Políticas Públicas del Conocimiento y la Innovación

Ley de Optimización del Conocimiento Superior

Principios y Bases

El Gobierno de los Valientes es consciente de que la instrucción de los conocimientos existentes, así como la potenciación de las capacidades de cada individuo para alumbrar más conocimiento, es materia de imprescindible atención por parte de las instituciones públicas.

A tal fin ya están establecidos los mecanismos y recursos suficientes para dotar, obligatoriamente a cada persona, de los conocimientos teóricos y prácticos que le han de servir en la carrera de la vida. El Estado, pues, garantiza la instrucción gratuita en los conocimientos básicos y elementales.

Actualmente nuestro estado del bienestar también subvenciona los estudios superiores y facilita a todo el que haya pasado las pruebas obligatorias el acceso a los centros de instrucción superiores: la Universidad.

Los estudios superiores no tienen por qué estar subvencionados
Existen alternativas a la Universidad Pública de más provecho

La universidad pública sirvió en su día como instrumento creador de personas de alta cualificación que la sociedad demandaba para su crecimiento económico. El alumno accedía a la universidad para obtener un título superior que le abría las puertas de cualquier actividad, ya fuera del sector público como del privado.

El estado, a través de los presupuestos de todos, ricos y pobres, tontos y listos, pagaba una formación a fondo perdido para beneficio particular de cada persona que lograba su carrera, perdiéndose ese desembolso público.

El que luego cada individuo aporte en impuestos, por el trabajo conseguido gracias a sus estudios superiores, no es excusa, es su obligación, como el albañil que no siguió estudiando.

Actualmente el Estado ya no tiene por qué proteger esa área de la instrucción superior, ya que existen multitud de instituciones y universidades privadas que se han especializado mucho más en la enseñanza teórica y práctica, con excelentes resultados. Así pues, la cobertura pública a la enseñanza superior ya no es una necesidad, de la misma manera que no se necesitan grandes televisiones públicas, ni periódicos públicos, ni radios, ni empresas de electricidad públicas.

El Estado lo que debe hacer es proteger y cuidar de que el conocimiento, el talento, la genialidad y la perseverancia en el trabajo y el estudio, de cada individuo que esté dispuesto a desarrollarlo, no se pierda.

El Estado Valiente protegerá el Talento
El Estado Valiente velará por que surja el Genio y lo mimará

El gobierno de los valientes se ha dado cuenta de que los ingentes recursos públicos que absorbe la enseñanza pública superior no están dando absolutamente ningún resultado. La Universidad Pública, salvo contadas excepciones, es ineficiente socialmente y su aportación a la sociedad que la mantiene es más bien escasa.

Tenemos que cambiar la estrategia

Como principio fundamental, el Estado Democrático, Social y Valiente Español, proclamará la política del conocimiento superior de prioridad absoluta y de cuidado y atención preferente por parte de todas las administraciones públicas, dotándola de presupuestos ajustados a sus fines.

La Universidad Pública cambiará su carácter docente por el de centro de estudio superior, investigación e innovación al servicio de la sociedad española.

La situación actual no es propicia para conseguir el objetivo. Las universidades públicas, que es donde se albergan, se desarrollan y se crean los conocimientos, no está respondiendo a su verdadera utilidad pública. De hecho, la universidad pública dilapida enormes cantidades de recursos públicos sin que se vea nada en claro: No aporta gran cosa al crecimiento y progreso de la sociedad y es tremenda consumidora de presupuestos.

En otros tiempos sí que fue fundamental el carácter público de la enseñanza superior; pero en los actuales, en los que existen multitud de universidades privadas que cubren y cumplen la función de preparación del estudiante con muchísima mejor solvencia, ya no son necesarias.

Acción Comprometida y Valiente

Las universidades públicas dejarán de ser centros de enseñanza superior para pasar a convertirse en centros de alta cualificación con fines de investigación e innovación.

Las actuales funciones de enseñanza superior quedarán encomendadas a las diversas instituciones, fundaciones, institutos y universidades públicas ó privadas que competirán entre sí.

La supresión de la enseñanza superior pública irá acompañada, lógicamente, de créditos públicos, para la terminación de los estudios.

No habrá becas a fondo perdido en la enseñanza superior. Habrá créditos a devolver en el tiempo.

Por tanto nos encontramos ante un nuevo concepto, un novísimo entorno y un contexto diferente al actual.

Premisa Básica

Las universidades públicas no son necesarias e imprescindibles para aportar a la sociedad el conocimiento y la instrucción superior que demanda. Existen alternativas que lo cubren con más solvencia.

Premisa 1ª

El Estado no tiene por qué subvencionar los estudios superiores.

Premisa 2 ª

La universidad pública es un gran centro de derroche de recursos públicos y crea licenciados como churros, cuya mayor motivación es sacar unas oposiciones públicas. No se está cumpliendo una función social.

Premisa 3 ª

La sociedad demanda profesionales altamente cualificados en las distintas áreas del conocimiento y en esa cualificación están mucho mejor preparadas las universidades e instituciones privadas.

Conclusión

La formación superior dejará de estar subvencionada a fondo perdido por el estado y será impartida por centros públicos o privados que compitan entre sí. El estado aportará los créditos necesarios para cursar estudios superiores; pero serán devueltos a lo largo de la vida laboral del individuo.

Objetivo nº 1 : Optimizar recursos públicos

¿ Cómo hacerlo ?

Fase 1

Concienciación sobre la necesidad de un mejor aprovechamiento del presupuesto público.

Fase 2

Reasignación de funciones

Fase 3

Toma de control estatal:

Presupuestos y Dirección

La ciudadanía entenderá perfectamente que subvencionar los estudios superiores no es una obligación del Estado.

