaran a la férrea disciplina de partido impuesta por Rubalcaba, el ex vicepresidente hizo unas asmbrosas declaraciones:

Guerra -que viene a dar la razón a quienes creen que se arrugó en el Congreso- se refirió al proceso de reformas estatutarias que se vive en España.

De forma tajante y sin explicar su voto a favor del Estatut, dijo:

"Salvando todas las distancias, algo parecido ocurrió en el momento de la disolución de la antigua URSS, en el que los dirigentes comunistas, viendo que aquello se disolvía, se envolvieron en las banderas nacionalistas de las repúblicas en que vivirían para seguir manteniendo el poder. Algo de eso, aunque más sutilmente, está sucediendo en España".

Qué mal sabor de boca debe de tener este personaje, ya insigne traidor, después de tragar con el sapo que él mismo ha contribuido a engordar a base de mierda nacionalista y antiespañola.

¡ A buenas horas, mangas verdes ! Que el universo te siga confundiendo, odiado enemigo de los valientes.


Ver un buen artículo sobre este tipo en: elconfidencial