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El Hombre que paseaba con la Muerte

Abilio J. Maestro - Valladolid 02/05/05

CAPÍTULO I NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

FUCKYOU VILLAGE PENITENTIARY

REGISTRATION CARD OF MENTAL CONDITION
Complete NAME: Dwigt Dewt Stappleton
Date & Place of Birth: 08.01.1939 -
Wichita -KANSAS
Date of Entry in Prison: 13.11.1968
PERSONALITY IN NUMBERS:-------------Mínimo/Normal-------- Máximo
Coefficient of Intelligence: 98 -------------------90---------------------- 145
Coefficient of Mental Stability: 18------------- 01 ----------------------100
Coefficient of Foolishness: 1220-------------- 100---------------------1500
Coefficient of Spirituality 0.1---------------------- 0-------------------------10
Irascibilidad's coefficient: 6223----------------1220-------------------- 6500
Coefficient of Sexual Powerl: ?-------------------------------------------------
Coefficient of Fortune: 20------------------------ 20 ----------------------115
Coefficient of Success: 11.3 --------------------13------------------------ 30
Coefficient of Resistance: 155----------------- 10----------------------- 159
Warghburg's coefficient: 2,2512----------- 0.125411--------- 10.652542
Out-standing incidents:

He enters today for "jarrear" the Federal one: 13.11.68

The Civil servant: Troy Donajiu---

Dwight Dewt Stappleton había acomodado de tal forma su sistema psíquico, sensorial y físico a la vida en prisión que la sola idea de que algún día le dejarían marchar le producía un latigazo de dolor en el estómago.

 La vida en la prisión de Fuckyou Village es muy dura y si, por algún fenómeno de acartonamiento, logras sobrevivir los 32 años que cumplió ayer Dwight en el trullo es que sólo la bazofia de comida te alimenta, sólo los castigos y torturas físicas te motivan para continuar con vida y sólo la presión psicológica de los muros y el sometimiento a la autoridad arbitraria te relaja. Sólo Dwight podía decir con conocimiento hasta qué punto era cierto el lema que vio escrito en una madera encima de la puerta principal cuando alzó la vista:

Out You Lived, Here Inside…..Maybe

(Algo así como: Afuera tú vivías, aquí dentro,….quizá.)

DD.S entró en prisión en Otoño del 68, tras haber malherido en la taberna que le dejó su padre, muerto de cirrosis, a un federal que investigaba el presunto asesinato de un negro que apareció colgado y apaleado, ya que la Oficina Federal no llegó a creerse la versión del sheriff del condado de que se trataba de un suicido depresivo.

El federal, un tal Johny T. Sniphers, tuvo la fatal ocurrencia de asegurar en voz alta haber comido la peor hamburguesa con queso de su vida, tras volver de vomitar en el WC.

 

CAPÍTULO I NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

No contento con este comentario extendió el brazo apuntando con el dedo a DD.S que se encontraba tras la barra y, en tono amenazador, dijo que le acusaría de haber intentado envenenarle.

Dwight, impulsivo y colérico desde que en su infancia el reverendo Jeremiah le cacheteaba por tartamudear en el salmo 32 de Isaias, le lanzó la jarra de cerveza que, a medio terminar, tenía delante Irving L.Littlenose, hijo zángano de un rico granjero de aquel condado, que había hecho fortuna vendiendo forraje y pienso adulterado a los ganaderos. La jarra, impelida por una fuerza difícil de calcular; pero bastante grande, fue a estrellarse con gran estrépito en plena frente del federal ,salpicando de espuma de cerveza y sangre a cuatro cowboys que jugaban al póker.

El infeliz cayó hacia atrás claro, con tres o cuatro trozos de cristal incrustados en el hueso de la frente y la cara cubierta de sangre.

Quiso la buena fortuna de aquel hombre que se encontrara en el lugar un recién licenciado en Medicina que, circunstancialmente, había pasado a picar algo y tomar una cerveza de camino a Silverfox, donde tenía familia a la que, según aseguró luego en el juicio, pensaba pedir prestado dinero para poner una consulta.

 

El médico logró limpiar la cara de cristales y detener la hemorragia utilizando el mismo pañuelo de seda que llevaba al cuello el federal, también tuvo que destrozarle las mangas de la camisa ya no tan blanca y dar vueltas con ellas a la cabeza.  

