| Ideas Utópicas y Valientes sobre Políticas Públicas |
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Ley del Momento Privado Feliz |
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| Principios y Bases La felicidad es algo que pasa, un estado de cosas, un instante, un tiempo indeterminado de satisfacción, que luego se va. Nunca se queda permanentemente. Está revoloteando continuamente por el ambiente, más cerca o más lejos de cada uno de nosotros; entra y sale sin habernos dado cuenta en la mayor parte de las ocasiones. Luego, más tarde, ya pasado ese momento, nos damos cuenta de que quizá fuimos felices.
Un pensamiento que nos haga relamernos de gusto, un recuerdo, una idea, un proyecto a desarrollar, una ilusión, un momento privado y feliz para uno mismo. Y es fundamental que no pase desapercibido, que seamos conscientes de que por nosotros pasó una ola de felicidad durante un cierto tiempo. El Gobierno de los Valientes está convencido de que la felicidad está al alcance y pasa por todos y cada uno de nosotros;
Incluso en existencias duras y penosas, descarnadas, azotadas por la desgracia y el sufrimiento, en individuos atormentados, presos de desesperación y furia, con todos sus sentimientos rotos por el fracaso vital, por el desamor o por la catástrofe personal, incluso así, cada persona merece tener su dosis de felicidad. Buen día es aquél que pasa sin estar enterrado, dijo alguien y debe ser cierto. ¿Cómo podemos llegar a materializar y concretar un momento que suponga un intervalo de felicidad? ¿Cómo hacer que seamos por un instante felices, a nuestro pesar? Parece increíble y es increíble; pero allá vamos, con un proyecto innovador y revolucionario. No se trata de que seamos felices por cachabas, porque lo obliga el gobierno, no. Si el ciudadano se empeña en ser infeliz, allá él, y si es capaz de ser feliz a borbotones, sin la ayuda de nadie, mejor para él. Aquí sólo se pretende atrapar el momento de felicidad diario y conseguir, con ello, el bienestar social:
¿Cómo actuará la tarjeta para conseguir atrapar un momento feliz? De la misma manera que nos invade una grata sensación al poder levantarnos y ver un bonito día,
o, simplemente, la sola idea de poder dedicar ese nuevo día a lo que nos gusta, así le gustaría a ese ente que nos gobierna en las cuestiones materiales, poder aportar un instante de espiritualidad que cristalice en el llamado MOMENTO FELIZ, ese que todos merecemos alguna vez durante el día. Y eso queremos lograrlo materializando ese trasvase de felicidad y energía positiva que flota en el ambiente a través del simple movimiento de mostrarse la tarjeta a uno mismo o a los demás que nos rodean.
Quizás nos encontremos solos en ese proceso de conseguir nuestro tiempo de satisfacción, quizás se encuentre alguien más junto a nosotros y sea partícipe de ese momento. Lo que debe quedar claro es que es nuestro tiempo, es nuestro momento y es nuestro instante feliz. Somos conscientes de que querer acercarse desde un estamento frío, impersonal y tan ajeno a los sentimientos como es el Estado a un concepto tan intimista, personal, circunstancial, cambiante y cósmico como la Felicidad del individuo, entrometerse en ello y tratar de que ésta arrastre hacia la colectiva, es una tarea insensata, de locura boreal y de tamaña complejidad, que es como querer atrapar atrapar el arco iris tras la tormenta.
Pero la utopía existe, como concepto; aunque nunca se alcance, como el arco iris y el solo hecho de encontrar la ilusión camino del horizonte, hacia ese arco iris, que nos ha fascinado y cautivado con ese juego hipnótico y fantasmal de colores en medio de la nada, ya es mérito más que suficiente.