La mejor forma de conseguir hacer desarrollar al alumno todo su potencial intelectual es motivarlo con la esperanza de un futuro prometedor en nuestro país, a la vez que formarlo en un entorno de alta capacitación, de elevada exigencia intelectual y de relaciones competitivas. Estos entornos están más claramente definidos en los centros privados de enseñanza superior.

Nadie que pruebe un talento suficiente para abordar la enseñanza superior se quedará sin su oportunidad por razones económicas. El Estado concederá créditos para la enseñanza superior; pero serán devueltos en el tiempo, como debe ser. Oportunidades para todos.

Se evitará el enorme coste que supone la subvención de los estudios superiores a cualquiera, que ni tenga otro interés que el de ser funcionario o que se eternice en unos estudios para los que no vale.

El que quiera una carrera superior debe pagársela. El Estado le ayudará; pero deberá devolverlo. Es la manera de que se seleccione de forma natural a los que realmente valgan para estudiar.

De esta manera se evita que el país subvencione toda la carrera del estudiante y luego éste se vaya al extranjero sin que haya aportado nada a quien le formó. Si ha de marcharse que se vaya; pero, al menos que devuelva lo que la sociedad invirtió en convertirlo en lo que es.

Los actuales universidades públicas tendrán tres opciones:

1.-Convertirse en centros de investigación pública, autonómicos o estatales.

En esta opción abandonarán la docencia al por mayor para convertirse en centros públicos de alta especialización investigadora.

2.-Convertirse en centros docentes superiores; pero sin cobertura presupuestaria pública.

Es decir que se tendrán que ganar su mantenimiento compitiendo con otros centros, a través de la excelencia de su proyecto de formación académica superior.

3.-Desaparecer por falta de viabilidad.

Dado que se seleccionarán los centros más idóneos para realizar la función investigadora pública, aquellas universidades que no puedan competir deberán dejar de serlo.

Tanto los centros, edificios, instalaciones y personal actual serán redistribuidos para adecuarlos a sus nuevas funciones.

No habrá despidos involuntarios.

El estado tomará el control de toda la actividad docente superior a los efectos de concesión de créditos a los estudiantes y de la supervisión de títulos, creándose una Agencia ministerial "ad hoc", llamada Club de la Excelencia.

Todo estudiante que acceda a la enseñanza superior podrá solicitar al Ministerio la correspondiente línea de crédito para cursar los estudios.

Esta línea de crédito consistirá en la puesta a disposición de la institución académica que elija, a través de entidades bancarias colaboradoras, de las cantidades que oportunamente se devenguen durante los sucesivos cursos, así como del mismo alumno siempre que quede demostrado el fin al que se destinan, alojamiento, libros, actividades paralelas, etc...

El Estado aportará hasta un máximo de 60.000 € por alumno a lo largo de toda la carrera, teniendo en cuenta la duración prevista, debiendo ser devuelto el importe finalmente consumido en un máximo de 25 años, al interés del euribor.

La devolución del importe podrá realizarse bien con reembolsos puntuales, bien a través de la cuota a pagar o devolver en el IRPF y su funcionamiento será similar al de una hipoteca.

Al ser una política prioritaria del Gobierno, éste podrá endeudarse en lo que deba, no contabilizándose como gasto estas partidas a efectos del mantenimiento del equilibrio presupuestario, ya que son políticas de inversión en calidad de enseñanza a largo plazo y con devolución.

El Club de la Excelencia Pública

El Gobierno de los Valientes creará una agencia pública propia, dentro del ministerio, para el estudio, financiación y ejecución de la nueva política del conocimiento superior.

Este CEP será el encargado de supervisar y dirigir la reasignación de las funciones de los diferentes centros universitarios públicos actuales, que pasarán a convertirse en:

1º Centros públicos de alta investigación e innovación.

2º Centros de enseñanza superior cualificada sn cobertura presupuestaria pública.

3º Otro tipo de centros, con otras funciones, a determinar en coordinación con las comunidades autónomas.

La elección de una u otra función deberá hacerse teniendo en cuenta la situación de cada centro, su trayectoria, historia y experiencia, es decir todo su bagaje, con el fin de conseguir una óptima reasignación.

El CEP se encargará de gestionar todo el movimiento de dinero y créditos a los estudiantes, en colaboración con las entidades bancarias que se ofrezcan a ayudar al nuevo sistema.

Otra de las funciones importantísima del CEP será la de conseguir el compromiso de los alumnos más destacados con la política de investigación e innovación del gobierno de los valientes. A tal fin señalará los titulados que mejor puedan adecuarse a los distintos programas y áreas de investigación e identificará a los genios que no es conveniente que se vayan a otros países, si no es temporalmente para ampliar conocimientos y experiencias. No obligará a nadie a quedarse y para ello les ofrecerá más de lo que le hayan ofrecido, siempre y cuando merezca la pena el esfuerzo.

Como corolario a la presente Ley, el Estado central asumirá todas las competencias en esta materia, no pudiendo ninguna comunidad autónoma legislar en contra o entorpecer estas acciones. Las comunidades autónomas podrán potenciar y estimular la competitividad en los centros de sus territorios; pero sin que suponga subvención pública directa alguna a ninguno.

Si logramos estimular adecuadamente el talento de cada persona, conseguiremos sacar todo lo bueno que tiene y ponerlo al servicio de los demás. Entonces pasará a ser de los nuestros: Un Valiente

Cuidemos al genio, no lo entorpezcamos, ni queramos igualarlo a los demás.

Ayúdanos a mejorar la propuesta de ley con tus opiniones pertinentes.