Luego le trasladaron al hospital, aún semiinconsciente, en el pick-up de Pinkleton.
DD.S fue llevado a juicio y condenado por un tribunal a 5 años y un día de arresto mayor por homicidio frustrado, en grado de tentativa, más 1 por la circunstancia agravante de ser la víctima funcionario estatal, menos 4 por la eximente parcial de impulso diabólico incontenible, suscitado por una innecesaria provocación dirigida a lo más profundo de la autoestima, como hábil e impropiamente para su bajo coste, supo argumentar el abogado defensor; debiendo cumplirse en la penitenciaría del condado de Winnepougnerah.

 

CAPÍTULO I NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

Adicionalmente debía pagar las costas, las dietas del tribunal, al abogado defensor y acusador, a todo cristo y una indemnización al federal por los gastos ocasionados hasta su total recuperación, incluyéndose el vestuario echado a perder, los emolumentos por los días de servicio que estuviera de baja y la pérdida de atractivo por las 18 grapas con que le cosieron por toda la frente, montante que se estimó en un principio en 12.520 $, pendiente de la fijación definitiva en unos meses. En las sesiones del juicio se llegó a solicitar el dictamen de un especialista en nutrición que corroboró que no existía adulteración grave o envenenamiento más allá del normal en las hamburguesas de la taberna de DD.S, menos mal.

El Tribunal nombró un administrador encargado de vender todas las propiedades de DD.S y de liquidar todos los pagos que al cabo de unos meses fueron de otros 6.153,25 $. A Dwight le devolvieron el resto, 137,75 $ ya siendo inquilino con derecho a alimentación y techo en la penitenciaría.

FIN CAPÍTULO I

 

  DD.S no se acababa de adaptar a la mala vida, duros trabajos y peores tratos que daban en la prisión. Su carácter impulsivo y violento no le granjeaba la simpatía de los funcionarios, incluso en cierta ocasión fue llamado por el propio alcaide y advertido duramente que si persistía en su actitud no le dolerían prendas en proponer un aumento del plazo de estancia en prisión.
El día tenía que llegar y llegó. El infortunio se cebó en nuestro amigo y le jugó una mala pasada. Durante una de sus frecuentes peleas con su vecino de celda, Abraham W. Stippendale, un negro grandullón con perpetua e hipocondríaco, convicto de tres asesinatos a sangre fría por robar una caja de caudales a una familia normal y que, a la postre, se comprobó que tenía un fajo con 325 $, ridículamente atados con un lazo fucsia y unas monedas conmemorativas del 100 aniversario de la Union Pacific, le estampó un puñetazo en toda la cara que le hizo ir hacia atrás trastabillando. El hombre cayó estrepitosamente bajo unas mesas donde un grupito de ratas estaban destrozando al gato del cocinero. Dos de ellas al creerse atacadas se abalanzaron sobre la cara y cuello del negro, mordiéndole la nariz y una oreja, antes de que el infeliz de Abraham se diera cuenta de lo que estaba pasando y las apartara de un manotazo.

 

CAPÍTULO II NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

Las circunstancias se complicaron y quizás a Abraham le quedó algún tiempo para arrepentirse de haberle vuelto a llamar Chupabombas Dewt a aquel Dwight, que aquel día estaba enfurecido ni yo mismo sé por qué. A DD.S en el presidio le llamaban a sus espaldas Chupabom Chupabom Chupabombas Dewt, con una cierta musicalidad y esto si lo oía le ponía frenético y violento. El sobrenombre en cuestión le llegó a año y pico de estar encerrado, cuando le reconoció un recluso que había estado en su misma compañía militar haciendo maniobras y prácticas de tiro en aquel desértico Arizona. Dwigt tenía la maldita costumbre de chupar las granadas antes de lanzarlas al precipicio y las balas que metía en el cargador de aquel fusil antes de disparar tontamente a la ladera de la montaña. Le producía un irresistible magnetismo el sabor metálico de aquellas piezas y no podía evitar darles unos ansiosos chupetones. Allí sus compañeros le empezaron a llamar Chupabombas y él reía ante lo inevitable. Luego, fuera ya del servicio militar por no renovación del contrato con las fuerzas terrestres, y al asentarse en otro Estado fue olvidándose de aquel molesto e hiriente apodo.

