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| Y tú ¿Serás algún día Valiente?
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Mándanos alguna historia o relato raro que te parezca oportuno. |
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| Bud, el Hombre que llevó con Dignidad su Perdición |
Abilio
J. Maestro - Valladolid 11/05/05 |
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Frío frío, lo que se dice frío era lo que hacía aquella endiablada mañana del Viernes 19 de Febrero de 1974, cuando Cab Calloway, infame alcaide de la penitenciaría del condado de Green Meadows mandó llamar a su despacho a Bud, "cuatro tiros" Douguerty, infeliz granjero que fue condenado a la silla eléctrica por hacer escupir la segunda, tercera y cuarta bala a su Winchester sobre el cuerpo, ya cadáver, de Douglas J.R. Firewall, vendedor junior una empresa muy grande americana, que le sacó de sus casillas al presionarle para instalarle en su granja de 20 cerdas de cría, cincuenta vacas, tres caballos de parada y un pato, un sistema novedoso de reprografía. El malaventurado encontró aquella granja de camino a su oficina, y entró tras no llevar ningún contrato en la cartera con que calmar la furia de su jefe. El cabrón de fiscal logró convencer a aquel patético jurado de seis vendedores de seguros, lavadoras y una negra parturienta, de que había empleado ensañamiento innecesario sobre aquel ingenuo muchacho al que, según los forenses la primera bala ya destrozó el cráneo. En su turno para la argumentación final se mostró demoledor con el pobre Bud.
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Le adjudicó un impulso diabólico, una furia incontrolable en el disparo, una puntería fatídica, un espíritu irascible y fácilmente irritable, en fin un auténtico y horrible peligro para la sociedad y las gentes de Alarmaba en particular, cuestiones que aquel abogaducho barato que le encontró su cuñado no fue capaz de rebatir. Bud, debes saber que nadie de la junta de revisión quiso firmar la petición de clemencia al gobernador, no eres un tipo cómodo, dócil, no te has integrado en el sistema, has roto varios enseres de cocina, muebles e incluso máquinas del taller y eso provocó en ocasiones la cólera del jefe de costes. Te has creado enemigos. ¿Tienes algo que decir? Bud se quedó pensativo y triste, muy triste, y dijo: Si no lo dijo Jesucristo debió de haberlo dicho, bienaventurados los que no esperan nada de nadie porque no se sentirán defraudados. Bien Bud, dijo el impresentable Cab, con cierta fruición, no voy a andar con rodeos, me ha llegado el convoluto del juez. El próximo Lunes serás achicharrado por la vieja sparsky en cumplimiento de la sentencia 595/71.
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¿Tienes algo que decir? Bud se encogió de hombros, ladeó un poco la cabeza, chasqueó la lengua y dijo: Mal empezamos la semana. Llegó tan rápida como siempre, a sesenta minutos por hora, la tarde del Domingo 20, fría y fatal. Moody Mano Tonta Mcallister, despreciable funcionario y carcelero abrió la cancela y dijo: Bud qué quieres cenar, puedes pedir lo que quieras, siempre que nos sea posible claro. Un bourbon de categoría y un polvorón de la estepeña. Llegó la noche a la misma velocidad y con ella el tontorrón de Moody, dejándole el vaso, la botella y el polvorón en la pequeña mesilla de la pequeña celda. Hoy tenía el privilegio de cenar sólo y en su celda, ¡Qué cosas! Bud no dijo ni pío, tomó el bourbon que le había servido el idiota y de varios y seguidos tragos lo terminó con deleite. Moody le dijo: ¿Quieres otro vaso Bud? Estúpido Moody, ¿Cuándo dijo el mar que no quería más agua? Mano Tonta se enterneció, le dejó la botella, cerró la cancela y se fue.
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Mientras se alejaba por el pasillo oía el sonido del plastiquillo que envolvía el polvorón. Se estremeció de un escalofrío inesperado. Recordaba las buenas tertulias que tenía con Bud después de haberle dado cuatro hostias a él y a otros por las continuas peleas. Se quedaba más blando que un guante y a veces le decía: Estúpido Moody, no trates a la gente como cosas tontas,... pero nunca olvides que lo son. Llegó la fatídica mañana del 22, eran las 8:30, y hacía frío, mucho frío y con él llegó Moody. Vamos Bud, date más prisa. Bud siguió tumbado en la cama. Se había afeitado ya. Le miró de arriba a abajo y dijo: Estúpido Moody, nunca tengas prisa para dar un mal paso. Aquella fría mañana, con la presencia del alcaide, del sheriff del condado, de un pastor presbiteriano al que se negó a recibir días antes, de dos funcionarios carceleros, de dos internos poco peligrosos y de la viuda de la víctima, Bud fue achicharrado con cuatro descargas de 20000, 15000, 13000 y 8000 watios con 0.5 ohmios de imperancia y dos minutos de intervalo.
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Qué ironía, las tres últimas descargas sólo sirvieron para calentar el cuerpo ya cadáver de Bud. Pobre Bud, nadie le lloró,
nadie rezó por su alma, nadie le recordó pasados 2 minutos,
nadie le puso ni un pequeño crucifijo en la caja de madera de Mientras le veía convulsionarse y sudar volutas de humo, le vino al magín la imagen de aquellas extrañas letras que venían en cursiva en la vieja biblia de Gedeón y los Siete Ángeles Buenos que le obligaba a leer su padre: "Miserere nostris Deo et dona nobis misericordiam magnam tuam" El pobre Bud siempre decía: El que para pobre está apuntado lo mismo le da correr que estar sentado. Fin de la historia de Bud. |
Esta historia ha sido recopilada de los documentos encontrados en los contenedores de la basura enfrente del edificio del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En contraprestación
por dar bien de comer a unos Los de Alabama, tras una
pequeña investigación sobre ese sistema declinaron la
oferta.
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