No se pretende buscar como fin la felicidad, sería de estúpidos presuntuosos; sino que el fin está en iniciar el camino hacia ella. Y ahí entra el Gobierno de los Valientes, con su valiente y decidida intromisión, con su idea estrambótica de iniciar ese momento de búsqueda, materializándolo en un símbolo, en un tótem, en un fetiche, en la propia TMF que actúe de detonador, de motor de arranque de esa búsqueda. Quizá la tarjeta debiera llamarse: tarjeta para iniciar la búsqueda del momento feliz. Cómo estampar algo tan etéreo, sublime e intangible en un objeto y cómo éste puede ser catalizados y conjurador del momento feliz, es un auténtico misterio; pero estamos seguros de que funcionará en muchísimas ocasiones.
La tarjeta se solicitará por todo aquél ciudadano, de cualquier edad y condición, de manera personal, siempre que reconozca que ha sido, o sigue siendo, o es posible que sea infeliz.
La TMF llevará en el anverso grabado el nombre y dos apellidos del titular, sin edad, la frase oficial y el escudo del gobierno de los valientes impulsor de la iniciativa. En el reverso llevará lo que quiera poner cada uno, foto preferida, frases, citas, fondos, colores, etc... a elección, algo que pueda evocar un momento en que realmente se fue feliz, o aquel que no sucedió o que debería suceder para serlo. También llevará la fecha de emisión y un nº de registro. El solo hecho de que un Gobierno, ente impersonal; pero formado por personas, te nombre y te dé su apoyo a la búsqueda del momento feliz, a ti personalmente, debe hacerte sentir que eres alguien dentro de la comunidad, que mereces ser feliz, que la comunidad necesita que tú seas feliz y que seguro que lo lograrás con empeño, coraje y valentía. ¡Porque tú lo vales! ¡Porque tú lo mereces! El Gobierno con esta acción persigue también el objetivo de crear atmósferas de felicidad, instantes de felicidad colectiva que anime a los ciudadanos a ver las cuestiones y los conflictos de una forma positiva, a avanzar en su progreso individual, arrastrando y confluyendo esa positividad en el mar de la colectividad. Si a un mar llegan ríos de aguas felices no tendrá más remedio que amainar en sus tormentas y los barcos surcarán sus aguas con más tranquilidad, aplacándose iras y fomentando el progreso y bienestar común. ¿ Qué nos da la tarjeta? La TMF concede un derecho a la búsqueda y obtención del momento feliz y su uso personal no puede ser causa de transgresión o amenaza a la felicidad de otras personas. La constancia de su tenencia debe constituirse en elemento evocador de recuerdos, imágenes, sonidos, situaciones, aromas, que vengan cargados de sensaciones positivas y felices, hasta el punto en que salir sin ellas puede que nos cause desasosiego e intranquilidad. Si es así es que aún somos infelices y seguimos necesitando ayuda y apoyo. En el momento en que podamos prescindir de ella es cuando realmente hemos encontrado el camino. La TMF es pues sumamente sugestiva, sugerente y adictiva, por lo que su objetivo tapado es que sea devuelta a quien la expidió. Un objetivo oculto altamente ambicioso. Devolverse ¿ Por qué? Se debería conseguir que fuera devuelta por un gran número de personas, una vez cumplida su función de haberlas encaminado, correctamente y por sí mismas, a la búsqueda de la felicidad; aunque pudiera ser también porque los ha defraudado y buscan en otros caminos, porque han logrado su autonomía personal y pueden prescindir de ella para lograr el impulso que necesitan para obtener el momento feliz o por cualquier otra causa. El hecho está en que esta devolución será lo que marque el éxito de esta política utópica de búsqueda del bienestar colectivo a través de la búsqueda personal de la felicidad, que, debemos tener en cuenta, casi siempre es un momento que pasó. Censo de las Personas Felices El Gobierno creará el censo de las personas felices, CPF, un registro discreto en el que se irán inscribiendo aquellas personas que devolvieron su TMF y quieran pertenecer a él de forma voluntaria.
Ahora bien, si en algún momento se defrauda y se rompe la confianza que se ha puesto en la persona, el sortilegio quedará roto y ya no habrá más oportunidades. La cortina se rasgó y no se recompone. En el registos se dejaría caer una mancha al lado de su nombre. Es la mancha de la persona que vuelve a ser una infeliz Ayúdanos a mejorar la propuesta de ley con tus opiniones pertinentes. |