Hasta que un mal día llegó aquel estúpido de Porsportikov, ucraniano nacionalizado al que

llamaban Popotito por la imposibilidad de su correcta pronunciación y su primer saludo fue: ¡Coño, si está aquí Chupabombas Dewt!. Con esa frase se inició la cuenta atrás para el gordinflón Abraham.
Aunque camine por el valle de las sombras, no temeré, oh Señor, porque tu vara y tu callado me sostienen......, y así seguía sermoneando aquel reverendo metodista que trajeron para dar sepultura al pobre Abraham, muerto por una virulenta infección que le produjo unas fiebres que no pudo superar con las escasas y grasientas defensas de su gordo corpanchón.
Aquel incidente fue informado por los funcionarios al Alcaide quien, a su vez firmó el informe y lo elevó a la JCS.Com, Junta de Control y Seguimiento del Comportamiento quien, a su vez, lo elevó con más agravantes aún, por si no venía ya cargadito, al juez de Vigilancia Penitenciaria, quien se reunió con el Tribunal de Asuntos para Condenados, formado por el mismo juez, un psiquiatra, un asistente social y un miembro aleatorio de la comunidad, que podía ser un fontanero por ejemplo, quien dictó sentencia: 10 años y un día más por el delito de cooperación necesaria en homicidio sobrevenido por infección mortífera, menos 5 años por la atenuante de exaltación de imposible control y arrepentimiento instantáneo, ya que hubo testigos de que posteriormente a la pelea se dieron la mano.

 

CAPÍTULO II NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

En 1977 murió el Alcaide, Orestes Beautiful Beattle, un mal tipo, de un cólico miserere brutal que le reventó por dentro, él que siempre había sufrido las hemorroides en silencio, sin que ningún funcionario subordinado se diera cuenta de nada, él que tuvo una aventura amorosa en 1966 como tantos y tantos americanos.
Era de noche y sin embargo llovía insistentemente, como cuando llueve mucho. De repente alguien oyó un grito espeluznante que llegaba de la zona noble, porque si llega de los barracones de internos nadie hace caso, y el cuerpo que estaba de guardia llegó corriendo. Allí estaba revolcándose en el suelo limpio del único cuarto de baño completo que había en el penal, el cretino de Orestes, claro que eso no se le ocurría a nadie llamárselo a la cara, con los pantalones por los tobillos. ¡Cuánta alegría produjo aquella visión entre los subordinados que aguantaban día a día sus estúpidas manías!; no obstante llamaron a una ambulancia ya que llamar al médico era tontería, para qué despertarle si todos recuerdan que hacía dos años se le presentó un caso idéntico con un recluso y les contestó que no tenía ni puta idea de aquello, que no se lo preguntaron en la oposición y que él, después de un año de funcionario, sólo estaba para suministrar somníferos, inyectar calmantes en vena , poner inyecciones antitetánicas, vendas y grapas

 en los cortes que los indómitos funcionarios y los no más indómitos reclusos se ocasionaban en las frecuentes peleas.
La ambulancia tardó en llegar, bueno para ser más exactos estuvo a punto de llegar; pero lo que es la fatalidad, eso que si se te pega a la chepa no hay quien te la quite, se quedó a 400 metros de la entrada principal, ululando como un perro que se queja de que nadie le echa nada de comer.
Aquella mañana habían estado de obras los presos, tuvieron que cavar una zanja de lado a lado de la carretera para cruzar una nueva tubería del desagüe general. Lo habían vuelto a cubrir con tierra en espera de ser asfaltado al día siguiente. Las persistentes lluvias durante todo el día habían hecho que la tierra de la zanja, que no había sido aplastada, fuera posándose dejando un socavón de, al menos, 20 cms. de profundidad.
La ambulancia, que venía lanzada, no lo vio y no pudo hacer nada. Entró en el socavón con las ruedas delanteras que aguantaron el tirón y saltaron dando un brinco; pero el eje trasero ya si que no soportó. La caída del brinco dio con las ruedas traseras en pleno corte de la zanja, desencajando el eje del chasis y saltando todas las soldaduras. ¡Qué lástima, ya no sueldan las Ford como antes!. La furgoneta avanzó casi 50 metros más con el eje trasero fuera de órbita y al final, lo que son las cosas, se paró y no llegó.

 

CAPÍTULO II NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

Quedó ululando en la noche lluviosa a unos 400 metros de la puerta principal como dije antes, mientras el pobre desgraciado del Alcaide sufría por sus muchas crueldades arbitrarias y putadas varias con los presos y funcionarios, aparte del reventón de tripas que le estaba descuajeringando todo su ser, esternocleidomastoideo incluido.
Tres horas después murió de una mala hostia que no veas, no pudo venir una nueva ambulancia por lo del turno de descanso nocturno conseguido por el sindicato. Tuvo la jodida muerte que merecía, mientras la fiesta iba paseándose por toda la cárcel.
DChD.S que seguía siendo un ingenuo creyó que con el jaleo se relajarían los controles y podría escapar. Tuvo la genial idea de colarse en el coche funerario que vino a recoger al difunto Orestes. Increíblemente logró salir y pasó el viaje pegado a la caja del difunto, bajo la bandera. Llegaron al tanatorio, abrió el portón trasero el funcionario chófer y, al sacar el ataúd, allí que apareció el cigüeño de Dwight. ¿Qué diablos haces tú aquí?, y sin mediar más palabras le atizó una hostia con la porra reglamentaria que le dejó grogui.
Vuelta a la prisión Fuckyou y nuevo informe del nuevo Alcaide que quiso estrenarse dando un buen escarmiento. 8 años más le sentarían bien y le aquietarían el espíritu tan tontalán, revoltoso y aventurero.

 CAPÍTULO -III NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

DChD.S pasaba los años de forma monótona; pero su espíritu fiero y su ingenuidad aún le debían de jugar malas pasadas.
Corría más que andaba el año 1981 cuando una ola de nerviosismo amenazaba con dar al traste con un plan de fuga estúpido y simple, aparte de increíble en estos tiempos, que encima había sido diseñado entre cuatro angelitos. Los 4, entre los que se encontraba nuestro DD.S, se mostraban anormalmente inquietos y a ojos vista se notaba que algo tramaban, miradas de reojo, señas entre ellos mal disimuladas, pequeñas reuniones, etc.., todo eran síntomas de que algo gordo se cocía.
Lyndon Bigbutt Carlston era quien lideraba el grupo y el que había diseñado la estrategia de fuga que, a grandes y pequeñas líneas, consistía en meterse en un antiguo canal de desagüe que permanecía en desuso y que, según sus informaciones conectaba directamente con alcantarillado general de la zona, acabando por desaguar mansamente en un arroyo, igual que harían ellos. El único problema era que había que levantar unas baldosas de las letrinas y romper una delgada capa de cemento o ladrillo que tapa la arqueta conectada a un antiguo recolector de aguas fecales, y deberían hacerlo en poco tiempo . . . ..

 

CAPÍTULO III NO TUVO BUENA VIDA EL TAL DWIGHT

ya que podrían echarles de menos en el patio antes de que hubieran logrado parar a algún camionero que les llevara lejos de allí.
Lo habían planificado todo para la tarde del Domingo ya que tenían tres horas libres. Era Viernes y los cuatro se juntaron una vez más a comer y ultimar los pequeños detalles, cómo llevarían escondidos los hierros para levantar las baldosas y horadar en el cemento del suelo, etc.. Todos parecía que tenían algo que decir; pero solamente hablaba el líder, pobres ingenuos, estaban escuchando ensimismados, con la boca abierta y levantando grandísimas sospechas al tontalán de Culogordo Carlston, sin ni siquiera plantearse de dónde había conseguido un cetrino como él la información, si era cierto que el túnel iba a parar al exterior, ni qué harían en el hipotético caso de que se encontraran fuera. A veces la desesperación hace a uno agarrarse a cualquier plan que te prometa salir de aquel húmedo y frío infierno y no te planteas más que salir afuera. Así se encontraban este grupito de 4, emocionados ante esa posibilidad que, más que remota, vislumbraban ya muy cercana.

Ellos eran:

Dw, ya veterano perdedor, al que le quedaba poco; pero se le ponía dura con eso de pensar en largarse de allí por lo ilegal.
Wally W. Walker, bombero de una subcontrata de las USAF, que se volvió loco e introdujo el cubo y la fregona con la que limpiaba los hangares en la turbina de un reactor, provocando una explosión que casi mata al comandante de vuelo y un piloto de pruebas en simulador. Le pillaron porque se puso muy colorado en el interrogatorio y fue, en una vista rápida negociada ya la pena por su abogado de oficio, a la cárcel.
Bartholomew “Ballsbreaker” Bird, ex boxeador, con novia mexicana, acusado y condenado por asesinato en el ring. Barth o mejor “pajarito” estaba aquel día verdaderamente enfurecido, su contrincante había hecho unas declaraciones en el canal 12 fanfarroneando de quitarle la novia después de aporrearle de lo lindo esa misma noche, por eso se obnubiló, se le fijaba continuamente en la mente el archivo Pepitabajounorangután.gif, además en movimiento y eso le daba mucha energía eléctrica, por eso se obnubiló y no hizo caso a la campana. Siguió golpeando, ciego de rabia eléctrica, a un rival ya de rodillas con cara de orangután lelo. Unos segundos después el árbitro, realmente sorprendido por la fiereza de Barth trató de apartarle empujándole y ese movimiento fue realmente fatal.
Continuará.....